Ver:
Sin Contemplaciones (1)
Sin Contemplaciones (2)
Sin contemplaciones (3)

Trascripción del programa
SIN CONTEMPLACIONES
Con el filósofo Francisco Rivero
Trasmitido por VTV
El domingo 27 de julio a la 10:00 pm.
http://www.vtv.gob.ve/detalle.php?id=1977&s=6

¡Massacre_saint_barthelemy


I

Buenas noches, bienvenidos a este programa “Sin Contemplaciones”, por donde voy a continuar el desarrollo de las ideas que definen, a grandes rasgos, simplificando en muchas cosas, la antropología o la comprensión de la realidad que nace de la Reforma Protestante, de las posiciones de sus fundadores, notablemente Lutero y Calvino. Entonces, una de las ideas que desarrollamos en el programa anterior fue que la comprensión de la naturaleza, de la naturaleza humana y por supuesto de la Creación entera, dado que el hombre es el pináculo, el culmen, la consumación de la Creación divina, es de que el pecado de Adán y Eva pervirtió absolutamente al hombre y con él a todo el orden creado, y por consiguiente no hay nada en él que amerite, justifique, demande en el sentido moral reconocimiento, valoración, aprecio, amor, consideración, de ninguna índole. Todo el orden natural queda descalificado ante Dios y queda convertido en la antítesis de Dios, en el mal, Dios es el bien, el mundo y el hombre son el mal. Esta es la condición de la visión de la realidad que nace de la comprensión luterana del pecado de Adán y Eva.

El signo del mal
El ser está dividido, por consiguiente está alienado, está dividido, está roto, está quebrado, resquebrajado y enfrentado, no solamente hay una quiebra, hay una confrontación radical porque el mundo es vida, acción, desenvolvimiento, proceso, historia, naturaleza, etc., y el hombre actúa obviamente porque vivir es actuar. Sin embargo todo lo que el hombre hace en el fondo es portador del signo del mal, el signo del pecado, el signo de la rebelión contra Dios, y nada tiene valor esencial. Esto descalifica por supuesto la vida de la inteligencia, la vida de la libertad, la comunidad, el derecho, el arte, la creación intelectual en todos los órdenes, la ciencia, el Renacimiento, todo esto es visto por los reformadores como algo deleznable, como algo que de algún modo engaña al hombre, distrae al hombre de la verdadera conciencia, que es la conciencia de este drama, de esta división dentro del cual él es por decirlo así el crucificado, el dividido por excelencia.

Dios juez
Esta visión que desarrollamos de algún modo erige a Dios inevitablemente en un juez de todo lo que existe, no en un Padre amante, no en un Redentor amante, sino en un Juez, que no tiene ni le debe ni le reclama ni le exige, ni le demanda nada a la Creación, porque ya la Creación es condenación, ya ha sido juzgada, ya ha sido rechazada, y es perdición en su totalidad, de ahí que la única posibilidad es que Dios no es que reforme o redima, sino que la redención toma la forma de una recreación radical, del hombre por supuesto, y del orden natural entero. Esto tiene una serie de consecuencias prácticas, digamos, en el orden político, en el orden ético, en el orden moral, en el orden intelectual, y vamos a tratar de dilucidar algunas de ellas en este programa concretamente.

Revolución moderna: liquidación del mundo
Me perdonan si utiliza una guía que he traído aquí para no perder ningún punto que a mi juicio es importante para la clarificación de este planteamiento y de esta visión de la realidad que está tan cercana al espíritu y que determina de manera tan esencial el carácter radical de la revolución moderna. La revolución moderna como les dije al principio del programa anterior, no se trata de una reforma parcial, se trata de una reforma total, de una reforma radical, se trata de someter a la creación entera a una reconstitución absoluta; en este caso no será la acción divina porque ya viviremos en un tiempo posterior -los siglos XVIII, ya el XIX, son siglos que parten ya del ateísmo-. Pero la condición de alienación, de pérdida, de vacío, de inanidad, de disolución, de dispersión de la existencia, ya han sido absorbidas por la cultura occidental como un hecho efectivo, como si las cosas fueran esencialmente así, y el mundo fuera este pozo de perdición que de algún modo está supuesto, articulado, al punto de vista de la Reforma protestante. Entonces de lo que trata será de la liquidación del mundo tal y como existe. El mundo tal y como existe no es salvable, no es recuperable en ningún sentido esencial, tiene que ser subvertido, pero subvertido de cabo a rabo, absoluta y radicalmente.

El mal no puede curar al mal
Se trata, la revolución moderna, de la reconstitución radical, la refundación radical del orden de las cosas. No en virtud tampoco del hombre, porque el hombre sigue estando afectado, igualito que en el concepto luterano y calvinista, por el mal, entonces difícilmente el mal puede curar al mal, el hombre es parte de esta infección. Sin embargo, el hombre puede tomar conciencia de la situación como lo hace Lutero en este caso, y esta conciencia ya le hace y le da por decirlo así una guía, un indicio de que esta situación no es fatal ni es final, de que esta situación será de algún modo transformada y superada. La superación derivará a través de un proceso interno a la historia, no ya el Dios que domina al mundo sino que es la historia misma que se revela ser ese dios o ese ser dividido, por consiguiente a Dios se le incluye ahora y se le incluirá en la división, en la alienación, en la confrontación, y en el mal mismo. Y precisamente el proceso de la historia es el proceso de la auto-redención de Dios que sería la historia, que sería la humanidad.

«Un Vietnam, dos Vietnam, tres Vietnam»
Pero en todo caso, el racionalismo es el otro elemento que proveerá las coordenadas y los criterios para esta tarea. Pero la tarea sigue siendo esencialmente la misma que la Reforma plantea. El mundo tiene que ser recreado de cabo a rabo. No hay nada que se salve, por consiguiente la revolución es total o no hay revolución, y por consiguiente el revolucionario se debe a la guerra perpetua. Cuando el Che Guevara habla de «un Vietnam, dos Vietnam, tres Vietnam» está encarnando esa concepción de la realidad. Se trata no de la revolución en Venezuela, de la revolución en Bolivia, o la revolución en Namibia, o la revolución en la Unión Soviética, el proyecto occidental es universal, la modernidad asume esa universalidad que viene de los griegos y del cristianismo y la traduce en términos políticos, sociales y filosóficos derivados de la fuentes modernas de la Reforma y del racionalismo, y convertirá de algún modo a la humanidad en protagonista de su propia redención.

El hombre nuevo
El hombre es el ser que se puede redimir a sí mismo y que se debe redimir a sí mismo, sin embargo el proceso de esa redención no está en manos en modo terminante en el hombre, porque el hombre mismo está afectado, el guerrero, el que se enfrenta, el líder es el que está poseído de la fórmula de esa redención, de la dirección general de esa redención, entonces asume la pasión de ese proceso y entrega su existencia a la vida de la revolución, que sería la vida y el destino de nuevo, de un hombre recuperado y restaurado en su integridad, unidad y armonía originaria, pero no por virtud de Dios sino por virtud del sistema, sea el sistema la dialéctica de Hegel o la dialéctica del materialismo dialéctico, dirigida y liderada y apuntada y de algún modo enseñada y articulada por el Partido Comunista en este caso; sea otra dialéctica, que es la dialéctica de la naturaleza y de la sociedad que a través de la «mano invisible» del mercado, pero siempre a través de un agente externo al hombre, de un agente que no es idéntico al hombre aunque el hombre en su actuar y en su hacer es el que de algún modo hace posible que se manifieste, pero siempre, es una dialéctica que comprende a toda la humanidad, que persigue englobar a toda la humanidad y que toda la humanidad tiene que ser incorporada a ese proyecto para asegurar –o a ese proceso, o a esa ley- para asegurar, su felicidad eventual, su integridad originaria, su reconciliación final y la apertura de una nueva historia y de una nueva humanidad.

Filosofía catastrofista
En todo caso, volviendo… -estoy adelantado aquí aspectos de lo que se tratará bajo el signo de las fuentes racionalistas de la revolución moderna, estoy adelantando… entonces quería volver otra vez a ciertas implicaciones ínsitas en la visión y en la antropología catastrofista de Martín Lutero y de Juan Calvino. Entre otras cosas, la salvación del hombre de esta dependencia absoluta es efectuada por Dios. No hay nada que el hombre pueda hacer, no hay obra que pueda acercar al hombre mínimamente a una restauración de su dignidad y por consiguiente una proximidad con las intenciones, con la mente, con el espíritu y con el diseño de su creador. El hombre está condenado, el hombre es caída, pero el hombre salvado es el hombre elegido por Dios, es la elección de Dios [la] que lo separa y le anuncia y le ofrece la esperanza de una vida restaurada, de una integridad recuperada y de la vida eterna, en última instancia. Dios lo salva, pero esa salvación no penetra en el hombre, no lo transforma interiormente, no lo saca del mal, el hombre sigue siendo esa perversidad originaria debida al pecado. No lo cambia, sino que lo aísla y lo separa de los demás. Entonces la salvación es algo que separa al hombre, que aísla al hombre de los demás y que lo constituye como el germen, la esperanza, la expectativa, la promesa de una nueva humanidad, pero lo separa del resto de la humanidad.

Dos humanidades
De modo que entonces hay dos humanidades, una condenada, una que es ya la condena, la caída, el infierno, el mal, el pecado, y otra que de algún modo sigue siendo perversa, pero la elección de Dios la separa de ese lote y le asigna una esperanza, un destino, que Él asegurará a través de su decisión y de su poder. Entonces, hay dos humanidades esencialmente, una ya en principio salvada, y otra condenada. Ahora bien, el rechazo de semejante arbitrariedad, como hablamos ya en la sesión pasada, contra un Dios que es sólo poder y cuya arbitrariedad es la que decide quien se salva y quien no, dentro de un marco así, la libertad, la dignidad del hombre y la humanidad se configurarán como rechazo de Dios, y como rechazo de Dios que no es solamente ateísmo, todo este universo de Dios hay que desecharlo y halar la cuerda, por decirlo así, es basura, es más basura, el hombre natural es el hombre auténtico. Estaremos hablando de Rousseau, estaremos hablando de los Ilustrados, del espíritu optimista del racionalismo, pero esto no ha llegado aún, sino que hay una manera más profunda aún de rebelarse contra este poder de Dios que exige como contraparte la sumisión y la abyección; por consiguiente, del espíritu, de la mente, la libertad, la dignidad y la persona humana, entonces ser libre es profanar la propia existencia que deriva de Dios y que se funda en Dios.

Dostoievski
Esta profanación se manifiesta de muchas maneras, uno de los grandes visionarios, uno de los grandes espíritus que penetra este drama de la modernidad, quizá como ningún otro en el mundo moderno, es Dostoievski, el gran novelista ruso. Si usted quiere entender el drama de la existencia histórica, espiritual, moral del hombre moderno léase El Idiota, léase Los hermanos Karamasov, léase las novelas Los Poseídos o Los endemoniados, de Dostoievski. No hay pensador a mi juicio que haya comprendido… –y él no era un filósofo, él era un gran artista, un novelista, un místico, un… infinito ser humano, lleno de sensibilidad, vivió la dramaticidad de esta circunstancia, de esta condición hasta el fondo, hasta el alma, y la lectura de este hombre es parte esencial de la educación de cualquier actor responsable, político, jurídico, social, económico, del mundo moderno.
Recontinuaremos y retomaremos este tema en cuanto volvamos en un momento.

II
Auto-ptofanación del ser
Volviendo al tema anterior, la rebelión, la resistencia, el rechazo de la visión denigradora de la condición y de la naturaleza humana que propone la Reforma protestante, toma muchas veces la forma no sólo del ateísmo que sería lo obvio, sino más sutilmente de la auto-profanación del propio ser. Esta auto-profanación asume caracteres dramáticos en el mundo actual, y la raíz última de esta actitud está enraizada en el desarrollo y en la siembra de esta violación del hombre que, de algún modo, una de cuyas fuentes es esta antropología filosófica.

El bien es el mal
Por ejemplo, me refiero a la intencional, deliberada reducción del bien al mal. Si no hay bien y todo es mal el mal es el bien. Si no hay verdad y todo es mentira la mentira es la verdad. Si no hay inocencia y todo es pecado y mal, la perversión es la inocencia. Si no hay justicia y todo es injusticia y daño y violencia y mala voluntad, entonces el crimen es la justicia. Y hay que vivir esto, no solamente de un modo teórico sino prácticamente. Yo tengo derecho a matar, dice Raskolnikof en Crimen y castigo, del gran Dostoievski, del que hablábamos, por ejemplo. Entonces, la superación de esta mentalidad «no solamente que puedo matar, debo matar, tengo derecho a matar para asegurar mi libertad, mi bien, mi futuro, mi destino», «no hay Dios, luego todo está permitido», no hay punto de referencia, y el hombre verdadero es el que afirma su propio interés por encima de cualquier consideración ética, moral, espiritual o social, y ese es el verdadero hombre.

La locura la razón
El bárbaro, la locura es la racionalidad, entonces por ejemplo, los matrimonios homosexuales, ¿qué es? Es un rechazo de la naturaleza y del orden natural, es una afirmación de la propia voluntad contra el orden natural. El orden natural es hombre y mujer, la integración del hombre y la mujer, la comunión del hombre y la mujer, mucho más allá del tema biológico, la compenetración espiritual en el matrimonio, en la amistad, en la lucha moral, en el compañerismo, en el respeto mutuo, en el gozo, en la diferencia. No, no hay diferencia, yo me puedo casar con tres hombres si me da la gana, es más, rompo el modelo de un hombre con un hombre porque eso es un residuo de la Biblia y del Nuevo Testamento, entonces por qué no tres hombres o cuatro hombres, porque no un hombre con su animal, con su loro, o con su cabra o con su chivo, con su burro, o con su perro, si le da la gana. Por qué no una mujer con un gorila, si le da la gana. Libertad es romper toda referencia objetiva, porque no hay en el orden natural bien, verdad, sustancia, dirección, fin, por consiguiente ejerzo esta libertad y el Estado civilizado moderno, democrático, desarrollado, concede esta locura y esta estupidez y equivale y equilibra y equipara el matrimonio de un hombre y una mujer con el matrimonio de cuatro hombres, o de dos hombres, o de dos mujeres, o de tres mujeres. Las monjas quieren ser lesbianas y seguir siendo monjas, las monjas quieren ser lesbianas y seguir la vida religiosa, y seguir vistiendo el hábito, y que el Papa bendiga esa estupidez, por no decir esa degeneración, esa degradación. No hay esencias, al no haber esencias todo es dato, todo es hecho, todo es casualidad, todo es momento, todo es circunstancia, todo es inclinación, no hay vínculos posibles, esenciales, que obliguen, que comprometan, no hay adhesión, no hay lealtad, no hay fe, no hay compromiso, no hay pueblo, no hay destino, no hay democracia, no hay Estado, no hay nada.

La nada la verdad
La nada es la verdad, vivamos entonces la nada hasta el fondo como una expresión de autenticidad; ese es el espíritu de la modernidad, este nihilismo degradante, disociante, vaciante de toda sustancia humana efectiva, es el dogma en el marco de referencia en el cual se define el derecho, la educación, la política, la guerra, todo, y esto es el punto de referencia para la humanidad entera, esta disolución espiritual de occidente resulta que se erige como si fuera la norma, el fin, el baremo y el sentido de la historia universal entera, y la apertura hacia una nueva humanidad. Esta estupidez, esta degradación moral está enraizada sin embargo, en estos principios de la Reforma y de la antropología, y en la imposibilidad y la negación radical de que existe un orden natural. Existe la naturaleza humana, y con o sin Dios el hombre se debe a su dignidad, a su vida, a su mente, a su libertad, a la libertad, porque no es mi libertad, mi libertad no puede existir sin la tuya, ni mi derecho sin el tuyo, ni mi dignidad sin la tuya, y esta es la esencia de la civilización y la cultura en occidente. ¿Y de dónde viene esto? De los griegos y de la Biblia y no se rechazan mutuamente, se complementan, se afirman, se reconfirman, se potencian mutuamente.
Otra cosa, matrimonios entonces homosexuales, un indicio claro de una caída espiritual. Seguimos en el mundo de Lutero, desde ese punto de vista. Por supuesto que Lutero hubiera visto esto como una enormidad, porque bien o mal era un cristiano y seguía siéndolo.

Sin límite
Otra cosa: la experimentación sin límite. Hay que experimentarlo todo, vivirlo todo, probarlo todo, nada más no porque seas homosexual sino porque vamos a ver como es, eso es libertad, es decir la auto-profanación del propio ser, el rechazo de toda inclinación íntima, de toda sensatez, de toda razón, de toda verdad, de toda exigencia moral, eso es libertad, eso hay que hacerlo para liberarse.
Otra: no solamente la experimentación en el orden de la genética y en el orden de la biología, sino también en el orden moral: vamos a experimentar con el vicio, vamos a experimentar con la mentira y el engaño y la manipulación, vamos a experimentar con el crimen, con la perversión, vamos a probar, liberémonos, no hay, no hay normas, la realidad es la nada y el vacío, la realidad natural.
El derecho como poder: tengo derecho a... Resulta que los niños en Cataluña, niños, carricitos de diez años, de once años, y menores aún, en una manifestación seguramente que aplaudida por un montón de necios, por no decir la palabra que se usa en España que es muy vulgar para decir la estupidez, reclaman la seguridad social del Estado ahora para poderla disfrutar ahora, antes de haber cumplido los cincuenta años o los sesenta o los que sea, y este tipo de cosas es noticia y conmueve a la sociedad entera, Europea, no estamos hablando de Namibia, ni de Zimbawe, ni de África del Sur.
Otra: las drogas. Bueno, no hay manera…, es decir, la negación, el rechazo de toda integridad física son las drogas. La cirugía plástica, vamos a ver cómo me veo con la nariz que me la quito de aquí y me la pongo acá y la oreja me la mudo para acá a ver cómo queda, y la cabeza me la volteo para allá nada más que porque la cirugía lo puede hacer me lo hago a ver cómo es, o sea, se desfigura el cuerpo humano a voluntad y a conciencia. Eso supuestamente es la libertad, es arte, es progreso, es posmodernismo o hipermodernismo, y hay periódicos y libros que se escriben sobre esa soberana estupidez.
Otra, por ejemplo, la de RCTV: tengo derecho a pasar lo que me da la gana por televisión y tú tienes derecho a pasar el canal, es decir, aquí nada nos compromete ni nos obliga con nada, o sea, a mí me da la gana de sacar a mi abuela pudriéndose después de tres meses de muerta para ver cómo es, por televisión para que la vea la humanidad porque soy dueño de un canal, y tengo derecho a hacerlo; es decir, debo poder hacerlo, porque el derecho y el poder se identifican, a mayor poder hacer, mayor derecho y mayor libertad. ¿Desde cuándo el derecho y el poder se identifican? ¿Desde cuándo? ¿Qué sociedad se puede fundar en esos términos? ¿Qué sentido tiene eso?

Dignidad
king
Otra: la señora esta colombiana(1) que tiene un programa en las noches los domingos creo que es, o los sábados por la noche por el canal diez, resulta que dice que los negros son flojos, es decir, cualquier estupidez se puede soltar así y nadie dice nada, y los dueños de los canales en vez de ponerle la misma señal que me ponen a mí en televisión, que mis opiniones son sólo mías y que el canal no se responsabiliza, ahí no aparece nada, ahí no aparece absolutamente nada y entonces, por ejemplo, dígale eso señora –no me acuerdo cómo se llama- dígaselo a Mandela, a ver qué le contesta pues, a ver si usted le llega por los tobillos a Mandela, cuarenta años o treinta años metido en una cárcel a razón de la libertad y la dignidad del negro sudafricano en su propia tierra, dígaselo a Martin Luther King, dígaselo, pregónelo, los negros son flojos y no sirven para nada, somos los blancos, catires, rubios, de ojos azules, y de origen y genes holandeses o ingleses o franceses o los que sean, pero blan-qui-tos, los que valemos y servimos y damos frutos en la historia y representamos a la humanidad. Dígaselo a la señora, a esa que no recuerdo como se llama (2), que se sentó en aquel autobús, en el sur de los Estados Unidos y dijo que ella no pasaba para atrás que era la zona de los negros, y eso desató todo el movimiento de los derechos civiles en el sur de los Estados Unidos en los años 60 que culminó con Martin Luther King.
parks
Dígaselo a ella, creo que era una costurera, una simple señora, simple, del pueblo llano americano, del sur de los Estados Unidos, negra. ¡«No me levanto»!. Dígaselo a la infinita cantidad de mujeres venezolanas, entre otras, dígaselo a Mercedes Benítez, la cocinera de mi casa durante cuarenta años, dígaselo a sus hijas, que era analfabeta, que no sabía leer ni escribir, que nunca se casó por la iglesia, y sin embargo era un ser lleno de dignidad, de valor, de humildad, de conciencia, de sensibilidad, de grandeza, dígaselo a la señora esa que aparece en un programa del canal 5, que no me acuerdo cual es, mujeres con Chávez o mujeres con la revolución, yo he hablado de ellas, hablé de ella en el programa de La Hojilla, es una negra que aparece, no me acuerdo de su nombre, señora, pero cada vez que me acuerdo de usted me inclino ante usted, una señora que vivía seguro en un rancho, se le veía, en una zona marginal, una mujer de una edad indefinida, a lo mejor tenía 30 años pero parecía de 45 porque vive en una situación de indefensión, de necesidad, de angustia, y sin embargo, vive con una dignidad de la que carecemos los que vivimos en las urbanizaciones de Caracas, que no vemos más allá de nuestra urbanización y de nuestro club y de nuestro carnés y de nuestros viajes al exterior y de nuestro bienestar, y esa mujer dijo «yo voto por Chávez porque Chávez entiende mi situación, sabe porque la ha vivido y porque viene de esa misma condición, lo que es la necesidad para él no es una teoría sociológica o económica». Sin embargo, dice –y aquí es donde está la grandeza de esta mujer- «yo sé que los ricos también lloran», es decir que ella no se consideraba superior, ni inferior a ningún hombre, y no por esa condición en que ella vivía odiaba ni se sentía resentida ni estaba dispuesta a echar en el basurero al hombre nada más que porque es rico.

«Honor al vencido, gloria al vencedor»

Usted puede ser rico y ser un cretino redomado, y usted puede ser un rico y ser un hombre probo, íntegro hombre. Entonces la riqueza o menos de un hombre puede variar en la historia, en la circunstancia, en los momentos, no se puede juzgar nada más a un hombre por signos externos, el hombre es más que la exterioridad de su vida, y hasta que no se muere y se encuentra cara a Dios Él lo juzga, eso no quiere decir que uno no pueda ver el daño que un hombre hace y enfrentarlo. Como dijo el Mariscal Sucre, «Honor al vencido, gloria al vencedor», el vencido tampoco es una cosa que está allí y de la cual yo dispongo como me da la gana, entonces ese sentido de la comunidad, del valor de lo humano, eso es lo que se ha perdido en Occidente, y una de las fuentes de esa pérdida es la antropología de la Reforma protestante.

Tenemos que recuperar el sentido de lo universal y humano
Y esto no quiere decir que yo con esto quiera denigrar al protestantismo como un todo, hay cosas maravillosas en el protestantismo, hay reivindicaciones absolutamente justas y válidas y necesarias, hay vida espiritual, hay vida mística, hay vida de grandeza, hay el sentido de la soberanía de Dios, de la irreductibilidad de Dios a las fuerzas del mundo, de que Dios no se compra y se vende con indulgencias, que eso era otra de las degradaciones de la religión en la Edad media, degradación católica en este caso, mediocridad absoluta. Entonces, de eso es de lo que se trata, tenemos que recuperar el sentido universal y humano y el valor del bolivarianismo está en esencia en eso, [en] la recuperación de nuestra propia historia, de nuestras propias raíces, no hay humanidad ni destino ni nación, sin raíces, sin conciencia histórica, sin sentido de pertenencia. Entonces, esto es importantísimo, esto no lo ve la oposición que se agota nada más en elecciones y en formalismos democráticos. No es que la democracia no tenga valor, claro que lo tiene, ni que las elecciones no lo tengan, claro que lo tienen, pero estoy reivindicando lo sustantivo, se puede vivir en un orden monárquico con dignidad y con bien, la monarquía per se no es el mal, es el mal cuando se degrada y se convierte en absolutismo y privilegio y en necedad y en cortesanía, pero eso existe en cualquier régimen, ¿o es que aquí no había cortesanos?, ¿qué eran “los doce apóstoles”?(3)

Sentido común
Entonces, esto es parte del asunto, hay que comprender las fuentes del occidente y de la crisis occidental a fondo. No es nada más una pequeña diatriba, unos viven en quintas y los otros en ranchos, eso es importantísimo, porque el hecho de que eso se permita indica una crisis profunda, moral, no de los que viven en los ranchos sino de los que viven en las quintas, señores, es sentido común. ¡Ah no! ¡Eso no es verdad! ¡Eso no es así! Bueno, no hay manera de demostrar que eso es así, eso se ve o no se ve y ese ver lo juzga, y lo ubica moralmente como hombre o como sombra. Entonces, con esto no se discute, que va a perder tiempo discutiendo una persona que piensa así, eso ya es la enfermedad espiritual y moral del tiempo en que vivimos. Volviendo atrás, vamos a ir una pausa un momento y retomamos otra vez la problemática original que estábamos desarrollando en este segmento. Gracias.

III
La salvación no humaniza

Retomando la problemática de la antropología luterana y de la concepción de la relación del hombre con una naturaleza, que se ha convertido en perversión, en negación del mismo Dios. La salvación de Dios no transforma al hombre, no lo humaniza, lo separa, lo aísla, eres un elegido, pero no eres aún el hombre redimido, la redención vendrá con la re-creación del mundo y el Juicio Final. La salvación por consiguiente, es extrínseca al hombre, extrínseca, no depende de él, seguimos siendo y seguiremos siendo pecado y mal, depende de Dios y sólo de Dios, o en los términos de los tiempos racionalistas posteriores a la Reforma, depende sólo, y dependerá sólo, de la dialéctica del espíritu, o del materialismo dialéctico, según se sea un idealista hegeliano o un marxista. O depende de la libertad del mercado y su “mano invisible”, en todo caso, no depende del hombre, porque el hombre no es eficaz en orden al bien, en orden al sentido, en orden a la libertad, en orden a la comunidad, al orden, a la humanidad, el hombre es impotente con respecto a sí mismo. Entonces, el hombre depende de una lógica independiente y superior a él, que usa y dirige a la humanidad y a la historia, en orden a su propia realización y perfección. El Dios de Lutero está más allá de la razón y es por esto un Dios arbitrario, el poder absoluto lo define, trasciende la verdad y por consiguiente trasciende al bien, y porque trasciende al bien trasciende al derecho y a la justicia, trasciende al ser y al no ser, trasciende por consiguiente a la mente, a la inteligencia, a la conciencia y al espíritu. Ante un tal poder absoluto y nihilista, y la indefensión del hombre que de él se deriva, la condición y la abyección del hombre es absoluta, por consiguiente la sumisión y negación absoluta y fútil, o la rebelión ateísta y nihilista absoluta son inevitables, y todo el relato este anterior de la auto-profanación de la conciencia y de la vida como expresión de rebelión, de libertad y de nuevo humanismo.

El hombre sin centro
Ahí está enraizada, no hay nada nuevo en lo que está pasando hoy, eso ya se vivió a corto plazo en la Reforma. En ambos casos el sinsentido y por lo tanto la arbitrariedad y la opresión espiritual y moral son nuestro destino. La fe que nos salva en este contexto es un acto puro de desesperación, no tiene fundamento, no hay manera de asirla, no hay manera de justificárnosla, es una toma de conciencia, que nos sustrae de la responsabilidad personal moral a nuestro nivel, pero el costo de eso es abandonarnos en manos de un poder arbitrario, de una fatalidad y de un destino, llámese Dios o llámese el Destino, o llámese la suerte, o llámese la dialéctica de la historia, o llámese el proceso y el progreso de la globalización y del mercado, en todo caso el hombre deja de tener un centro propio, puntos de referencia autónomos, autosuficientes, definidos, claros, humanos, que le hacen posible asumir las grandes tareas de la existencia, vivirlas hasta el fondo: dignidad, gloria, grandeza, heroísmo, destino, solidaridad, rebelión, sacrificio si es necesario. Nada tiene ya valor, ni patria, ni bien, ni matrimonio, ni amor; no es un mundo de amor ni puede haberlo; donde todo es desolación, vacío, sin sentido, entonces la necesidad de seguridad en tal situación, la indefensión tan radical hace que nos aferremos a cualquier fórmula de salvación.

El Partido es mi conciencia
En el caso de la época Luterana, en la iglesia, en la que comparten la misma mentalidad, la misma ansiedad, la misma angustia, la misma inseguridad fundante, es decir, en la congregaciones, en las sectas, en la comunidad de creyentes, en las que me apoyo y sostengo, más tarde será el Partido, el Partido es mi conciencia porque yo no puedo tener conciencia, entonces él de algún modo es el que va a asegurar y el que de algún modo me garantizará que hay un sentido a mi vida, pero yo yo yo, como tal yo, sin apoyo de este tipo no existo ni sirvo ni represento ni soy. ¿Qué cuestión es esa? Entonces, la congregación es el único anclaje humano, la cuerda sobre el abismo de la claudicación y de la perdición en que efectivamente vivo, debido a esa negación del valor del hombre. Cada congregación es una ciudad amurallada, es un ghetto, que busca someter a los demás, que se enfrenta a los demás, porque los demás la amenazan, en sus reclamos, en su afirmación de universalidad, en su afirmación de centro.

Un monolito

Hay infinitos centros, ya no hay centro, entonces la guerra entre ellos es feroz, porque lo que está en juego es una ansiedad espiritual terrible, un desfondamiento metafísico, ya no se trata de un territorio, de un príncipe, de una princesa, de una mina de oro o el petróleo, eso no es nada comparado con lo que se desató entre las facciones de la Reforma. Entonces, estas guerras de religión son ferocidad pura, porque sin un centro el hombre se hunde en la nada, y se resiste absolutamente a hundirse, el ancla último es la iglesia, la fe protestante, o el puritanismo, entonces la inquisición, la delación, el espionaje, son inevitables en un contexto así. Tú no puede aceptar ninguna fisura por ningún lado, tiene que ser monolítico, tiene que ser unitario, tiene que ser absoluto, es dogmático de entrada, el que duda está afuera, traiciona; el que vacila, mata, ya, vulnera. Entonces, la pureza absoluta de creencia y observación es condición esencial de la salvación. ¿Quién puede decir yo soy puro absolutamente? Nadie. Por consiguiente el hombre proyecta esa necesidad, esa ansia, esa urgencia, de lo absoluto y busca en los demás la falla, constantemente, es un inquisidor mandado a hacer, del hombre contra el hombre, en nombre de la humanidad, la nueva humanidad, o la fe o Dios. Figúrense ustedes este espíritu como expresión de fe y de cristianismo: tengo que sacrificar el rasgo más mínimo de humanidad, de debilidad, de necesidad, de dependencia, tengo que ser un monolito siempre, la guerra por consiguiente, la confrontación con la naturaleza y con la disidencia religiosa ha de ser absoluta.

La guerra permanente
La guerra exige un estado de ánimo permanentemente en alerta, permanentemente en movilización, nadie se puede relajar en la vida, porque la vida es el mal, la naturaleza es la perversión, entonces el hombre, el cristiano auténtico está en pie de guerra siempre, armado siempre hasta los dientes, siempre dispuesto a… siempre. Familia, vida, obligación, conciencia, objeción, todo eso pasa al traste. Camus, cuando recibe el premio Nóbel, Alberto Camus, se acuerdan que hemos hablado de El hombre rebelde, y perdonen que ande viendo por aquí y por allá, me concentro en este punto… Camus el autor de El hombre rebelde que les recomendé, cuando iba a recibir el premio Nóbel de Literatura en Suecia tuvo una reunión con estudiantes muchos de ellos izquierdistas en ese momento, y una de las preguntas que le hicieron fue, si usted supiera que en un tranvía que lleva una bomba necesaria para un atentado contra el enemigo de clase o el enemigo político, va su madre también, ¿usted qué haría, a quién escogería?, ¿a su madre o a la revolución?, y él contestó, a mi madre. Porque el hombre es, y tiene valor, el valor del hombre no está más allá de la humanidad concreta de cada uno de nosotros, estamos llamados todos, nuestra salvación es imposible si no asumimos nuestra propia humanidad.

Dios nos quiere para vivir
¿Qué es lo que Dios quiere?, ¿que estemos metidos en la iglesia todo el día rezando rosarios o comulgando o confesándonos o adorando al Santísimo Sacramento? No. ¿Para qué nos creó?, ¿para estar metidos en la iglesia todo el día? No. ¡Para vivir, para vivir! Y vivir es ser hombres, no es vivir como nos dé la gana, no es vivir de espaldas al otro, no es vivir manipulando al otro, no es degradándonos, ni degradando ni degradar, no es relativizando todo en nombre de ninguna ideología, hay que tener el valor, la intuición de la propia dignidad y defenderla contra todo enemigo. ¿El hombre es capaz de bien? Sí. ¿El hombre es capaz de ser libre? Sí. ¿El hombre es capaz de honra, derecho y justicia? Sí. Y eso siempre involucra a todos, porque el deber no es sólo mío, el honor no es sólo mío, el honor del hombre es todo, [todos] los hombres están involucrados y llamados, y el que tenga oídos para oír que oiga, y si los demás no quieren oír, él sí sigue, y oye, y responde, y vive y existe en esos términos.

Nuevo socialismo
Bueno, en todo caso, todavía faltan cosas que decir aquí, pero en todo caso, el tema del nuevo socialismo que plantea el Presidente de República es absolutamente esencial, porque el viejo socialismo está filtrado, determinado por este derrumbe espiritual, y está condicionado por él, entonces ya han vivido y se han vivido los resultados de ese camino en la historia, han sido dramáticos, entonces no podemos aventurar-nos y aventurar a nuestro pueblo que cree y espera y necesita y quiere y desea, a caminos que no conducen a ningún lado, igualmente el capitalismo moderno, el neoliberalismo, todo eso forma parte del mismo paquete que supone también la degradación del hombre. ¿Qué dice Adam Smith sobre la naturaleza humana: «el hombre es naturalmente egoísta»? ¿Qué quiere decir?: [que] no ve más allá de sí mismo, [que] está encerrado en sus pasiones y en su interés. ¿Qué es eso?: el pecado; y el hombre pecador…, que viene de Lutero.

El individualismo no es natural
Pero se habla del individualismo así en el aire como si eso fuera normal. No es normal, esa visión individualista está determinada filosófica, histórica, teológicamente, en una manera que conduce dramáticamente a ese infierno de la tranquila, justificada, normal explotación del hombre por el hombre, como si eso fuera el camino al cielo. Pero ¿cómo es posible que el daño de uno sea el camino al cielo?, ¿o de ninguno?, ¿o de alguien?

VTV
Entonces, este programa gracias a Dios ha podido salir al aire, no en el canal 4 o en el canal 2, en VTV, y yo no estoy escatimando mi pensamiento, ni escondiéndolo de nadie, pero pienso que conocer estas dimensiones de lo que todo queremos y buscamos y de algún modo del mundo en que vivimos, es absolutamente importante para poder actuar responsablemente, seamos gobierno o seamos oposición, o seamos quien sea, si tenemos responsabilidad política y tenemos capacidad de ayudar, asistir, iluminar, pensar… yo no estoy diciendo que todo lo que yo digo aquí no pueda ser criticado, matizado, condicionado, todo puede. Ahora, están esos planteamientos, ahí están las formulaciones, ahí están las consecuencias lógicas, ahí están las justificaciones y lo que fundamenta los desastres del siglo XX; no se puede hacer caso omiso de estas cosas.

Repensarlo todo
Y aquí no me estoy refiriendo nada más… pero por lo menos el presidente Chávez lo ha planteado, yo no he oído todavía a ningún empresario, aquí… hablar… ¡tenemos que repensar la empresa venezolana en las condiciones en que vivimos nosotros y lo que es el capitalismo y lo que no es! O, ¿qué esperan ustedes?, ¿que todo está bien?, ¿que el único mal es Chávez y con eso ya se eximen?, y cualquier infeliz puede salir a la oposición porque no tiene ni qué pensar, basta que diga estoy contra Chávez, y en seguida va a tener una votación masiva. ¿Eso es Venezuela?, ¿esa es la Venezuela que puede crear algo sustantivo?, ¿que puede enfrentar al mundo en que vivimos, así, con esa estupidez? Bueno, nos vemos si Dios quiere el domingo que viene, buenas noches y hasta la próxima.
____________________________________________________________________
Notas
(1) Habla de Beatriz de Majo y su programa en Televen, del año 2007. http://www.noticias24.com/actualidad/?p=5786

(2) Se refiere a Rosa Louise McCailey, Rosa Parks (4 de febrero de 1913 - 24 de octubre de 2005). http://es.wikipedia.org/wiki/Rosa_Parks

(3) No se refiere Rivero a los Doce Apóstoles del Evangelio (hago esta aclaración para una generación que nació de los 80 para arriba) sino a los protegidos del gobierno de Carlos Andrés Pérez; como lo explica Tulio Monsalve:
“…en la política de ese momento 1975, se hace popular el nombre de los Doce Apóstoles, en el Parlamento, la prensa, los episodios humorísticos de la TV y los rumores callejeros, este remoquete se repite y es portador de mucha ignominia. Sobre todo el imaginario del pueblo se alimenta y disfruta la comparación entre los discípulos de Jesús y cada uno de los empresarios, que amparados por el gobierno de CAP, protegidos por su aparato político y económico del estado preparaban su hazaña, un asalto al erario de 40.000 millones de dólares. Eran una fuerza económica que jamás se había podido pensar poder concentrar en nuestro país. Su estrategia la constituía la creación de una corporación única llamada Pentacom, que manejaría bajo control privado, todas las cinco empresas que dominarían desde la exploración hasta el mercadeo todo el sector petrolero y petroquímico del país. ¿Pero quien era Cristo en esta fabula¿, se discutía, entre tener a CAP o Pedro Tinoco como el patriarca de todo el ensayo; aunque, Jesús también podría ser el pueblo apuñalado por la unidad de políticos y empresarios corruptos que manejaban el proyecto y pensaban emboscar el país.”
Ver: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3436558.asp