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1150963024Imperialismo_por_Xurxo_Martinez_Crespo

Es conveniente destacar algunas de las características del nacimiento y expansión del imperialismo en Estados Unidos, ya que éste se convertirá en el futuro en el más despiadado explotador del pueblo venezolano, saqueador de sus riquezas naturales, en el enemigo más encarnizado de nuestra soberanía e independencia nacionales.
En los años anteriores e inmediatamente posteriores a la guerra hispanoamericana (1898), la primera guerra interimperialista por un nuevo reparto del mundo, nos encontramos en Estados Unidos con muchos de los elementos que le imprimen a este joven país la fisonomía de una potencia imperialista.
Con la victoria de la burguesía capitalista del Norte sobre los terratenientes feudales y esclavistas del Sur, en la guerra civil (de Secesión) de 1861-1865, se amplió y se consolidó la revolución democráticoburguesa en los Estados Unidos.
Grandes masas de trabajadores se desprenden o son liberados de la servidumbre y la esclavitud a la que estuvieron sometidas en los latifundios y se convierten en una gran reserva de fuerza de trabajo de libre contratación. Estas fuerzas son reclutadas para los nuevos talleres y fábricas de los capitalistas burgueses en constante desarrollo; los nuevos repartos de tierra hacen que se multipliquen los campesinos propietarios independientes, ricos, medianos y pequeños (farmers), constituyendo un vasto mercado de consumo en el campo de los productos manufacturados, elemento básico para el desarrollo progresivo del proceso de industrialización del país.
Entre los años 1870 y 1900 los Estados Unidos recibieron cerca de once millones de inmigrantes, en su mayoría obreros con una alta calificación en el trabajo fabril, entrenados a expensas de Europa, así como también considerables sumas de capital básico e instrumentos y técnica avanzada para el desarrollo industrial. Se habían creado firmemente las condiciones económicas, sociales y políticas para un rápido y vertiginoso crecimiento industrial en los extensos territorios, ricos en materias primas, de Norteamérica.
La riqueza total de Estados Unidos se calculaba para 1870 en 30 mil millones de dólares; en 1900 alcanzaba a 88 mil millones y ya en 1902 sobrepasaba la cifra de 187 mil millones.
Las inversiones de capital fijo (instrumentos de producción: maquinaria y utillaje) en la industria manufacturera de E.E. U.U. llegaban a 1.700 millones en 1870, a cerca de 10 mil millones en 1897 y para 1910 ya habían alcanzado la suma de 18 mil millones de dólares.
Las exportaciones de capital norteamericano (empréstitos e inversiones directas en el extranjero) alcanzaban a 500 millones en 1897, mientras que en 1908 se calculaban en más de 2 mil millones de dólares. La mitad de esas inversiones se encontraba en Latinoamérica.
Estas cifras parecen muy pequeñas si se las compara con los capitales y riquezas acumulados en nuestros días, pero en aquellos tiempos representaban inmenso poder frente a los países más atrasados.
Por ejemplo, el presupuesto nacional de Venezuela era para el año 1900 de 37 millones de bolívares, algo así como 7 millones 500 mil dólares. Las recaudaciones totales del gobierno venezolano en el año de 1908 fueron de 25 millones de bolívares, 5 millones de dólares al cambio de la época. En el mismo año, .las inversiones de los capitalistas yanquis en Latinoamérica habían llegado a los 1.000 millones de dólares y producían beneficios anuales de más o menos 150 millones de dólares (750 millones de bolívares), suma igual a 30 veces el presupuesto de Venezuela en 1908.
En el período que reseñamos, los consorcios, trusts o carteles del capital financiero monopolista, resultantes de la fusión del capital bancario con el industrial, hacen su aparición en los Estados Unidos. La Standard Oil Co., que escribirá las páginas más humillantes de la historia de .la nueva colonización de Venezuela, se funda en 1870; y en las tres décadas siguientes se realiza el alumbramiento de numerosos de estos terribles monstruos capitalistas que en el próximo futuro, a causa de sus ambiciones sin límites de explotación monopolista y dominación mundial, provocarían los acontecimientos más sangrientos de la historia de la humanidad.
He aquí algunos ejemplos de las principales agresiones y anexiones del joven imperialismo yanqui en los años anteriores a la primera guerra mundial:
HAWAII. En 1893 los inversionistas yanquis habían logrado dominar la industria azucarera de las islas y controlaban prácticamente toda su economía.
Los propietarios yanquis maniobraron para provocar la intervención armada y la anexión. El ministro americano Steven pidió al Departamento de Estado el establecimiento de una base naval en Honolulú para proteger la vida y propiedad de los americanos.
El 16 de enero de 1893, el comandante del acorazado Bastan desembarcó los infantes de Marina y derrocó a la monarquía nativa, constituyendo un gobierno provisional.
El historiador Langle dice: "En Hawaii, las clases más influyentes y ricas ayudaron a la revolución y desearon la anexión. En los Estados Unidos, el deseo de expansión fue estimulado por el temor de que alguna otra nación pudiera apoderarse del botín." (Ver Nota 1)
SANTO DOMINGO. El Presidente Grant (1869-1877), en una de sus declaraciones, no tenía inconveniente en recomendar: "la adquisición de Santo Domingo es de desearse, debido a su posición geográfica. Domina la entrada del mar Caribe y la del Istmo, que es tránsito del comercio... En unos cuantos años, su posición significará para nosotros un comercio de cabotaje de inmensa magnitud... En caso de guerra extranjera nos dará un dominio sobre todas las islas mencionadas y así se impedirá que un enemigo se establezca jamás en nuestras propias costas." (Ver Nota 2)
En 1893, la compañía de Nueva York "Santo Domingo Improvement Company" negoció la deuda de 170.000 libras que contenía el derecho de cobrar los impuestos de la república como garantía del pago de intereses y amortización de dicha obligación. Luego siguieron otros préstamos hipotecarios: de 20 millones de dólares levantados por el trust de banqueros Kuhn, Loeb and Company (1907) y otro empréstito con el National City Bank en 1914.
Paralelamente a la mediatización económica de Santo Domingo, se realiza la intervención política en los asuntos internos de la república a través del Departamento de Estado: supervisión de las elecciones, veto a los funcionarios del gobierno nacional, que hacían resistencia a las medidas intervencionistas de los norteamericanos.
En 1916, el gobierno de los Estados Unidos considera que ha llegado el momento de poner en práctica las recomendaciones del general Grant y aplastar la resistencia que oponían los patriotas dominicanos y su gobierno bajo la jefatura del Dr. Henríquez y Carvajal.
El 4 de mayo, los navíos de guerra del Tío Sam penetraron en la rada de Santo Domingo protegidos por las baterías de sus cañones y la obscuridad de la noche, desembarcando fuerte contingente de la infantería de marina. Pero la firmeza y resistencia del gobierno con el apoyo de todo el pueblo, lejos de haberse quebrantado, se había fortalecido.
El 29 de noviembre, el capitán H. S. Knupp, al mando de la marina yanqui de ocupación, declaró la ley marcial, derrocó y expulsó al gobierno nacional, disolvió el Congreso y todos los otros organismos representativos de la nación y estableció la dictadura militar.
La infantería de marina yanqui se desparramó por todo el país, las funciones de autoridad quedaron en manos de este cuerpo punitivo extranjero; la resistencia de los nacionales fue aplastada por los métodos más crueles y brutales; se realizaron bombardeos de castigo contra ciudades y aldeas indefensas con el sólo propósito de aterrorizar a la población; se establecieron campos de concentración para los patriotas y sospechosos.
Durante ocho largos años de ocupación militar yanqui en Santo Domingo, se combinaron metódicamente los fusilamientos y las torturas con los saqueos y las violaciones.
Al fin, los marinos yanquis se retiraron; pero quedó el protectorado. Grupos de pandilleros nacionales corrompidos, envilecidos y entrenados por sus amos de Norteamérica seguirán cuidando los intereses de Wall Street con más celo y más "fervor" que los infantes de marina. Trujillo y Rubirosa son la síntesis de la ayuda del "Gran vecino": el Chacal y el Chulo consagrados y perpetuados como gobernantes.
HAITÍ y NICARAGUA. La historia de Santo Domingo se repite en estas dos repúblicas de la América del Caribe en diferentes fechas, con los mismos procedimientos, en favor de iguales intereses y aduciendo distintos pretextos.
En Haití, el National Bank y otros banqueros de Wall Street han concedido empréstitos a la república. El Departamento de Estado ha exigido privilegios ignominiosos para la soberanía y dignidad de la nación como son el contenido de un tratado propuesto en 1914 al Presidente Zamor para la entrega de la administración de las aduanas a los banqueros prestamistas. Como éste se negara, los agentes y provocadores yanquis promueven una serie de disturbios. En 1915, el almirante Caperton, so pretexto de protección a las vidas y bienes de los norteamericanos, al frente de su escuadra, ocupa los principales puertos y ciudades de Haití. Declara la ley marcial y dicta las condiciones para el funcionamiento de los poderes de Estado.
La resistencia popular a los invasores es suprimida con la misma sevicia que en el caso de Santo Domingo. Un ciudadano norteamericano, el señor Johnson, escribía en 1920: "Si los Estados Unidos abandonaran hoy Haití, dejarían más de mil viudas y huérfanos causados por ellos mismos, más bandidaje del que hubiera existido en todo un siglo, resentimientos, odio y desesperación en el corazón de todo un pueblo, sin mencionar la injuria irreparable a su propia tradición como defensores de los derechos del hombre." (Ver Nota 3)
En Nicaragua, el imperialismo yanqui ha perseguido un objetivo básico estratégico, el control de la Bahía de Fonseca y una ruta interoceánica a través de Centroamérica.
En 1907, se encontraba en la presidencia el doctor Zelaya, quien se oponía firmemente al control de la Bahía de Fonseca y a la construcción del canal por los Estados Unidos.
En 1909, los agentes imperialistas organizaron, en complicidad con los traidores nacionales, un levantamiento contra el Presidente Zelaya, en el cual figuraban los generales Estrada, Chamorro y un empleado de segunda categoría de una compañía minera yanqui, Adolfo Díaz, quien, sin embargo, entró en la revuelta en calidad de financiador de la empresa con 300.000 dólares.
Los barcos de la United Fruit Company y otros buques americanos se encargaron de contrabandear las armas y municiones, así como de transportar a los efectivos humanos. El Secretario de Estado Knox reconoció la beligerancia de los insurrectos. Sin embargo, el gobierno logró derrotar a las tropas mercenarias en los primeros combates, pero éstos se refugiaron en el puerto de Bluefield, controlado por las compañías yanquis y los barcos de la misma nacionalidad. Allí, los traidores fueron reorganizados y reforzados con el desembarco de la marinería yanqui, marchando contra la capital y derrotando al gobierno establecido.
Varios zarpazos más contra las instituciones nacionales que se negaban a legalizar los deseos de los intrusos, y por último "triunfan" los Chamorro, Moncada, Sacasa y Somoza protegidos por la United Fruit, los infantes de Marina y el Departamento de Estado. Se firman los tratados y convenios "Made in U.S.A.", etc.; pero también surgen los bravos de Sandino, quienes no dejarán morir el espíritu patriótico del pueblo nicaragüense.
COLOMBIA-PANAMÁ. En esta región, la acción del imperialismo yanqui ha sido aún más grosera y descarada.
El fracaso de los capitalistas franceses en la construcción de un canal interoceánico en el Istmo de Panamá, dejó abierto el camino a los yanquis, los cuales ya habían realizado penetraciones de carácter económico en la zona y controlaban el ferrocarril que une los dos extremos del Istmo.
Para los capitalistas yanquis, o mejor dicho, para el gobierno de los Estados Unidos, la empresa del canal, más que un negocio comercial tenía un fin estratégico militar dada su situación geográfica, y sobre esta base planearon apoderarse del Istmo perteneciente a la república de Colombia.
Con este propósito, engendraron un complot separatista con la participación de elementos panameños bajo la dirección de agentes yanquis, quienes ya tenían una larga experiencia en la zona.
El 2 de noviembre de 1903 -aún antes de que hubiese cristalizado el levantamiento que Se proyectaba en contra del gobierno central de Colombia- el Secretario de la Marina de los Estados
Unidos comunicó a los comandantes de los barcos de guerra de esa nación, desplegados frente a los puertos del Istmo, lo siguiente: "Eviten desembarco de cualesquiera fuerzas armadas, trátese de fuerzas del gobierno o de los insurgentes con propósitos de iniciar las hostilidades", y en otro comunicado se agregaba: "Mantengan libre e ininterrumpido el tránsito. Si fuerzas armadas amenazan interrumpir el tránsito, ocupen línea del ferrocarril. Eviten desembarco de toda fuerza armada en cualquier lugar distante cincuenta millas de Panamá, trátese de fuerzas del gobierno o de los insurgentes con propósitos de hostilidades. Si existen dudas sobre intención cualquiera fuerza, ocupen colina Ancón y fortifíquenla con artillería. Se reporta que fuerzas del gobierno en barcos se aproximan al Istmo. Eviten su desembarco…" (Ver Nota 4)
Con todo, los agentes yanquis no habían encontrado suficientes mercenarios en Panamá para montar la farsa de la "revolución", y el tres de noviembre el comandante Hubbard, del crucero Nashville, anclado frente a Colón, comunicaba: "No se ha declarado revolución alguna en el Istmo, ni se ha alterado el orden... es posible que el movimiento se inicie esta noche en Panamá." (Ver Nota 5)
Efectivamente, al día siguiente se organizó en la ciudad de Panamá un gobierno provisional bajo la protección de los cañones de la marina yanqui.
Tres días después, el Secretario de Estado interino, Lomis, notificaba a Ehrman, su agente en Panamá, lo que sigue: "En cuanto usted esté satisfecho de que un gobierno de facto, republicano por su forma y sin oposición sustancial de su propio pueblo, ha sido establecido en el' Estado de Panamá, usted procederá a entrar en relación con él, como el gobierno responsable del territorio." (Ver Nota 6)
El mismo día 6 de noviembre, el agente Ehrman comunicaba al Secretario de Estado que Phillippe Bunnau-Varilla había sido nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante el gobierno de los Estados Unidos. Como Varilla ya se encontraba en Estados Unidos, al día siguiente, 7 de noviembre, desde Nueva York comunica al Secretario Hay su nombramiento acompañado de una indigna declaración de servilismo: "Al extender su generosa mano en forma tan espontánea al último de sus hijos recién nacido, la madre de las naciones americanas, está continuando su noble misión de liberadora y educadora de los pueblos. Al abrir sus alas protectoras sobre el territorio de nuestra república el Águila Americana lo ha santificado." (Ver Nota 7)
Diez días después, el Presidente Teodoro Roosevelt recibió oficialmente a Varilla como representante de la "Nueva República".
El telón ha caído. La tragicomedia ha terminado y los pueblos del mundo han presenciado atónitos cómo el Tío Sam, como mago de circo, ha sacado de su sombrero de copa, durante una corta función internacional, una nueva república, con un contrato de completa sumisión para construir un canal entre los océanos Atlántico y Pacífico, eslabón fundamental para su acción de dominio colonial de los pueblos americanos al sur del río Bravo.
MÉXICO, CUBA, PUERTO RICO. Consignar aquí períodos, circunstancias y pretextos utilizados por los Estados Unidos para realizar sus penetraciones económicas, sus intervenciones políticas y sus numerosas agresiones armadas contra México, Cuba y Puerto Rico, sobrepasaría los límites que nos hemos impuesto en este trabajo.
Por su cercanía al poderoso vecino del norte, estos países fueron en el pasado las primeras víctimas en nuestro Continente de las ambiciones colonizadoras de los capitalistas norteamericanos. En esta región, los conquistadores del Norte han ensayado todas las formas, desde las más sutiles y encubiertas hasta las más crueles y brutales; han puesto en práctica todas las maniobras e intrigas; han utilizado todos los recursos económicos, políticos y militares para mediatizar, injuriar y ultrajar la independencia y soberanía de estas naciones y explotar y oprimir a sus habitantes.
En estos países es ya tradición histórica el combate liberador contra los invasores imperialistas del Norte; en cada uno de ellos el pueblo ama a héroes y mártires nacionales que han sucumbido en distintas épocas por su resistencia patriótica contra los conquistadores yanquis y son considerados por los pueblos precursores de la nueva lucha por la completa independencia nacional.
Para dar una idea más precisa de momentos y fechas de las agresiones de los Estados Unidos, hasta la primera guerra mundial contra los países de la América Latina, insertamos parte de la compilación hecha por el escritor centroamericano Vicente Sáenz, en febrero de 1955, la cual se encuentra en el libro La Batalla de Guatemala, de Guillermo Toriello.

NOTAS
1) Langle, Since the Civil War, pág. 385.

2) Inman, Problems in Panamericanism, pág. 273.

3) Johnson, Self Determining Haití, pág. 70.

4) U. S. Foreign Relation, pág. 247, 1903.

5) U. S. Foreign Relation, págs. 249-250, 1903.

6) U. S. Foreign Relation, pág. 233, 1903.

7) U. S. Foreign Relation, págs. 234-240-245.