fals_borda
Orlando Fals Borda (2008) El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivariana. Investigaci贸n acci贸n-participativa. Editorial El Perro y La Rana. Col. Alfredo Maneiro. Caracas. Pp. 77-88

portada_falsborda

CAP脥TULO IV
SOCIOLOG脥A E INVESTIGACI脫N ACCI脫N PARTICIPATIVA

El neohumanismo en la sociolog铆a contempor谩nea
Me complace compartir hoy el lanzamiento de la nueva Red Colombiana de Facultades de Sociolog铆a, feliz iniciativa que llena un vac铆o profesional en nuestro pa铆s, y departir con ustedes sobre el importante tema inaugural que enfoca a la sociolog铆a con lo cognitivo. Espero que las presentes reflexiones puedan ser de utilidad en el valioso esfuerzo de transformar y crear conocimiento en un alto nivel acad茅mico. Los asuntos que nos competen como educadores y educandos son apremiantes en un pa铆s en crisis como el nuestro. Saber confrontarlos y entenderlos son pruebas reinas de la justificaci贸n del esfuerzo que todos realizamos.
Perm铆tanme iniciar estas reflexiones recordando el ya medio gastado tema de la ruptura epistemol贸gica que nos ha llevado a retar algunos paradigmas en nuestra disciplina. 脡ste ya parece ser un hecho dif铆cil de negar. El enfoque que deseo proponerles al respecto es sencillo: se trata de preguntamos si podemos adelantar un tipo de educaci贸n universitaria que sea m谩s humanista que la actual, dando por sentado que la que tenemos est谩 cada vez m谩s ligada al dominio de la mentalidad instrumental y al pragmatismo. No se sorprendan de que en esto me salga de las normas imperantes que han venido presionando a nuestras instituciones para que se privaticen y se vayan convirtiendo en negocios. Porque, por supuesto, no estoy de acuerdo con tan degradante alternativa que cierra puertas a la ciencia y a la investigaci贸n b谩sica, as铆 como a las clases menos favorecidas. Por algo debemos respetar la ideolog铆a universalista que ha caracterizado a nuestras instituciones desde hace siglos como actividades eminentemente p煤blicas.
Esta posici贸n neohumanista se basa en las evidentes tensiones y destructivos conflictos y procesos que el modelo capitalista dominante nos ha tra铆do. La crisis, ya extendida y extendi茅ndose por el mundo, ha llevado a reexaminar a la persona humana y a ideales altruistas como pivotes del esfuerzo contempor谩neo del cambio social.
Nada nuevo, dir谩n ustedes, y ello es cierto aunque a veces la crisis se disimule o disfrace con falsas modalidades de progreso y modernidad, y con estad铆sticas y encuestas doctoradas. En los 煤ltimos tiempos han surgido matices que dinamizan aquel antiguo ideal que exige no s贸lo educar para transmitir sino para transformar. Entre estos matices sobresale el 茅nfasis que se adjudica en instituciones de vanguardia a una educaci贸n que muestre y valorice las diversidades culturales, 茅tnicas y de g茅nero, y no preserve los consensos del viejo mundo jer谩rquico, exclusivista, rutinario y a veces dogm谩tico. La nueva educaci贸n humanista ser铆a subversiva y amorosa al mismo tiempo, lo primero -la subversi贸n - por cuanto desarraiga por las bases aquello que es congruente con las utop铆as; y lo segundo - el amor- porque no puede hacerla con simple af谩n destructivo o ego铆sta.
En este contexto, la educaci贸n humanista sigue cultivando el desarrollo de la raz贸n, pero tambi茅n reconoce capacidades intuitivas, extra acad茅micas y hasta esot茅ricas. Estas son las que provienen de vivencias y experiencias con frecuencia espont谩neas, originadas en la historia de los pueblos y en el sentido com煤n, en esa inteligencia raizal que siente e imagina porque se abre al goce de la vida. 隆C贸mo ser铆a de agradable trabajar en una instituci贸n que permita estas expresiones, donde no se privilegien las ciencias llamadas" duras", la objetividad autoreferenciada y lo mensurable, aunque sin desconocerlo en lo necesario! Recordemos que ahora, en la 茅poca cu谩ntica, los f铆sicos, los te贸ricos de sistemas abiertos y los te贸ricos del caos se han acercado con creciente respeto a nuestras ciencias llamadas "blandas" y est谩n aplicando, con inesperados resultados, principios de origen sociol贸gico, como los que los mismos f铆sicos han llamado "antr贸picos". Parece, pues, adecuado combinar estas v铆as distintas de obtenci贸n de conocimientos, con lo que se enriquece la ciencia en sus varios niveles de producci贸n y con la suma de saberes diversos.
El humanismo educativo tendr铆a que ser no s贸lo social, vivencial y m煤ltiple, como lo vengo sugiriendo, sino referido a las mayor铆as populares y a sus historias de base. La universidad y las aulas tendr铆an que deselitizarse, dejar de ser espacios monop贸licos, y ampliarse a contextos comunitarios cuyos problemas y cuestionamientos se incorporaran a la educaci贸n superior. Tambi茅n en el pregrado, por supuesto. Las tesis que se desarrollen aqu铆 podr铆an reflejar esta preocupaci贸n por la justicia de las mayor铆as hoy ausentes, explotadas, ignoradas y sin voz, lo cual llevar铆a a trabajos bastante originales y, ante todo, 煤tiles para la sociedad.
Por lo mismo, la excelencia de nuestra profesi贸n no podr谩 medirse con los est谩ndares de especializaci贸n de Harvard o de Oxford -muchos de cuyos egresados son de infame memoria entre nosotros como gobernantes y dirigentes- sino en cuanto al nivel de pertinencia que adquieran en su sinton铆a con lo propio, en concreto, con el tr贸pico que, por fortuna, es nuestro entorno vital. Hay que trabajar con alegr铆a y construir con orgullo el ethos tropical que es propio nuestro.
No predico un absurdo aislamiento sino un equilibrio con referentes endogen茅ticos. Me parece que nuestros indicadores de excelencia podr铆an relacionarse con la manera como nos acercamos a nuestra exuberante y fascinante realidad tropical, que va desde los p谩ramos hasta la selva pluvial en una mir铆ada infinita de sistemas abiertos, y a la forma como analizamos y acumulamos el conocimiento derivado de estos semidesconocidos mundos. En esta forma, una buena escuela cient铆fica social ser铆a capaz de realizar una tarea de valor universal, y al mismo tiempo crear conciencia de transformaci贸n con vocaci贸n regional y conexa con las necesidades pr谩cticas y aspiraciones de nuestras mayor铆as populares.
Por eso los actuales pa铆ses dominantes no pueden seguir siendo nuestros modelos, aunque lleguemos a aprender de ellos sobre procedimientos y herramientas t茅cnicas para estudiar e investigar en el terreno, como muchos colegas ya lo est谩n haciendo con buen juicio. Las sociedades dominantes han confesado su propio fracaso en relaci贸n con la modernidad capitalista. La idea de progreso humano, la del viejo iluminismo, result贸 demasiado ambigua. Ac谩 no nos ha servido mucho. La raz贸n instrumental de este tipo no nos ha satisfecho. Debemos tener la valent铆a de saber independizarnos y volar con nuestras propias alas.
Hoy podemos ya presentar, de manera convincente, sobre la realidad de una ciencia social activa, la de la Investigaci贸n Acci贸n Participativa de reconocimiento universal, con experiencia de campo, servicios sociales significativos en comunidades pobres y marginales, pr谩cticas profesionales reinventadas y adaptadas a las circunstancias del medio ambiente natural. Todo lo cual permitir铆a cambiar la tradicional percepci贸n acad茅mica "pura" o "no contaminada" de nuestra realidad al rebotar, aquellos trabajos, en el medio universitario mismo. As铆, a la explosi贸n de la salida al terreno de la realidad, se a帽adir铆a la implosi贸n institucional hacia dentro, que podr铆a llevar a otro tipo de universidad, m谩s ligada a los pueblos.
驴Ser谩 mucho pedir? Apelo a vuestro optimismo: no nos dejemos dominar por la inaceptable negatividad de Hegel para quien el mundo comenzaba y terminaba en el estado Prusiano y en su "Esp铆ritu". No creo que los pueblos del Sur del mundo estemos condenados por naturaleza a ser eternos subdesarrollados o malos repetidores de modelos for谩neo s de desarrollo en el fondo inaplicables aqu铆 por razones contextuales.
En resumen: el problema cognitivo por ustedes planteado en las ciencias sociales y el de la educaci贸n neohumanista tienen que ver con el cambio de paradigmas. 脡ste ha avanzado. Pero, m谩s que eso, se trata de un problema de praxis formativa cuya soluci贸n escapa a la instituci贸n elitista y aislada, y pasa a esa alianza de sujetos activos como ser铆a la conformada por los pueblos con su saber y por los disciplinados soci贸logos y otros intelectuales comprometidos con su pueblo y con una ciencia 煤til y m谩s universal.

Situaci贸n contempor谩nea de la Investigaci贸n Acci贸n Participaci贸n. Vertientes afines

Difusi贸n y aceptaci贸n actual de la IAP
Aquella propuesta de "investigar la realidad para transformarla" por la praxis, que algunos articulamos en la d茅cada de 1970 en pa铆ses del Tercer Mundo, ha empezado a institucionalizarse. 驴Es esto avance o retroceso? Todav铆a no podemos contestar la pregunta, excepto para observar que se ha cumplido la etapa inicial de la implantaci贸n y difusi贸n de aquella idea, proceso quiz谩s inevitable cuando la idea demuestra su bondad, as铆 se pierdan un poco sus aristas de nacimiento.
No sobra rememorar las principales razones que tuvimos al sembrar aquella semilla de rebeli贸n intelectual como b煤squeda alterna en nuestros pa铆ses. Un prop贸sito fue protestar contra la castrante y f煤til rutina universitaria, colonizada por la cultura del Occidente euroamericano, con una subordinaci贸n tal que no nos permit铆a descubrir ni valorar nuestras propias realidades; ello nos hizo trabajar de manera independiente y fuera de los claustros, lo cual, en balance, todav铆a nos parece positivo. Otra raz贸n, algo quijotesca y m谩s ut贸pica, fue la de corregir entuertos para mejorar la forma y el fondo de nuestras sociedades en crisis, combatiendo sus injusticias y buscando erradicar la pobreza y otras plagas socioecon贸micas producidas por los sistemas dominantes. Lucha dura, cruel ya veces peligrosa, que en verdad no ha terminado, aunque puedan verse hoy los atisbos de un nuevo horizonte y de otro mundo, quiz谩s m谩s aceptable que el que sufrimos en mi generaci贸n.
Describamos, pues, la situaci贸n contempor谩nea de la Investigaci贸n Acci贸n Participaci贸n (IAP), por lo menos en sus expresiones principales como se presentaron en el 8潞 Congreso Mundial de Cartagena, en 1997. Al vencer las viejas dudas de acad茅micos y funcionarios, se calcula que la IAP se ense帽a y/o practica hoy en por lo menos 2.500 universidades de 61 pa铆ses. La cooptaci贸n del m茅todo participativo es a煤n mayor, demostrable al recordar que ha llegado hasta el Banco Mundial y las Naciones Unidas, y que se ha convertido en factor central de planes de gobierno, muchas veces visto como alternativa al concepto de 鈥渄esarrollo econ贸mico y social鈥 que ha ido de crisis en crisis desde hace tiempo.
Tales avances tambi茅n se expresan en el auspicio y en la continuidad de los congresos mundiales sobre la materia, que se han realizado a partir del de Cartagena (Colombia) en 1977. Ha habido diez congresos mundiales, el 煤ltimo en la Universidad de Pretoria (Sur谩frica) en el a帽o 2003. El pr贸ximo ser谩 un congreso doble y simult谩neo en Holanda y M茅xico, el a帽o entrante. A partir del tercer congreso en Calgary (Canad谩), los sitios de encuentro han sido en campos acad茅micos. Ahora hay muchas universidades que aceptan tesis de grado sobre temas de IAP y en algunas, como en Ithaca, Uppsala, Bath y Melbourne, se han instituido como programas de postgrado.
El n煤cleo disciplinario principal de la IAP ha sido sociol贸gico-antropol贸gico, pero se ha extendido su empleo y su filosof铆a a las disciplinas m谩s diversas, tales como Agronom铆a y Veterinaria, Medicina y Enfermer铆a, Odontolog铆a, Ingenier铆a, Administraci贸n de Procesos, Educaci贸n, Trabajo Social. Derecho, Econom铆a, Historia, Pintura y M煤sica, Periodismo y Comunicaci贸n, Literatura y Etnomatem谩ticas.

Puntos de partida y avances te贸ricos
驴Ha habido avances te贸rico-pr谩cticos en esta impresionante expansi贸n institucional de treinta a帽os? En mi opini贸n, s铆. y conviene enfatizar que lo alcanzado en este campo ha sido, con claridad, construido sobre las bases generales propuestas en el Primer Congreso de 1977, a saber:

1. B煤squeda de una ciencia/conocimiento interdisciplinario centrado en realidades, contextos y problemas propios, como los de los tr贸picos y subtr贸picos.
2. Construcci贸n de una ciencia/conocimiento 煤til y al servicio de los pueblos de base, buscando liberarlos de situaciones de explotaci贸n, opresi贸n y sumisi贸n.
3. Construcci贸n de t茅cnicas que faciliten la b煤squeda del conocimiento en forma colectiva, la recuperaci贸n cr铆tica de la historia y la cultura de pueblos raizales u originarios y otros grupos, y la devoluci贸n sistem谩tica y f谩cil de entender para la gente del com煤n del conocimiento as铆 adquirido.
4. B煤squeda mutuamente respetuosa de la suma de saberes entre el conocimiento acad茅mico formal y la sabidur铆a informal y/o experiencia popular.
5. Transformaci贸n de la personalidad/cultura del investigador participante para enfatizar su vivencia personal y compromiso moral e ideol贸gico con las luchas por el cambio radical de las sociedades.

Estas bases fueron, en general producto del ritmo reflexi贸n-acci贸n y de la experiencia de investigadores activos conscientes de los problemas de pobreza y explotaci贸n en sus pa铆ses, as铆 del Sur como del Norte del mundo. Seg煤n los an谩lisis que se hicieron en el So Congreso Mundial (1997) en el que se contaron 32 vertientes de investigaci贸n-acci贸n (11 de ellas participaron en un fructuoso intercambio previo por Internet), la IAP se ha ido desarrollando en oleadas sucesivas de te贸ricos y activistas, en las que la composici贸n Norte-Sur ha ido cambiando, pasando poco a poco al manejo de las instituciones norte帽as.
El idioma ingl茅s es hoy el elemento principal de comunicaci贸n universal en nuestro campo, el de las grandes visiones comparativas y de conjunto. Pero siguen saliendo contribuciones en lenguas y dialectos que son indispensables para la lucha y el trabajo local aunque adolezcan muchas veces de suficiente sistematizaci贸n, que tambi茅n va produci茅ndose aunque lentamente.
En la primera oleada de los a帽os 70, que es la de los pioneros gigantes, hubo predominio claro de los pa铆ses meridionales: Paulo Freire, Camilo Torres y el equipo colombiano, Rodolfo Stavenhagen, G.V.S. de Silva, Myles Horton y Marja Liisa Swantz. Para la segunda ola, en la d茅cada de los 80, se observ贸 un gran repunte con cierto equilibrio regional. En los a帽os 90, el Norte tuvo ya una mayor presencia, con importantes trabajos de colegas universitarios. Aparecieron tambi茅n trabajos pertinentes en otras vertientes convergentes en varios sentidos, de Robert Chambers, C. Argyris, Bill Torbert, Alain Touraine y David Cooperrider que enriquecieron el campo de la Investigaci贸n Acci贸n Intervenci贸n r谩pida o de procesos, y de manera general.
Para terminar el recuento, las siguientes son las principales fuentes en las que, en mi opini贸n, se observan hoy avances te贸rico-pr谩cticos sumamente interesantes:

- El informe biling眉e sobre el 8掳 Congreso Mundial titulado, Participaci贸n popular: retos del futuro (Bogot谩 - New York-Londres 1998).
- El manual Handbook of Action Research, editado por Peter Reason y Hilary Bradbury (Londres 2001).
- El manual Handbook of Qualitative Research editado por Norman Denzin e Yvonna Lincoln (Londres 2000).
- La revista Action Research editada en las Universidades de Bath (Inglaterra) y Western Reserve (USA), por Peter Reason e Hilary Bradbury; a partir de 2003.
- La revista Systemic Practice and Action Research, editada por Robert L. Flood, en la Universidad de Hull (Inglaterra) desde 1999.
- La revista Concepts and Transformation editada por H. Van Beinem en la Universidad de Halmstad (Suecia) desde 1998.
- Obras b谩sicas como las de la escuela escandinava (M. Toulmin y B. Gustavsen, Beyond Theory, 脕msterdam 1996), las de la escuela iberoamericana (Boaventura de Sousa Santos, La ca铆da del Angelus Novus, Bogot谩 2003), y las de la escuela australiana (Robin McTaggart, Participatory Action Research: Contexts and Consequences, NewYork, 1997).

Retos para la IAP y otras escuelas
Los conceptos y teor铆as que, en mi opini贸n, son los que se
encuentran en la avanzada y que, por lo tanto, deber铆an tomarse en cuenta as铆 en la ense帽anza como en la pr谩ctica y difusi贸n actuales, pueden resumirse de la siguiente manera, haciendo enseguida la aclaraci贸n de que no estoy recomendando ninguna resurrecci贸n del colonialismo intelectual de derechas o de izquierdas, ni del Norte o del Sur.
Me parece importante que en cada regi贸n, y principalmente en el Tercer Mundo tropical y subtropical donde se origin贸 esta metodolog铆a, se utilicen ra铆ces propias de explicaci贸n, descripci贸n, sistematizaci贸n Y transformaci贸n de los contextos Y de las condiciones sociales existentes. En estos procesos no s贸lo se deben poner a prueba los principios ya fogueados Y los de avanzada, sino tambi茅n proponer conceptos propios e invenciones intelectuales adecuadas y vinculadas a las realidades de donde surgieron.
Creo que 茅ste es el reto especial que tienen hoy las universidades e instituciones de investigaci贸n cient铆fica en nuestros pa铆ses. Observo que la IAP, en sus diferentes vertientes, aparece como respuesta a la crisis que experimenta hoy la modernidad rom谩ntica, desarrollista Y neoliberal instaurada por fuerzas ideol贸gicas, econ贸micas y t茅cnicas de la Europa de los siglos XIX Y XX, como lo explicaron Y criticaron en su momento los fil贸sofos de la Escuela de Frankfurt, los neomarxistas y los postmodernistas contempor谩neos.
En efecto, las investigaciones m谩s fructuosas cuentan hoy con una bater铆a de apoyos te贸ricos m谩s amplios que los de los dos siglos anteriores, ahora con marcos interdisciplinarios ofrecidos por notables escuelas de pensamiento y acci贸n, como las siguientes: 1) el holismo humanista, inspirado en los escritos de Gregory Bateson y Fritjof Capra, entre otros; 2) las reglas sist茅micas de Churchman, y las de los sistemas abiertos de Checkland, Mayr y Gadamer; 3) las teor铆as sobre complejidad de Prigogine y Maturana; y 4) las del caos y fractilidad de Mandelbrot y Lorenz.
Pero, en nuestros pa铆ses atrasados, ojal谩 no vayamos a depender de esas teor铆as ex贸genas, aunque no las desconozcamos. Como viene dicho, me parece preferible que busquemos nuestras propias explicaciones hacia la construcci贸n de un paradigma alterno, estudiando nuestros grupos originarios o fundantes regionales, destacando sus valores de solidaridad humana. Son grupos que se extienden de un pa铆s a otro sin respetar actuales fronteras territoriales, como se observan, por ejemplo, en Am茅rica Latina con los ind铆genas precolombinos portadores de valores de cooperaci贸n y ayuda mutua; los negros cimarrones en sus palenques, portadores de valores de libertad; los campesinos-artesanos antise帽oriales y comuneros llegados de Hispania con sus valores de dignidad; y los colonos de la frontera agr铆cola interna con sus valores de autonom铆a en paz. De los valores fundamentales de los grupos fundantes se deriva un ethos mayor identificable con un socialismo raizal no violento, que merece ser rescatado para reconstruir nuestro deteriorado tejido social. Es una tarea posible, parecida a la b煤squeda de or铆genes que intelectuales alemanes del siglo XIX hicieron a su vez con el concepto de Ur-Sozialismus y tambi茅n Mari谩tegui y Arguedas en el Per煤 y los fundadores de la Rep煤blica Maya de Yucat谩n en 1921.
Si a estos planteamientos postmodernos a帽adimos cr铆ticas metodol贸gicas y te贸ricas de fondo como las de Paul Feyerabend y J眉rgen Habermas y, en Am茅rica Latina, las de Pablo Gonz谩lez Casanova, An铆bal Quijano, Arturo Escobar, y otros maestros, no es sorprendente pensar que la IAP y las escuelas o "sabores" afines vayan marchando hacia el paradigma alterno mencionado, que definitivamente no ser铆a funcionalista ni positivista ni estructuralista. Estas escuelas cl谩sicas est谩n quedando atr谩s.
Creo adem谩s que la IAP y escuelas afines de punta son ahora capaces de producir teor铆as novedosas, como la de la "cosmovisi贸n participativa" del brit谩nico Peter Reason, que invita a concebir un mundo superior al existente en el que se resuelvan las duras crisis c铆clicas producidas por la entrop铆a capitalista. O como el concepto de la" investigaci贸n de simposio" del australiano Stephen Kemmis, que trata de combinar la raz贸n pr谩ctica con la raz贸n cr铆tica y avanzar en el chequeo con la cambiante realidad emp铆rica, mediante m茅todos m谩s sofisticado s que los existentes. Aprender de estas nuevas teor铆as y conceptos y proseguir la marcha parece ser nuestro destino como intelectuales comprometidos con el cambio radical.

Los desaf铆os para nuestros pueblos
Finalmente, me parece que hemos resuelto, en esencia, las viejas cuestiones del comienzo de la IAP, tales como los problemas sobre validez y rigor cient铆fico; los ciclos o ritmos de teor铆a y pr谩ctica; el equilibrio entre sujeto y objeto; y los retos 茅ticos de la ciencia y la conciencia. Ahora nuestra metodolog铆a tiene ante s铆 el desaf铆o creador de entender y combinar, como paradigma alterno en el contexto regional, las complejidades de nuestras sociedades: lo oral, lo particular, lo local, lo actual y lo espont谩neo de 茅stas. Nuestras sociedades est谩n descubriendo c贸mo resistir los embates homogenizantes de la globalizaci贸n para defender nuestras identidades y nuestras vidas como naciones y pueblos aut贸nomos. Adem谩s, tenemos ante nosotros, como parte de la tarea cient铆fica, el deber pol铆tico, objetivo y no neutral, de estimular lo democr谩tico Y lo espiritual, con el socialismo aut贸ctono.
Lo reitero: he aqu铆 el gran desaf铆o del momento para todos, as铆 en universidades Y entidades de formaci贸n como en las comunidades urbanas y rurales donde vivimos y actuamos, para llegar a metas de superaci贸n y de participaci贸n popular. En nuestros pa铆ses todav铆a estamos tratando de dejar atr谩s las taras del modernismo que heredamos y romper las cadenas del atraso estructural. Para ello necesitamos de nuevos movimientos educativos, culturales, pol铆ticos, sociales y econ贸micos en los que cuenten m谩s los grupos raizales de origen, los excluidos, los sin voz y las v铆ctimas de los actuales sistemas dominantes. As铆 lo observo, esperanzado, en la bienvenida ola socialista mejor enraizada, que ha avanzado desde el sur del continente suramericano hasta el Ecuador y Venezuela. Nos justificaremos como investigadores vivenciales, decididos y sentipensantes s贸lo si nos vinculamos a fondo con estas transformaciones fundamentales.
Para ello los griegos nos dieron una buena regla: complementar la praxis directa con la fr贸nesis 茅tica, esto es, que al simple activismo que no puede ser suficiente hay que combinarle la gu铆a del buen juicio, en busca del progreso para todos.
Tratemos de llegar a esta bella meta. A煤n con el simple intento, ya nos habremos enriquecido y avanzado. Por eso, como dicen ahora en el ciberespacio virtual de las galaxias: 鈥溌ue la Fuerza sea con nosotros!鈥.