Generalmente se ha creído que Boves fue la causa única del movimiento popular de 1814. Se ha señalado que con sólo aparecer su prestigiosa figura en el campo de la lucha comenzó el odio de los pardos contra los blancos, provocando toda esa serie de acontecimientos que acabaron con la República de Bolívar. En realidad, este argumento es exagerado. Boves no fue en estructura la causa de la rebelión popular, la raíz del movimiento, tenía mucho antes que él; ya hemos visto a través de estas páginas que las luchas de clase estaban prestas a estallar cada vez que veían una ocasión propicia, pero sin pasar nunca de los límites de una simple amenaza. La rebelión daba dos o tres pasos indecisos, sin ningún fin determinado y luego se desvanecía. Faltaba la cohesión y el jefe. Boves vino a ser entonces el caudillo que aquellas masas ahítas de odio estaban esperando. Tan sólo se necesitaba el hombre que con firmeza acercara el fuego al polvorín. Y él lo hizo.
Boves tiene el valor histórico para el estudio de la sociología venezolana de que fué el primer conductor de masas, el "primer caudillo de la democracia venezolana" como tan acertadamente le denominara Juan Vicente González (l).
Sobre su vida se han tejido las más controvertidas teorías, para unos fué una bestia feroz, llena de odio y sedienta de sangre, y, en cambio, para otros fué un noble guerrero que luchó por el bien del proletariado nacional contra los desmanes y tiranía de los blancos dueños de la tierra. En realidad, Boves fue una rara mezcla de paladín y de bestia feroz, con sus detalles sombríos y sus momentos hermosos. Fué, sin lugar a dudas, el jefe de más personalidad que pisó el campo realista en la Independencia y el caudillo más formidable que conoce la historia de Venezuela.
José Tomás Boves nació en Oviedo el 18 de septiembre de 1782. Hijo de padres muy pobres y oscuros, tenía dos hermanas llamadas María y Josefa (2). En el folio 26, año de 1782, del libro de bautizados de la parroquia de San Isidro el Real de Oviedo, dice lo siguiente:
"En esta iglesia parroquial, a 18 del mes de septiembre de 1782, don Juan Conchés, mi teniente, bautizó solemnemente un niño que nació dicho día. Llamóse José, Tomás, Millán, hijo legítimo de mis feligreses Manuel de Bobes, natural de la parroquia de San Tirso el Real de esta ciudad, y de Manuela de la Iglesia. Fue su padrino Alonso Alvarez, vecino de dicha ciudad, advirtiéndole el parentesco que contrae. José Agustín de Lago."
El padre de Bobes, ya que Bobes y nos Boves es su nombre al menos durante el tiempo que pasa en España, muere cuando José Tomás no tiene todavía los cinco años. La madre, doña Manuela de la Iglesia, tiene que hacer grandes esfuerzos en medio de su pobreza para levantar a sus tres pequeños hijos. La miseria es el cuadro que rodea a esta familia durante el tiempo en que José Tomás empieza a conocer la vida. Cuando llega a los albores de la adolescencia, la madre decide que ha de ser piloto, carrera que no desagrada del todo al joven Bobes. Tiene apenas once años cuando entra en el recién inaugurado "Real Instituto Asturiano". Forma parte del grupo de los primeros 60 alumnos. Era un 7 de enero de 1794. Sus estudios de "pilotín" duran cuatro años, los dos primeros los pasa en una especie de preparatoria entrando realmente a cursar náutica en 1796, estudios éstos que termina en 1798, a los dieciséis años de edad (3).
Ciertamente no era un hombre brillante ni de esmerada educación, pero tenía buena letra (Ver nota 1), cosa extraordinaria para la época; era aplicado y conocía su oficio a la perfección. Siempre se le observó buena conducta, respetuoso y con gran amor al trabajo (Ver Nota 2). Cuando años después de su muerte, fue interrogado su profesor de náutica, don Diego del Cayón, sobre el comportamiento del feroz caudillo llanero, contestó que "conoció a Bobes con ocasión de prepararlo para piloto, de cuyos estudios salió con las mejores notas, a satisfacción de todos sus profesores por su aplicación y talento, habiendo asistido a la cátedra con toda puntualidad y buena conducta" (4).
Al poco tiempo se presenta al puerto de El Ferrol donde sufre un difícil examen, prueba ésta que pasa con facilidad, siendo empleado como piloto de segunda clase en buques mercantes que iban al Mediterráneo. Y parte de España, ya a finales del siglo XVIII, vistiendo "la chaquetilla azul de botones de ancla y ostentando los dorados galones de su jerarquía" (5)
Este período de la vida de Boves es bastante oscuro. El mar le eclipsa por completo. Un buen día cambia de itinerario y va a América. Y a principios del ochocientos es que don Benito Palermo Martínez Somonte dice haberlo conocido en los correos marítimos, donde el tal don Benito era capellán. Al poco tiempo, Boves, se licencia de piloto primero, tomando el mando de un bergantín mercante propiedad de la casa Pla y Portal. Esta firma comercial mantenía estrechas relaciones con las Antillas y Tierra Firme. Para esta última región salió el buque de Boves, el "Ligero", con una tripulación de catalanes y gallegos, llevando por segundo a Vicente Caldero, quien, años más tarde debía suceder a Boves en el mando del bergantín. Y es este mismo Vicente Caldero el que después, cuando Boves poseía su tienda de Calabozo, debía traer1e a doña Manuela de la Iglesia el dinero que su hijo le enviaba desde Los Llanos de Venezuela (8).
Y allí como siempre vuelve a perderse el rastro de Boves en la fantasía y la oscuridad. Nada se sabe de él a ciencia cierta. Cómo y cuándo llegó a Venezuela son hechos que se ignoran, aunque existen relaciones más o menos felices que pueden llenar bastante bien las lagunas de su vida. Se dice, y en esto están de acuerdo la mayoría de los historiadores, que Boves se vio complicado en un asunto de piratería o de contrabando. En realidad no es extraño. Boves poseía el clásico carácter español que oscila siempre entre lo legal y lo prohibido, entre lo bueno y lo malo. Siempre dado a buscar el éxito de la vida por el camino más fácil, el cual nunca es el mejor. Por esta sencilla razón no es desechable la hipótesis de que el futuro conductor de masas, hijo correctísimo, se convirtiese de la noche a la mañana en un pirata o en un contrabandista.
Las versiones más corrientes son éstas: Baralt y Díaz dicen que, habiendo "sido juzgado por algunos actos de piratería, se vio condenado a ocho años de presidio en Puerto Cabello" (7). O’ Leary lo presenta de pronto en Venezuela, oscuro y sin ninguna educación, como un simple sirviente que "luego pesó a ejercer el contrabando, en cuya vil carrera, propia de su carácter aventurero adquirió una subsistencia precaria, y se acostumbró a los peligros, que lo prepararon para la vida azarosa que debía llevar después" (8). Larrazabal dice por su parte, que "en los años de 1808 y 1809 ejerció la piratería y resultó condenado al presidio de Puerto Cabello por una sentencia que lo declaraba ladrón de mar" (9). José Francisco Heredia, el célebre Regente, opina por su parte, y quizás en forma más autorizada ya que vivió en Venezuela por aquellos años y estaba en contacto con los tribunales de la colonia, que "vino de pilotín a La Guaira y habiendo continuado la navegación, estuvo preso y procesado en Puerto Cabello por su manejo en un buque corsario" (10).
Dadas estas premisas por nuestros historiadores clásicos no nos queda otro recurso para aclarar el asunto que analizar las consecuencias más lógicas. Existen dos. Boves continuó con la firma española haciendo viajes por las Antillas y la costa venezolana, conociendo en estos lugares a comerciantes de nombradía como los Jove, por quienes guardó siempre gran deferencia, y quienes fueron, según Baralt, los que más luego, convicto de contrabandista, hicieron que le conmutasen la pena de presidio por la de confinamiento (Ver nota 3). Aprovechando, quizás también, las relaciones que tenía con los comerciantes de la costa, se decidió a introducir contrabando, asunto éste que era moneda corriente en los últimos años de la colonia. Descubierto entonces por alguna imprudencia o una traición, fue llevado a Puerto Cabello donde estuvo algún tiempo hasta que los Jove intervinieron, enviándole entonces las autoridades a Calabozo a purgar su condena fuera de la costa.
O también es posible que Boves habiendo dejado el buque mercante, del cual era piloto, se haya empleado en algún guardacosta español y, más tarde seducido por algunos contrabandistas se haya hecho el ciego mediante un buen puñado de monedas, y siendo descubierto posiblemente por delación de los mismos contrabandistas o de las autoridades asombradas por el contrabando, le hayan metido en la prisión. Ducoudray-Holstein, quien escribió su historia en las Antillas, según los relatos de los emigrados venezolanos, dice "que habiendo obtenido el comando de un guardacosta, para impedir fraudes de los contrabandistas, su probidad no resistió a las ofertas de estos señores; y en lugar de ser un obstáculo a su comercio ilegal, se aplicó a protegerlos por todos los medios" (11).
Sea lo que fuere lo cierto es que habiendo cumplido ya una corta condena o siendo ésta conmutada lo encontramos por primera vez en Calabozo, completamente asimilado a las costumbres venezolanas y ya cambiado el Bobes por el Boves criollizado (Ver nota 4). En esta ciudad abre un comercio de telas y ropas (12), situada en una de las avenidas principales de Calabozo, en una casa amplia, hoy casi completamente destruida por los años (13). Allí Boves vivía tranquilamente, haciendo también negocios con cueros y ganados, los cuales compraba en Los Llanos y revendía en Puerto Píritu (Barcelona), trayendo en su viaje de vuelta nuevas mercancías para su tienda de Calabozo 14.
De aquellos tiempos nació la leyenda, que luego recogiera Arístides Rojas, sobre el romántico cuatrero "Guardajumo", esta leyenda decía que allá por los años 1806 a 1808 había un bandido que recorría las sabanas del Guárico sembrando el espanto y el terror entre los dueños de hatos y los comerciantes que transitaban aquellas desoladas planicies a quienes robaba y asesinaba, obligándoles a ir en caravanas para defender mejor así sus vidas y propiedades. Una vez venían de Puerto Píritu dos jóvenes comerciantes, era de noche y transitaban por los parajes donde Guardajumo hacía sus desmanes, cuando de pronto fueron asaltados por el célebre bandido y su pandilla de forajidos. Los dos jóvenes se defendieron heroicamente logrando derrotar a Guardajumo, quien se perdió en la oscuridad de la llanura llevando abierta una profunda herida. La leyenda dice que estos dos jóvenes eran Jacinto Lara, conocido adalid de nuestra Independencia, y José Tomás Boves (15).
La fantasía no ha desamparado a Boves ni en su físico.
Juan Vicente González lo describió, no sé si de buena fuente o gracias a su pluma maravillosa, como un hombre "de cuerpo mediano y ancha espalda, de cabeza enorme, de ojos azules y turbios como el mar, tenía la frente espaciosa y chata, la barba escasa, la nariz y la boca como las del ave de rapiña" (16). Muy posiblemente ha sido ésta la pintura más generalizada en Venezuela del célebre contrabandista asturiano, quizás porque el tipo de "asesino nato" concuerda estrechamente con el sistema histórico positivista imperan te en el siglo pasado. Manuel J. Calle dice que fue "de mediana estatura, huesudo y de recia complexión. Una soberbia cabellera se arremolinaba sobre su ancha y blanca frente; chispeaban sus grandes y rasgados ojos, y a su sonrosado semblante adornaba una espesa barba, que le descendía sobre el pecho, comunicando a su dueño una majestad de prócer" (17). Constancio Franco le describe con bastante energía, "tenía modales bruscos e imperativos, una voz fuerte y bronca: hablaba poco y no sonreía sino en presencia de una gran catástrofe, de un grave peligro o de una suprema desgracia" (18). O’ Leary mucho mejor informado que los anteriores cronistas por haber conocido a sus con ten dores y a sus compañeros, dice que era "de cabello rubio, grandes ojos pardos y blanca tez, más bien revelaba un aire de humanidad, era alto de talla, bien proporcionado y capaz de soportar las fatigas más extraordinarias" (19). Pero quizás es don Liborio Llovera la fuente más segura que podamos encontrar para conocer el físico de Boves, pues este señor le vio en persona y con él habló. En la relación de un proceso verbal hecho en Calabozo le describe así: "De regular grueso y estatura, rubio, y no mal parecido, avasallaba a cuantos le rodeaban por su actitud resuelta, aun en los momentos más difíciles" (20).
Su radio de acción no estaba determinado únicamente a Puerto Píritu. Dice su biografista Valdivieso Montaño, que solía hacer viajes desde Calabozo, lugar de su "confinamiento", a San Carlos y Valencia, habiendo tenido en esta última población un hijo ilegítimo de una mujer que la casualidad quiso se llamase Bolívar, siendo el nombre de este niño José Trinidad Bolívar (21). Ya no estaban lejos los días en que el contrabandista de Puerto Cabello se convirtiera en el jefe de la democracia venezolana.
Notas
1) En el Archivo Nacional de Venezuela se conservan varias cartas y documentos de Boves donde se puede apreciar su buena letra.
2) Sobre el carácter de Boves en los primeros tiempos de su vida. son interesantes las declaraciones de don Eugenio García Sala y Valdés, regidor de la Villa de Gijón: «EI citado José Tomás fue durante su juventud modelo de hijos, sin vicio alguno, sumiso, de carácter apacible, tanto en los estudios como en el servicio del Rey; era querido de sus superiores y marineros; enviaba a su madre la mayor parte de su soldada, quedándose él con lo preciso para vivir. Todo esto lo sabe por Manuela de la Iglesia, que iba a la casa del declarante a coser y a otras faenas domésticas».
3) La siguiente carta de Lorenzo Jove a la madre de Boves, poco antes de morir su hijo, confirma esta estrecha amistad:
La Guaira, 1 de diciembre de 1814.
Sra. doña Manuela de la Iglesia.
Muy señora mía: Los hombres nacen sin saber su suerte; su hijo nació para la guerra; por ella hace felices a los buenos y castiga a los malvados con exceso. Yo por mi parte, y viendo tan de cerca sus operaciones, me complazco, y así debe hacerla vuestra merced, como madre. Doy a vuestra merced la enhorabuena, y a sus hijas también.
Ultimamente, me escribe su hijo desde su cuartel general encargándome remita a V. M. seis fanegas de cacao, las que tengo embarcadas en el bergantín «Palafox», que sigue a La Coruña y consigno a los señores Pla y Portal, con orden de que las pongan a su disposición según aviso de este día.
El solo punto que falta al heroico Boves para toda su .conquista es Maturín; hoy oficia noticias muy placenteras. En fin, tome vuestra merced buen chocolate, que cacao no ha de faltarle.
Saludo a vuestra merced. Su s. q. b. s. p.,
Lorenzo García Jove.
4) Es curioso hacer notar que casi todos los apellidos españoles que tenían una .b. en su composición al llegar a Venezuela la fonética criolla la transformaba en «v», tal como el apellido Bolíbar en Bolívar.

