ESPECIALIZACIÓN EN GESTIÓN JUDICIAL
Universidad Bolivariana de Venezuela / Escuela Nacional de la Magistratura

Apuntes de clase del 06 de noviembre de 2010
Primera clase_Conocimiento abstracto-conocimiento concreto

Por mucho tiempo hemos hablado de conocimiento y asumido que vamos en pos de él. Que tras una ‘carrera’ de éxitos y tropiezos nos haremos del «título», instrumento que afirma y confirma la adquisición (y posesión) de determinadas competencias. Sin duda, hablamos de algo externo, ajeno e impropio. Pero hay algo más: el conocimiento pre-existe, es decir, antes de que naciéramos ya existía y sin duda nos sobrevivirá. Mientras podamos, sólo alcanzaremos a recibirlo, adquirirlo, conocer-lo, acaso merecerlo.
Ello apunta a una condición abstracta, a una suerte de naturaleza flotante; el conocimiento del cual hablamos parece gozar de ubicuidad: está en todas partes y en ninguna. Está en los libros, por ejemplo, y la mitificación incluso nos lleve a creer que habita (y que su presencia puede revelarse) en todos los libros, de ahí el fetichismo, el culto, la reverencia a la cultura libresca, y la existencia de ciertos tabúes como resabios animistas que prohíben arrancarles páginas o sub-rayarlos.
Pero se encuentra también, decimos, en los ilustrados, en los sabios, en los científicos, en los maestros o profesores, en los expertos, tanto como está en las bibliotecas, en los salones universitarios, o en donde a bien tengan desarrollarse (y concentrarse) actividades académicas.
En fin: al conocimiento se llega por una suerte de escalera cada vez más empinada, deviene meta y cristaliza en algo material: el título . Si no fuera así, digo, si el conocimiento no se patentara en un papel con sus respectivos sellos y firmas, si en última instancia no existiera un soporte material difícilmente podríamos afirmar qué es lo que en definitiva sabemos. No es que el título lo diga, mas sin duda lo de-muestra. No haría falta que nos preguntaran a quemarropa: ¿tú, qué sabes?; como San Agustín cuando le preguntaron ¿qué es el tiempo?, responderíamos: si me preguntan no lo sé; si no me preguntan, lo sé.
Lo abstracto le confiere sus atributos al conocimiento aplicado a la realidad, que desde entonces será un conocer des-territorializado, ubicuo, ajeno, impropio y extraño. Por otro lado, no exactamente conoceremos la realidad digamos real, sino una realidad conceptualizada, que ha pasado por el tamiz de los conceptos y las categorías, que sólo es visible porque ha sido previamente conceptualizada. Ciertamente, el «método científico» no se ocupa de la realidad como tal, sino de una «realidad» (aprehensible y asible conceptualmente) que responde a marcos categoriales establecidos, paradigmáticos, disciplinarios. Lo que sale de la horma de dichos conceptos, lo que escapa a su campo de visión-acción es invisible (e inactivo e improductivo) y, si existiese -de hecho existe- lo hace en un territorio inhóspito, hostil, ayuno de racionalidad (de planes de desarrollo, de a-planamientos científico-tecnológicos, de productividad.)
Cuando algo de lo real llega a las investigaciones es domesticado, racionalizado, embutido en un nicho conceptual pre-determinado, pre-existente, ya dado. Lo nuevo termina metido en odres viejos.(...)