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Es necesario caracterizar la etapa de desarrollo a la cual había arribado el sistema capitalista predominante en la mayoría de los países de Europa y en los Estados Unidos, y la situación que imperaba en Venezuela, para comprender la esencia y naturaleza del despojo sufrido por nuestra patria, en 1896, cuando Inglaterra se apoderó manu militari de 60.000 millas cuadradas del territorio nacional. (Ver Nota 1) Es esto indispensable además para entender los acontecimientos desarrollados entre 1903-1908, cuando nuestro país fue víctima de una expedición punitiva, sus costas bloqueadas por las escuadras de las grandes potencias -Inglaterra, Alemania, Holanda, etc.- y posteriormente es cuando tiene lugar la intervención norteamericana que se tradujo en el derrocamiento del Presidente Cipriano Castro y la imposición de la sangrienta dictadura antinacional de Juan Vicente Gómez (1908). Tales hechos señalan el comienzo del nuevo período de conquista y colonización que sufre Venezuela.
En el curso del siglo XIX no se crearon en Venezuela las condiciones económicosociales para un desarrollo industrial progresivo, como el alcanzado por la mayoría de los países de Europa y por los Estados Unidos en el Continente Americano. Tal atraso o debilidad, común a todos los países latinoamericanos que habían conquistado su emancipación de España y Portugal, y en los cuales se perpetuaban, sin embargo, fuertes supervivencias feudales, los colocaba en la situación de fácil presa de las ambiciones colonizadoras de las naciones capitalistas más poderosas.
En el caso especial de Venezuela durante el siglo XIX, toda una serie de agresiones ilustra con claridad esta afirmación. Nuestro país surge de la guerra de emancipación como nación independiente, sufriendo constantes desmembraciones de su territorio porque"... los colonos de la Guayana Británica, empujados por las autoridades locales y por las de la metrópoli, continuaban en su inveterada costumbre de hacer entradas por tierras que Venezuela consideraba suyas". (Ver Nota 2) En 1822, Pedro Gual, Ministro de Relaciones Exteriores, giró instrucciones a José Rafael Revenga, Ministro Plenipotenciario ante el gobierno inglés, para que protestara por la ocupación de los terrenos situados en la margen izquierda del río Esequibo. Afirmaba Pedro Gual en esa comunicación que "los colonos de Demerara y Berbice tienen usurpada una gran porción de tierra que, según dicen los tratados entre España y Holanda, nos pertenece, del lado del río Esequibo. Es absolutamente indispensable que dichos colonos o se pongan bajo la protección y obediencia de nuestras leyes, o se retiren a sus antiguas posesiones". (Ver Nota 3)
En 1840, Inglaterra, de una manera arbitraria y apoyada en la fuerza de las armas, impuso como límites entre sus dominios y el territorio de nuestro país postes y otras marcas desde Barima, por los ríos Amacuro y Cuyuní, hasta la montaña Roraima, con lo cual resultó despojada Venezuela de más de la mitad del territorio que venía reclamando como suyo desde los días de la guerra de Independencia. Alejo Fortique, político conservador, diplomático al servicio de la oligarquía conservadora, luchó con dignidad y sentido patriótico por los intereses nacionales, logrando que el gobierno británico se viera obligado a declarar que los límites fijados constituían únicamente un medio para discutir el problema; pero fracasó en sus intentos de firmar un tratado de límites con la rapaz potencia. En 1844, siendo Ministro de Relaciones Exteriores el mismo Alejo Fortique, se rompen las negociaciones iniciadas sobre los límites con la Guayana Británica, al rechazar Inglaterra la proposición de Venezuela. Este mismo asunto sirvió de pretexto para las reclamaciones de Gran Bretaña en 1850, acompañadas con amenazas de bloqueo. (Ver Nota 4)
Pero no era solamente Inglaterra la que pretendía desmembrar el territorio venezolano. En el mismo objetivo coincidían las demás grandes potencias. En 1856, Francia, Estados Unidos y Holanda plantean demandas inadmisibles para la naciente república, llegando el último de los mencionados países hasta a enviar barcos de guerra a nuestras costas como argumento para atemorizar al gobierno venezolano que, "conservador" o "liberal", supo rechazar el chantaje de los filibustero s internacionales; y, finalmente, para no quedarse atrás, la podrida monarquía española intenta bloquear nuestras costas en 1860, cerrándose así un ciclo de agresiones -las correspondientes a las últimas décadas del capital premonopolista- contra el país que había luchado con más sacrificio y pasión por su independencia nacional y la de los demás pueblos hispanoamericanos.
Estas arremetidas periódicas contra los países más débiles eran acciones inevitables por parte de los gobiernos de las naciones capitalistas más desarrolladas, pues para ellas la guerra de conquista, la rapiña de territorios extranjeros, la esclavitud de los pueblos de las colonias, eran tan naturales y tan legítimos como la explotación de la clase obrera, la expoliación de las masas campesinas y el sojuzgamiento de los sectores pobres en general de la propia nación por parte de su rica burguesía dominante.
No obstante, en el siglo pasado, el capitalismo, como sistema económicosocial y político, tenía aún algunos rasgos progresistas en comparación con los sistemas feudales-esclavistas imperantes en la mayoría de los países de Asia, Africa y América del Sur, y todavía no había llegado a su fase de capitalismo monopolista y parasitario; de manera que estas embestidas expansionistas y colonizadoras daban resultados desiguales. En el período preimperialista, cuando aún no había desaparecido la libre concurrencia, que ha sido sustituida por el monopolio, "que es el rasgo económico fundamental, la esencia del imperialismo", se vieron casos en que debido a la libertad de comercio, a la emigración de capitales básicos (Ver Nota 5) e instrumentos variados para la industrialización, a la inmigración de personal de trabajo calificado y técnica más avanzada proveniente de los países más adelantados, algunos de estos territorios penetrados, que aparecían como colonias, dominios o protectorados, adquirieron un crecimiento económico multiforme e independiente, progresando en ellos naciones avanzadas y fuertes.
Ha sido esto lo que sucediera en el pasado con algunos de los llamados dominios, colonias o territorios de ultramar de la Corona Británica: en 'Primer término, los Estados Unidos de América y, luego, Canadá, Australia, Sudáfrica, las cuales, en la actualidad, son naciones altamente industrial izadas y rivalizan con Inglaterra en la explotación de las esferas de influencia coloniales y países dependientes que aún quedan en el mundo bajo la hegemonía del sistema capitalista.
Con la aparición del capital monopolista (imperialismo) estas posibilidades de crecimiento y diversificación de la producción e industrialización multilateral, es decir, desarrollo independiente de la economía nacional en los países colonizados o mediatizados por este capital monopolista, han quedado totalmente canceladas por los procedimientos más o menos pacíficos o evolutivos dentro del marco del país dominante.
¿Cómo y cuándo se estructura el capital monopolista? A fines del siglo XIX, la enorme concentración de la producción, la fusión del capital bancario con el capital industrial, creó el capital financiero monopolista; se realizó la unión de las diversas ramas industriales: de la manufacturera, de los transportes, con las industrias extractivas y de todas ellas con las instituciones de crédito: bancos y casas financieras, etc., bajo una sola dirección, en poderosos consorcios, sindicatos, carteles y trusts capitalistas nacionales e internacionales, lo cual determinó el paso definitivo del capitalismo a su fase suprema monopolista e imperialista en los mayores países de Europa, Japón en Asia y Estados Unidos y Canadá en América.
Una oligarquía financiera se apoderó o convirtió en el amo de estos Estados capitalistas, tendió una red de acero sobre todas las fundamentales instituciones: económicas, políticas, científicas, culturales, artísticas y deportivas, es decir, sobre toda la vida económica, política y social de la nación. Disciplinó toda la actividad de estas organizaciones en un solo concierto a sus fines de explotación y dominio nacional e internacional.
"Los monopolios, la oligarquía, la tendencia a la dominación en vez de la tendencia a la libertad, la explotación de un número cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones riquísimas o muy fuertes: todo esto ha originado los rasgos distintivos del imperialismo que obligan a caracterizarlo como capitalismo parasitario o en estado de descomposición..." "Sería un error creer que esta tendencia a la descomposición descarta el rápido crecimiento del capitalismo. No; ciertas ramas industriales, ciertos sectores de la burguesía, ciertos países, manifiestan, en la época del imperialismo, con mayor o menor fuerza, ya una, ya otra de estas tendencias. En conjunto, el capitalismo crece con una rapidez incomparablemente mayor que antes, pero este crecimiento no sólo es cada vez más desigual, sino que esta desigualdad se manifiesta asimismo, de un modo particular, en la descomposición de los países más fuertes del capital (Inglaterra).
"El monopolio ha nacido de la política colonial. A los numerosos viejos motivos de la política colonial, el capital financiero ha añadido la lucha por las fuentes de materias primas, por la exportación de capitales, por las esferas de influencia, esto es, las esferas de transacciones lucrativas, de concesiones, de beneficios monopolistas, etc., y, finalmente, por el territorio económico en general...
"A su vez, este capital financiero que ha crecido con una rapidez tan extraordinaria, precisamente porque ha crecido de este modo, no tiene ningún inconveniente en pasar a una «posesión más pacífica» de las colonias que deben ser arrebatadas, no sólo por medios pacíficos, a las naciones más ricas. Y en los Estados Unidos el desarrollo económico durante estos últimos decenios ha sido más rápido que en Alemania y, precisamente, gracias a esta circunstancia, los rasgos parasitarios del capitalismo norteamericano contemporáneo se han manifestado con particular relieve.
"... cuando resultó que todo el mundo estaba repartido, empezó inevitablemente la era de posesión monopolista de las colonias y, por consiguiente, la lucha particularmente aguda por la partición y el nuevo reparto del mundo...
"A esto hay que añadir que no sólo en los países nuevamente descubiertos, sino incluso en los viejos, el imperialismo conduce a las anexiones, a la intensificación de la opresión nacional, y por consiguiente, también, a la intensificación de la resistencia." (Ver Nota 6)
"El imperialismo como fase superior del capitalismo en América y Europa y después en Asia, estaba ya plenamente formado hacia 1898-1914. Las guerras hispanoamericana (1898), anglobóer (1900-1902) Y ruso-japonesa (1904-1905) Y la crisis económica en Europa en 1900, son los principales jalones históricos de esta nueva época en la historia mundial." (Ver Nota 7)
El imperialismo agudizó todas las contradicciones y creó otras nuevas dentro del sistema capitalista, lo que hizo inevitable las guerras, las revoluciones proletarias y los movimientos de liberación nacional. ¿Cuáles han sido las más importantes contradicciones que se acrecentaron y agudizaron dentro del sistema capitalista, hasta el límite extremo, durante los primeros años del siglo xx?
1ª La contradicción entre el capital y el trabajo. El monopolio económico y el dominio político de las oligarquías financieras en cada país acentúan la explotación de los trabajadores, haciéndola todavía más cruel e inhumana. El capital monopolista convirtió a los gobiernos burgueses en dóciles instrumentos de sus ambiciones de acumulación de riquezas, los perfeccionó como aparatos de represión metodizada contra los movimientos reivindicativos de los obreros y campesinos; elaboró leyes y creó tribunales especiales para arrebatarles a esas masas trabajadoras sus más elementales derechos económicos y de ciudadanos; utilizó la técnica y la racionalización del trabajo para acelerar el ritmo del esfuerzo físico del trabajador, acrecentando su productividad, a costa de su salud; engendró el pauperismo físico colectivo de las masas laboriosas. Creó las condiciones nacionales e internacionales para hacer del fenómeno de la desocupación, de los ejércitos de sin trabajo, una enfermedad crónica del sistema capitalista. Desde ese momento el capitalismo ya no es capaz de garantizar al trabajador ni el trabajo, ni la vida, ni siquiera en las condiciones de esclavos asalariados.
A los trabajadores y a las masas del pueblo no les queda más salida que luchar por su existencia, por medio del derrocamiento del poder de sus opresores y explotadores. La lucha por la revolución se plantea como una cuestión de vida o muerte para el proletariado.
2ª La contradicción entre los estados imperialistas por un nuevo reparto del mundo. El desarrollo desigual de los estados capitalistas conduce a una variación en la composición y la disposición de sus fuerzas. El país capitalista que ha tenido "poco en el pasado" y acrecienta sus fuerzas económicas, políticas y militares más rápidamente que otros, se siente con "el derecho" de obtener más fuentes de beneficios, más zonas de explotación de materias primas, más mercados y colonias para colocar sus productos manufacturados, exportar sus capitales y explotar mano de obra barata. Pero ya en el mundo no hay puesto bajo el sol que no haya sido repartido; la única forma de aumentar las esferas de explotación es procediendo a un nuevo reparto del mundo por medio de la fuerza, pues ningún estado imperialista abandona su presa voluntariamente. Por esto, el imperialismo conduce inevitablemente a la guerra. Estas guerras entre los estados imperialistas determinan asimismo su debilitamiento, y los cimientos del sistema capitalista se agrietan en escala mundial.
3ª La contradicción entre los grandes estados imperialistas y los países coloniales y dependientes. Los grandes trusts de los países capitalistas al penetrar en los países coloniales o poco desarrollados refuerzan el saqueo de las riquezas naturales y la superexplotación de su pueblo. Los convierten en fuentes de materias primas, en economías suplementarias, mano de obra barata, mercado para sus artículos manufacturados y bloquean todo su desarrollo económico diversificado e independiente.
Los gobiernos imperialistas utilizan los métodos más perversos y fieros para aplastar los anhelos de liberación de los pueblos coloniales y dependientes; y en aquellos formalmente independientes, pero débiles y pequeños, utilizan a los traidores nacionales, a las fuerzas retrógradas y cavernarias, para componer dictaduras terroristas que garanticen su dominación económica y la expoliación de los pueblos.
Sin embargo, los imperialistas para explotar los pueblos coloniales y dependientes se ven obligados a construir campamentos mineros, sistemas de transporte, talleres, etc., concentrando masas de peones, artesanos y campesinos arruinados o expropiados por ellos y los convierten en obreros asalariados.
Con el crecimiento del proletariado en estos países, los movimientos de liberación nacional se fortalecen, adquieren una consciente orientación revolucionaria y toda la población patriótica puede contar ahora con la firme dirección de la clase obrera. Se levanta la ola de los movimientos de liberación nacional. Las posiciones del imperialismo se resquebrajan y la revolución proletaria en las metrópolis gana un gran aliado y reserva para destruir el yugo del imperialismo (Ver Nota 8). Por eso el imperialismo es, también, capitalismo en estado de descomposición, putrefacto y moribundo.
Pero estas contradicciones que pudren el sistema capitalista no conducen por sí solas a su colapso automático, a su destrucción, al triunfo de la revolución socialista y de liberación nacional. La revolución es una guerra de clases y para destruir el poder de las clases opresoras y explotadoras en escala nacional e internacional y construir una nueva sociedad sin explotados ni explotadores, sin países opresores y oprimidos, es necesario un ejército disciplinado, con un estado mayor hábil, competente, enérgico, firme y sabio; pertrechado con una doctrina científica que descubre las leyes y las condiciones que rigen las transformaciones de las sociedades humanas (el marxismo-leninismo); con un programa, estrategia, táctica y objetivos revolucionarios concretos para la conquista del poder político por la clase obrera y sus aliados, las grandes masas populares.
Lenin y sus discípulos, en contraposición con los dirigentes traidores de la Segunda Internacional Socialista, resolvieron el problema de la construcción de este estado mayor; cómo deben ser creados los partidos de nuevo tipo del proletariado, las vanguardias dirigentes de las amplias masas del pueblo: los partidos comunistas.
En los primeros años del siglo XX se producen: la primera guerra universal por un nuevo reparto del mundo (1914-1918), la Gran Revolución Socialista de Octubre (1917) y el desarrollo creciente de los movimientos antiimperialistas de los pueblos sojuzgados de Asia, África y América Latina, todo lo cual confirma plenamente las tesis del leninismo sobre el comienzo de la crisis general del capitalismo y de un nuevo ciclo en la historia de la humanidad.

NOTAS
1) En 1896, siendo Presidente de la República el general Joaquín Crespo, el imperialismo inglés arrebató a Venezuela más de 60.000 millas (96.000 kilómetros cuadrados) incorporándolos a la Guayana Inglesa. Estudios geográficos y geológicos realizados posteriormente han venido a mostrar que las tierras arrebatadas a nuestra patria se asientan sobre yacimientos de bauxita, hierro, manganeso, diamantes y oro, de gran riqueza.

2) José Gil Fortoul, Historia Constitucional de Venezuela, T. H. pág. 112

3) El tratado al cual hacía referencia Pedro Gual era el llamado Tratado de Münster, suscrito en 1684 por España y los Países Bajos, fijando los límites sobre sus colonias en las Indias Occidentales. Gual se basaba para la reclamación en el principio de uti posidetis. En 1814 la Gran Bretaña y los Países Bajos firmaron un acuerdo mediante el cual la primera cedía a los segundos sus colonias en Demerara, Esequibo y Berbice, no fijando, mañosamente, los límites con claridad para así encontrarse en posibilidad de saquear el territorio venezolano.

4) El 31 de enero de 1844, Alejo Fortique logró iniciar formalmente las negociaciones, proponiendo como línea divisoria el curso del río Esequibo, lo cual no fue aceptado por el gobierno británico.

5) Es necesario no confundir la emigraci6n de capitales -fenómeno corriente durante la época del capitalismo liberal, preimperialista, que iba a sumarse al torrente general de la economía nacional del país que los recibía, empleándose en la mayor diversificación de la producción, haciendo su economía más fuerte e independiente- con el fenómeno de la exportaci6n de capitales característico de la época del capitalismo monopolista (imperialismo), cuya función es controlar las fuentes de materias primas, organizar industrias extractivas para alimentar los centros manufactureros de las metrópolis (petróleo y hierro de Venezuela) convirtiendo a estos países penetrados en economías suplementarias, mercados para los artículos manufacturados en el extranjero y mediatizarlos y colonizarlos económica y políticamente.

6) El imperialismo, fase superior del capitalismo. Obras escogidas, páginas 1062-1064.1065. Ediciones en Lenguas Extranjeras. Moscú, 1948. V. I. Lenin.

7) Marx, Engels y el marxismo. "El imperialismo y la escisión del socialismo". Pág. 321. Ediciones en Lenguas Extranjeras. Moscú, 1948, V. I. Lenin.

8) 2. El movimiento de liberación de los pueblos oprimidos y la Revolución Proletaria. Al resolver el problema nacional, el leninismo parte de los principios siguientes:
a) el mundo está dividido en dos campos; el que forman un pequeño puñado de naciones civilizadas, que poseen el capital financiero y explotan a la inmensa mayoría de la población del planeta, y el campo de los pueblos oprimidos y explotados de las colonias y de los países dependientes, que forman esta mayoría;
b) las colonias y los países dependientes, oprimidos y explotados por el capital financiero, constituyen una formidable reserva y la más importante fuente de fuerzas para el imperialismo;
c) la lucha revolucionaria de los pueblos oprimidos de los países coloniales y dependientes contra el imperialismo es el único camino por el que pueden emanciparse de la opresión y de la explotación;
d) los países coloniales y dependientes más importantes han iniciado ya el movimiento de liberación nacional, que tiene que conducir por fuerza a la crisis del capitalismo mundial;
e) los intereses del movimiento proletario en los países desarrollados y del movimiento de liberación nacional en las colonias, exigen que estos dos aspectos del movimiento revolucionario se unan en un frente común contra el enemigo común: contra el imperialismo;
f) la clase obrera en los países desarrollados no puede triunfar, ni los pueblos oprimidos pueden liberarse del yugo del imperialismo sin la formación y consolidación de un frente revolucionario común;
g) este frente revolucionario común no puede formarse si el proletariado de las naciones opresoras no presta un apoyo directo y resuelto al movimiento de liberación de los pueblos oprimidos contra el imperialismo "de su propia patria", pues "no puede ser libre el pueblo que oprime a otros pueblos" (Marx) ;
h) este apoyo significa: sostener, defender y llevar a la práctica la consigna del derecho de los pueblos a separarse ya existir como Estados independientes;
i) sin poner en práctica esta consigna será imposible lograr la unificación y colaboración de las naciones en una sola economía mundial, que constituye la base material para el triunfo del socialismo;
j) esta unión sólo puede ser voluntaria, erigida sobre la base de la confianza mutua y de las relaciones fraternales entre los pueblos. (Cuestiones del leninismo. Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1941. Págs. 65 y 66. J. Stalin.)

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