Îndice
portada

Monteverde comenzó su campaña de Venezuela con un acto de insubordinación. Se apropió indebidamente del mando de las tropas realistas y decidió marchar al centro a destruir la República. Este acto de indisciplina contra Millares y Cevallos, sus verdaderos jefes, creaba un nuevo problema en la colonia que sería el origen de una serie de in subordinaciones.
El primer contacto que tiene Monteverde con las tropas patriotas es en los alrededores de Coro, con el ejército de observación de Jalón, al cual derrota a los pocos momentos de haber comenzado la batalla, pues, la caballería patriota en lugar de cargar sobre el enemigo atacó a sus mismos compañeros de infantería, pasando inmediatamente al servicio del capitán español. Jalón apenas tuvo tiempo para huir con un puñado de fieles a San Carlos. Esto sucedía el 22 de marzo de 1812, año fatal para la primera República (48).
El 26 del mismo mes un sacudimiento de tierra que venía en dirección del oeste de Venezuela destruyó a Caracas y a casi toda La Guaira, no dejando en este puerto prácticamente ninguna casa en pie, a excepción del edificio de la Aduana, que aun se conserva. El terremoto tuvo lugar a las cuatro y siete minutos de la tarde y su duración fue de un minuto y cincuenta segundos (49). Era Jueves Santo y todo el mundo se encontraba en la iglesia. Jueves Santo había sido también el 19 de abril de 1810, primer paso de nuestra Independencia. Por esta razón decían los fanáticos azuzados por el clero:
Jueves Santo la hicieron
Jueves Santo la pagaron
(50).

"Este día, dice un testigo presencial, el pueblo se había reunido en las iglesias, y parte de las tropas se encontraba en sus cuarteles. En veintiséis segundos todo fue destruido y la flor de la generación de esta ciudad fue sepultada bajo los escombros... Los gritos de misericordia salían de todas partes. El pueblo se reunió en las plazas públicas, de rodillas, implorando la clemencia divina. Los gemidos de los desgraciados heridos, retirados debajo de los escombros por sus parientes y amigos, y la continuación de los movimientos de la tierra, llevaron a las almas más valientes el estupor y el espanto; en fin, nada puede ser comparado al espectáculo espantoso que presentaba esta desgraciada ciudad. El Gobierno se reunió en la plaza de la catedral, y de allí dirigieron socorros hacia los diferentes puntos de la capital; pero lo que puso peor la situación de esta ciudad fue la falta absoluta de medicinas, de alimentos y de todos los objetos necesarios en tales circunstancias" (51).
Más grave no podía ser la situación, y el clero no estaba dispuesto a dejar escapar semejante oportunidad para dar un remate definitivo a la tambaleante República. Se explotó hasta lo infinito el sentido religioso del pueblo, haciendo ver como un castigo del cielo el terremoto que azotaba al país (ver nota 1) . Muchos individuos, excitados por el espectáculo de la muerte y la destrucción, creyeron ver la Virgen en la cumbre del Ávila, a pesar de estar el día nublado (52). Los que hasta entonces habían vivido en concubinaje se apresuraron a casarse, teniendo por altar las ruinas humeantes de la ciudad. Se calcularon en quinientos los matrimonios así contraídos (53). Los sacerdotes acusaban al Congreso de haberles arrebatado sus fueros y viejas prerrogativas. Un tal Fray Felipe Mota, de la Congregación de Santo Domingo, predicaba sobre las ruinas del convento de San Jacinto contra la moribunda República, diciendo que "aquel espantoso sacudimiento era un castigo visible del cielo por haber desconocido al que estaba destinado por Dios para gobernar estos pueblos, y que habiendo concedido dos años para el arrepentimiento continuaban en su pecado" (54). Bolívar, quien era uno de los oyentes, se dispuso a echar de su improvisado púlpito al fanático fraile. "Jamás, dice José Domingo Díaz, que en esos instantes llegaba de Traposos, se me olvidará este momento, en lo más elevado encontré a don Simón Bolívar que en mangas de camisa trepaba por las ruinas. En su semblante estaba pintado el sumo terror o la suma desesperación. Me vio y me dirigió estaos impías y extravagantes palabras: "Si se opone la o Naturaleza, lucharemos contra ella, y la haremos que nos obedezca" (55). Estas frases de Bolívar, llenas de fe y seguridad en el triunfo de la patria y en el dominio de la Naturaleza por la fuerza de la voluntad, lo representaban, desde aquel momento, como el más capaz entre todos para fundar las bases de la nacionalidad venezolana.
En aquel nefasto día la mayor parte de las tropas patriotas fueron diezmadas en sus cuarteles. Causa de ello fué que, pocos días antes, por la actitud insistente de Miranda de atacar al enemigo, el Congreso había ordenado la salida de un gran ejército acantonado en Caracas. Pero a última hora hubo una contraorden bastante misteriosa. Dice Poudenx, "hay que creer que esta contraorden fue ocasionada por el temor de una sublevación de las gentes de color, pues generalmente se creía que la semana iba a terminar en escenas sangrientas" (56).
La patria estaba, después del terremoto, al borde del caos. No se veía salvación posible en ninguna medida. No se esperaban milagros. Pocos días antes de estos sucesos el Congreso, para evitar las rencillas feudales de los valencianos, se había trasladado a Valencia con el pretexto de estar mejor situado para hacer frente a las circunstancias. Como jefe absoluto del ejército patriota había sido designado el fracasado Marqués del Toro. Pero este nombramiento fue revocado gracias a la feliz intervención del grupo democrático, que logró fuese Miranda el encargado de tan importante dirección.
A Miranda se le entregaba el mando de un ejército que prácticamente no existía y se le ordenaba salvar una situación que todos confesaban como completamente perdida. Su posición no podía ser más crítica.

Notas
1. Los sacerdotes se apresuraron a comentar estos funestos sucesos en favor de la Metrópoli. Todopoderosos bajo el régimen colonial, no encontraban bajo el nuevo orden de cosas sino res¬peto; y los deberes del culto satisfacen raramente al sacerdopía. «La cólera divina, gritaban hasta en las calles estos fogosos orado¬res, castiga la imevo Caracas, nido de corrupción, y socorre la expedición española.» La revolución era un crimen por el cual, según el decir de ellos, los autores recibían su castigo. Estas astutas diatribas, saliendo de la boca de los ministros de la religión, res¬quebrajaban las masas, y es tan fuerte la influencia de la primera educación, que yo vi vacilar hombres instruidos y de espíritu ele¬vado» (General SERVIEZ, L'Aíde de Campo Parfs, 1&32. Edit. Dupey, pág. 115).

BIBLIOGRAFIA DEL CAPITULO PRIMERO
1. C. PARRA-PÉREZ, Miranda et la Révolution Française. París, 1925. Pág. 451.
2. MANUEL PALACIO, Esquisse de la Révolution de l'Amerique Espagnole Edit. P. Mongie l'Ainé. París, 1817. Pág. 113.
3. E. BERNARDO NÚÑEZ, La ciudad de los techos rojos (calles y esquinas de Caracas). En dos vols. Tipografía Vargas. Caracas, 1947. Tomo I, pág. 124.
4. MANUEL PALACIO, Op. Cit, pág. 113.
5. MANUEL PALACIO, Op. Cit, págs. 11 y 112.
6. PEDRO GRASES, La Conspiración de Gual y España y el Ideario de la Independencia. Publicaciones del Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Caracas, 1949. Pág. 227.
7. PEDRO DE URQUINAONA y PARDO, Memorias de Urquinaona. Editorial América. Biblioteca Ayacucho. Madrid, 1917. Págs. 47 y 48.
8. JOSÉ DOMINGO DíAZ, Recuerdos sobre la rebelión de Caracas. Imprenta de León Amarita. Madrid, 1829. Pág. 32.
9. E. BERNARDO NÚÑEZ, Op. Cit, pág. 119.
10. H. POUDENX, Mémorie pour servir a l'Histoire de la Révolution de la Capit'ainerie Générale de Caracas. De l'Abdication de Charles IV jusqu'au mois d'Aout 1814. París, 1825. Paginas 39 y 40.
11. SIMÓN B. O'LEARY. Memorias del general O'Leary, traducidas del inglés por su hijo Simón B. O'Leary, por orden del Gobierno de Venezuela y bajo los auspicios de su Presidente, general Guzmán Blanco. Imprenta Monitor. Caracas, 1883. Pág. 60.
12. RAFAEL MARÍA BARALT y RAMÓN DÍAZ, Resumen de la Historia de Venezuela. Imprenta de H. Fournier. París, 1841. Página 60.
13. MARIANO TORRENTE, Historia de la Revolución Hispano-Americana. En tres vols. Imprenta de León Amarita. Madrid, 1829. Tomo I, pág. 222.
14. Documentos interesantes relativos a Caracas. Manifiesto que hace al mundo la Confederación de Venezuela; Imprenta de Longman and Co. Londres, 1812. Pág. 64.
15. Carta de Juan Germán Roscio a Andrés Bello sobre la política en 1811. «Boletín de la Academia de la Historia», núm. 129, pág. 44.
16. Discursos y proclamas de Simón Bolívar, prologado por R. Blanco Fombona. EdiL Garnier. París, 1913. Pág. 4.
17. JUAN VICENTE GONZÁLEZ, Biografía del general José Félix Ribas. Edit, América. Biblioteca Ayacucho. Madrid, 1917. Páginas 45 y 46.
18. JOSÉ DOMINGO DíAZ, Op. Cit, pág. 32.
19. RAFAEL MARíA BARALT y RAMÓN DÍAZ, Op. Cit, págs. 63 y 64.
20. ELOY G. GONZÁLEZ, Al margen de la epopeya. Edlt. Elite. Caracas, 1953. Págs. 17-19. Libro de actas del Supremo Congreso de Venezuela en 1811 y 1812. Publicaclón oficial acordada por el ciudadano general Juan Vicente Gómez. Lit. del Comercio. Caracas, 1926.
21. JOSÉ DoMINGO DÍAZ, Op. Cit, pág. 33.
22. J. M. RESTREPO, Historia de la Revolución de la República de Colombia. Cuatro vols. Imprenta de J. Jacquin. Bezanzón, 1858. Tomo II, pág. 20.
23. FRANCISCO DE AZPÚRUA, Observaciones a los recuerdos que sobre la rebelión de Caracas acaba de publicar en esta Corte don José Domingo Díaz, intendente que ha sido de la isla de Puerto Rico. Imprenta de don Eusebio Aguado. Madrid, 1829. Pág. 24.
24. FRANCISCO DE AZPÚRUA, Op. Cit, págs. 22 y 23. JOSÉ DOMINGO DIAZ, Op. Cit, págs. 33 y 34.
25. JOSÉ DOMINGO DIAZ, Op. Cit, pág. 34.
26. JOSÉ DOMINGO DIAZ, Op. Cit, pág. 34.
27. H. POUDENX, Op. Cit, pág. 47.
28. MANUEL PALACIO, Op. Cit, pág. 114.
29. H. POUDENX, Op. Cit, pág. 45. «Gaceta de Caracas., núm. 41, del día 16 de julio de 1811.
30. H. POUDENX, Op. Cit, pág. 45.
31. MANUEL PALACIO, Op. Cit, pág. 114.
32. MANUEL PALACIO, Op. Cit, pág. 115.
33. H. POUDENX, Op. Cit, pág. 48. MANUEL PALACIO, Op. Cit, página 116. FR.ANCISCO DE AZPÚRUA, Op. Cit, pág. 24. JOSÉ DOMINGO DÍAZ, Op. Cit, pág. 34.
34. LAUREANO V ALLENILLA LANZ, Cesarismo democrático. Imp. El Cojo. Caracas, 1919. Pág. 123.
35. JOSÉ FRANCISCO HEREDIA, Memorias sobre las Revoluciones de Venezuela. Edlt. Garnler. París, 1895. Págs. 30 y 31.
36. FRANCISCO JAVIER YÁNEZ, Relación documentada de los principales Sucesos ocurridos en Venezuela desde que se declaró Estado independiente hasta el año de 1821. En tres vols. Edlt. Elite. Caracas, 1943. Págs. 5-13.
37. H. POUDENX, Op. Cit, pág. 52.
38. JUAN VICENTE GONZÁLEZ, Op. Cit, pág. 188.
39. H. POUDENX, Op. Cit, pág. 53.
40. FRANCISCO JAVIER YÁNEZ, Op. Cit, pág. 14.
41. JOSÉ DOMINGO DÍAZ, Op. Cit, pág. 36.
42. SIMÓN BOLíVAR, Obras completas. En dos vols. Edlt. Lex Habana, 1947. Edición oficial. Tomo 1, pág. 1001.
43. JOSÉ FRANCISCO HEREDIA, Op. Cit, pág. 35.
44. JOSÉ FRANCISCO HEREDlA, Op. Cit, pág. 35.
45. H. POUDENX, Op. Cit, págs. 55 y 56.
46. PEDRO DE URQUlNAONA y PARDO, Op. Cit, págs. 46 y 47.
47. JUAN VICENTE GONZÁLEZ, Op. Cit, pág. 194.
48. H. POUDENX, Op. Cit, pág. 62.
49. FRANCISCO JAVIER YÁNEZ, Op. Cit, pág. 26.
50. ARÍSTIDES ROJAS, Leyendas históricas de Venezuela. Segunda serie. Impr. y Lit. del Gobierno Nacional. Caracas, 1891. Pág. 184.
51. H. POUDENX, Op. cit págs. 64 y 65.
52. H. POUDENX, Op. cit pág. 65.
53. H. POUDENX, Op. cit, pág. 65.
54. FRANCISCO JAVIER YÁNEZ, Op. Cit, pág. 27.
55. JOSÉ DOMINGO DíAZ, Op. Cit pág. 39.
56. H. POUDENX, Op. Cit, pág. 62.