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Si grave era la situación internacional a la que se enfrentaba el país, la interna no era mejor.
En los años transcurridos desde la constitución de la República, los sucesivos gobiernos, incluyendo el de Castro, no habían facilitado, sino obstaculizado, el desarrollo económico y social de Venezuela y su estructura como Estado Único Nacional.
Los “Estados Unidos de Venezuela” todavía era una fórmula ilusoria y accidental, tanto como lo fuera la Gran Colombia.
El “reconocimiento” de un gobierno y administración centrales con toda autoridad sobre las provincias (Estados) se rompía, y estallaban revueltas cada vez que grupos de caudillos latifundistas regionales consideraban que no recibían plena satisfacción de sus ambiciones de mando y la parte “equitativa” de los tributos recogidos por el fisco nacional. En ocasiones bastante frecuentes el grito de combate de estos levantamientos era el del ¡Viva la Revolución! ¡Muera el ganado!, lo que traía la ruina de la producción pecuaria. Estas revueltas en el pasado tuvieron como causa fundamental las rivalidades de las camarillas feudales regionales, mas ahora había entrado en juego un nuevo factor representado por las intrigas de los diversos grupos inversionistas del capital monopolista extranjero, en plan de nuevos conquistadores y colonizadores.
Las condiciones de opresión y explotación de los peones, colonos y medianeros en los latifundios (haciendas agrícolas y hatos ganaderos) no se diferenciaban en mucho de las del indio siervo y las del negro esclavo en las “encomiendas”, “misiones” y “mercedes de tierras” de la colonia española.
La producción agrícola se realizaba todavía con métodos de cultivo muy primitivos y sobre los habitantes de los caseríos y poblados caía toda clase de gabelas, tributos y diezmos que consumían gran parte de las riquezas producidas, en el sostenimiento de las castas parasitarias: caciques políticos y militares, clero romano, usureros y tinterillos mercenarios.
Los escasos productos agrícolas mercantilizados: café, cacao, cueros, sarrapia, Bafatá (caucho), ganado en pie, tenían sus plazas de compra más fuera del territorio de la República que en sus propios centros urbanos. Son los casos del Estado Zulia y los Andes respecto a Colombia y Curazao; y de Oriente y Sur en relación con las Antillas.
La falta de vías de comunicación internas completaba esta dispersión y desarticulación económica entre las diversas regiones de Venezuela, lo que favorecía más aún el predominio del caudillismo regionalista y regresivo.
Por otra parte, en los centros urbanos no se había desarrollado, ni siquiera en su forma embrionaria, una industria de transformación, ni una clase capitalista criolla con intereses nacionales, capaz de producir los artículos para abastecer el campo y de absorber las materias primas y los productos agropecuarios, para establecer así la trabazón mercantil, de intercambio entre ciudad y campo, característica de una economía realmente nacional.
Todos estos elementos: el monopolio de la tierra (latifundismo), la desarticulación en el plano económico, las relaciones semifeudales y esclavistas rigiendo el trabajo, y el caciquismo en lo político, no podían menos que determinar una DISPERSION regionalista de tipo feudal antes que una INTEGRACION, de tipo más avanzado, nacional. "...aún no había mercados nacionales, no había centros nacionales económicos, ni culturales, no existían por consiguiente los factores que liquidan la fragmentación económica de un pueblo dado y unen las partes de dicho pueblo, hasta entonces dispersas, en un todo nacional único..." (Ver Nota 1) Tal disgregación bloqueaba en Venezuela el proceso de formación de una conciencia nacional definida, de un carácter nacional unificado "que no es algo que existe de una vez para siempre, sino que cambia con las condiciones de vida, pero por lo mismo existe en cada momento dado, imprime su sello a la fisonomía de la nación".
Por lo tanto, la epopeya de la independencia, las glorias de los libertadores, las tradiciones bolivarianas, la bandera tricolor, los héroes de Carabobo, de Boyacá y Ayacucho; tradiciones y glorias de las luchas de nuestro pueblo contra el dominio extranjero, no podían realizar por sí solas el milagro de superar la dispersión económica, política y cultural de la República, lo que constituía una gran debilidad frente a las embestidas colonizadoras de los imperialistas extranjeros.
Además, el propio general Cipriano Castro había sido inconsecuente con su programa de "NUEVOS HOMBRES, NUEVOS IDEALES, NUEVOS PROCEDIMIENTOS".
Los políticos y caudillos militares que habían triunfado con Castro entraron al poder sin bienes de fortuna, y en unos pocos años se habían transformado en poderosos propietarios de tierras y fincas raíces. Los comerciantes compradores -comisionistas- y los prestamistas usureros, profesionales mercenarios, amigos del gobierno o funcionarios del mismo, se enriquecían, no por medio del desarrollo de la producción, de las industrias y de los cultivos, sino apoderándose a través de escamoteos, el acaparamiento, los "remates" sobre las rentas fiscales, el peculado, es decir, por medio del robo de las riquezas ajenas y del dinero del tesoro público. Los caciques regionales continuaban su inveterado ejercicio de poder imponiendo pesadas cargas tributarias a las poblaciones rurales, como pagos de alcabalas, faginas, derecho de pisadura o peaje, trabajo compulsorio, etc., reminiscencia de los tributos feudales pagados en tiempos de la colonia española.
De la misma manera que los caudillos militares y los políticos profesionales, existía un grupo o sector social que rodeó a Castro desde el primer momento, que lo mimó y aduló como antes a Páez y a Monagas, a Crespo y a Andrade o a quien estuviera en el poder, para traicionarlo cuando así conviniera a sus intereses, como traicionarán igualmente a Castro; es la aristocracia caraqueña y de provincia constituida por los grandes cacaos y el alto clero romano que desde la época de la colonia española monopolizan la riqueza nacional y oprimen y explotan al pueblo venezolano, y que hoy se encuentran en proceso de franca degeneración de servilismo ante el poderoso inversionista extranjero. (Ver Nota 2)
Sobre esta casta de parásitos, el agudo ensayista Enrique Bernardo Núñez escribe lo siguiente: "Son aquellos mismos hombres que hacen frases y contratos y saben darle a todo aspecto de legalidad... el tesoro público forma parte de su peculio personal, y en este asunto no pueden admitir rivalidades. Después será fácil deshacerse del petulante advenedizo que ahora se considera con derecho a mandarlos... ríen, beben, andan arrastrados en hermosos coches y se espían unos a otros." (Ver Nota 3)
Por último, la falta de libertades democráticas y de amplias garantías ciudadanas era otro factor del descontento popular con el gobierno de Castro.
Todo esto fue muy bien aprovechado por el imperialismo yanqui y sus lacayos nacionales para engañar una vez más al pueblo venezolano y urdir la vil maniobra que preparaban en la oscuridad de la cancillería en Washington, haciendo aparecer como un monumento democrático y por la honestidad administrativa, el golpe traicionero que preparaban con la complicidad de los más "fieles" amigos del Presidente.
Dentro de las circunstancias internas e internacionales que hemos expuesto y en los últimos meses de 1908, la salud del Presidente Castro se quebranta y resuelve abandonar el país, partir hacia Europa para someterse a tratamientos de médicos especialistas. El 24 de noviembre sale de Caracas y deja como encargado de la Presidencia a Juan Vicente Gómez, su más fiel subalterno y a quien profesaba la mayor confianza. El 15 de diciembre de 1908, el New York Times publica un editorial comentando la acción de los barcos de guerra del Reino de Holanda, los cuales habían apresado un barco venezolano, embargándolo y secuestrando su tripulación, como medida de represalia por las "molestias que el gobierno de Venezuela infiere a la navegación de los barcos y del comercio del Reino Holandés". El editorial del New York Times afirmaba que "los holandeses podrían también bombardear La Guayra y Puerto Cabello, pero causarían daño a los comerciantes ingleses, alemanes, franceses y americanos... La Doctrina Monroe no está envuelta en el caso... Sus Castras y sus revoluciones son obstáculos para el progreso comercial de su país... Lo mejor que podría ocurrir sería la llegada al poder de un DIAZ VENEZOLANO (Ver Nota 4) lo suficientemente fuerte para mantener el orden civil y lo suficientemente sabio para dar a los venezolanos el sincero deseo de perpetuarlo". Hay que convenir que contra el deseo del pueblo venezolano, pero con el apoyo del imperialismo yanqui, Gómez, en efecto, pudo perpetuarse tiranizando a Venezuela durante más de un cuarto de siglo.
La candidatura del tirano Gómez había sido lanzada desde Nueva York por la prensa del imperialismo yanqui. Los acontecimientos se desarrollaron con gran rapidez. Se produjeron "en serie" como hoy se acostumbra decir.
Samuel Hopkins Adams, corresponsal del New York Times en Caracas, narró los sucesos acaecidos en la capital durante los días 1º al 19 de diciembre de 1908. "Todos los venezolanos están contentos con la ascensión de Gómez a la Presidencia. Es también un ignorante hasta el último grado... pero no es Castro. Salir de Castro de cualquier modo es bastante por ahora."
En esos mismos días el Ministro de Relaciones, Paul, por orden de Gómez rogó al Ministro del Brasil, por encontrarse rotas las relaciones con los EE. UU., que trasmitiera el siguiente infame telegrama:
"REACCION CONTRA EL GENERAL CASTRO INICIADA. MINISTRO EXTERIOR ME REQUIRIO HACER CONSTAR GOBIERNO AMERICANO VOLUNTAD PRESIDENTE GOMEZ ULTIMAR SATISFACTORIAMENTE TODAS LAS CUESTIONES INTERNACIONALES. HALLA CONVENIENTE PRESENCIA NAVE GUERRA AMERICANA LA GUAYRA PREVISION ACONTECIMIENTOS. HIZO IDENTICA COMUNICACION OTRAS LEGACIONES".
Teodoro Roosevelt ha nombrado a Mr. Buchanan como Alto Comisionado para negociar lo relativo al restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Venezuela. El 27 de diciembre de 1908, nueve días después del golpe de Estado, el Comisionado Buchanan llegó a La Guayra a bordo del acorazado North Caroline, al que acompañan los cruceros pesados Maine y Des Moines, así como unos millares de marinos.
El Comisionado Buchanan, los acorazados y la infantería de marina yanqui han llegado a proteger e imponer al sátrapa Gómez, de acuerdo con una de las modalidades que ya entonces tomaba la política intervencionista de la Casa Blanca en los países de América Latina.
¿Cuáles fueron, pues, las verdaderas intenciones de los Estados Unidos al interponerse cuando las potencias europeas bloquearon las costas de Venezuela?
Las verdaderas intenciones del naciente imperialismo yanqui en 1903, al interponerse en el momento cuando las potencias extranjeras lanzaron su agresión contra nuestro país, no fueron otras que las de obstaculizar el empuje colonizador de sus rivales del otro lado del Atlántico para abrir el camino a su propia colonización.
Desde este momento comenzará un nuevo período históricamente trágico para nuestro país: la carrera de penetración, de intrigas y desafueros de los consorcios rivales del capitalismo monopolista internacional y de sus gobiernos imperialistas, por el dominio económico, político y la explotación y opresión de nuestro pueblo, utilizando los grupos más abyectos de traidores nacionales. Un período que cubre la historia lacerante de nuestro país en todo lo que va del siglo xx, al cual sólo se pondrá fin a través de la acción combinada de todos los patriotas venezolanos.

NOTAS
1) José Stalin, La Cuestión Nacional y el Leninismo. Ediciones en Len¬guas Extranjeras, pág. 5. Moscú, 1950.

2) "Del trabajo de esas sombras crecientes (esclavos y siervos) nacerán las haciendas de cacao, de caña, de café; nacerá la agricultura de Venezuela. Sus gritos humanos de carne herida, vejada, sellada por el hierro, lacerada por el látigo, están en la raíz de nuestra riqueza, son el barro informe del cual nacieron las fortunas de nuestros «grandes cacaos» de la colonia." Juan Liscano.

3) Enrique Bernardo Núñez, El hombre de la levita gris. Pág. 13. Caracas, Venezuela.
Se refieren los yanquis al dictador Porfirio Díaz, de México.

4) Se refieren los yanquis al dictador Porfirio Díaz, de México.