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Apenas firmada la capitulación, Fierro huye dejando a Caracas abandonada y con ella a todos los realistas que veían su muerte aproximarse con el avance de Bolívar. En realidad era un espectáculo doloroso el que ofrecía la capital en aquellos momentos de angustia. Al atardecer comienzan los saqueos de las tiendas y bodegas de los isleños. El vino que sale de las barricas enrojece el empedrado de las calles. Todo es confusión. Se efectúan venganzas personales. Se asesina al enemigo bajo pretexto de realismo. Con la llegada de la noche se aplacan los ánimos, pero es entonces más difícil y peligroso el andar por las calles, pues "reinaba un silencio de muerte y en medio de la oscuridad se divisaban grupos de hombres encapotados, semejantes asombras". Todo el que podía salía para La Guaira en busca de alguna embarcación que le llevara al extranjero. El viejo camino de piedra que va por el cerro estaba lleno de temerosos realistas, "aun me hace extremecer la memoria de aquella funesta noche -dice Díaz- todavía parece resonar en mis oídos los lamentos y alaridos de seis o siete mil personas; hombres, mujeres y niños, que a pie o a caballo cubrían el camino, llevando por todos bienes lo que sus fuerzas les permitían. Yo llegué al amanecer a La Guaira. No existían en el puerto sino siete buques de 100 a 200 toneladas, e incapaces de contener la cuarta parte de la emigración. Por fortuna me embarqué a la una de la tarde, abandonando en el muelle cuanto había podido llevar conmigo. Fui el último que tuvo la felicidad de embarcarse" (14).
Viendo Bolívar que Fierro no había refrendado la capitulación, la envió a Monteverde. Pero éste la rechazó, seguro como estaba 1e la fortaleza de Puerto Cabello, diciendo con falso orgullo que "era rebajar la dignidad española el tratar con rebeldes", olvidando que un año antes había tratado con Miranda (15).
Bolívar hada su entrada en Caracas el 7 de agosto, "en medio de la alegría delirante de sus habitantes, se podía creer, dice un testigo, que todos los españoles europeos iban a ser sacrificados, pero el principio de la venganza pareció olvidado, absorbido en el sentimiento general de reconocimiento y satisfacción que se había amparado de todas las clases de la sociedad. Ningún español europeo perdió su vida y muchos de ellos se mostraron por las calles sin ser molestados" (18). Al paso de El Libertador salieron a recibirlo un grupo de muchachas de blanco, a la manera griega, quienes le ofrecieron flores de los valles de Caracas, mientras las iglesias repicaban sus campanas a todo vuelo y los cañones tronaban en señal de júbilo (17).
Cuando Bolívar llegó a Caracas, después de su campaña "admirable", era la encarnación de Venezuela. Su delgada y fina silueta acompañada de su brioso caballo blanco era el símbolo de la Patria. Por eso, Caracas le recibió como su Libertador, título éste que poco tiempo después iba a otorgársele oficialmente en premio de su lucha. Por aquellos tiempos El Libertador usaba bigote y un uniforme de general, adornado con bordados dorados en ramos de oliva. Era ya la figura que debía representar para siempre nuestra libertad (18).
Venezuela quedaba en las manos de los antiguos miembros de la "Sociedad Patriótica". Bolívar, quien fue elegido dictador para representar el Poder Ejecutivo mientras se terminaba la pacificación de Venezuela, era el principal exponente del ala moderada. Ribas, por el contrario, siempre amigo de los "exaltados", era el jefe de la parte extremada, de la izquierda, como diríamos hoy.
Ribas era de hecho el dueño de Caracas, ya que Bolívar estaba constantemente en campaña por el interior del país, limpiando los últimos focos de fuerzas realistas y dirigiendo muy especialmente el sitio de Puerto Cabello, último bastión español que quedaba sin rendirse. Pero Ribas se consiguió en la capital de la República muchas odiosidades. Tenía un grupo de protegidos que hacían francamente desmanes con los realistas. Cuando Bolívar salía para el interior, éstos quedaban haciendo de las suyas. Entre los principales había un tal Manuel Díaz Casado, hermano uterino de Diego Mérida, quien esperaba las manadas de isleños, que conducían prisioneros a Caracas, para quitarles sumas de dinero bajo pretexto de que con su protección iban a ser liberados, amenazando de muerte a los que se negaban a ello (19). Es más, en una carta firmada algún tiempo después "por los verdaderos republicanos de la isla de Margarita", en diciembre de 1814, se acusaba a Bolívar de haber descuidado y no haber visto "los indecentes medios con que don José Félix Ribas, su inmensa familia y baxos cortesanos trataban de enriquecerse, no sólo con perjuicio del Estado y agravio de los particulares, sino lo que es más, con una vergonzosa venta de la sangre humana" (20). En esta carta nos parece más bien que los "verdaderos republicanos" calumniaban al General Ribas como verdaderos realistas, pues es paradójico que un hombre como Ribas, que al igual a Bolívar dio la libertad a sus esclavos y perdió haciendas y fortuna en favor de la causa patriota, fuera a manchar su nombre y su reputación por un puñado de plata realista. Pero, en cambio, puede ser que algunos de los familiares de Ribas abusando de la posición de su pariente hayan trabajado en provecho propio al mismo tiempo que los protegidos, siendo posiblemente "verídica" esta parte de la versión de los "verdaderos republicanos".
Bolívar en su tarea de "saneamiento" del país realizó grandes y gloriosas batallas que forman parte de nuestros más hermosos hechos de armas. En el sitio de Puerto Cabello fue Bárbula donde murió el heroico granadino Girardot. Más tarde es Vijirima donde derrota a Salomón, y luego Araure donde el propio Libertador, espada en mano, carga al frente de su caballería destrozando a los realistas de Cevallos. A su vuelta a Caracas, después de la batalla de Mosquiteros, en acto solemne en la iglesia de San Francisco, es aclamado como El Libertador de Venezuela.
La paz parecía estar asegurada en las principales ciudades del centro de la República. Todo parecía en calma. Pero en realidad no era así. En el campo la situación era distinta, el Gobierno del Rey era mirado con cariño, ya que los isleños .no habían cometido los desmanes que habían hecho en las ciudades, y más bien se consideraba como protector de los intereses populares contra la tiranía de sus señores. Los negros de Barlovento, siempre fieles a su consigna revolucionada, se levantaron en armas contra la República de los blancos, sus amos, lanzando gritos de viva el Rey. Bolívar envió a José Félix Ribas a pacificarlos, cosa que logró éste en poco tiempo por carecer de armas los insurrectos, y al mes de haber comenzado su campaña todo estaba en manos de los patriotas (21).
Al propio tiempo que en Barlovento los esclavos tomaban las armas contra los blancos, en Los Llanos empezaban a surgir bandas armadas con lanzas y picas, comandadas por jefes oscuros y sin relieve, que se dirigían por los pueblos patriotas asesinando a sus habitantes y proclamando al Rey, a la vez que satisfacían el hambre de reivindicaciones sociales degollando a los blancos y repartiéndose las riquezas que robaban. Fue entonces cuando se hicieron conocidos aquel grupo de pulperos y contrabandistas convertidos en jefes del movimiento popular, y surgieron los nombres para siempre célebres en los anales de la lucha venezolana, de Ñaña, de Rosete, de Morales y de José Tomás Boves.

BIBLIOGRAFIA DEL CAPITULO TERCERO
1. RAFAEL MARÍA BARALT y RAMÓN DÍAZ, Resumen de la Historia de Venezuela. Imprenta de H. Fournier. París, 1841. Pág. 130.
2. JOSÉ FRANCISCO HEREDIA. Memorias sobre las Revoluciones de Venezuela. Edit. Garniel'. París, 1859. Pág. 128.
3. JOSÉ DOMINGO DÍAZ, Recuerdos sobre la rebelión de Caracas. Imprenta de León Amarita. Madrid, 1829. Pág. 52.
4. JOSÉ FRANCISCO HEREDlA, Op. Cit, pág. 130.
5. JOSÉ FRANCISCO HEREDIA, Op. Cit, pág. 130.
6. H. POUDENX, Memoire pour servir à l'Histoire cte la Révolution de la Capitainerie Générale de Caracas, de l'Abdicatíon de Charles IV jusqu'au mois d'aout 1814. París, 1825. Pág. 67.
7. SIMÓN BOLÍVAR, Obras completas. En dos vols. Edit. Lex. La Habana, 1947. Edición oficial. Págs. 1014 y 1015.
8. PEDRO DE URQUINAONA y PARDO, Memorias de Urquinaona. Editorial América. Biblioteca Ayacucho. Madrid, 1917. Pág. 204.
9. JOSÉ DoMINGO DfAZ, Op. Cit, pág. 53.
10. JOSÉ FRANCISCO HEREDIA, Op. Cit, pág. 144.
11. FRANCISCO JAVIER YÁNEZ, Relación documentada de los principales sucesos ocurridos en Venezuela desde que se declaró independiente hasta el año de 1821. En tres vols. Edit. Elite. Caracas, 1943. Pág. 108.
12. JOSÉ DOMINGO DÍAZ, Op. cit . págs. 55 y 56.
13. JOSÉ DOMINGO DÍAZ, Op. Cit, pág. 56.
14. JOSÉ DOMINGO DÍAZ, Op. Cit, pág. 57.
15. MANUEL PALACIO, Esquisse de la Révolution de l'Amérique Espagnole. Edit. P. Mongle I'Ainé. París, 1817. Pág. 139.
16. Remarques sur les désastres des Provinces de Caracas, par un Anglais témoin oculaire, AC'te de l'Indépendance, Manifeste, Constitution de la République Fédérale du Vénézuela, suivis de documents sur la guerre avcc l'Espagne. Edit. Chaumerot Jeune. París, 1817. Pág. 169.
17. «Gaceta de Caracas», 26 de agosto de 1813, núm. 1.
18. «Gaceta de Caracas», 5 de julio de 1815. núm. 2.
19. «Gaceta de Caracas», 22 de marzo de 1815, núm. 8.
20. «Gaceta de Caracas», 22 de marzo de 1815, núm. 8.
21. VICENTE LECUNA, Crónica razonada de la guerra de Bolívar. En tres vols. Colonial Press. Inc. New York. 1950. Tomo 1, pág. 110.