Ver, por ejemplo, Acto Cultural Colegio Teresiano

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Por Doris Chávez
Profesora de la UBV-Sede Zulia

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA LENGUA (Vigésima segunda edición)
ACTO:
(Del lat. actus).
1. m. acción (ejercicio de la posibilidad de hacer).
2. m. acción (resultado de hacer).
3. m. Celebración pública o solemne. Salón de actos.
4. m. Cada una de las partes principales en que se pueden dividir las obras escénicas. Pieza, comedia, drama en dos actos.
5. m. Disposición legal.
6. m. Concentración del ánimo en un sentimiento o disposición. Acto de fe, de adoración, de humildad, de contrición.
7. m. Cada uno de los ejercicios que en las universidades se celebraban como prueba de estudio o alarde de suficiencia, en las tentativas, repeticiones, etc.
8. m. Medida lineal romana que tenía alrededor de 36 m de largo.
9. m. pl. Actas de un concilio.
~ administrativo. 1. m. Der. acto jurídico emanado de una administración pública.
~ cuadrado.1. m. Medida superficial romana que tenía 30 actos mínimos.
~ de conciliación.1. m. Comparecencia de las partes desavenidas ante un juez, para ver si pueden avenirse y excusar el litigio.
~ de posesión. 1. m. Ejercicio o uso de ella.
~ de presencia. 1. m. Asistencia breve y puramente formularia a una reunión o ceremonia.
~ entitativo.1. m. Fil. La existencia real.
~ formal. 1. m. Fil. La forma que determina la perfección peculiar de cada ser y es principio radical de su operación.
~ humano. 1. m. Fil. El que procede de la voluntad libre con advertencia del bien o mal que se hace.
~ ilícito. 1. m. Der. acto contrario a derecho.
~ jurídico. 1. m. Der. Hecho voluntario que crea, modifica o extingue relaciones de derecho, conforme a este.

~ mínimo.1. m. Medida superficial romana que tenía un acto de largo y cuatro pies de ancho.
~ puro. 1. m. El ser en el cual nada existe en potencia, o sea, aquel que de ningún otro necesita para ser y existir. U. solo referido a Dios.
Actos de los Apóstoles 1. m. pl. Libro canónico del Nuevo Testamento, escrito por el evangelista San Lucas, que contiene la historia de la fundación de la Iglesia y de su propagación por los apóstoles.
~ sexual. 1. m. coito.
~s positivos.1. m. pl. Hechos que califican la virtud, limpieza o nobleza de alguna persona o familia.
~ continuo, o ~ seguido.1. locs. advs. Inmediatamente después.
en ~. 1. loc. adv. En postura, en actitud de hacer algo.
en el ~. 1. loc. adv. en seguida.
hacer ~ de presencia.

CULTURAL.
1. adj. Perteneciente o relativo a la cultura.

CULTURA.
(Del lat. cultūra).
1. f. cultivo.
2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
4. f. ant. Culto religioso.

Ni siquiera en el diccionario aparece. ¿Debo suponer que el acto cultural es una invención latinoamericana?
Me quedo con la primera acepción del término acto como ejercicio de la posibilidad de hacer. Porque al agregarle el cultural, nos ejercitamos en la posibilidad de Ser.

UNO

Mayo. Acto Cultural por el día de las madres en la Cancha techada de la Escuela Bolivariana de “Cerros de Marín”.
10:00 am. Detrás de la reja de ciclón, los rostros morenos, indígenas, de los cepillaeros, vendedores de gallitos y los poleros, son los primeros en asomarse. Miran a la cancha mientras venden; tampoco se quieren perder “el acto”.

Las madres, recibidas con el infaltable clavel rojo, lucen sus mejores “pintas”, halagadas de antemano por el agasajo prometido. Muchas traen de la mano a la niñita que bailará, olorosa todavía a laca y con esa especie de altivez que le da el rostro maquillado y el sentirse protagonista de un evento trascendental.

10:30 am. El barrio entero va llegando en epilépticas oleadas. Sus bellos trajes de ocasión trazan de colores el azul petróleo del piso y las gradas. “Ya no cabe un alma” y los rezagados van acomodándose como pueden en el piso, cercando cada vez más el espacio donde se hará “el acto”.

El primoroso peinado en forma de moño o lazo esculpido probablemente por la peluquera de la esquina, es la excusa infaltable de las demoradas niñas. La maestra de actividades culturales las lleva presurosa “adentro”, en los salones de clases, donde como hormigas se afanan las docentes en mantener la secreta magia del suspenso por el “qué presentarán”.

De pronto, el rum rum de la gente sentándose, comparándose en sus ropas y modales, el sonido de los envoltorios plásticos de los tostones, helados y galletas, los exagerados perfumes comprados en “el callejón de los pobres” a precios de copia y hasta el calor creciente que disuelve rostros y ánimos, se suspenden por la sonrisa aliviada de la Directora que recibe ¡por fin! “el sonido”.

Todos se alegran, pues es el indicio de que va a empezar el retrasado acto. Entusiastas, los chamos en cuyas franelas resaltan presuntuosas las palabras “Nike”, “Benetton”, “C.I.A.”, “New York, New York”, o alguna intraducible palabra gringa, siguen con la mirada las cornetas, los micrófonos, la cónsola. Sonríen, se empujan, hacen chistes y hasta bailan preventivamente el reguetón, que ciertamente, no tarda en rebasar el espacio.

En un rapto de “lucidez”, sale “espitada” la maestra de actividades culturales y le pide al disjóquei que ponga “algo más venezolano”. El vallenato que seguía en cola fue abortado a favor de simón Díaz. Continuó Alí Primera, quien también es dejado de lado; esta vez por la voz de la Directora que toma el micrófono para dar excusas por el retraso y rogarle a los niños y jóvenes presentes que se replieguen y dejen espacio para la representación de “el acto”. Resalta la directora en su discurso el esfuerzo realizado, pues todo se ha hecho “con las uñas”.

11:30 am.: Variopinto el espectáculo: Comienzan los niños de primer grado con un acto “ecológico” donde se riega una flor que pide que “no corten las matas”; “Los chimi chimitos”, el baile del sebucán, los impelables tambores bailados por los del tercer grado con sus inexplicables pantalones blancos arremangados hasta la pantorrilla y el pecho desnudo brillante ¿de aceite? Los de cuarto y quinto bailan a Shakira con trajes inspirados en britniespir y madona, pero realizados con lo que se consiguió en las pulgas. No podía faltar Andrés Eloy Blanco y sus Angelitos Negros en la voz de un alumno de sexto.

Antes de cerrar “el acto”, la directora felicita a los niños, reconoce la labor de algunas maestras y resalta el abnegado esfuerzo de otras tantas madres que se sacrificaron en la realización de los trajes. Le pide a los adolescentes de las franelas “de marca” que hagan silencio pues viene el acto que cerrará con “broche de oro” tan extraordinaria jornada matutina. Se trata del baile estrella. El baile folklórico que representa nuestra nacionalidad: “el joropo”. Almibarada de regocijo, la directora cuenta cómo fue que durante meses, las niñas participantes en esta coreografía “practicaron” sin descanso dando “lo mejor de sí”, junto a la Coordinadora de actividades culturales quien también bailará al lado de sus acólitas.

Se hace un silencio expectante. La Directora coloca el micrófono en el paral y se dirige a la ventana del salón donde están las niñitas y la maestra en espera de la señal. Calladas y sonrientes van saliendo las niñas con sus floreadas faldas y camisa blanca a lo “Yolanda Moreno”. Se colocan en dos filas paralelas con las faldas extendidas y el pie derecho estirado en punta hacia delante. Sale por último la maestra y se coloca en medio de las dos filas. La Directora hace una señal al disjóquei que lanza la voz de Reinaldo Armas contra el techo y los oídos del público.

El zapateo no tarda, las niñas se cruzan, se juntan, se sueltan en una coreografía que tiene un penetrante olor a “sábado sensacional”. La maestra en el medio, se acerca y se aleja sin jamás dejar de extender los bordes de la falda. Pero lo que más resalta, lo que impide tal vez concentrarse en las niñas y el baile son sus impresionantes uñas, tan largas y moldeadas, hechas seguramente en el salón “Nails” y cuyo llamativo “motivo” es nada más y nada menos que la globalizada bandera de los Estados Unidos.

DOS

Por vía del Eje Estético Lúdico llegué al Acto Cultural. Intentaba en este ensayo una argumentación que devolviera al Eje reencarnado tal vez en nuevas propuestas. En el camino, se vinculó con el Acto Cultural.
He sentido siempre una profunda atracción por este evento, porque percibo en él, con todo y lo que esconde su encanto –y lo digo de manera muy personal- , una “forma” como elemento unificador. Mucho tiene de espacio de encuentro de la comunidad. La humana necesidad de sentirse vinculados entre sí por una experiencia ritual. Hay también allí reelaboración de símbolos, sincretismo, mestizaje. Espacio para el goce colectivo.
Podría decirse que el Acto Cultural está vinculado con una necesidad ontológica. Al menos por lo que se deduce de nuestra historia, surge como el ejercicio de una posibilidad de encontrarnos en un “Ser” como país.
Un cierto regodeo en las formas devela el propósito que tiene como liturgia: posee estructura: cada número tiene una razón para ocupar su lugar de presentación. Corresponde a un espacio de tiempo y lugar determinado. Se presenta como síntesis cultural.
He apelado más a las consultas de los amigos ilustres que a una ilustrada bibliografía, pues al parecer nadie ha creído pertinente estudiarlo como fenómeno. Siento que allí hay elementos que ameritan diversas lecturas.
Entendido el “Acto Cultural” como una expresión de sí misma, nos ofrece un espacio abierto para su reelaboración, reconociéndolo como una vía de expresión artística que revele entonces una honestidad popular. Se convierte el Acto Cultural en una manifestación teatral popular de carácter nacional.
No pretendo hacer una apología del género (ya lo considero así) es necesario, y así me lo propongo, desnudarlo de sus referencias históricas y culturales, pero no para desecharlo sino para apropiárnoslo.

TRES

Nos recuerda a Guzmán Blanco en su nacionalismo pretencioso, quien al tiempo que estableció mecanismos que nos dieron perfil de patria, inoculó ese gusto por lo pomposo. La grandilocuencia del Teatro Municipal de Caracas, por ejemplo, se hace más para satisfacer una necesidad de afirmarse en la ilusión de pertenecer a una gran urbe cosmopolita con sabor francés, que para responder a necesidades y realidades urgentes.
El ideal de unificación nacional, de delimitarnos geográfica y culturalmente, deviene en la representación de Actos Culturales, Semanas de la Patria (en el caso de Pérez Jiménez) y toda una parafernalia de representación, donde se “resumen” las manifestaciones culturales del país, bajo la égida de los diferentes “Salvadores de la Patria” que fueron sustituyendo una intención de país por otra, sin edificar sobre lo construido; marca de nuestra historia republicana.
El resultado es una estrechez, donde se excluye y se deforma la complejidad de nuestras manifestaciones artísticas populares, agregándole ahora los referentes de la industria cultural globalizada. Sus ejecutantes o propulsores (la escuela en el caso que ensayamos) responden a un discurso que les es ajeno. El público lo aprecia con la distancia con que se observa un espectáculo que no necesariamente está ligado a una práctica cultural cotidiana; y para muchos de los asistentes, es una única posibilidad de acceder a un evento artístico de importancia.
Transfigurada por el tiempo su original intención nacionalista, la recibimos como cascarón vacío, donde cabe toda pretensión urgida por la inconsciencia suicida que permite unas uñas “ilustradas” con la insignia del enemigo.

CUATRO

De los dramaturgos venezolanos ha sido José Ignacio Cabrujas quien más lo ha vinculado con una estética propia, insertándolo en la trama para resaltar sus rasgos con severidad y ternura. De estas, su emblemática Acto Cultural.
El Acto Cultural es un marco donde se intenta compendiar lo que somos, buscando por esta vía –que al final resulta escenográfica, más superficie que esencia- anudar una noción de país. Es más la manifestación de un “deseo” de afirmación que la expresión de una verdad interior.
Muy bien lo dice José Ignacio Cabrujas en la obra teatral “Acto Cultural”, a través del personaje de Cosme:

“¿Y la cultura? Porque alguien tiene que responder por la cultura. En último caso, quiero decir. Entre otras cosas, quiero decir. También puedo irme y dejarlo así. Me paro ahí en la plaza Bolívar a que me caguen las palomas. Me tomo unos tragos. Me busco unas putas y me sincero. (Cada vez más angustiado) ¿Qué me gusta a mí? Esos quince rones después de las seis de la tarde y el culo de la alemana que todos conocemos. Y nada más. Quince rones y mi culo de mi alemana. Pero entonces me dicen: ¡la cultura!... ¡la obra! Ah, bueno... entonces la cultura... vamos a hacer la cultura, que nadie diga que yo no colaboro con la cultura. Pero, si me permiten, el problema es que no me permiten, yo no llamaría a ese centro de respiraciones patrióticas, Sociedad Louis Pasteur, porque en mi vida, y lo juro por mi santísima madre Micaela Paraima que Dios me la guarde bien gorda y bien conservada, me ha importado la microbiología o la rabia de los perros. En primer lugar, porque los perros de San Rafael de Ejido están tan jodidos, que ni rabia tienen. Entonces, yo no llamaría a esto Sociedad Pasteur, sino Sociedad para un Estudio Pormenorizado y Profundo del Culo de mi Alemana. Y está bien, no sería tan cultural, pero por lo menos yo entendería mis quince rones y mis deseos y tal vez mi vida.”

Es ineludible la referencia al “Acto Cultural” de Cabrujas. En ninguna otra obra suya como en esta se plantea la angustia del desarraigo histórico y cultural con mayor patetismo. Los miembros de la provinciana “Sociedad Louis Pasteur para el desarrollo de las Artes y las Ciencias de San Rafael de Ejido” escenifican la vida de “Colón, el Genovés Alucinado” y a lo largo de la representación los actores se desligan de la impostura del personaje para expresar la frustración de sus vidas provincianas sin presente ni futuro, desnudando la imposibilidad de una trascendencia. La obra es una búsqueda desesperada del pasado para entender mejor el presente.
Parece ser entonces en la historia, o mejor dicho, en su cabal comprensión, donde podremos encontrar la respuesta al futuro.

CINCO

En 1950 señalaba Mario Briceño Iragorry en su ensayo “Mensaje sin destino”, que sufrimos una “Crisis de Pueblo”. La historia del país se ha contado a través de los héroes de la independencia; que no tenemos una memoria histórica donde se recoja la acción popular en su diario hacerse, que existe un vacío que va de la conquista a la independencia, dejando en la sombra el proceso colonial, donde, lógicamente, se perfilaron los rasgos de nuestro proceso cultural. La historia está contada desde el deslumbramiento por lo que significó la lucha independentista y sus héroes, pero poco o nada se dice de lo construido por el pueblo antes, durante y después de este proceso: “Como colectividad siente poco el pueblo la sombra de su esfuerzo sobre los muros del tiempo (…) ha faltado el ensayo que presente la obra del pueblo civil como factor de hechos constructivos” enajenándolo así de conciencia histórica que le permita edificar racionalmente los valores de la nacionalidad.
La historia que nos cuentan en la escuela está llena de datos estériles sin visión, sin conexión con la realidad y mucho menos con la contemporaneidad. La memoria está circunscrita a las efemérides, continúa Iragorry: “Hemos visto más a la liturgia de las efemérides que al permanente valor funcional de la historia como creadora de actos nuevos. Hemos dado preferencia a la parte teatral de las circunstancias sobre los propios fines y resultados de éstas”. Que se le rinda culto a los héroes no ha impedido que nos hayamos desvinculado de sus propuestas de nación. “La historia del país es la superposición cronológica de procesos tribales que no alcanzaron la densidad social requerida para el ascenso a nación”.
Había querido Uslar Pietri despertar en el país una polémica en torno a la crisis literaria que, según él, vivía el país en 1950. Este ensayo de Briceño Iragorry rebasa este propósito al escribirlo como respuesta, y vincularlo con la crisis de proyecto nacional. Llama la atención que 50 años después, las mismas inquietudes literarias reciban respuestas idénticas.
En el libro “Escribir la historia literaria: capital simbólico y monumento cultural” de Beatriz González Estephan, publicado en el 2001, dice:

“…Y por otra parte, aunque sea menos evidente, es también legítimo suponer una relación entre este cuestionamiento a la historiografía tradicional con la crisis general de un proyecto de sociedad, con el agotamiento de un modelo político social, lo que nos lleva a mirar desde nuevas perspectivas el pasado para comprender mejor y dar respuestas más adecuadas a las situaciones del presente”
.
En ambos trabajos se impone la necesidad de fortalecer el conocimiento de nuestro pasado a fin de que pueda integrarse creadoramente al presente como factor de Identidad. Un pueblo sin conciencia histórica carece de las herramientas culturales y sociales que le permita distinguir y defenderse de todo aquello que atente contra sus intereses.

SEIS

El proceso político y social que vive el país actualmente, nos ha convocado a re-mirarnos en nuestra historia para encontrar las claves de nuestra reconstrucción. Todos, incluso los que lo adversan, se han visto impelidos a revisar el pasado en un deseo por entender la hora que estamos viviendo.
Pero en lo que nos incumbe, las formas heredadas para la expresión de nuestra cultura, o lo que entendemos por el acercamiento a una Identidad, está aún tan imbricado en nuestro imaginario, en nuestra noción de un “deber ser” al parecer indestructiblemente, a las formas que nos legó la escuela a través del “Acto Cultural”.
No de otra manera puedo entender que en los inicios de la universidad Bolivariana, cuando comenzó a implementarse el Eje Estético Lúdico, (hoy lamentablemente borrado del pensum de estudio) más de una y un docente, me invitaba a realizar “Actos culturales con los muchachos”; eso sí, “para la semana que viene”, “para este viernes”. “Móntame ahí una cosita de teatro pa’ el día de los estudiantes”, “pal’ día de no fumar”, “pal’ cumpleaños del Che”.
Este novedoso e importante Eje, concebido para cruzar transversalmente el proceso dialógico de formación al que aspira nuestra universidad, no aguantó la visión de “agencia de festejos” a la que parece estar condenada irremediablemente en la mente de nuestros ciudadanos –incluso los más ilustres-, la noción de “lo cultural” y finalmente lo lanzó sin aviso ni protesto al cesto del olvido.
Está tan arraigada esta visión que me sorprendió que aún sectores, a quienes catalogué ingenuamente como de vanguardia, no pueden escapar a la forma del Acto Cultural como reafirmación de una noción de “Identidad” e incluso de “revolución”: a principios de septiembre de este año asistí emocionada y esperanzada a la inauguración de Canal Zeta. Me parecía lo más lógico encontrarme con una pantalla en la calle donde el canal se estrenaría en el aire con una muestra antológica de lo que nos tienen preparado como medio “alternativo” (ya la comadre Ruth explicará en su ensayo la inconveniencia de llamarlo así) y comunitario. Lo que me encontré fue una versión desmejorada del cuento que me atreví a narrar al inicio de este trabajo: las niñitas con faldas a lo Yolanda Moreno, el canto y el baile “folklórico” copiado de las formas tergiversadas a que nos acostumbró Sábado Sensacional, y como novedad, un inexplicable baile judío realizado por un grupo evangélico de una comunidad cercana. No se vio por ningún lado los rostros de la calle que los rodea. Se limitaron a transmitir en vivo el acto cultural realizado en la calle con el apoyo de la policía municipal para que no sabotearan los “escuálidos”. Lo que lamento es que este proyecto que nació con tantas ansias e ideas innovadoras, termine siendo una mala copia de Vive, sin la fuerza para integrarse activamente a la comunidad y sin una visión amplia del proceso socio cultural como para ahondar y trascender el concepto que de la “cultura” se tiene como exhibición estática. Un Acto Cultural donde se pierde el esfuerzo que la UBV ha invertido en la formación de una visión nueva de país entre sus educandos; pues en este nuevo canal participan activamente estudiantes de nuestra universidad, que si bien están comprometidos con este proyecto de país que pretende la revolución bolivariana, no alcanza a vincular las luchas sociales y políticas con una perspectiva estética y lúdica como lo aspiraba el mencionado y desterrado Eje. Una razón más para retomarlo y redimensionarlo, vinculándolo activamente con el proceso de transformación social al que aspiramos en esta nueva etapa histórica que está viviendo el país.
En el documento rector facilitado por la UBV a todos los docentes que aspiramos formar parte de ella, se caracterizaba al Estético Lúdico, como un eje que encontraba su espacio en el deporte y la educación artística como vía

“…para forjar en los sujetos la capacidad de mirarse y hacerse a sí mismos de modo diferente a los patrones dominantes de valoración…”.
Estaba este eje planteado no como un complemento, sino como factor fundamental en la formación integral del estudiantado, que permitiera el desarrollo de una sensibilidad vinculada con el proyecto país que en última instancia, es fundamento de la UBV.
En su corta vida se dieron experiencias de gran riqueza en la plástica, la música, la literatura y el teatro. A través de la Coordinación de Cultura se posibilitó el montaje de tres piezas teatrales, un disco, un poemario donde se incluyen docentes, una serie de radio teatro, lecturas dramatizadas, agrupación de danza; amén del estímulo que significó en la formación espontánea de grupos estudiantiles reunidos en torno a la poesía, la escritura y la curiosidad por la producción del pensamiento político y social.
Permitió el auto reconocimiento de talentosos jóvenes para quienes la experiencia significó una revolución interior. Muchos de ellos me han manifestado que se sentían con más herramientas para entender y/o cuestionar el Programa de Formación que habían elegido. Lo que implica un acercamiento crítico (y por lo tanto creador) ante el mundo que los rodea.
El deporte también tuvo su cosecha y no son pocas las medallas y preseas que nos miran desde muchas paredes en los espacios de la UBV sede Zulia.
Por eso es inexplicable su brutal cercenamiento, es inexplicable también que, desde su fundación en este Estado no se le haya dotado a la Coordinación de Cultura de los elementos básicos para desarrollar su labor: sin instrumentos musicales, sin espacios de tiempo y lugar que permitan un desarrollo idóneo, sin recursos para las producciones dancísticas, musicales y teatrales; sigue siendo vista como una agencia de festejos para conmemorar “efemérides”, o como decía Cabrujas, que estamos condenados a ser percibidos como “la guinda” de la torta.
De la precariedad material se podría hacer una virtud, pero jamás una divisa; porque eso nos emparentaría con el orgullo ingenuo de la directora de la escuela bolivariana que conté, enternecida por haber trabajado “con las uñas”.
Es por eso que enfatizo la necesidad de re-crear el concepto que incluyó en la génesis de la UBV, el Eje Estético Lúdico. Replanteando su implementación, no tratándolo como una unidad curricular más, sino imbricándolo con las demás unidades y sobre todo con Proyecto, porque ¿qué es un proyecto de investigación sino una aventura, un acto lúdico, donde se re-crea el espíritu y la razón? Investigar es también crear. El estímulo de la imaginación aplicada a la labor de construir nuestro proyecto de nación, requiere indudablemente de la concurrencia del arte.

SIETE

Así como Gramsci dice que “Todos somos intelectuales”, también, todos somos artistas. Somos artistas en tanto creamos, día a día el vivir, con inteligencia y corazón limpio. Sólo lo podemos lograr en revolución, y este cambio es posible, a través o por, el socialismo (aquí me suscribo a Mariátegui cordialmente).
Se ha repetido tanto la premisa de Rodríguez de que la América es original, y originales han de ser sus formas e instituciones; que tal vez de tanto repetirlo no lo hemos escuchado. Implica esta premisa que debemos ser artífices de nosotros mismos, sin ignorar a los que nos nutrieron, a nuestros ancestros indígenas y africanos, sin abandonar las ideas europeas que nos ayudaron a soñarnos; sin obviar nuestra contemporaneidad con sus paradigmas tecnológicos que dan una “Idea” de desarrollo. Es esta, labor de artista, y el artista requiere, amén de la afinación de la intuición a través de la estimulación de los sentidos, el conocimiento de sus coordenadas culturales, vale decir, de su historia y de sus determinaciones económicas, sociales y políticas.
La creación artística tiene sus raíces en la visión crítica del mundo que lo rodea y hacerlo conciencia en el OTRO. Fusión de saberes comunes y subjetividad profunda que se resume en un todo coherente. El arte es en esencia, síntesis.
Tengo la sensación de que estamos cerrando un ciclo de nuestra historia, donde al fin convergen los sueños amasados desde el siglo XIX. Estamos entonces llegando al momento de la Síntesis necesaria para independizarnos definitiva y felizmente. Tenemos para ello, el imperativo de transformarnos en Creadores.
Pero ¿Qué es el Arte? Escogí, entre tantas nociones mutadas y transmutadas a través de la historia, el del Inglés Herbert Read en su lúcido libro “Arte y Sociedad”:

“El arte, es una actividad autónoma, influenciada, como todas nuestras actividades, por las condiciones materiales de existencia, pero, como modo de conocimiento, es su propia realidad y su propio fin; está relacionado necesariamente con la política, la religión, y todos los demás modos de reaccionar ante nuestro destino humano. Sin embargo, como tipo de reacción, es distinto y contribuye de una manera vital al proceso de integración que llamamos civilización o cultura…”

Lo que me queda claro es que el arte está enclavado en un contexto cultural que le otorga forma y sentido. Nuestros indígenas construyeron su percepción del mundo a partir de su relación con el entorno natural que les dio cobijo, que le abre dificultades y potencialidades para su subsistencia. De estas relaciones de “trabajo” -en el sentido de su acción sobre la naturaleza- nace su imaginario, sus relaciones sociales y políticas; y por ende, sus manifestaciones artísticas. La cultura es esencia: la del vestir, la del comer, el necesario techo que nos ampara.
Es necesario remirar el arte, es imprescindible permitir que la creación artística, clásica, contemporánea, americana (aquí incluyo, amén de una visión mestiza, el imaginario indígena y africano), mundial, nos abra ventanas y puertas para el desarrollo de la sensibilidad, la intuición y la belleza. Es una vía para desnudar la vulgaridad de los productos culturales envasados. Es imperativo desterrar ese concepto tan arraigado en las clases populares de que las artes son cosa de gente “culta”, que “yo no sé de eso”; que es propio de las élites y de gente “fina”. Más que “acercarnos” al arte, es descubrir en ella lo mucho que nos ha construido. Es minimizar el riesgo de una homogeneización de gustos y placeres a la que parecen condenarnos los medios y la globalización.
Se debe leer a Gramsci, pero también a Pirandello; se debe leer a Marx, pero también escuchar a Bethoven, incluso al desprestigiado Wagner. Debemos, por supuesto leer a nuestros escritores nacionales: García Márquez, Alejo Carpentier y los derechistas Vargas Llosa y Borges. Debemos interpretar a Shakespeare y vincularlo con Augusto Boal y su teatro del oprimido. Para entender a Paulo Freire se hace necesario haber saboreado el prodigio que es “Los Sertones” de Euclides Da Cunha. Es inexcusable no entender a Paco Hung, porque es más nuestro que Shakira. Estoy segura además que ellos nos ayudarán a descifrar nuestra riqueza literaria indígena; para, entre otras cosas poder distinguir entre lo popular y lo vulgar.

OCHO

En el 2005 un grupo de profesores, desde la Coordinación del Programa de Formación de Comunicación Social, articuló una propuesta de planificación académica que planteaba la articulación de todas las unidades curriculares alrededor de Proyecto, eje central de la propuesta formativa que planteó la UBV en su inicial documento rector. Se planteaba la liberación del convencional esquema de tiempo y espacio, en la asignación de horas y salones específicos, y se propuso regular los mismos, según las necesidades y las urgencias que Proyecto iba creando tanto en estudiantes como en los docentes, vinculándolo estrechamente con el trabajo en las comunidades. Para mejor entender esta propuesta, me permito citar parte de las ideas que le dieron forma:

“Donde mejor se percibe nuestro positivismo es, precisamente, en la postergación del debate epistemológico, en haber elaborado o asumido en la práctica programas para las unidades curriculares desvinculados de la realidad que se enfrenta desde proyecto, en la postergación del diálogo en nombre del orden, de la democracia participativa, en nombre de la eficacia y la inmediatez, del pensamiento crítico y la voz problematizadora en nombre de la disciplina, en el rigor lineal del tiempo de trabajo, en la planificación académica con base a los tradicionales “horarios de clase”, en asumir la labor docente aislada de la labor de los otros docentes, en nuestra preocupación creciente por el espacio medido en aulas de clase y nuestra angustia al constatar que ya no cabemos en los edificios de La Rinconada; en nuestras dificultades administrativas y conceptuales en torno a los proyectos y, sobre todo, en la ausencia de una propuesta que nos permita articular proyecto con el resto de las unidades curriculares, que apueste por la integración de los saberes, no sólo de los sistematizados por la academia, sino también de los que laten en nuestro pueblo.”

No se trataba simplemente de que la comunidad se convirtiera en el salón de clases, cambiando sólo el espacio “donde se daría la clase”, sino de que cada unidad se vinculara vivencialmente con el quehacer de las comunidades. Los estudiantes eran agrupados por zonas o parroquias, de modo que era desde “su propia comunidad” donde se vinculaba lo aprendido y por aprender. Una manera de vincularse con su propia realidad, un mirar-se, para entenderse en su complejidad cultural e histórica.
Esta propuesta se desarrolló durante dos semestres seguidos y fue abortada por la incomprensión de algunos grupos de docentes y estudiantes, aferrados a la manera tradicional de entender el proceso educativo. Una propuesta así implica un compromiso para el docente con el proyecto país en el que estamos inscritos pues exigía dedicarle fines de semana, noches o tardes libres, sin la necesaria confirmación de su firma en el burocrático libro de asistencia; implicaba un compromiso con los estudiantes, con la comunidad y consigo mismo, pues al final se terminaban dedicándole más horas de las exigidas por la universidad. Y por sobre todas las cosas, implica la construcción de un Ethos revolucionario, tanto del docente como del estudiante.
Tuve la suerte de participar en la propuesta desde la unidad de Escritura Creativa –ya para ese momento había desaparecido el Estético Lúdico- y puedo dar fe que esta modalidad permitió un compromiso más hondo por parte de los estudiantes no sólo con su comunidad, con su realidad inmediata, sino también consigo mismo como participante activo de su proceso de formación; desarrollando su actitud crítica ante el mundo y ante la misma universidad.
Traigo a colación esta experiencia porque creo conveniente retomarla e implementarla para todos los Programas de Formación; siento que podría ser punto de partida para una reflexión profunda acerca de los métodos pedagógicos que concuerden con los propósitos planteados por la UBV, dirigidos a la construcción de una realidad social emancipada y emancipadora; y porque brinda un marco idóneo para la integración del Eje Estético Lúdico, vinculándola con una esencialidad, que abra las puertas del asombro ante lo cotidiano, como factor cohesionador que permita la subjetividad revolucionaria que tanto necesitamos, que haga del aprehender un serio juego, que permita re-descubrirnos como creadores de nuestra propia realidad. La experiencia me indica que debe extenderse además a todos los docentes; porque una articulación como la planteada, impone la necesidad de una reflexión – práctica constante, atenta a los cambios de estrategias que el proceso va necesitando en su devenir.
Sea esta una vía para encontrar una definición de cultura nacional, de sentido de país, enmarcándola ya no en delimitaciones geográficas o meramente historiográficas, sino vinculándola al concepto de patria grande que es la América.
Abre también esta propuesta la posibilidad de ahondar en particularidades culturales que poco o nada se han estudiado, como es el caso del Vallenato, que actualmente “identifica” más al Zulia que la misma gaita. En el Zulia no sólo se escucha más este género que en su país de origen, sino que además ha adquirido formas diferentes. Estudiar este fenómeno supone adentrarse en elementos socio políticos como la inmigración y el enlace histórico que el Zulia tiene con el pueblo colombiano. Es sumergirse en territorios que van más allá de lo meramente llamado “artístico” o “cultural” (en la concepción de lo que hasta aquí hemos planteado como Acto Cultural), sino que nos llevaría a descubrir los perfiles de una esencialidad, para hacerla consciente, tanto en el estudiante como en el docente.
Estructurar en el pensum de estudio la vinculación con las formas artísticas permitirá potenciar las capacidades creadoras del educando, haciendo de su quehacer profesional y del ejercicio de la ciudadanía un acto creador. Aunque no tiene el específico propósito de formar artistas, si permite el develamiento y orientación de los estudiantes que descubran en sí mismos esa cualidad.
“Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador”. Esto dice Martí. Y ser creador, además de acercarnos a la idea de Dios, nos refiere en un plano más terrenal, a la noción de arte

NUEVE

Se lucha por el derecho al trabajo, a la vivienda, a la alimentación, a la educación; se debe también luchar por el derecho a la belleza, por el Derecho al Lujo.

EL DERECHO AL LUJO*
“Es cierto, lujo es llegar a donde nadie más ha llegado en perfección, como la orquesta Aragón”. Roberto Hernández Montoya.
Se tiene la común noción de que el lujo es propiedad de la riqueza. Se conecta en el imaginario hermanado con la opulencia en la que tiene su nicho el llamado “Arte Mayor”. La burguesía se apropió de las manifestaciones del también mentado “Gran Arte” vinculándolo con lo inútilmente bello y nos lo expropió, lo sumó a su inventario de lo necesariamente innecesario y lo condenó al ostracismo en los museos y teatros.
Para el común, el arte no es necesario para vivir, por eso lo vincula al lujo. Ciertamente, podemos pasar toda nuestra vida sin haber escuchado al mexicano Revueltas, ello no me ayuda en la subsistencia, pero así, no sólo nos negamos un derecho al regocijo, nos negamos la posibilidad de soñar más allá de nuestras urgencias vitales inmediatas.
No creo que haya nada más revolucionario que masificar el lujo. Posesionarnos del capital artístico
Nuestro queridísimo Cabrujas lo explica mejor en un irónico artículo publicado a consecuencia de la eliminación, también de un plumazo, de los estudios de literatura en el bachillerato en el año de 1991:

“¿Por qué leer Dostoyevsky? Hijo, por nada. Por vainas. ¿Por qué poner cara de iluminado, después de recorrer un soneto de Quevedo? Por menos. Por, pendejadas de la gente. Si a ver vamos, la poesía, la dramaturgia o la narrativa, son tan inútiles como la geografía o el álgebra, puesto que usted puede pasarse la vida entera y llegar a ser alguien como Orlando Castro, por ejemplo, sin saber necesariamente que Amsterdam es la capital de Holanda. Literatura se estudia, a manera de decencia, como la Séptima Sinfonía de Beethoven, que la oyes y no te regalan queso. Puedes vivir ochenta y seis años, que es una edad razonable, comiendo spaguettis al pesto o mero en brasas, sin haber oído la Séptima Sinfonía de Beethoven. Puedes haberte hecho rico, bien casado, buen padre, hombre próspero y hasta notable, pero, muchacho, no sabes de lo que te perdiste por tapón y por ignorante. No sabes qué maravilla, qué clase de portento, era la Séptima Sinfonía de Beethoven, aparte de no servir para nada.”

Estoy segura que Bolívar no hubiera sido lo que aún sigue siendo, si no se hubiera leído a los clásicos y a los pensadores de su tiempo; que Rodríguez necesito a Roseau, tanto como a Víctor Hugo y a Shakespeare para poder construir sus originales propuestas.
Ilustra mejor esta idea Roberto Hernández Montoya:

“Predomina en todas partes, sin embargo, cierta concepción de la cultura popular que la asimila a lo vulgar, como denunciaba Lenin. Para esa visión basta con poner unas niñas de falda floreada a girar al son de algún ritmo para que ya haya cultura popular. Pues no, eso no es popular sino vulgar. Porque lo único malo que tiene el lujo es que permanece incautado por las chequeras. El revolucionario inculto, es decir, bárbaro, cree que hay que acabar con el lujo. Todo lo contrario: hay que popularizarlo, masificarlo, que la gente despojada vaya conquistando, como decía Nicolás Guillén, lo que tiene que tener. Por eso es necesario reivindicar el derecho al lujo y dejar la chabacanería a sus cultores más infames, como los que profirieron toda insolencia en la Plaza Altamira.”

Y DIEZ

Inspiró estas reflexiones la siguiente:

BIBLIOGRAFÍA

(por orden casual)
- Néstor García Canclini y Carlos Juan Moneta. “Las Industrias Culturales en la Integración Latinoamericana”. Editorial Grijalbo. 1999.
- José Ignacio Cabrujas. “El País según Cabrujas”. Monte Ávila Editores. 1997.
- Herbert Read. “Arte y Sociedad”. Ediciones Península. 1970.
- Luis Damiani y Omaira Bolívar (Compiladores). “Pensamiento Pedagógico Emancipador Latinoamericano”. Ediciones de la Universidad Bolivariana de Venezuela. 2007.
- Luis Chesney Lawrence. “El Descubrimiento de América y el Arte Latinoamericano”. Editorial La Espada Rota. 1992
- Roberto Fernández Retamar. “Todo Calibán”. Fondo cultural del Alba. 2006.
- Benedetto Croce. “Estética”. Centro editor de América Latina. 1971.
- Gustavo Pereira. “El legado indígena”. Biblioteca Básica Temática. Consejo Nacional de la Cultura. 2004.
- Luis Britto García. Biblioteca Básica Temática. Consejo Nacional de la Cultura. 2004.
- Roberto Hernández Montoya. “Por el Derecho al Lujo”. Revista “Question”. Febrero 2005.
- Aníbal Ortizpozo. “La Superioridad de la Vida Artística es un Fraude”. Revista “Questión”. Julio 2005.
- Núcleos generadores del Plan Nacional de Formación de Formadores. UBV XXI. Julio 2008.

Se me hace imprescindible mencionar la profunda huella que han dejado en mí los estudiantes de la UBV sede Zulia, cuya sabiduría es norte de este ensayo.

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