Resumen de la primera parte del libro Sociología de la Vida cotidiana, Editorial Península, 1991

heller

Vayamos rápidamente a la tesis planteada en la primera parte del libro Sociología de la vida cotidiana, de Agnes Heller: Para llegar a la "esencia humana" es preciso pasar de la particularidad a la individualidad, superar la alienación, esto es, la "desesensialización". Este tránsito, paso o evolución comprende o abarca otros movimientos; a saber: el de una sociedad estática a una sociedad dinámica (y cuanto más dinámica más «pura»); el alejamiento progresivo de las "barreras naturales"; el de las comunidades "integradas" a la comunidad (de la) "mercancía"; el de las objetivaciones de la vida cotidiana a las "objetivaciones genéricas superiores". En síntesis, del hombre particular al individuo.

Ahora revisemos esto con más detalle. Según Heller, en las sociedades pre-civilizadas era posible la "totalidad de la integración social", y si había alguna diferencia, la daba el parentesco de sangre. Según sus palabras, la alienación permitiría la "diferenciación" paulatina "entre el particular y su modo de vida cotidiana", esto es, la conversión del particular en individual. Pero no debemos olvidarnos de aquellos que aún particulares procuran la "esencia humana" generando momentos "duraderos" esto es, que se elevan por sobre la media de la vida cotidiana. Serán los "intelectuales", los artistas, los que venciendo en sí mismos -como individuos- la alienación, se "integren" totalmente, mas no como en la precivilización, sino alejados de las barreras naturales, generando "objetivaciones genéricas de tipo superior". En otro momento Heller se pregunta cómo los seres singulares -"solamente singulares", especifica-, alcanzan la genericidad si sólo tiene el "instinto de la autoconservación", y se responde: a través del conocimiento (p. 37).

En esto de construir las objetivaciones genéricas superiores, nada más "superior" que Europa: "la gran línea genérica de la humanidad -dice textualmente nuestra autora (por cierto, en la traducción se presenta con el género masculino)- ha sido la de Europa, la cual ha llegado al feudalismo, al capitalismo, al socialismo, a las sociedades «puras», al alejamiento de las barreras naturales y a la perspectiva del comunismo" (p. 33) En efecto, será el comunismo el terreno "para el desarrollo de todas las facultades genéricas", cuando en la misma "vida cotidiana" sea posible la individualidad, el "desarrollo consciente".

La lectura de Heller se revela cuando descubrimos que los conceptos se presentan como en tres momentos: 1) pre-civilización, 2) "vida cotidiana", 3) "comunismo", lo cual se puede deducir siguiendo un lógico "desarrollo". Y he aquí la clave: desarrollo. De modo que podemos decir casi como una cifra críptica: "La individualidad es desarrollo, es devenir individuo" (p. 49) El devenir es "elevarse por encima de la particularidad", de la vida cotidiana.

Secuencia -lineal- de (algunos) conceptos (que me parecen relevantes)

Primer momento

Precivilización
Barreras naturales
Comunidad (estática)

Vida cotidiana
Alienación
Propiedad privada
División social del trabajo
Desesencialización
Socialización
Sociedades «puras»Civilización
Apropiación de la alienación
Vida cotidiana
Particularidad
Comunidad (dada por la relación de mercancía)
Grupos
Conciencia del yo
Historia En sí

(Transición al)
Comunismo

Momentos duraderos
Individualidad
Autoconciencia - Conciencia de sí
Historia Para sí
Comunidad de elección

Uno de los movimientos que refiere Heller es el de la "apropiación de la alienación", consistente en "madurar para el mundo", interiorizar y desarrollar las capacidades humanas, que le permitan al particular aproximarse a la condición de individuo en tanto que aprende a luchar "contra la dureza del mundo". Apropiarse de la alienación es también aceptar que la "regulación" de "determinados sentimientos particulares" es la "condición fundamental de toda convivencia humana", represión que correría a cargo de la moral, la religión y el derecho. Pocas cosas podrían contradecir más a Marx. Los tres bastiones de la alienación ¡helos aquí aceptados positivamente! Para Heller "la moral y la religión se basan fundamentalmente en esta potencia de arrastre del nosotros que trasciende los intereses" particulares (p. 87).

Heller, que para decirlo de algún modo es una marxista sui generis, tiene un concepto de valor extraño. Valor es "todo aquello que promueve directa o indirectamente el desarrollo de la esencia humana" (p. 50) Inmediatamente nos dice que el valor de una sociedad está dado en aquellos que han alcanzado el "máximo desarrollo", concentradas lógicamente en el "individuo representativo".

El individuo puede incluso morir eligiendo su muerte, ésta deja de ser natural como la del simple particular. El individuo es tal porque elige de manera autónoma y por tanto puede, elige su propia muerte (p. 58). Un dato especial: el individuo cuando elige no yerra, pues su elección es irreversible. En efecto, las elecciones que dejan todo como antes, que son indiferentes a los resultados, no sobrepasan el radio de acción de la particularidad, son pues decisiones digamos no absolutas, nada trascendental ocurriría de elegir esto o aquello, no es una decisión de vida o muerte, no afectan, como sí es el caso en las elecciones del individuo, "la totalidad del destino sucesivo del individuo" (p. 58-60)

Si es extraño el concepto de valor, atendamos por un momento el de alienación. Con respecto al tema no cae Heller en la discusión bizantina del joven y el viejo Marx, pero lo de "apropiarse de la alienación" revela una arriesgada gimnasia intelectual. Ahora, donde creo que hace verdaderos malabarismos es para no hablar de alienación cuando le toca hacerlo. Veamos el asunto en detalle: cuando nace la sociedad burguesa -dice en la página 72- ya las comunidades naturales han sido disueltas y aparece entonces la "división del trabajo" y por tanto los "grupos" (el grado más bajo y primitivo de la integración social). Los particulares para sobrevivir se debían sumar a diversos grupos, los cuales evidentemente no tenían una relación unitaria con la comunidad, pues se entiende que la comunidad ya no existe. Recordemos que la comunidad que existe a partir de la división social será la comunidad de la mercancía. Ahora bien, el particular que se unió a grupos lógicamente separados, independientes uno del otro, resultó "escindido", "disuelto", lo que le dio paso libre a la esquizofrenia. Con emplear la palabra alienación se explicaba mejor y decía lo que tenía que decir, pero su concepto de alienación está usado para significar el acomodo a la sociedad alienada, y por lo tanto lo carga -quiero creer que paradójicamente- de modo positivo. Heller tiene que dejar abierto el sentido positivo de la alienación porque asume teórica y lógicamente que para llegar al comunismo necesariamente hay que pasar por el capitalismo y, claro está, por la "apropiación" de la alienación.

Otra definición interesante es la que aborda sobre la masa. En efecto, ni la comunidad, ni los grupos "no son nunca masa, sino que están siempre estratificados o al menos compuestos por miembros". Al contrario de la masa, que está compuesta nada más y nada menos que de ¡individuos! Lo que sospecho que está preparando teóricamente Heller es la justificación de que una vanguardia esclarecida lidere a una masa (¿"comunidad de partido"? p. 82), por lo cual la masa no puede ser -sólo- manipulable. La masa está guiada por afectos y son estos los que los mueven a la acción en masa, afectos que pasan a un primer plano y que nacen de "los objetivos y los intereses que cada participante tiene en común con los otros" (p. 75). Tenemos así que la masa es la suma de individualidades que se juntan afectivamente; esto sería lo normal, pero si los individuos no están suficientemente desarrollados o si no tienen una relación comunitaria (no precivilizada, sino de "elección") "se acrecientan netamente las posibilidades de manipulación". Es cuando se habla de "sociedad de masas", sólo que aquí el término es -según Heller- simplemente metafórico, y más bien debería hablarse de "integraciones primarias que no pueden transformarse en comunidad y que no dejan espacio a un intenso desarrollo de la individualidad, y menos todavía a un desarrollo multilateral", como sí ocurriría propiamente en un movimiento de masas, utilizando con propiedad ese término. Es decir, nos recomienda dejar el término masa para hablar de individuos (necesariamente heterogéneos) que avanzan juntos -entrelazados afectivamente- hacia un mismo fin.

Heller como se ha dejado entrever maneja la idea de que el capitalismo es el mal necesario para la definitiva evolución al comunismo, y ayudándose con un cita de Marx (p. 53) afirma que el ser humano tenía que ser reducido a la más completa alienación para llegar al comunismo, y en consecuencia, desde esta pobreza -donde la única forma de propiedad es el "tener"- sólo aquél (y aquellos) que alcanzan un "cierto grado de realización de la individualidad" pueden crear la condición "preliminar" del comunismo (p. 54). Nos encontramos otra vez con la dichosa vanguardia esclarecida, con aquellos que en extraordinarias condiciones se elevan por sobre la vida cotidiana, superan la alienación, encarnan la posibilidad del comunismo.

Si hacemos un recorrido lineal nos encontramos con saltos infusos, inexplicables; a saber: a la alienación de la vida cotidiana sucede la "apropiación" de la alienación. Esto conduciría a un vivir cotidiano sin complicaciones, plenamente adaptado y por tanto, des-esencializado. No obstante, será de esta situación de donde se desprenderá el proceso de esencialización, es decir, de desalienación. Sólo que para que ello ocurra se precisa superar la condición de "propiedad privada". Necesariamente, los primeros liberados de la propiedad, esos -en definitiva- seres excepcionales, extra-ordinarios, sin propiedad privada, señalan en el horizonte de la humanidad la posibilidad del comunismo. Son los artistas, los científicos, los filósofos, en fin los individuos, los que han "madurado" y ya no aceptan las circunstancias definitivas, ni el ambiente inmediato ni la comunidad ni sus aspiraciones (p. 55). Son, también, en cierto modo, santos o ascetas, pues "apagan" -es el verbo que aparece- "a un nivel inferior" sus "-legítimas- necesidades particulares", lo cual puede conducir al aspirante a individuo al hambre y a la miseria, por lo que, dice Heller, deberá elegir entre morir de hambre o "saciar mejor sus necesidades", produciendo obras sin valor porque "se adecuarán de un modo conformista a la demanda de la sociedad" (p. 64), evidentemente no podrá así "imprimir al mundo el sello de su individualidad" (p. 65). La inconsistencia de Heller nos conduce a pensar absurdos como el de una vanguardia de individuos famélicos (pero) comunistas.

Pero donde creo que está condensado el marxismo de Heller es cuando explica que las comunidades de elección, las de "nuevo tipo" (p. 84), compuestas por "individuos" (y ya sabemos qué tipo de individuos) -prepárense para esto- no son "necesarias para la reproducción material de la sociedad dada", lo cual "no significa en absoluto que sean indiferentes para ella" (p. 77). Según se entiende por la traducción, las sociedades de elección no son indiferentes para la sociedad dada que, hasta donde podemos colegir está sustentada por una producción material que grupos -necesariamente alienados- producen. Para decirlo crudamente: la sociedad de elección se sostiene sobre la alienación de los grupos encargados de producir lo material que permite la vida, la simple, inferior y nada elevada vida (como sí son elevadas, elevadísimas las ideas). Son comunidades, las de elección, con funciones completamente diversas en la estructura social y no surgen del "interés de la vida material de la sociedad sino de las necesidades de la actividad política y/o desarrollo de la individualidad". Existen para "cumplir objetivos conscientemente genéricos" (producir lo material sería inconsciente), "organizan la realización del fin" y ofrecen "formas de vida", como la de Cristo con sus discípulos (a los que les fue bien mientras Jesús multiplicaba los pescados, el vino y el pan) o Epicuro. Me temo que estamos, leído esto, ante un caso flagrante de enfermiza división social del trabajo.