Por
César Seco

Elias David Curiel

Amigos:

Terminamos la Bienal y ahora descansamos en Adícora. Sentimos la enorme satisfacción de haberlo hecho. La Bienal alcanzó eso que vislumbramos desde un principio: la maravilla, el milagro. La vida nuestra es así, vivimos de hechos mágicos. Nos hemos encontrado con mucha gente que nos ha traído respeto y asombro siempre, como este Leopoldo Teuco Castilla que nos acompañó los tres días y se vino para acá para que conversáramos del nombre de Coro, de Ibrahin López García y el giróscopo, del ordeñador de nubes, para que le dijeramos quien era nuestro adelantado de Cabure, y para que dejaramos en su oído el caracol nervioso de nuesta palabra y mentaramos nuevamente a Álvarez, el que abrió la puerta. Se notó ya la ausencia de Hugo, de Lydda, de los muchos amigos que se han mudado al otro lado.

La bienal nos trajo gozo por ver a la luz las sendas Antologías poéticas del homenajeado poeta Paúl González Palencia y de Celsa, mi hermana; escuchar la resurrección de Marbella con un poema angélico que nos dejó sembrados el día que leyeron las mujeres, la noche del viernes en la Casa de la Poesía. En la apertura el poeta Miranda nos dejó lustre en el ojo y torbellino en el oído con sus palabras ebriamente deliciosas para nombrar al amigo, el mismo Paúl que sirvió su poema Gato y fue breve su agradecimiento en nombre de una generación, la del 13 Negro.

La visita que los poetas hicieron a las comunudidades se cumplió en un 70 % de lo estimado, no obstante quienes regresaron de la hermosa experiencia de compartir con el pueblo el poder transformador de la palabra, los que tuvieron el hado de sembrar un árbol en cada pueblo vinieron maravillados de que ello ocurriera, ahora que el planeta lo urge. Los que fueron a la Sierra traían el mismo lustre del encanto, de la belleza, que las gentes de allá arriba expresan en sus modos de ser y vivir en la montaña, muchos decían que verlo en la gente era una firme convicción de estar haciendo patria y ya no se les olvidará el nombre de José Leonardo Chirinos.

Un pertinaz aguacero como el que cae en el Soneto Barbaro de Elías David Curiel presidio la incidencia. La recepción fue un poco acelerada porque comenzaron a llegar los poetas de varias partes y la lista de invitados era rebazada por los muchos que quisieron venir, incluso los que no habían confirmado. Lamentamos la ausencia de Amparo Osorio por motivos de salud y la de Floriano Martins por un error en el vuelo. Leopoldo Teuco Castilla llegó de Saltá, solar, entrañable, Reynaldo García Blanco, llego con su bien llevada modestia, y su palabra de cumplir, como ocurrió la noche del recital con reconocidos poetas venezolanos. No nos dejaron mal Teuco y Reynaldo y tampoco nuestros poetas. Interesante lo que se discutió en las mesas de trabajo. La obra de Elías David Curiel extrajo de los ponentes nuevas visiones, nuevos arrojos para la crítica, lo que significa que es aun una poesía viva la del bardo de la calle Garcés. La luz del claroscuro en Curiel fue develada por Arsenia Melo y su concurrencia a los paraísos fue articulada sabiamente por Ennio Gimenez Emán. Particularmente me llamó la atención la ponencia-diálogo de Rafael Alfonzo titulada Los Conjurados una visión de la poesia falconiana, a través del descubrimiento de sus poetas, de su firme pertenencia a una territoriedad única, la de la tierra solar de los cardones, el verso del mismo Elías David que invoqué en la apertura cuando los presentes me pidieron que hablara, y sólo di la bienvenida. Gonzalo Ramirez indagó en esa misticidad otra subyacente en la poesía de Pereira, esa misticidad militante. Mientras Carlos Brito señaló caminos para abordar la modernidad en la poesía venezolana. En tanto que Ramón Ordáz hizo revisión crítica de la poesía que tiene que ver con la explotación petrolera. Capítulo aparte la confrontación que causó una alusión de Diego Sequera que cayó como dinamita en el preludio de la lectura de los jóvenes, fue bueno después de todo que se diera una discusión y el maestro Enrique Arenas puso orden en la casa. La nueva poesía que está emergiendo apenas dejó claro hacia donde se dirige, el encuentro de nuevos lenguajes, y respiración distinta a los epígonos.

Nos sentimos contentos y agradecemos a todo el país de la palabra que nos acompañó. Gracias infinitamente a todos los que participaron. Gracias a todos, amigos.

César

Ver:
Texto dedicado a César Seco, sobre la poesía de Curiel
César Seco en el XIX Festival de Poesía de Medellín
El gesto de recordar
Novalis "está a ojos abiertos al suceder del cielo"