Mientras las fuerzas económicas continuaban desarrollándose colosal mente en los principales países de Europa y en los Estados Unidos, acrecentando el poder político y militar de estas naciones -dominadas y gobernadas por el capital monopolista, expansionista y colonizador-, en Venezuela no había ocurrido en este período ninguna transformación esencial que pudiese significar el fin del atraso y de la debilidad, determinados por las supervivencias del sistema económico-social feudal y esclavista que habíamos heredado de la colonia española.
Finalizada la guerra de independencia y establecida la "Tercera República", el territorio venezolano fue pasto, por largos años, de contiendas armadas promovidas generalmente por las facciones de caudillos militares regionales, terratenientes y prestamistas usureros.
Es claro que, paralelamente a las luchas armadas que traducían las pugnas interfeudales entre facciones de la oligarquía criolla dominante, ocurrieron levantamientos plebeyo-campesinos y democráticos, como la guerra de guerrillas de 1847-48 y la Guerra Federal, en 1858-63, pero esos movimientos fueron usufructuados en última instancia por los caudillos militares y sus mentores políticos.
Como hemos dicho, todavía a fines del siglo XIX no se habían creado en Venezuela las condiciones económico-sociales para el desarrollo de la industria y sólo existían, en forma embrionaria, algunos talleres artesanales y de manufacturas livianas. La tierra y las demás condiciones para la producción continuaban monopolizadas por un reducido número de grandes latifundistas propietarios de esclavos; los otros trabajadores estaban sometidos a relaciones sociales de servidumbre; el artesano libre vegetaba en míseros talleres y una burguesía enclenque era incapaz de tomar la dirección del Estado.
Es evidente que la lucha por la supresión de la esclavitud de los negros contaba desde los tiempos de la guerra de independencia con muchos partidarios, pero la ley abolicionista aprobada por el Congreso Nacional el 23 de marzo de 1854, no fue la resultante de un movimiento democrático de clases sociales interesadas en la liquidación de las bases materiales (latifundio) y de las relaciones de producción del sistema feudal esclavista, predominante hasta ese momento en Venezuela. En cierto modo, los propios dueños de esclavos eran impulsores de la medida, ya que el sostenimiento del esclavo, por una parte, y el rendimiento de su trabajo, por la otra, no les resultaba rentable, debido a las nuevas condiciones creadas en los mercados que absorbían la producción agrícola en competencia con otras zonas o países donde los métodos de trabajo eran menos primitivos; así que prefirieron recibir en dinero el valor del esclavo ya que su sostenimiento no les producía lucro alguno.
En la ley abolicionista se asienta: "Queda abolida para siempre la esclavitud en Venezuela... Se prohíbe para siempre la introducción de esclavos en el territorio de la República, y los que sean introducidos contra esta prohibición, bajo cualquier pretexto, entrarán por el mismo hecho inmediatamente en el goce de la libertad. Los dueños de esclavos serán indemnizados del valor que éstos tengan por la tarifa... con fondos destinados o que se destinen al efecto en justa proporción, etc. .. (Subrayados nuestros.)
La clasificación de los esclavos para los efectos de su rescate era la siguiente: de 8 días de nacidos, hasta 50 pesos; de los 15 años a los 39, hasta 300 pesos; a partir de esa edad el valor caía progresivamente hasta la cantidad ínfima de 5 pesos, cuando el esclavo llegaba a los 60 años.
Como se puede ver, el precio del esclavo estaba calculado en relación directa con la posible capacidad de su fuerza de trabajo, con su valor de uso, precio que debía pagarse íntegramente a los señores; y la declaración demagógica contenida en la Ley abolicionista del 23 de marzo sobre "goce de la libertad" para los nuevos ciudadanos, no podía ocultar el propósito de operación mercantil que llevó a los legisladores del 54 a promulgar dicha ley.
El historiador Gil Fortoul dice que: "durante los cuatro o cinco años que siguieron al de la emancipación no se nota ningún cambio social ni político debido a la influencia de los nuevos ciudadanos. Muchos continúan viviendo como peones (esclavos por endeudamiento-E.M.) y colonos (siervos que pagan tributo por el uso de la tierra-E.M.) en las haciendas de sus antiguos señores". (Ver Nota 1)
Dentro de un régimen feudal de monopolio territorial, el liberto se convierte en siervo (arrendatario, medianero, colono, pisatario) o en peón de los acaparadores de la tierra y no en obrero que vende libremente su fuerza de trabajo, ni en campesino propietario que recibe íntegramente el fruto de su labor, lo cual sí ha ocurrido allí donde la emancipación de los esclavos fue producto de la revolución agraria y democrático-burguesa. Con la ley abolicionista en Venezuela disminuyeron los esclavos, pero aumentaron los siervos. (Ver Nota 2)
La "guerra larga" o Revolución Federal, movimiento de verdadero contenido progresista, en el cual participaron las masas campesinas y los sectores pobres de las ciudades, reivindicando el mejoramiento de sus condiciones de vida y trabajo, exigiendo el reparto de las tierras y su entrega a quienes las trabajan, demandando el establecimiento de la República democrática, fue deformado, mistificado y traicionado por los caudillos y políticos que asumieron la dirección a la muerte o asesinato de su gran jefe popular, general Ezequiel Zamora. Los beneficiados con esta gran lucha de las masas campesinas y con sus heroicos sacrificios, fueron los políticos in escrupulosos y los demagogos de la calaña de Antonio Guzmán Blanco, quienes se enriquecieron con la expropiación de los bienes de "manos muertas" y con el acaparamiento de las tierras arrancadas a muchos terratenientes godos (conservadores). Treinta años de gobierno del llamado "Gran Partido Liberal Amarillo" no modificaron en los más mínimo las bases materiales, ni las relaciones de clase de la sociedad semifeudal venezolana. Las masas campesinas continuaron viviendo en la misma situación de miseria, a la que estuvieron sometidas durante los peores días de la oligarquía conservadora.
De modo, que a fines del siglo XIX, y encontrándose en la Presidencia de la República el general Joaquín Crespo, todavía Venezuela era un país de economía agraria muy atrasada, con la mayor parte de las tierras improductivas y acaparadas por un grupo de latifundistas parasitarios (amarillos, azules, liberales, blancos, godos, conservadores, etc.), con profundas reminiscencias semiesclavistas y de servidumbre rigiendo las relaciones sociales y de trabajo, lo cual determinaba la actitud de los llamados "partidos políticos tradicionales".
NOTAS
1) Historia Constitucional de Venezuela, Editorial "Las Novedades", Caracas, Venezuela. Tomo 111, pág. 53. José Gil Fortoul.
2) Se presenta así en Venezuela, con sus variantes de época, el proceso que históricamente ha tenido lugar en las sociedades humanas, al cual se refieren las siguientes líneas:
"Las relaciones de producción basadas en el trabajo de los esclavos acabaron convirtiéndose en trabas para las crecientes fuerzas productivas de la sociedad. El trabajo de los esclavos, que no tenían el menor interés en los resultados de la producción, ya no daba más de sí. Planteábase la necesidad histórica de sustituir las relaciones de producción del esclavismo por otras nuevas, que cambiasen la situación de la fuerza productiva fundamental de la sociedad, es decir, de las masas trabajadoras. La ley de la obligada correspondencia de las relaciones de producción con el carácter de las fuerzas productivas exigía la substitución de los esclavos por trabajadores interesados hasta cierto punto en los resultados de su trabajo.
"La gran producción esclavista no era ya económicamente rentable. Los esclavistas comenzaron a dar libertad a numerosos grupos de esclavos, cuyo trabajo no les resultaba ya lucrativo. Las grandes posesiones se desintegraron en pequeñas parcelas. Estas eran entregadas bajo determinadas condiciones a los antiguos esclavos manumitidos o a ciudadanos antes libres, obligados ahora a soportar numerosas prestaciones y tributos en beneficio del terrateniente. Los nuevos cultivadores quedaban vinculados al terruño y podían ser vendidos con la tierra que trabajaban. Pero habían dejado de ser esclavos.
"Era ésta una nueva etapa de pequeños productores, que ocupaban un lugar intermedio entre los hombres libres y los esclavos y se hallaban hasta cierto punto interesados en su trabajo. Recibían el nombre de colonos y fueron los antecesores de los siervos de la Edad Media.
"En el seno de la sociedad esclavista fueron engendrándose, de este modo, los elementos de un nuevo modo de producción, del régimen feudal." Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS.-Instituto de Economía, pág. 32. Segunda edición. Editorial Grijalbo, S. A. México, 1957.



