Ver:
Sin Contemplaciones (1)
Sin Contemplaciones (2)
Sin contemplaciones (3)
Sin Contemplaciones (4)
Sin Contemplaciones (5)

Trascripción del programa
SIN CONTEMPLACIONES
Con el filósofo Francisco Rivero
Trasmitido por VTV
El domingo 7 de septiembre a la 10:00 pm.
http://www.vtv.gob.ve/detalle.php?id=1977&s=6

I
La filosofía toma la palabra

Buenas noches, amigos de “Sin Contemplaciones”, bienvenidos a este nuevo capítulo de nuestra historia filosófica, teológica, histórica, sobre la modernidad. La filosofía toma la palabra después de la Reforma y su discurso teológico, exegético, dogmático, religioso. La conflictividad que generó la Reforma Protestante en Europa hizo imposible toda continuidad entre la Edad Media y la Edad Moderna. No había posibilidad de apelar a la religión, a la autoridad de la fe, a la moral fundada en esa fe para restituir el orden civil, civilizacional, político, institucional, de las naciones europeas.
El caos era generalizado, la división en torno a las posiciones distintas con respecto a los distintos descubrimientos, las distintas aperturas espirituales que trajeron consigo el Renacimiento, el Descubrimiento de América, la nueva ciencia de Galileo, la consolidación de los Estados nacionales bajo la forma monárquica absolutista, hicieron imposible pues, una solución de continuidad(1) entre el nuevo y el viejo mundo. Sin embargo, había una necesidad de restaurar la comunicación, el entendimiento y sobre todo proveer fundamentos para estabilizar esa comunicación y ordenar ese entendimiento, institucionalizarlo y abrir los cauces de la vida y superar el impasse que habían traído consigo todos estos acontecimientos y en particular las guerras de religión.

Descartes

250px-Frans_Hals_-_Portret_van_René_Descartes

La otra fuente sobre la cual se podía refundar Europa y buscar una unidad y un lenguaje común, al no ser la religión (el cristianismo era una de las fuentes), debido a la conflictualidad que la Reforma engendró, fue la filosofía, y el que provee ese camino filosófico y ese criterio, si ustedes quieren, de verdad, de conocimiento objetivo y por consiguiente de racionalidad, de armonía, de paz, de entendimiento, de comprensión, fue la filosofía de Descartes.
Descartes apasionadamente abogó por su filosofía como el vehículo por excelencia para asegurar la refundación, la redefinición del espíritu universalista europeo, basado en la ciencia heredera y fundada y engendrada por los griegos. Ahora, la filosofía cartesiana provee o pretende proveer al mundo europeo con un lenguaje común, con unos criterios objetivos, absolutamente determinables, verificables por cualquier razón humana, cualquier persona humana dotada de razón es capaz de seguir las implicaciones lógicas de principios claros y definidos y de reconocer a la luz de su propia razón su valor, su objetividad, su universalidad, su certeza, su claridad, su transparencia, su pertinencia y su ultimidad, o su carácter fundante y fundamental.

Galileo

190px-Galileo_by_leoni

Descartes, como ustedes saben, era un gran matemático, fue un gran matemático, tiene importantes avances en el área de la matemática, conoció la obra de Galileo, además estaba consciente de los peligros en que había incurrido Galileo con sus nuevas ideas sobre los movimientos de la tierra, las teorías copernicanas, en fin, toda la nueva física que él plantea como alternativa a la tradicional física de Aristóteles, que era la que se traducía y se enseñaba en las universidades europeas. Galileo es un hijo del Renacimiento, es un hijo de Pitágoras, es un hijo de Platón, es un hijo de la idea de que el universo es orden, y por consiguiente es expresión de inteligencia, y de que el orden del universo se articula y se funda en el orden de los números, estas son antiguas ideas pitagóricas, hermosísimas, bellísimas, de una larga historia en el mundo antiguo y también en toda la historia de Occidente, prácticamente hasta hoy.

Pitágoras
250px-Kapitolinischer_Pythagoras_adjusted
La idea de Pitágoras, el filósofo griego de los años 500 y pico, oriundo de la isla de Samos, era que los número son expresión de orden, son orden, son armonía, y que el mundo de los números es el mundo de la armonía perfecta, eterna, permanente, porque las relaciones numéricas son permanentes, estables y constantes, por otro lado son absolutamente objetivas, reconocibles, identificables por la razón en su estructura integral, y de que el universo por ser orden obviamente su principio y su fundamento tenía que ser lo que era por excelencia y paradigmáticamente el principio del orden, es decir, los números.

Dios habla por las matemáticas
Los números son obviamente objeto, antes que nada, de la inteligencia, son puramente inteligibles, son realidades visibles en su esencia y en sus relaciones esenciales al intelecto humano. De ahí también la idea del gran filósofo pre-socrático de que Dios matematizaba cuando creó al universo. Esta es una idea que heredará Platón y que desarrollará Platón a su vez y que transmitirá a través del neoplatonismo a la Edad Media, durante toda la Edad Media y que luego se refuerza en el Renacimiento cuando aparecen las obras originales, los textos originales de los filósofos pre-socráticos, de la escuela filosófica de la antigüedad clásica en su original. En todo caso, la idea de Galileo era efectivamente esa, que había que reinterpretar la naturaleza e interpretarla no partiendo de los sentidos, no partiendo de lo que vemos y observamos, de las diferencias concretas y perceptibles sensiblemente por los sentidos, sino que había que reinterpretarla según la razón y la sola razón. Esto quiere decir, en lenguaje pitagórico y en lenguaje de Galileo: matemáticamente. Entonces, la reinterpretación de los fenómenos naturales no en base a lo que los sentidos nos indican sobre sus relaciones, propiedades, características, condiciones, etc., sino en base, nada más a una formulación matemática, es el fundamento de la ciencia moderna. Y se la debemos en gran parte pues, al influjo que tuvieron los pitagóricos, las ideas de Pitágoras y sobre todo también las ideas de Platón, que hereda las ideas de los pitagóricos y las desarrolla, en la época del Renacimiento, y que Galileo, que estudió en Italia, en Padua, en Roma, durante su juventud, absorbió este legado intelectual de Grecia y su genialidad fue la aplicación de esta idea de que la naturaleza estaba escrita en términos matemáticos pero no en un nivel de visión general del orden esencial de las cosas, sino buscando interpretar los fenómenos particulares basándose en estas ideas.

De lo evidente a la abstracción
Entonces, Descartes que era un matemático de genio él también, apreciaba con perfecta inteligencia lo que había sido el genial descubrimiento por parte de Galileo de lo que se llama hoy en día y sigue siendo el “método científico”. La evidencia de esto es que si ustedes cogen el libro de física, por ejemplo, de sus hijos, del bachillerato de hoy, la mayoría de los libros están escritos en términos matemáticos, y el texto que pueda haber está referido a los números que están presentes y a las fórmulas matemáticas que están presentes para dar razón de los fenómenos naturales. En todo caso es la antítesis de lo que había sido la física tradicional encarnada en la física de Aristóteles, que era el libro de Física que estudiaban todos los estudiantes universitarios de Europa en las grandes universidades cuando entraban para hacer su curso de artes liberales. El libro de física en cuestión había sido escrito por Aristóteles, y en el libro de Aristóteles, que es un libro de buenas 300 páginas de texto, difícilmente hay una página entera de números en todo el libro. O sea, que la física de Aristóteles se basaba en la evidencia de los sentidos y analizaba los fenómenos particulares partiendo de la descripción de lo que los sentidos que un hombre inteligente y perspicaz captaban. Por consiguiente es una descripción y un análisis de las características materiales de las cosas, basada en la descripción y en la evidencia sensible. Lo que hace Galileo es una revolución total, los sentidos nos dan el hecho. Yo a través de los sentidos veo los cuerpos caer, ahora cuando yo quiero entender por qué los cuerpos caen, hago abstracción ya de los sentidos y lo que busco es definir el acontecimiento de la caída de los cuerpos en términos matemáticos que sean susceptibles de ser relacionados entre sí en una hipótesis que explique los distintos… Por ejemplo, todo cuerpo ocupa un espacio, toda caída supone un tránsito en el espacio, todo cuerpo tiene masa, supone por decirlo así un tránsito de esa masa en ese espacio, según la masa aparentemente esos cuerpos caen según sean pesados o no sean pesados. Por ejemplo, Aristóteles nunca hubiera llegado, partiendo nada más de la descripción de los sentidos, a la idea de que hay una ley de la caída uniforme de los cuerpos, porque si yo me pongo a ver ¿qué cae primero? (Toma una hoja y un bolígrafo del escritorio y los deja caer). Si yo me quedo nada más en la percepción sensible, obviamente el cuerpo más pesado cae antes que el cuerpo más liviano, entonces en esos términos es imposible llegar a la idea de que todos los cuerpos tienen una ley que determina su caída uniforme.

Vivimos dentro del marco de una revolución científica
Entonces, la abstracción de los sentidos, el no ver ya para dar explicación del hecho, los hechos físicos, sino de tratar de reducir los hechos físicos a aspectos materiales que son cuantificables, que se les puede asignar o se puede medir, por decirlo así el peso, se puede medir la distancia, se puede medir la velocidad, se les puede asignar un número, entonces tratar de ver si se puede establecer una correlación estable, numéricamente percibible en términos de peso, velocidad y espacio. Y esto fue lo que Galileo descubrió y lo que determinó una revolución científica absoluta. Nosotros vivimos dentro del marco de esa revolución científica. Ahora bien, una cosa es ver lo que son las condiciones metódicas para estudiar un aspecto de la realidad, y que si se quiere estudiar y hacer una física-matemática hay que hacer abstracción, es decir, hay que no tomar en cuenta ciertos aspectos de los cuerpos que no son matematizables.

Todas mis partes son Francisco Rivero
Por ejemplo, todo cuerpo tiene peso, todo cuerpo ocupa un espacio, yo puedo medir el espacio, ubicar ese espacio en coordenadas numerables, geométricas, espaciales, yo puedo pesar ese cuerpo y asignarle un número específico con bastante exactitud, yo puedo medir las distancias, la velocidad, etc., ahora lo que yo no puedo medir es el carácter, por decirlo así, la humanidad de mi cuerpo, porque eso no es cuantificable, ese es un aspecto cualitativo, no cuantitativo, yo puedo ser más gordo, más flaco, más ancho, más angosto, más alto, más bajo, más fuerte, menos fuerte, pero sigo siendo una persona, en concreto esta persona humana Francisco Rivero, bueno, a la persona no tiene sentido asignarle un número porque no es algo numerable, es algo cualitativo, esencial, constitutivo, y eso no es numerable. La persona concreta, Francisco Rivero, tampoco tiene un número, un peso, un espacio específico, toda parte, todas mis partes son Francisco Rivero, todas mis partes son las partes de un ser humano, pero la humanidad no tiene partes, es un todo, es una unidad, Francisco Rivero tampoco tiene partes strictu senso, es una unidad y esas unidades, o esos aspectos cualitativos no pueden ser numerados, por consiguiente si yo quiero hacer física yo tengo que prescindir de que la flor es una margarita o una rosa, o de que el objeto material es un vaso o unos anteojos, o un pedazo de papel, una pluma, una silla, una cámara, porque ninguna de esas cosas, todo eso son aspectos que determinan cualitativamente a los seres, pero que ellos mismos no son cuantificables en sí mismos.

Los principios no tienen peso
Lo que es cuantificable es la materialidad del cuerpo, lo que es pesable es la materialidad del cuerpo, lo que es ubicable es la especialidad del cuerpo, pero no la humanidad, no la femineidad, la esencia de las cosas no es un aspecto más sino un principio, y los principios no tienen peso, ni tienen medida, ni tienen espacio, ni están sujetos a condiciones relativas de espacio y tiempo, por decirlo así. Entonces, el método científico consiste justamente en la propuesta de que la física debe abstenerse de explicar o de tratar de explicar los aspectos cualitativos de los cuerpos y limitarse a los aspectos que sí son cuantificables, que son los aspectos materiales de los cuerpos, propiamente hablando. En eso consiste la esencia del método científico. Entonces la ciencia nunca pretende agotar la realidad, la ciencia hace abstracción de ciertos aspectos de la realidad, establece relaciones entre ellos y luego somete a la realidad a la experiencia bajo hipótesis, a ver si la experiencia las corrobora. Pero la ciencia nunca pretendió ser ni agotar la realidad como un todo.
Ya volvemos después del corte.

II
La razón pura

Retomando la idea anterior.
Entonces la ciencia va a ser un elemento determinante en toda la historia del pensamiento moderno, no solamente por su valor intrínseco, no solamente partiendo de su propio parámetro, de su propia perspectiva, de su propia intencionalidad, sino que va a tener una influencia enorme en todo lo que va a ser el ambiente cultural e intelectual europeo, y va a ser el paradigma del saber, se va a convertir en el punto de referencia que va a influenciar todos los saberes, y sobre todo, la filosofía. Descartes, que era un matemático, que entiende lo que está haciendo Galileo y lo que representa el avance de Galileo y lo que representan las posibilidades del mundo del estudio, de la ciencia y del método científico que Galileo encarna, articulará toda una metafísica, toda una filosofía fundada de algún modo en esos parámetros, en esos principios, que la ciencia encarna, y que la ciencia desarrolla. Entonces, por ejemplo, Descartes, el padre de la razón pura… La filosofía de Descartes se funda en la reivindicación de lo que se llama la razón pura, ¿Qué quiere decir razón pura? Razón pura en términos cartesianos es una razón divorciada, disociada, desvinculada, separada radicalmente de todo influjo de los sentidos, de toda influencia sensible, de todo contenido derivado de los sentidos, de la imaginación y de la experiencia sensible en general. Según él, el criterio de verdad, el criterio de racionalidad, el criterio de certeza se encuentra en esa razón pura encarnada de modo paradigmático en las matemáticas. Entonces, el buscará refundar el saber entero de la humanidad, basado en esta idea del carácter paradigmático, ejemplar, normativo, exclusivo y único de la razón pura. Y él verá precisamente en la física de Galileo, en la nueva física, la encarnación, el testimonio de ese valor. Gracias a la razón pura, gracias a la interpretación matemática de los fenómenos el hombre adquiere dominio y comprensión rigurosa, precisa de las leyes de la naturaleza, recrea las naturalezas en función de una racionalidad que le es absolutamente connatural y que él entiende cabal e íntegramente, sin residuo, sin falta, sin merma alguna.

Sobre la existencia de Dios
Entonces, él piensa y afirma y cree encontrar en la razón tipificada por las matemáticas, la clave de una nueva comprensión de la realidad como un todo, no solamente de la física, sino de la teología, de la ética, de la antropología, de la vida humana, del hombre como un todo. Pretende encontrar a través de ella la demostración definitiva de la existencia de Dios, definitiva de la inmortalidad del alma, por ejemplo. No una demostración dentro de las condiciones y la limitaciones del saber humano, no, una demostración científica, absoluta, objetiva, última, incuestionable e indudable de la existencia de Dios, por ejemplo; de la inmortalidad de alma, por ejemplo; que eran temas que habían sido discutidos desde que el hombre existe, se puede decir, o por lo menos en el contexto de Occidente desde los inicios del mundo griego y de la cultura griega y del mundo bíblico y cristiano. Todo esto que había sido tratado durante milenios, siglos, por filósofos y teólogos, resulta que Descartes afirma que él había encontrado la demostración definitiva de esta verdades, por consiguiente no era ya necesario ni discutirlas, ni analizarlas, ni cuestionarlas más. En base a su filosofía, estas verdades quedaban ya definitivamente demostradas por el hombre y podíamos pasar a otras cosas. ¡Como si se pudiera pasar a otras cosas más allá del alma, o más allá de Dios! Y fuera posible clasificarlas, tenerlas en una carpeta y cuando fuera necesario sacar otra vez la demostración al aire, es decir, a la calle.

La duda metódica

Pero en todo caso, la idea de Descartes es que la razón matemática es el paradigma de la racionalidad, y de que hay que depurar a la mente por consiguiente, de todas las influencias de los sentidos que particularizan las ideas, las mediatizan, las temporalizan, las condicionan, y hacen imposible que el hombre alcance la claridad lógica perfecta que sólo es propiedad de las ideas matemáticas. Entonces, a efectos de educar a la mente para disociarse de los sentidos, separarse de los sentidos, purgarse de los sentidos, purificarse de los sentidos y alcanzar la lógica perfecta, la verdad pura, la verdad transparente, la verdad universal, la verdad objetiva, la verdad eterna, la verdad necesaria, era necesario pasar por lo que él llamó la duda metódica. La duda metódica era una manera de purgar la mente de las certezas tradicionales y convencionales que el hombre sostenía y mantenía determinado por las circunstancias de la vida concreta, de la vida práctica, y de la vida sensible, y de la imaginación, y la memoria sensible y todas estas cosas.

La amistad universal
Entonces, la única manera de hacer que el hombre encontrara el mundo de la verdad pura y por consiguiente la llave para la comunicación segura, pura, cierta, absoluta e incuestionable entre razón y razón, entre hombre y hombre, entre mente y mente, entre nación y nación, entre comunidad y comunidad; es decir, el lenguaje que la humanidad a través del cual podría alcanzar la concordia, el saber, y no un saber relativo, cambiante, circunstancial, particularizado, sino un saber universal y necesario, y por consiguiente ese saber abría el camino no solamente a la concordia en las ideas, sino también la concordia en la acción, es decir a la armonía social, a la armonía política, a la comunión de los hombres con los hombres, y en ese sentido apuntaba entonces a la recreación de la sociedad del hombre partiendo de evidencias, de claridades, de criterios metodológicamente obtenibles, técnicamente e instrumentalmente identificables, operativizables y alcanzables por el hombre mismo de una comunidad perfecta, es decir, la paz, la armonía, la justicia, la felicidad en última instancia, la amistad universal. Imagínense pues el horizonte que de algún modo Descartes vislumbra en la intuición de una idea de un saber universal, pero de un saber universal basado no en la autoridad de Dios, no en la revelación divina mediada por la iglesia o las iglesias, no en la autoridad de Aristóteles o de Cicerón, o de Séneca o de Platón, sino en la evidencia de la razón como tal, de la razón humana como tal. Razón que es compartida como él mismo dice casi por igual por todos los hombres, lo que pasa es que no la sabemos usar, que no la sabemos alcanzar porque está mediatizada por lo relativo, por lo cambiante, por lo accidental, y entonces nosotros enfrascamos nuestras existencias en lo que es puramente particular y circunstancial y, por supuesto, lo que es particular para mí, no necesariamente es particular para usted, o para usted, y por consiguiente posiblemente choquemos entonces en nuestras visiones de la realidad. Y ahí, la conflictividad permanente, el cambio permanente, la inestabilidad permanente, y el sentido de desasosiego, de inquietud, de angustia, de conflictividad, de relatividad, de transitoriedad, de nuestro vivir que gira en torno a lo que pensamos, juzgamos, estimamos como verdadero, cierto, justo, debido, etc. Entonces, para salir de ese campo minado de opiniones, de diversidad, de oposiciones, de cambios permanentes, no solamente entre nosotros sino dentro de uno mismo, hay que elevarse y hay que descubrir el mundo de la racionalidad pura. Ese descubrimiento es lo que define al hombre, distingue al hombre y promete sacar al hombre de la caverna en la que vive y en la que ha vivido desde siempre, e inaugurar una nueva época, un nuevo tiempo, es decir una nueva historia, una nueva humanidad.

El camino de la verdad
Entonces, esta idea ya está presente en esta búsqueda de Descartes, y en esta idea de haber encontrado la clave o el método para alcanzar el conocimiento común, la verdad. No una verdad relativa sino la verdad absoluta y este método, o esta clave, o este criterio, o este acceso que Descartes pretende haber descubierto cambiaría radicalmente la historia de la humanidad, en un antes y un después absoluto. De modo tal, que la filosofía moderna se inicia como una reivindicación de haber encontrado el camino de la verdad y, por consiguiente, el camino de la vida y de la constitución de una nueva historia y de una nueva vida para toda la humanidad. O sea que el universalismo constitutivo de la razón sigue vigente, pero ahora en base a una fórmula. A una fórmula que se puede obtener a través de un método que cualquiera puede seguir, no requiere una integridad espiritual superior, o una sensibilidad moral superior o distinta o fina, por lo menos. No requiere de lo que Pascal, el gran contemporáneo de Descartes, llamaba l’esprit de finesse, contrastado con l'esprit geométrique. El espíritu geométrico es perfectamente lógico, perfectamente objetivo, dada una premisa sigue una consecuencia. Usted entiende la premisa, de verdad la entiende, enseguida ve la consecuencia que se deriva de ella, y ve la razón de esa derivación en la premisa misma. Entonces, aquí no hay discusión posible, aquí no hay discusión de ningún tipo, aquí la verdad está dada, como una fórmula y como una exigencia metódica, y como un procedimiento por decirlo así técnico, absolutamente definido.

Pascal un clásico, Descartes un moderno

250px-Pascal1423

El esprit de finesse supone la capacidad de apreciar, y apreciar supone ya ver no en función de la lógica, la organización, el método, el rigor, la técnica, la seguridad, sino de apreciar el ser independientemente de toda intencionalidad de dominio, de control, de seguridad, de dominio formulístico, de toda intencionalidad de seguridad, de certeza; dejar que las cosas sean lo que son, y apreciarlas por lo que son, sin buscar incluirlas ni sujetarlas, ni condicionarlas, ni regularlas, ni someterlas a ningún procedimiento que de algún modo las depure y saque de ellas lo que verdaderamente son o no son. El ser es algo que originariamente rebasa toda fórmula, toda concepción cerrada, toda intencionalidad operativa, el ser es algo originariamente dado, libre, admirable en sí mismo, inagotable en sí mismo. Esta relación cualitativa, que cambia de ser a ser, porque no todos los seres tienen el mismo carácter, la misma densidad, la misma perfección, la misma belleza si quieren, la misma importancia, la misma jerarquía, entonces, no supone que hay un camino a la verdad, que hay una racionalidad definitiva y absoluta y exclusiva, sino que la razón es infinitamente rica, en sus expresiones y en sus matices. Pascal era un clásico, Descartes un moderno. El moderno busca la uniformidad, la seguridad, el control, el dominio y por consiguiente la fórmula que incluye, la fórmula que equipara, que nivela, que hace abstracción, como les dije antes, de lo cualitativo, y que se queda nada más en lo formal, y en lo formal todos los gatos son pardos, por decirlo así. No hay diferencia entre el cuerpo de Ava Gardner, y el cuerpo del vaso, ambos son cuerpos, este es un punto de vista puramente abstracto, la física no hace distinciones entre la caída de Marilyn Monroe de un balcón, por decirlo así, y la caída de un gato pardo de un balcón, ambos son cuerpos, y ambos obedecen a la misma ley. Ya volvemos.

ava-gardner2

III
El recurso al método

Retomando el punto. Descartes busca un lenguaje común, un lenguaje compartible universalmente, un lenguaje objetivo, un lenguaje al cual todo hombre, por ser hombre y partiendo nada más de su humanidad, pueda alcanzar con el debido método, o con el debido entrenamiento, o con la técnica adecuada. Ese lenguaje no es para alcanzar un saber particular, sino para alcanzar un saber universal, y por consiguiente esencial, a partir del cual la humanidad pueda redefinir todos los bienes, y todas las tareas y todas las exigencias que plantea su existencia, pero siguiendo ese patrón y ese criterio, que le asegurará un conocimiento compartido, un conocimiento común, un conocimiento universal, y un conocimiento objetivo, es decir, técnico, seguro, impersonal, absolutamente confiable, absolutamente trasmisible, y que afectará por consiguiente y lo ayudará a superar todos los elementos que lo dispersan, que lo disgregan, que lo oponen, que lo condicionan, que lo limitan. Es como si fuera una llave para redefinir la realidad en un lenguaje que el hombre pueda establecer, reconocer, evaluar y juzgar en base a su sola razón, sin necesidad de una revelación divina. La idea que se deriva de esto es que ¡por fin se entenderán los hombres!, ¡por fin podrá haber una comunidad auténtica! No ya en base a una acción divina, sino en base a la propia virtud de la razón y del hombre, de la humanidad.

Una nueva revelación
Entonces esto es, por decirlo así, un descubrimiento de América que rebasa infinitamente lo que descubrió Colón, que no era sino un continente y unos mares más. Aquí de lo que se trata es de la vida humana, de la historia de la humanidad, entonces es como si fuera una nueva revelación, una revelación que Descartes la obtuvo metido en una estufa en Holanda en el invierno, pensando en esta dramática condición de la división de Europa, en base a opiniones contrastadas. Entonces la búsqueda de una verdad que no estuviera sujeta a duda, que no estuviera sujeta a circunstancias aleatorias, de las pasiones, de los recuerdos, de donde naciste, o de las naciones, etc… se trata de un saber universal, de un saber que supera los particularismos de la existencia y apunta a una unidad esencial y a un sentido universal absolutamente visible y reconocible por el hombre y prospectable por el hombre con tal de que se ciña a las condiciones objetivas que define esta nueva metodología, y este nuevo criterio del saber. Entonces por supuesto se piensa que se ha alcanzado realmente el punto de apoyo como decía el famoso sabio de la antigüedad [Arquímedes], que decía “denme un punto de apoyo y yo muevo a la tierra”. En todo caso, lo que se plantea es eso, es una nueva, una transformación radical de la condición humana, de la historia de la humanidad, fundada además y referida además, no solamente a un ideal intelectual y moral, sino a una capacidad de transformar las condiciones materiales de la vida misma porque la nueva física de Galileo precisamente es el ejemplar concreto que tiene de cómo este lenguaje matemático, universal, impersonal, puramente formal, es capaz de darle al hombre un dominio radical sobre los fenómenos físicos.

Conquistar la muerte
Entonces, la idea de Descartes es que hay que “salir” de los grandes problemas metafísicos que hasta ahora han estado devastando a la cristiandad europea, la naturaleza de Dios, la existencia de Dios, la inmortalidad del alma, el destino del hombre eventual, la espiritualidad del alma, y que estas cosas se pueden demostrar en ese sentido objetivo, universal, metódico, técnico, que él preconiza. Pero lo importante aquí es la transformación de que el hombre ya no será pasible, es decir, no estará condicionado por las condiciones, por las circunstancias físicas de su vida sino que podrá dominar el universo, al límite, conquistar la muerte. Y en eso estamos, esa mentalidad, esa filosofía, ese ideal, es lo que permea al mundo occidental moderno por lo menos en su versión neoliberal, positivista, cientista, ilustrada, eso es parte de la cultura moderna, determinada por esa idea de que el hombre es dueño y señor de la naturaleza, dominador de la naturaleza, que tiene jurisdicción absoluta sobre el orden natural, y la idea de progreso está ceñida y fundada en que efectivamente la ciencia nos da un avance y un control cada vez mayor sobre fenómenos naturales.

L’Homme machine
Ahora pensar que ese progreso científico a nivel de… no sé… la mineralogía, la tecnología, la producción de alimentos, la salud física, la estructura del universo, el movimiento de los astros, el movimiento de las aguas, la lluvia, la agricultura, en fin, todas estas cosas que son indudables y que son bienes regulados obviamente y sujetos a me-di-da (que eso es otra cosa), eso es una certeza, ahora, pensar que ese mismo método y ese mismo tipo de saber conducirá a la felicidad universal, a la transformación moral de la humanidad, a la creación de un hombre nuevo, de un hombre solidario, de un hombre fraterno, de un hombre que ya no estará sujeto al mal, que conquistará y someterá las pasiones, que podrá lograr la paz universal entre los hombres… eso es harina de otro costal. Pero ese sueño es parte de los mitos de los cuales vivimos hoy, y supone que el mundo moral de algún modo está sujeto también y es parte de toda una estructura física, fisiológica y genética que una vez controlada, una vez entendida, producirá un hombre, como decía La Mettrie, que fue un sabio y un pensador del siglo XVIII, francés, de la época de la Ilustración, surgirá lo que llama él l’Homme machine, el hombre mecánico, el hombre máquina, es decir, perfectamente bajo su control técnico. Y que la resurrección o la vida eterna se traducirá en términos del control del hombre sobre las condiciones físicas de la vida, o bioquímicas, o químicas, o física químicas, y una vez que la ciencia alcance este saber pues Walt Disney que está metido en un tubo en algún lado en California, congelado bajo cero, una vez que la ciencia descubra el mal del cual murió pues podrá resucitarlo para seguir haciendo, no sé, Mickey Mouse y Dumbo, y cosas de estas pues, que ha producido la inventiva y la imaginación de Walt Disney(2).

El mito de la razón autosuficiente
Pero este es el mito de la autosuficiencia de la razón, de la autosuficiencia del hombre, de que en realidad el hombre es su propia providencia, de que el hombre es Dios, y que la ciencia asegurará la realización efectiva en los hechos de esa proposición. Y que la vida moral entera depende en última instancia de la vida orgánica, del cuerpo humano, y que no hay en el fondo tal libertad, ni tal dignidad… ese es el libro de Skinner, el famoso siquiatra, psicólogo de Harvard, que escribió un libro que se llama Beyond Freedom and Dignity (Más Allá de la Libertad y la Dignidad)… claro, me estoy adelantando un poco, pero les estoy haciendo ver las perspectivas que se descubrieron a partir de Descartes y a partir de la secuela pues de los discípulos, de los hombres que comenzaron a discutir estas ideas en el siglo XVII, como verdaderamente una emancipación total de la Edad Media, que dependía de Dios, de la vida eterna, del Infierno, del Cielo, del Purgatorio.

Dante queda relegado
El Infierno de Dante, el Purgatorio, la Divina Comedia, queda relegada a las reliquias de la humanidad, eso no tiene ya valor paradigmático esencial y permanente, Platón por supuesto lo mismo, Aristóteles lo mismo, toda la Antigüedad… no solamente la antigüedad clásica y el humanismo clásico griego y cristiano, sino todas la culturas humanas, habidas y existidas hasta ese momento quedan relegadas al pipote de la basura. El Taj Majal, entre otras, es muy bello, es muy bonito, pero todo lo que inspira, todo lo que lo mueve, todo lo que encarna, es un residuo. El hombre científico, la ciencia moderna, el espíritu del racionalismo científico reduce todas esas cosas a cultura general, a información básica, a humanidades en el sentido suave, “pajístico” (y perdonen la expresión) del término. Lo verdaderamente seguro y cierto, decisivo e importante es la ciencia, y es la nueva disciplina de la razón y es el culto a la razón matemática, a la razón pura, es decir la razón que se abstrae, que se separa radicalmente de las condiciones existenciales, morales y físicas, de su propia existencia, y que descubre dentro de sí una luz fundada en Dios, a quien descubre dentro de sí, y que asegura entonces la independencia radical del hombre de todo el pasado histórico espiritual de la humanidad, y prospecta la creación de un hombre nuevo. Un hombre nuevo racional. Racionalidad = Libertad. Libertad = (en este caso) Soberanía. Libertad = Poder y Dominio sobre la realidad. Libertad = Lógica = Legalidad = Sistema = Organización = Pragmatismo, Dominio, Organización y Desorganización, es decir, Ingeniería, si ustedes quieren en el sentido genérico del término. Todo esto ya se articula por supuesto.

La antigüedad borrada de un plumazo
Todo el universo medieval, todo el universo religioso de la Reforma, todas las preocupaciones, las luchas entre facciones religiosas, temas vinculados al dogma, a la tradición, a los clásicos, al humanismo clásico, todo el Renacimiento, prácticamente, queda liquidado de un plumazo, porque esta nueva racionalidad trasciende absolutamente, como un gigante, a la racionalidad, que por primera vez en la historia de la humanidad despuntó en Grecia. Entonces, Grecia tiene un valor simbólico, en Grecia aparece por primera vez con los grandes filósofos la inteligencia como un principio de orden, pero nunca fue esta mitología de la razón que crea la modernidad. La razón como algo absoluto, la razón como el nuevo Dios, como la fuente del nuevo hombre, de la nueva historia. Entonces, por supuesto, ya la humanidad en vez de ver hacia atrás y a las autoridades y hacia la tradición y hacia las raíces, se desarraiga radicalmente, rompe con todo esto, es más, se dedica a demoler, liquidar, destruir en el alma, en la mente, en la conciencia y en el espíritu del hombre europeo toda referencia al orden trascendente de la Edad Media y ahí es donde nace el mito de que la Edad media es una edad oscura, que es una edad de superstición, que es una edad de la infancia de la humanidad, que es el mundo de los curas y el autoritarismo y la prepotencia de la iglesia o de las iglesias o de las luchas dogmáticas y de la inquisición y de las cruzadas y de todo esto, y todo eso es una jerga y una política conscientemente llevada por los ilustrados y los racionalistas, cada vez con mayor radicalidad, para tratar de romper la raíz, el vínculo espiritual de Europa con el pasado histórico europeo, tanto religioso, como filosófico y cultural con los griegos.
La instancia paradigmática de eso es que en la nueva constitución europea, cuando se quiso incluir en el ella el nombre de Dios, o siquiera la referencia al cristianismo como la matriz a partir de la cual se creó Europa, fue rechazada. Toda referencia a una subordinación ontológica del hombre, a un principio increador, sabio, inteligente y dilectivo, queda rechazada. El hombre es dueño de sí, el hombre es el nuevo Dios, la humanidad es el nuevo Dios. El paradigma de esa proposición, o la posición paradigmática de esta posición es Augusto Comte y el positivismo de Augusto Comte, que domina la historia moderna. Nos veremos el próximo domingo, si Dios quiere. Hasta luego.

Notas:
(1) Al parecer hay una confusión con el uso de la fórmula “solución de continuidad”, porque precisamente lo que existe a raíz de las novedades, de la irrupción súbita de lo nuevo, es una solución de continuidad, precisamente una ruptura con el pasado. No es pues el sentido de lo que llevaba dicho el profesor Rivero.

(2) Durante años se gestó la llamada “leyenda urbana” de que Disney, pocos minutos antes de morir, había sido criogenizado. Su cuerpo supuestamente fue introducido cuando aún estaba vivo en una cámara y fue congelado a bajas temperaturas para que cuando la ciencia avanzara pudiera ser resucitado y sanar su pulmón enfermo. Esta historia cobró una relevancia enorme en todo el mundo, tomándose a Disney como ejemplo de que las criogenizaciones sí que tenían razón de ser. Sin embargo, esto es completamente falso y sus restos reposan en California desde hace más de cuarenta años.