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LA OFENSIVA IMPERIALISTA. EL GOLPE DE ESTADO DEL TIRANO GOMEZ

214-02

En estas condiciones económicas, sociales y políticas, comienza una nueva rebelión armada el 23 de mayo de 1899, la "Revolución Liberal Restauradora", dirigida por Cipriano Castro.
El general Cipriano Castro era un hacendado, un mediano terrateniente, anticlerica1, influido políticamente por la tendencia radical del liberalismo colombiano, representado por el caudillo democrático Rafael Uribe Uribe, tendencia que a fines del siglo XIX tuvo gran repercusión en los Andes venezolanos. Desde su juventud se caracterizó Castro por un pensamiento de tipo nacionalista y como líder de los estados andinos contra la camarilla que desde Caracas los oprimía, al igual que a otras regiones. En junio de 1890, siendo diputado al Congreso Nacional, y al discutirse el problema de los límites de Venezuela con la Guayana Británica, pronunció, entre otras intervenciones, un enérgico discurso en el cual señalaba que:
"Gran parte de nuestro territorio guayanés ha sido usurpado por el aventurero inglés, y ante semejante atentado, a los venezolanos no nos queda otro recurso digno y de satisfactorios resultados que las vías de hecho, estando cortadas, como están, nuestras relaciones diplomáticas con aquella nacionalidad".
En 1895, cuando nuestro territorio fue desmembrado por el imperialismo inglés, Cipriano Castro se encontraba exilado en Colombia, como adversario político de Joaquín Crespo, y "...cuando en todas las plazas de Venezuela se empieza a discutir en manifestaciones y discursos el asunto limítrofe con la Guayana inglesa, en Cúcuta la colonia venezolana hace flamear la bandera tricolor y protesta contra la rapacidad y codicia del viejo leopardo británico. Es Castro uno de los animador es espirituales de un periodiquito -afirma despectivamente el aristocratizante Mariano Picón Salas- que hoy llamaríamos órgano antiimperia1ista y que se denomina El Venezolano... Se ha formado una Sociedad Patriótica Venezolana y él la representa como supremo intérprete en el miserable caserío de Los Vados…" (Ver Nota 1)
Y el 15 de febrero de 1896, mientras el pueblo de Caracas quema en efigie a John Bull, Cipriano Castro publica un manifiesto donde escribe que ha ofrecido sus servicios y su pequeño contingente para contribuir a la defensa de la integridad de nuestro territorio y de la dignidad nacional... "Cuando se trata de la defensa de la Patria cualquier reserva sería un crimen, y respondiendo a mi deber y a mi conciencia, me complazco en poner a disposición del gobierno venezolano mi vida, mis intereses y todo lo que valer pueda como ciudadano y como soldado que soy de la República."
En relación con este problema y con la actitud patriótica del Presidente Joaquín Crespo, el señor John Lavin, autor del libro Una aureola para Gómez, imagina el siguiente diálogo entre Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez:

Gómez: Crespo no es un gobernante, es un tonto incompetente. Castro: ¿En qué forma?
Gómez: ¿Ha visto usted lo que pasó en San Cristóbal? ¿Ha leído lo que sucedió en las calles de nuestra capital? ¿Cómo puede degradarse la gente hasta tal punto?
Castro: ¿Pero qué tiene que ver eso con Crespo?
Gómez: ¿Apedreando a los ingleses? ¿Comportándose en las calles como indios salvajes? ¿Permitiendo a los soldados pagados por el gobierno actuar como rufianes? No creo que Crespo tenga ni el cerebro de un "jején". Si tuviera algún seso, hubiera acabado con este ridículo negocio hace largo tiempo. Como están las cosas, toda la nación se ha olvidado de trabajar. Se están desperdiciando un tiempo precioso y dinero, gritando y escribiendo millones de palabras contra un enemigo imaginario. ¿Y para qué? ¿Sólo porque los británicos pretenden poner su pie en la puerta de nuestro corral?
Castro: A usted se le escapa algo... los británicos siempre han sido nuestros enemigos. Han estado tratando de arrebatarnos la tierra mucho antes de que usted y yo naciéramos. Pero no sólo son los británicos... también los franceses, los alemanes, etc., todos quieren explotarnos, por años han estado exprimiéndonos hasta secarnos. Siempre han estado pidiendo indemnizaciones por una u otra cosa.
Gómez: Eso es lo que dicen los periódicos. Pero a mí me parece que somos nosotros quienes los hemos conceptuado siempre como enemigos y ellos han reaccionado de acuerdo a ese sentimiento. (Op. cit. Págs. 54-55.)

A pesar de que este escritor, asalariado del imperialismo yanqui, ha estado buscando una "aureola para Gómez", el supuesto diálogo que hemos transcrito no hace sino poner en evidencia la congénita mentalidad de traición nacional del último de los mencionados caudillos; Juan Vicente Gómez atacó al Presidente Joaquín Castro por no reprimir, sino alentar, las manifestaciones populares contra el colonialismo. En la "discusión" se retrata de cuerpo entero al futuro testaferro de los trusts internacionales y negociante sumiso del suelo y subsuelo venezolano.
El 23 de mayo de 1899, nuevamente Cipriano Castro se lanza a la acción armada como jefe de la "Revolución Liberal Restauradora", bajo las consignas de: "No más farsas. No más opresión. Nuevos hombres. Nuevos ideales. Nuevos procedimientos", esgrimiendo como bandera la lucha contra la corrupción y la opresión de una burocracia gobernante que se había encanallado con treinta años de poder. Y lo hace precisamente en una región como los Andes, que había sido de las más afectadas, a través del saqueo de los dineros públicos y del latrocinio, por los procónsules que la aristocracia caraqueña mandaba como gobernantes a las provincias, para que se enriquecieran y oprimieran al pueblo.
La "Revolución Liberal Restauradora" triunfó rápidamente y el 2 de octubre de 1899, Cipriano Castro hizo su entrada triunfal en Caracas. Las causas de esta rápida victoria de la "Restaurador a" fueron: el descontento y repudio del pueblo hacia la podrida oligarquía de militares y agiotistas (liberales amarillos) que por tan tos años monopolizaban el poder; la situación económica de la nación, que era desastrosa, tanto que los ingresos nacionales habían descendido en aquel año a Bs. 27.296.000 y lo propio había ocurrido con las exportaciones de café, cacao, ganado en pie, cueros, etc., absorbidas por el mercado exterior.
Por otra parte, el régimen "liberal-amarillo" se debatía en una lucha de camarillas sin principios y el Presidente de la República, general Ignacio Andrade (de nacionalidad colombiana), no tenía autoridad ni prestigio y se le consideraba un pelele impuesto por el ex presidente Joaquín Crespo. Y por último, la deserción de los jefes militares al mando de las tropas del gobierno: Francisco Linares Alcántara y Luciano Mendoza (quien en La Victoria se pasó a Castro con 4.000 soldados). Lo propio hicieron Víctor Rodríguez, presidente del Consejo de Gobierno y los ministros y consejeros corrompidos como Raimundo Andueza Palacios, Guillermo Tell VilIegas Pulido y Manuel Antonio Matos Ministro de Hacienda del gobierno de Andrade).
Cipriano Castro es recibido en Caracas por el pueblo y los sectores progresistas que efectivamente anhelaban una época de paz y libertad, de "Nuevos Hombres, Nuevos Ideales, Nuevos Procedimientos".
La joven generación intelectual, formada en las aulas universitarias al calor de las enseñanzas positivistas de Erast y VilIavicencio, y dentro de la cual se destacaban Luis Razetti, Pablo Acosta Ortiz, Elías Rodríguez, Ángel César Rivas, Elías Toro, Carlos León, Félix Montes, Santos Dominici, Emilio Conde Flores, etc., dirigió a Castro un manifiesto acogiendo su consigna de "Nuevos Hombres, Nuevos Ideales, Nuevos Procedimientos" y reclamando un gobierno que otorgara garantías y libertad a todos los ciudadanos, que asegurara la paz y el bienestar de la nación.
Es evidente que el movimiento "Restaurador" contó en sus comienzos con el apoyo de amplios sectores populares, pero sus dirigentes, incluyendo a Castro, no supieron darle forma organizativa y estable, a través de un partido nacional democrático, con un programa concreto, de obras públicas y de reforma contra el monopolio de las tierras, para sacar al país de su atraso material; con un programa que consultara las más sentidas reivindicaciones económicas, sociales y políticas de las grandes masas del campo y de la ciudad. En cambio, los viejos elementos reaccionarios, que desde los primeros días se sumaron al movimiento, fueron tomando el control de la administración pública, sabotearon su contenido popular, perpetuaron los privilegios feudales de latifundistas y usureros y, por último, traicionaron frente al invasor extranjero. El gobierno de Castro (1899-1908), semifeudal en lo que se refiere a las relaciones de producción y de trabajo, representó, sin embargo, algunas de las aspiraciones liberales e independentistas del pueblo y presentó una resistencia patriótica a la penetración y explotación del capital extranjero, así como rechazó valientemente los requerimientos, las amenazas y agresiones de las grandes potencias imperialistas. Uno de los primeros actos de Cipriano Castro como gobernante fue enviar un cable al representante de Venezuela en la Comisión Internacional de Árbitros Arbitradores que debía dictar el laudo sobre los problemas de límites con la Guayana Inglesa, recomendándole no aceptar una decisión contraria a los intereses nacionales. Lamentablemente el cable u orden de Cipriano Castro llegó tarde, o bien el delegado venezolano se hizo el sordo, siendo por este motivo inmediatamente destituido.
A pesar del lastre que representan los políticos oportunistas y sin principios con los cuales se ha aliado Castro y que forman parte de su Gabinete, éste toma una importante medida para luchar contra las oligarquías feudales (de terratenientes, usureros y alto clero católico romano), quienes habían heredado el poder en los territorios libertados por los ejércitos de la independencia, bajo la dirección de Bolívar en la guerra de emancipación de la corona española.
Castro, como ningún otro de los caudillos venezolanos de la época, comprende que para luchar contra esta fuerza de la reacción interna y hacer frente a las amenazas y agresiones del imperialismo extranjero, es necesario aliarse con las fuerzas progresistas y patrióticas de los otros países latinoamericanos.
El apoyo decidido que prestó Castro al movimiento liberal popular colombiano dirigido por los generales Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera y el intento de alianza con Leonidas Plaza, Presidente liberal progresista del Ecuador, tienen un sentido histórico revolucionario y es lección todavía válida para los políticos democráticos que presumen de revolucionarios en nuestra época.
A este pacto o alianza, el gobierno retrógrado y clerical de Colombia respondió organizando un ejército al mando del conservador "autonomista" venezolano, doctor y general Carlos Rangel Garbiras, quien, al mando de 4.000 soldados colombianos, invade a Venezuela por la frontera del Táchira, por los lados de Ureña y San Antonio, llegando hasta Los Altos de San Cristóbal, capital del Estado.
La defensa de San Cristóbal se encomendó a un contingente colombo-venezolano, al mando de Uribe Uribe, el cual, después de una encarnizada batalla (27-29 de julio de 1901) derrotó a los invasores.
En este combate murió el general José Rosendo Medina, miembro del Estado Mayor del general Uribe Uribe y padre de quien después fuera Presidente de la República, el general Isaías Medina Angarita.
Las relaciones con Colombia habían sido rotas y existía prácticamente un estado de guerra entre los dos gobiernos. Las tropas de Castro atacan por el Zulia y el Arauca, pero son derrotadas el 13 de septiembre en Río Hacha.
En esta emergencia el gobierno de Castro está siendo bloqueado, por no decir traicionado, por los miembros de su Gabinete Ejecutivo. Prueba de ello la tenemos en la renuncia de su ministro de Guerra, general Pulido, y en la desaprobación de los demás ministros, incluyendo la renuncia del encargado de Relaciones Exteriores, Eduardo Blanco, con motivo del telegrama que dirigiera el Presidente a la Conferencia Internacional Americana reunida en México y la cual había tomado la resolución de "pedir a los presidentes de Colombia y Venezuela que eviten un mayor conflicto y los invita a un acuerdo equitativo y fraternal".
El telegrama de Castro a la Conferencia es una adecuada caracterización de la dictadura clerical conservadora que domina en Colombia: "el gobierno conservador de Colombia (dice Castro) ha tendido siempre a ejercer su acción funesta sobre la genitora de su libertad e independencia, lo que es inaceptable por degradante. Es un gobierno que vive del terror, de la miseria y del oscurantismo. Venezuela quiere la paz; pero una paz honrosa, digna de la actual civilización y progreso".
A fines del año 1901, el Gobierno de Castro se encontraba muy lejos de haber pacificado el país. En el Oriente y Occidente de la República, en los llanos del Centro, en la cordillera de los Andes, se hallaban numerosas partidas armadas bajo el mando de los viejos caudillos desplazados del poder por los nuevos generales castristas.
El general Luciano Mendoza, quien se encontraba a cargo del Estado Carabobo, se levanta en armas el 19 de diciembre de 1901 en los aledaños de la ciudad de La Victoria. Las fuerzas del gobierno lo derrotan en Villa de Cura, el 22 de diciembre del mismo año; se repliega hacia La Puerta y es de nuevo derrotado al día siguiente, y el 25 es aniquilado en "El Paso de Estévez". El general Antonio Fernández y el general Loreto también se levantan en armas y son aplastados en pocos días.
Manuel Antonio Matas, comerciante terrateniente, rico prestamista usurero, de esos a quienes en nuestro país llaman banqueros, surge de pronto como figurón político ("pulpero" -o sea, bodeguero- doblado en general) y es nombrado por la coalición de políticos y militares anticastristas como general en jefe de la Revolución. Es a esta coalición y levantamiento reaccionario a lo que se denomina "Revolución Libertadora". (Ver Nota 2)
Es un hecho demostrado que las potencias imperialistas y sus súbditos en Venezuela estuvieron tras este flamante "general" y su "revolución", que costó torrentes de sangre de un pueblo y dejó una estela de miseria y desolación sobre extensas regiones del país.
En la sola batalla de La Victoria, que marca la derrota de Matas y el triunfo de Castro, quedaron sobre el campo más de 2.000 bajas entre muertos y heridos.
El propio Castro, en proclama a su ejército, afirmaba: "Catorce mil soldados enemigos, mandados por jefes que gozaban de fama de hábiles expertos, se han estrellado contra la muralla de vuestra bravura... La sangre ha corrido en arroyos impetuosos; sangre venezolana, tan generosa siempre en el altar del sacrificio.” (Ver Nota 3)
Y poco después, el 6 de septiembre declaraba a la prensa: "Manuel Antonio Matas, como jefe supremo de la Revolución, había logrado por sus relaciones bancarias atraerse la voluntad y el apoyo de las grandes potencias; de modo que yo... no contaba sino con la décima parte del país y un puñado de valientes dispuestos a sacrificarse conmigo. El concurso de Alemania a favor de la Revolución fue franco y decidido, esto lo sabe toda Venezuela; cuando necesité ir a Valencia para hacer frente a Mendoza, pedí a la Compañía de Ferrocarril Alemán diez trenes, y al llegar por la tarde a Los Teques hice preguntar si los trenes pedidos estaban listos para salir al día siguiente, a lo que contestó el jefe de estación que no podía hacerlo porque esa noche había ocurrido un derrumbamiento en Las Tejerías. Sin embargo, ordenó que salieran los trenes, y cuál no sería mi sorpresa cuando, al llegar cerca de Las Tejerías, encontré una cuadrilla de peones rodando piedras y tierra por la vía férrea...
"Los franceses apoyaron también la Revolución. El vapor Ban Rigth comprado por Matos en Europa, que conducía un gran parque para la Revolución, tocó en la isla de Martinica y se detuvo en ella quince días, armándose en guerra; todo el mundo lo sabía en la isla y ningún obstáculo opusieron. El Cable Francés (se refiere a la Compañía de cable en Venezuela) informaba a la Revolución de todos los movimientos del gobierno. También pude comprobar que la Bermúdez Co. (compañía yanqui) dio a Matos, para la Revolución, 150.000 dólares".
Las potencias imperialistas, ante el fracaso de la "Revolución Libertadora" y de su pelele Matos, resolvieron presentar sus reclamaciones en forma de ultimátum por los perjuicios que sus conciudadanos habían sufrido durante las contiendas armadas que azotaron al país.
Tales reclamaciones asumían el carácter de un verdadero saqueo: quienes habían perdido UNO reclamaban DIEZ.
El gobierno de Castro rechazó estas demandas leoninas y propuso que fueran sometidas a los tribunales de la República. Los gobiernos imperialistas respondieron: ¿Acaso podemos fiarnos de criminales y leyes de un país en donde suceden hechos como los que estamos presenciando?
Al mismo tiempo que Inglaterra y Alemania hacían estas reclamaciones por la vía diplomática, se ponían de acuerdo en una expedición punitiva para el "cobro de las deudas por la fuerza de las armas". El Colonial Gazette, repitiendo declaraciones especiales del Departamento de Estado norteamericano, publicó un editorial en que decía:
"La Doctrina de Monroe no ha sido fundada para defender las repúblicas americanas de sus fechorías o por violaciones de la Ley Internacional". Y los periódicos de Berlín afirmaban: "Castro cede al enterarse de que Estados Unidos no pondrá obstáculo al cobro de las deudas por la fuerza". Con el consentimiento de los Estados Unidos, quien ha recibido la promesa de los ingleses de que la acción no incluía adquisición de territorio y era una simple lección o castigo, se organiza la expedición punitiva.
El 9 de diciembre de 1902 el almirante Douglas, comandante de las Fuerzas Aliadas (Alemania e Inglaterra), bloquea las costas de Venezuela, se apodera de cuatro barcos de la Armada del país, echa a pique tres de ellos en "práctica de entrenamiento", desembarca tropas en el puerto de La Guayra, bombardea a Puerto Cabello, pero el 17 de enero de 1903 el crucero alemán Panther y el Vinetta son rechazados vergonzosamente, al tratar de forzar el paso por la Barra de Maracaibo.
Las masas populares y los estudiantes realizan grandes manifestaciones patrióticas pidiendo armas para combatir a los invasores. Las banderas inglesas y alemanas son quemadas en las plazas públicas. El gobierno de Castro emite una proclama en la que dice: "¡Venezolanos! La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria; un hecho insólito en la historia de las naciones cultas, sin precedentes, sin posible justificación, porque atentó contra los más rudimentarios principios del derecho de gentes; hecho innoble, porque es el fruto del contubernio inmoral y cobarde de la fuerza y la alevosía, es el hecho que acaban de realizar en la rada de La Guayra, hace pocos momentos, las escuadras de Inglaterra y Alemania...
"¡Venezolanos! El duelo es desigual, porque el atentado ha sido consumado por las dos naciones más poderosas de Europa, contra éste nuestro país, que apenas convalece de largos y dolorosos quebrantos, y porque ha sido realizada de manera artera, pues Venezuela no podía esperar tan insólita agresión, desde luego que no habían precedido fórmulas de estilo en semejantes casos...
"...Por mi parte, estoy dispuesto a sacrificarlo todo en el altar augusto de la Patria; todo, hasta lo que pudiera llamarse mi resentimiento por razón de nuestras diferencias intestinas."
"No tengo memoria para lo que de ingrato pueda haber en el pasado. Borrados quedan de mi pensamiento, etc... " El ensayista Mariano Picón Salas, quien no se caracteriza precisamente por su consecuencia democrática, ni por la defensa de la cultura nacional, acogotadas por la penetración imperialista, considera que, " ... con todos sus defectos, victimario y víctima de una sociedad a la que la pobreza y aventura informe del país en aquellos años debió tornar demasiado cínica, sabe levantarse a la suma enérgica cuando la tierra venezolana es amenazada por potencias extranjeras, los cañones del káiser alemán apuntan contra nuestras desguarnecidas fortalezas coloniales y un violento derecho a la explotación de Venezuela lo están disputando los fenicios de todas partes. Desde semejante punto de vista, Castro tiene mayor razón que los que lo acosaron y combatieron; reacciona como ningún otro caudillo hispanoamericano de entonces -contra la política agresiva del big stick- y encarnó una raizal coincidencia mestiza contra aquella intervención vestida de racismo ... en que parecían coincidir el emperador de Alemania, Teodoro Roosevelt y nuestros viejos amigos los ingleses. .. La fiera autóctona de cacique motilón que entonces luce don Cipriano, habrá de chocar, trágicamente, con todas las nuevas fuerzas del capitalismo e imperialismo"... (Ver Nota 4)
Ha lanzado Castro la consigna de "Unidad Nacional" para combatir al invasor y a los traidores nacionales. Solamente en Caracas Se presentan cinco mil voluntarios para formar un Ejército de Defensa Nacional. Los súbditos ingleses y alemanes fueron encarcelados como medida de seguridad, pero inmediatamente recibieron la protección de los Estados Unidos, de su Ministro Mr. Bowen, quien amenazó con la intervención de la marina norteamericana si estos ciudadanos extranjeros no eran puestos en libertad, y presionó para que Venezuela aceptase un arbitraje. El gobierno de Castro cede y se pliega a la "mediación". Se forma, entonces, una Comisión Mixta de Arbitraje bajo la dirección de los Estados Unidos.
Las condiciones para levantar el bloqueo se han negociado en Washington. Los intereses venezolanos han sido menguados en favor de los agresores y esta imposición lleva el nombre de "Protocolos de Washington". El resto del asunto ha sido remitido por el Departamento de Estado al Tribunal de La Haya, el cual sentencia el 22 de febrero de 1904, quedando los Estados Unidos encargados de velar por el cumplimiento de la sentencia.
Sobre esta sentencia, el señor W. L. Renfield, que actúa como Consejero de Venezuela, dice en su informe: "La sentencia fue considerada por algunos como recompensa a la acción militar para asegurar el pago de las reclamaciones; por otros, como un premio de guerra, contrario al espíritu del Tribunal de La Haya y tendiente a incitar conflictos armados entre Estados acreedores contra un común deudor."
Es importante recordar que con motivo de este conflicto o agresión, las masas populares y los sectores progresistas del continente asumieron una posición de franca simpatía y solidaridad con la nación venezolana. En algunos países se realizaron manifestaciones públicas de protesta. En el Perú se propone oficialmente una acción colectiva de todas las repúblicas americanas en apoyo a Venezuela, etc.
A raíz del bombardeo de Puerto Cabello, protestó la colonia alemana residente en aquella ciudad, y el problema del bombardeo fue llevado al Reichstag en donde el Partido Socialista Obrero Alemán, en la persona del viejo Augusto Bebel, promovió un debate parlamentario, expresando con este acto la solidaridad del movimiento obrero mundial con las luchas del pueblo venezolano.
Algunos historiadores venales pretenden demostrar que Venezuela fue salvada en esta ocasión de la ocupación militar por parte de las grandes potencias europeas, gracias a la entereza con que Estados Unidos aplicó la Doctrina Monroe.
Es cierto que la creciente agudización de las contradicciones entre las grandes potencias imperialistas, por la conquista de nuevos mercados y fuentes de materias primas, introdujo, en este caso, grandes fricciones en los planes intervencionistas y agresivos de todas ellas en contra de nuestro país.
Contradicciones y antagonismos que se manifestaron tanto entre aquellas potencias que aparecían en calidad de aliados reclamantes (Alemania, Inglaterra, Francia e Italia) como entre éstas y el naciente imperialismo yanqui.
Pero veamos en qué consistió la actitud de los Estados Unid03. En la publicación North American Review (abril 1903), se puede leer un artículo en el que se afirma: "Que la Doctrina Monroe se opone a la civilización al impedir la colonización de Venezuela por una potencia europea".
El editorial publicado el 5 de diciembre de 1903 por The New York Times dice lo siguiente: "Un deudor, que tiene ya formada una reputación de no pagar sus deudas, cuenta con evidente desventaja en la bolsa. Si Venezuela, o su gobierno, quiere imaginarse que Estados Unidos están con él en un esfuerzo por defraudar a sus acreedores están penosamente engañados. No somos de esta clase de fiadores. De ninguna manera: con o sin Doctrina Monroe, no estamos con deudores fraudulentos como no estaríamos por nidos de piratas o salteadores de caminos. Y correlativamente debemos dar a entender a cualquiera "potencia" agraviada, que sus agravios contra cualquiera de esas NUESTRAS DEFENSAS, SOBRE LAS CUALES NUESTRA VIGILANGIA ES NECESARIA A NUESTRA PROPIA SEGURIDAD, QUE ESA AGRESIVIDAD TIENE SUS LIMITES, TANTO COMO NUESTRA INDULGENCIA." (Las mayúsculas son nuestras. -E. M.)
Está de más repetir que las reclamaciones de los "acreedores" extranjeros ingleses y alemanes y de sus compinches franceses, italianos y norteamericanos, a quienes tan celosamente defendía el New York Times, constituían una leonina felonía. Esto quedó demostrado ante la Comisión Mixta, formada después del pacto de arbitraje. Las cuentas alemanas, por ejemplo, que eran de Bs. 7.376.685 con setenta y ocho céntimos, quedaron reducidas a Bs. 2.091.906 con cincuenta céntimos; las de Inglaterra, que subían a Bs. 14.745.572 con ochenta y nueve céntimos, fueron reducidas a Bs. 9.401.267 con ochenta y seis céntimos; a Italia, que pedía Bs. 39.844.259 con nueve céntimos, le fueron reconocidos Bs. 2.975.906 con veintisiete céntimos; a Francia, que reclamaba Bs. 17.891.613 con cincuenta y dos céntimos, le fueron asignados Bs. 2.677.059 con setenta y un céntimos; a Norteamérica, que exigía Bs. 81.410.952 con veintinueve céntimos, se le reconocieron tan sólo Bs. 2.269.543 con sesenta y dos céntimos, y así sucesivamente.
Pero la importancia del editorial del New York Times radica en que ilustra convenientemente la posición y las ambiciones de los teóricos del naciente imperialismo yanqui y de sus planes expansionistas en la América Latina.
Para ellos los países latinoamericanos y sus gobiernos pueden ser "nidos de piratas y salteadores de caminos". Sin embargo, están situados "dentro de las defensas sobre las cuales los Estados Unidos deben vigilar", y sólo a ellos corresponde tomar medidas para acabar con los "salteadores" y "piratas" e incorporar estos territorios a la "civilización". Hoy la mayoría de nuestros verdaderos piratas y salteadores de caminos se han convertido en honestos servidores de Wall Street, del Departamento de Estado y del Pentágono y reciben amplio crédito en Washington y en los centros financieros de la metrópoli.
Pero aún más: apenas se había llegado al "convenio" de arbitraje con las potencias europeas por medio del cual éstas retiraron sus escuadras bloqueadora!, cuando ya el imperialismo yanqui amenazaba con una expedición armada de castigo con el pretexto de ofrecer protección a la "New York and Bermudez Company", concesionaria y explotadora del asfalto de Guanoco, considerado para entonces como el depósito más grande del mundo. Esta compañía fue la precursora de los grandes trusts petroleros, que años después realizarían en mayor escala su desgarran te penetración sobre el territorio nacional. Este conflicto con la "New York and Bermudez Company" consistió en que, como lo denuncia el propio Presidente Castro, la Compañía había apoyado y financiado el levantamiento armado del general Manuel Antonio Matos, llamado la "Revolución Libertadora" y como además no había cumplido con una serie de obligaciones contractuales de carácter administrativo y con el Fisco, el Gobierno de Venezuela exigía una indemnización de Bs. 50.000.000. El Procurador de la Nación demandó a la Compañía por rescisión del contrato, por daños y perjuicios a la nación y por intervención y fomento de revueltas armadas en el país.
Inmediatamente la Corte Suprema acordó el embargo de Guanoco y de las propiedades de la Compañía, en vista de que ésta se negó a pagar la indemnización. Todo se hizo de acuerdo a las leyes y tribunales de Venezuela. El procedimiento fue de absoluta legalidad y rectitud, de acuerdo con la Constitución de la República y de los tribunales llamados a conocer del asunto. No obstante, el 6 de febrero de 1905, el Secretario de Estado yanqui, MI'. Hay, envía un cable ultimátum al gobierno de Venezuela concebido en estos términos: "Si el Gobierno de Venezuela se niega fundamentalmente a consentir en un arbitraje que asegure el implantamiento de completa justicia a estas partes perjudicadas, el Gobierno de los Estados Unidos puede lamentablemente verse obligado a tomar todas las medidas que juzgue necesario para lograr la completa reparación, sin acudir al arbitraje."
A este ultimátum del imperialismo yanqui, el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, en comunicación enviada al representante de Estados Unidos en Caracas, contestó: "El señor Presidente Provisional de la República me encarga, pues, decir a V. E., para que a su vez lo comunique al excelentísimo señor John Hay, que el gobierno, para considerar su nota, necesita saber si de lo que se trata es DE LA SOBERANIA E INDEPENDENCIA DE LA REPUBLICA, ES DECIR, SI EL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS RESPETA Y ACATA LA LEGISLACION DE LA REPUBLICA Y LA HONORABILIDAD DE SUS TRIBUNALES O NO y si se respeta y acata igualmente los pactos y soluciones arbitrales que ella misma en representación de Venezuela pactó." (Las mayúsculas son nuestras.-E. M.)
Todavía más, Mr. Bowen, Ministro de la Casa Blanca en Caracas, en comunicación del 4 de marzo de 1905 dirigida a su gobierno, recomendaba la ejecución del Plan Parker. Este plan del Agregado militar yanqui ante el gobierno venezolano consistía en el inmediato desembarco de las tropas, la destitución y detención de Castro, el establecimiento de un gobierno provisional y el embargo de las aduanas por agentes norteamericanos. Como se puede ver ahora, el coronel Adams, jefe de la Misión Militar yanqui en Caracas para 1948, mostró ser un aventajado discípulo del difunto coronel Parker y aplicó la esencia del programa de éste contra el gobierno constitucional del Presidente Gallegos.
Es claro que todas estas amenazas so pretexto de reclamaciones por daños y perjuicios a personas y a bienes de ciudadanos extranjeros, tenían un propósito todavía oculto, mucho más importante para los capitalistas monopolistas de Europa y Estados Unidos que aquel revelado en las citadas notas diplomáticas.
Para este período Venezuela todavía no aparecía como una fuente petrolera; empero, se ha podido establecer más adelante que los agentes, técnicos y geólogos de los trusts internacionales del petróleo ya habían hecho en secreto muy serias investigaciones sobre la existencia de extensos yacimientos de hidrocarburos en el territorio venezolano. Y tanto ingleses y holandeses como yanquis, pugnaban por obligar al gobierno de Venezuela a que les hiciera concesiones monopolistas para la exploración y explotación de estos yacimientos. La actitud del gobierno de Castro era, sin duda, "un gravísimo inconveniente" para los planes de acaparamiento y monopolio de estas riquezas ambicionadas por los pulpos internacionales del petróleo.
Los meses pasan y el Gobierno de Castro resiste unas veces, maniobra otras, vacila y cede, pero su suerte está decidida, a pesar de haber otorgado, en 1907, algunas concesiones para la exploración y explotación de hidrocarburos a ciudadanos venezolanos, quienes las transfirieron a empresas extranjeras. Estas concesiones son las conocidas con el nombre de Vigas, Aranguren, Jiménez Arraiz, Simón Planas Suárez y otros.
El 29 de junio de 1908, Jacob Sleeper, Encargado de Negocios de los Estados Unidos, comunica a Castro: "Que, en vista de la persistencia del gobierno venezolano en no dar reparaciones por la acción gubernativa o someter a arbitraje a las reclamaciones de ciudadanos norteamericanos y del tono y carácter de las notas y comunicaciones recibidas del gobierno de Venezuela, el gobierno de los Estados Unidos se ve obligado a la conclusión de que la presencia ulterior en Caracas de representantes diplomáticos de los Estados Unidos no sirve para ningún propósito útil y ha resuelto cerrar su Legación en esta capital y poner sus intereses, propiedad y archivos en Venezuela en manos del representante del Brasil, país que afablemente ha resuelto encargarse de ellos."
Para entonces, además de las reclamaciones de la compañía "New York and Bermudez Co.", explotadora de asfalto, se habían presentado otras demandas promovidas por las compañías yanquis "Manao Corporation", "The Orinoco Steamship Co.", y otras.
Las relaciones con Holanda, Francia y otros países imperialistas habían sido rotas, aduciendo los gobiernos de esas naciones los mismos pretextos esgrimidos por Estados Unidos para el rompimiento con Venezuela.

NOTAS
1) Mariano Picón Salas, Los días de Cipriano Castro, Editorial "Garrido", pág. 34. Caracas, Venezuela.

2) Allí se encuentran los caudillos orientales con el viejo general Domingo Monagas, Nicolás Rolando, Horacio Ducharne y Alejandro Ducharne; concurren a la revuelta los centrales Hernández Ron, Crespo Torres, Blanco Fombona, Ortega Martínez y otros; Guayana está representada por Zoilo Vidal (El Caribe); Los Andes con Juan Pablo y José Manuel Peñaloza; Falcón con Gregorio Riera, etc., etc.-E. M.

3) Cipriano Castro, agosto 3 de 1902.

4) Mariano Picón Salas, Los días de Cipriano Castro, págs. 5 y 6.