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Sin Contemplaciones (1)
Sin Contemplaciones (2)

Trascripción del programa
SIN CONTEMPLACIONES
Con el filósofo Francisco Rivero
Trasmitido por VTV
El domingo 06 de julio a la 10:00 pm.
http://www.vtv.gob.ve/detalle.php?id=1977&s=6

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I
La crisis es más profunda y trasciende a Venezuela
Buenas noches a los televidentes que siguen este programa “Sin Contemplaciones”. Retomando el argumento, el desarrollo de la sesión pasada, uno de los puntos esenciales que expresé o que considero es que la crisis venezolana no es susceptible de soluciones técnicas, en ningún nivel. Político, social, económico, administrativo, gerencial. Esta posición de que de algún modo nuestra crisis deriva en última instancia no de la falta de recursos sino de la falta de modernidad, entendiendo por modernidad capacidad gerencial, rigor técnico, cuadros administrativos responsables, apolíticos, dedicados exclusivamente a la solución de problemas cuya naturaleza en esencia es objetiva, problemas que son desmontables, comprensibles y solucionables por consiguiente con método, con precisión, con racionalidad objetiva. Yo pienso que esa es una dimensión mínima del problema, es tan obvia que no veo cómo una sociedad entera puede entrar en crisis tan profunda como la crisis en que está inmersa Venezuela, nada más que por problemas de gerencia. No dudo que tengan ni quiero quitarle importancia a ese plano de los problemas, pero esos son problemas instrumentales, problemas operativos, problemas funcionales, que pueden ser resueltos nada más que con eso, con equipos técnicos que se dediquen exclusivamente a las cloacas, la vivienda, los puentes, la basura, con rigor, con disciplina y con sanciones, como funciona en cualquier lugar del mundo, y todos esos problemas son solucionables sin duda. Sin embargo la crisis venezolana es mucho más profunda que eso. Y esa profundidad, cuando uno trata de abarcarla, de entenderla, se abre y trasciende a Venezuela.

Crisis civilizacional
El fondo de nuestra problemática actual no es nacional, realmente. Es civilizacional. Nosotros formamos parte de un curso civilizacional, de una etapa histórica dentro de ese curso, esa etapa histórica es lo que se llama –y de eso hemos hablado- “época moderna” o modernidad, y tiene, por decir así, puntos que sirven para indicar el inicio y síntomas que traducen si ustedes quieren el quebranto, la quiebra, la impotencia, la irresolución, el desfondamiento de ese marco o de ese proyecto, o de ese proceso o de esa etapa civilizacional de nuestra cultura, o de nuestro mundo occidental. Las crisis civilizacionales no son crisis operativas, no son crisis técnicas, de recursos, ni de medios, ni de instrumentos, ni de cuadros, son crisis espirituales, y las crisis espirituales no tienen soluciones técnicas, las crisis espirituales son por decirlo así el baremo, el fuego que confronta la integridad espiritual y moral de una sociedad, no hay manera de restaurar la integridad moral y espiritual de una sociedad o de una civilización acudiendo a recursos operativos, funcionales y técnicos. No es el dinero, no es la eficiencia administrativa, no son los bienes y servicios aunque alcanzaran a todo el ámbito humano de esa civilización, una civilización puede estar sacia de bienes materiales, de servicios, de bienestar, de seguridad social, de “justicia social”, entendida a nivel de atención a las necesidades comunes y básicas que nuestra condición física, material y mortal, por decirlo así, nos impone. Y sin embargo estar en plena y absoluta decadencia.

La Belle Époque, preámbulo al horror
Por citarle un ejemplo, piensen en lo que en Europa se llamó la Belle Époque, estamos hablando de finales del siglo XIX principios del siglo XX, la Europa occidental era la dueña y ama del mundo, desde el punto de vista político se había adueñado prácticamente de todos los continentes y de todas las sociedades que existían, las administraba, las explotaba y las gobernaba a placer y a discreción, América se salvó por la famosa doctrina Monroe, que no es que fuera o estuviera atenta a las necesidades de los sudamericanos sino que nada más reclamaban los Estados Unidos para su administración y su predio todo el hemisferio occidental. En todo caso, se pensaba que el desarrollo científico, que los inventos, que el desarrollo social, que el desarrollo económico, que la riqueza, que la prosperidad, que el bienestar, que la altísima cultura de países como Austria, Alemana, Francia, Inglaterra, etc., preconizaba una época de felicidad para la humanidad entera, bajo la égida y la dirección por supuesto de los grandes poderes colonizadores europeos, los grandes imperios generados por estas capitales, París, Berlín, Londres, principalmente; Moscú también, Madrid en pequeño grado pero también, y sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, cuando nadie se lo esperaba, cuando a nadie se le había cruzado la posibilidad de que eso pudiera suceder, la I Guerra Mundial acababa con todos esos imperios, con todo ese imperialismo, con todo ese boato, con todo ese orgullo del hombre europeo que portaba la civilización a los desposeídos y a los marginados de la tierra como un don, una gracia y una asistencia humanitaria, pero siempre manteniéndose él en el puesto predominante y como el gran administrador de los bienes de la historia y de la tierra.

Europa se hunde
Ese mundo europeo se hunde, desaparecen cuatro imperios de un solo golpe en cuatro años, el imperio Turco por un lado, que formaba parte –y que era como lo llamaban- “El hombre enfermo de Europa”. El imperio alemán, el imperio ruso, el imperio austrohúngaro. En cuatro años Europa se hunde, implosiona, se destruye, se desagrega en un mar de sangre, en una locura total. Y sin embargo era el área de la tierra donde había más prosperidad, más desarrollo científico y tecnológico, más organización financiera, más sofisticación cultural, es decir, era el icono, el paradigma, el punto de referencia de los ideales de progreso, de humanismo, de desarrollo científico y tecnológico, de luces, por utilizar la famosa palabra de los Ilustrados franceses del siglo anterior, y sin embargo se hundió en un abrir y un cerrar de ojos. Entonces no es el bienestar material, no es el desarrollo científico y tecnológico, no son los recursos instrumentales para organizar, administrar, gerenciar personas, bienes, recursos, sociedades, los que aseguran la integridad de una civilización, es un plano mucho más profundo, mucho más sutil, mucho más radical, mucho más esencial.

Kierkegaard y Nietzsche
Los cuatro gatos que vieron antes de que llegara el derrumbe de Europa, gente como Kierkegaard, gente como Nietzsche, dramáticamente lo anunció, lo vio, lo padeció, lo sufrió en su alma y en su espíritu, antes de que sucediera, porque sentían la muerte espiritual de Europa en medio de todo ese boato de las grandes capitales europeas, y de la gran cultura europea.

¿Cuál es la naturaleza de nuestra crisis?
Entonces, con esto quiero decir que a mi juicio nosotros estamos viviendo en el contexto del mundo occidental, en particular pues, de la sociedad americana o norteamericana, que define y fija y pauta los caminos, los estilos, los mercados, los conductos, los valores, los estilos de organización política y social, los proyectos económicos, los proyectos culturales, pedagógicos, etc. El poder militar, el poder económico, etc. Hay una profunda crisis de esa misma naturaleza. Entonces nosotros lo que vamos a intentar articular en este programa y en esta sucesión de programas en torno a esta cuestión especifica es cuál es la naturaleza de esa crisis, cuáles son sus fuentes, cuál es su lógica, a qué conduce, y por qué hay necesidad de salirnos de nuestro marco nacional exclusivamente, y de sus características, de sus estilos particulares, de nuestra circunstancia, y ver más allá y más hondo, de los horizontes y de los límites del país para entender que cualquier política esencial hoy en día, en cualquier orden tiene que abrirse a la comunidad mundial, tiene que de algún modo ir al fondo espiritual de un curso civilizacional, tiene que ser capaz de apreciar su drama, de conocer su historia, de entender la trama espiritual que lo carcome, que lo disuelve, que lo disgrega, que lo enferma y que lo matará fatalmente a menos de que el hombre occidental moderno sea capaz de sacudirse, de romper, de abrir caminos nuevos, de visualizar la humanidad, no en sus términos y partiendo de sus exclusivas categorías, como si fuera o si fuéramos el espíritu de Dios o la mente de Dios, o el árbitro de la historia universal.

Nuestra crisis
Entonces, de esto vamos a hablar hoy. La crisis venezolana no es solamente una crisis local, es una crisis civilizacional y en ese sentido es más que nacional. Este tipo de crisis no se resuelve con ganar elecciones, con organizar partidos, con votaciones masivas, con propaganda efectiva, con sustitución de liderazgos, o de capas, o de cuadros, o de orientaciones políticas, o de modelos políticos. Dicho claro y tondo, no es sustituyendo el proyecto socialista del Presidente de Venezuela por uno capitalista o liberal o moderno, como se va a solucionar la crisis venezolana. Se podría decir también del otro lado, no es a través de un modelo operativo, de un modelo organizativo, que sustituye al viejo modelo neoliberal, que se va a asegurar la integridad, la libertad, la soberanía, la dignidad y la justicia entre los pueblos de América y convertirse en un fermento para la tierra entera, de conciencia, de sensibilidad, de valor humano, de virtud, de bien, de inteligencia, de grandeza espiritual y moral, que es en el fondo lo que todos queremos para nuestro país, seamos de un bando o seamos del otro.

Una claridad que nos una
Puede que no entendamos cuales son las condiciones efectivas de esa grandeza, y cual es el daño efectivo que estamos padeciendo y la enfermedad que nos aqueja, pero estas conferencias lo que procuran modestamente es contribuir a una mayor claridad que nos acerque, que nos una, que nos potencie, que nos libere de gríngolas del tipo que sea, y que toquen el espíritu, apelen al espíritu, apelen a la conciencia, apelen a la libertad, apelen a la humanidad del hombre, que es más, que es el fundamento de cualquier civilización activa, actual, significativa, valerosa y representativa de las tareas espirituales y morales con las cuales nos confronta la sociedad o los tiempos modernos. Ya volvemos.

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II
El hombre no es Dios

Un ejemplo de lo que estábamos hablando antes. No se trata –y esto lo quiero reiterar- de que no haya necesidad de crear instrumentos políticos, jurídicos, pedagógicos, sociales, de toda naturaleza, porque la vida lo pide. El hombre no es Dios, el hombre no dice que sean las cosas y a través de su verbo las crea, el hombre las tiene que concebir, y las concibe porque es capaz de percibir las necesidades del otro; no solamente vive encerrado en sí mismo. Y en orden a la realización, a la fraternidad y al sentido de la necesidad del prójimo responde con sus recursos materiales, políticos, sociales, económicos, espirituales y mentales, y allí es donde está el gran valor, pienso yo, de cualquier intento de confrontación auténtica con la crisis de Occidente moderna.

La crisis: la muerte de la sensibilidad
No bastan congresos, estadísticas, reportes, informes, programas de televisión, recolectas de dinero por artistas o no artistas, hay que responder aunque uno se equivoque, hay que atender en los hechos, en la realidad concreta, eso es la política que pide el mundo actual. El occidente no puede permanecer en su autosuficiencia, en su autocomplacencia, en su altanería, en su vanidad, en su fatuidad, de gran potencia o de gran poder, o de heredero del dominio del mundo desde que implosionó la Unión Soviética. Esa es la crisis, la muerte del corazón y el alma, la muerte de la sensibilidad, esta crisis no empezó hoy, esta crisis lleva mucho tiempo gestándose y personas como la que cité antes, el filósofo Federico Nietzsche, el gran Federico Nietzsche lo previó, anunció, lo vivió y lo padeció, se bebió el cáliz entero de la indiferencia, de la fatuidad, del filisteísmo de la cultura o de la civilización occidental moderna.
Donde de algún modo todo acto heroico, todo riesgo, toda vida independiente, todo vuelo espiritual, toda urgencia moral, quedan engavetadas, escritas en un papel, encerradas en una gaveta y las personas que las encarnan son vistas como peligrosos, o como agitadores, o como personas que hay que supervisar. Parte de este tema parte de este asunto que les estoy dando, que no funciona solamente de un lado, salió a colación recientemente con la ley de seguridad y defensa, recién promulgada y recién derogada por el mismo Presidente de la república.

La historia educa con derrumbes
Bueno, yo les quiero decir, y esto va a ser un tema central del desarrollo de estas charlas y de estas perspectivas en el fondo sobre los males que nos aquejan y los peligros, por decirlo así, que nos están carcomiendo, precisamente cuando pensamos que estamos ya adueñados de la situación y de la historia de la humanidad, de la dirección de la existencia, del señorío del cosmos, porque ya la cosa va al cosmos mismo, a través de los viajes interestelares y todas estas cosas. Bueno, esa ensoñación, esa fatuidad, esa simpleza espiritual, la única manera como la historia la cura, es a través de derrumbes totales, de quebrantos morales y espirituales que cuestan dolor y sangre, de cantidad de gentes, de millones de seres humanos.

Pascal
No hay necesidad de llegar ahí, hay voces en la tradición, hay conciencia en la tradición, ya desde Pascal, Blaise Pascal, el gran matemático, contemporáneo de Descartes, el que escribió los Pensamientos, ese gran libro que él iba a redactar en defensa de la espiritualidad y la fe cristiana en un momento cuando aparecía en el horizonte una nueva divinidad, la divinidad de la ciencia, la divinidad de la razón autosuficiente, la divinidad del hombre y del hombre convertido en centro absoluto, en medida de todas las cosas, como decía Protágoras. Y ya Pascal anuncia, es la contra-voz al optimismo cartesiano, al optimismo ilustrado, a esa nueva razón que va a ser el fundamento de la cultura occidental moderna. Entonces, voces hay, vida humana, grandeza, ha habido siempre.

Marxismo
La gran cuestión que nos confronta es si realmente podemos recuperar lo esencial, lo universal, el contenido espiritual, universal y trascendente, de la gran tradición occidental que se alimenta de la Biblia, de Cristo y de la gran tradición griega, y que es la matriz espiritual de todo lo grande que ha habido en el orden espiritual y moral en el mundo occidental. Tanto así que, por ejemplo, el marxismo y las aspiraciones de la revolución comunista, la idea de un hombre nuevo, la idea de una sociedad sin clases, la idea de la desaparición del Estado como un controlador, como un impositor, como una fuerza que de algún modo pesa sobre la libertad del hombre y su dignidad y su grandeza y su espiritualidad consubstancial, que no debería de requerir un mazo, una espada, un máuser, un fusil, o una ametralladora, para obligar al hombre a hacer las cosas que por conciencia tendría que hacer. Bueno, el marxismo preconiza la disolución del Estado, el encuentro fraterno de todas las razas y tierras para una nueva historia, habla de esta etapa de la historia donde todavía existe la policía, la guerra, los ejércitos, la división de clases, los pobres y los ricos, la instrumentalización de la vida a través de la instrumentalización del trabajo, a todas estas cosas las considera de una etapa prehistórica, se pudiera decir pre-humana, no hemos entrado todavía en la era del hombre. El presupuesto, la teoría marxista dice que esa era, que esa liberación definitiva, no solamente política sino ontológica de las necesidades materiales y morales que pesan sobre el hombre, serán superadas. Bueno, este sueño de una humanidad reconciliada, ¿de dónde le viene a Carlos Marx? En su estilo, en su carácter, en sus puntos, en su tono, en su urgencia, en su ethos y su impulso ético y espiritual, como una certeza, como algo que no puede no ser, como algo que será ineludiblemente, hayan los obstáculos que hayan, contra todo presagio, contra toda esperanza, contra toda expectativa, sobrevendrá la reconciliación del hombre sobre el hombre. ¿De dónde viene ese impulso espiritual, ese reclamo moral? ¿De dónde? Eso viene directo de la Biblia, de los profetas de Israel, de las promesas de Israel, de las personas de Cristo. Por supuesto Marx no es un creyente, pero todos esos motivos son la sustancia individual del mundo occidental, y están presentes, inmanentizados, referidos ya no a la vida espiritual del hombre, sino referidos a los procesos impersonales, inmanentes, científicos, objetivos, necesarios y fatales de la historia.

El león pacerá con el cordero
El hombre no tiene nada que ver estrictamente como sujeto moral con ese proceso, porque el hombre no es aún un sujeto moral sino hasta que sea liberada la tierra del mal y de la injusticia, de la violencia y de la guerra, y se cumpla la aspiración eterna, de la que habla el profeta Isaías, o el profeta Jeremías –si no me acuerdo mal- de que llegará un momento cuando el león pacerá con el cordero y las espadas serán convertidas en arados, y la tierra entera jubilará, y será una nueva creación... no una nueva creación, el cumplimiento de los dolores de parto espiritual y moral, humano, histórico, real, concreto, existencial, auténtico, de la historia universal.

Volver a las fuentes
Bueno, una civilización que es capaz de vivir y morir por esto, que es todavía capaz de oír esa voz, de sentirla, de reconocer y de buscar sus fuentes, de remontarse a su origen, de poder inclusive criticar sus manifestaciones modernas, partiendo de la inspiración original, corrigiendo, por decirlo así, las fallas, grandes, pequeñas, medianas o mediocres, esa es una sociedad viva, esos son hombres vivos, cuando eso ya ni se oye o es visto así como un cantar utópico, quiere decir que esa sociedad con toda su organización, sus técnicas, su gerencia, sus habilidades operativas, su capacidad operativa, está espiritualmente muerta, es ya un cadáver moral.

Mi vocación ha sido despertarlos
Bueno, gracias a Dios el hombre siempre puede resucitar moralmente, sólo Dios es capaz de juzgar el alma y el corazón de un hombre. Entonces, todos nos debemos a renovar, despertar, puyar, impedir, que la vida, su bienestar, su comodidad, nuestra vida particular nos ciegue. De que ronquemos durante cuarenta o cincuenta o setenta años de vida. Eso fue la vida de Sócrates en última instancia, él hablaba de eso, se lo dice inclusive al tribunal de Atenas que lo condena a muerte. Mi vocación ha sido despertarlos, intentar que se pregunten, que tomen distancia, que se amplíe el marco de referencia, que busquen dentro de sí, que despierten espiritual y moralmente, que sean hombres, porque no pueden ser ciudadanos, ni habrá jamás democracia, ni ateniense, ni americana, ni venezolana, ni de ningún tipo si el hombre no es hombre para el hombre.

La democracia

De ahí nace la democracia, por eso es que la democracia es infinitamente más que un recurso técnico para resolver los problemas de las sociedades de masas, o de la sociedad internacional. No es nada más instrumento, la democracia es una ética, una espiritualidad, un estado de conciencia, y si pierde eso, no es nada, es basura, es un gran mercado persa, en el peor sentido de eso, es un relajo, prostituye al hombre en vez de asegurar su integridad, y nosotros estamos viviendo en un tiempo de esa naturaleza.

Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz
Cuando dos hombres se pueden casar según la ley, no en el Congo Belga, no en Acarigua, no en Caracas, Venezuela, ni en Bogotá, ni en Buenos Aires, sino en Madrid, en la católica España, que acaba o que feneció hace tiempo ya a manos de la losa que significó el franquismo espiritual y moralmente hablando. Aunque haya engendrado y se haya adaptado para asegurar que España hoy en día sea una sociedad próspera, una sociedad rica, una sociedad creativa técnicamente, moderna, en el pleno sentido, qué tiene que ver esa sociedad de hoy con Teresa de Ávila, que sola, sola sola sola, una mujer en la época de Felipe II se enfrenta a una sociedad establecida igualito que Don Quijote, sola, sin apoyo de ningún tipo, desde ella y desde su alma, sabiendo que el camino no era ese bienestar, esa complacencia, esa adulancia y esa cortesanía degradada. San Juan de la Cruz, un enano, chiquito, gigantesco espiritualmente, no hay voz poética como la de él, por lo menos en el mundo hispánico, la vida, la autenticidad, la grandeza espiritual de ese hombre, solo también, sin apoyos, conversaba con ella, encerrado en un closet, porque sus congéneres de religión no querían saber de reforma, no querían saber de regla del Carmelo original, ni de austeridad, de aventura espiritual, de riesgo, de quemarlo todo, no querían, era una Europa que ya estaba aburguesada en última instancia, en el peor sentido de esos términos.

La tarea común

Entonces, de esto se trata en estas charlas, de en el fondo no solamente complacerse o criticar los aspectos negativos, degradados, peligrosos, dañinos espiritual y moralmente de nuestro tiempo, y eso lo debe hacer todo hombre, todo maestro, todo profesor, todo artista, y todo hombre irrespectivamente que forme parte de un gremio académico, se dedique a una actividad profesional, o cultural, todo hombre, Esto es tarea común y universal, esencial, la incorporación de todos a esta tarea es la intención de toda esta transformación que está agitando a Venezuela, y que era imposible de parar, es imposible de parar, es imposible la vuelta atrás, las sociedades y los hombres no pueden vivir y pretender ser indiferentes ante la necesidad de millones de seres humanos que los ven diariamente y ellos a ellos, esa es la profunda crisis, y la verdadera crisis no está en las clases desposeídas, en los no incluidos, en los pobres, en los cerros, no, la verdadera crisis nuestra está en este espíritu de autosuficiencia y complacencia, justificada con infinitos argumentos, con academias, con académicos, con escritores, con periodistas, con autoridades, y que nos impiden vivir, que nos impiden romper. Puede que yo no sepa adónde tengo que ir, pero lo que sí se, es que no se puede continuar por un camino de esta naturaleza, que no ve ni siente ni sufre ni padece, eso es una muerte en vida, entonces hay que saber sacudirse, rebelarse, independizarse espiritual y moralmente.

Cristo y Plotino
Lo único que puede hacerlo realmente es la vuelta a las raíces de la tradición espiritual de occidente, porque estamos en una crisis de occidente. ¿Cuáles son? Lo repito otra vez, no es el neoliberalismo, no es el marxismo y la revolución marxista, es la fuente más profunda, porque ambos se reclaman de la libertad y de la justicia y del bienestar y del humanismo, ambos pretenden ser humanismo, pero son humanismos que someten, degradan, degeneran, violentan, matan, y se justifican al hacerlo, entonces hay que volver a la fuente original. ¿Dónde está la fuente original? En la Biblia, en el Antiguo Testamento y en la persona de Cristo en el Evangelio, y en la obra de la gran tradición espiritual de Grecia, que va de Homero a los grandes poetas trágicos, a Sócrates, a Platón, a Aristóteles, y al último filósofo pagano que se llamó Plotino. Y ahí enganchan y se encuentran esas dos fuentes con la fuente cristiana, y esas fuentes cristianas son las que alimentan a Europa, son las que crean a Europa, la fuente helénica y la fuente bíblica. Ya volvemos.

Virgen


III
¿Qué es ser hombre y qué es ser libre?

Ustedes me van a permitir hacer algo que yo no suelo hacer cuando estoy hablando en público, aunque tengo todo esto lleno de papeles y de notas y de reflexiones, no la uso, porque claro, uno se pone a leer y es muy pesado ver a una persona leyendo, pero les leo nada más un pedacito. Pongan atención y capten la idea. La idea es que toda crisis radical, que afecta ya un orden civilizacional entero, compuesto de muchas sociedades, de muchas naciones, de muchos períodos, de muchos siglos, y que toda crisis radical se funda en una crisis -y tiene su centro, su epicentro- en una crisis del hombre y de la libertad, por eso toda crisis civilizacional, esencial, radical, se resuelve en dos grandes cuestiones, o en dos grandes preguntas, que están ahí presentes y que son imposibles de esconder, de tapar, de ahogar, de silenciar, y que ninguna fórmula agota. Una de esas preguntas es ¿qué es el hombre? O si quieren más concretamente: ¿qué es ser hombre? Y la segunda: ¿qué es la libertad? O dicho de una manera más existencia, dramática, concreta: ¿qué es ser libre? Entonces, no se trata de una cuestión abstracta, teórica, académica, especulativa, se trata de un asunto existencial directo, que conmueve la vida, que toca el alma y el corazón de los que están vivos en esa sociedad, entonces, estas dos preguntas son las preguntas eternas, sobre las cuales se articula toda gran obra de arte en Occidente, toda existencia auténtica en Occidente, todo humanismo occidental auténtico, Homero, la Odisea, Sófocles, Antígona, cuya lectura les ruego que no dejen de hacer. Ahora bien, estas dos preguntas, ¿qué es ser hombre y qué es ser libre? Son esencial y radicalmente subversivas de todo sistema, de todo orden, de toda fórmula, son la subversión espiritual que es el destino de todo hombre que sea un hombre y no una sombra. Entonces, estas preguntas, y en razón de estas preguntas, de que no son abstractas, ni teóricas, ni académicas, ni cultas, sino radicalmente humanas.

Todo recurso a fórmulas es patético
Por eso es que no hay pensamiento esencial colectivo, todo pensamiento esencial es personal, dramático, existencial, concreto, ni el hombre ni la humanidad, dicho en otros términos, pueden vivir, ni viven ni vivirán nunca ¡gracias a Dios! de fórmulas, de estereotipos, de consignas, de reglamentos establecidos, de vademécum fijados y estereotipados, por eso todo recurso a fórmulas es patético en su esencia y traduce enmascarada, no una voluntad de verdad, no una voluntad de justicia, no una voluntad de paz y orden, no un deseo de estabilidad, lo que esconde es una voluntad de poder ilimitada, es decir, una abdicación espiritual, un cáncer del alma, y con ella una inhumanidad ilimitada.

El hombre vive de otra vida
Bueno, la gran pregunta de otro gran libro que yo les ruego que compren, que se busquen, que lo tengan ahí, no es de fácil lectura, porque nuestra educación dejó de existir hace tiempo, y nosotros abdicamos y abandonamos el tema de la educación y nos hemos conformado con lo fácil, la fórmula, la capacitación, la organización, la preparación técnica y operativa. ¿Qué entiende ese muchacho? Nada. ¿Qué sabe de sí? Nada. ¿Qué aspira y sueña y desea? Solamente en el plano operativo: tener un mejor carro, vivir en una casa cómoda, poder viajar cuando quiera, tener un buen seguro, etc. Bienes que son bienes, yo no desprecio eso; necesidades que son reales, por consiguiente aspiraciones que están absolutamente justificadas, pero Cristo nos dijo en una ocasión de crisis de fondo, cuando se aparece el diablo, Satanás, en el desierto y le dice “si tú eres verdaderamente Dios o el enviado de Dios haz que estas piedras se conviertan en pan”, y Él estaba muerto de hambre porque llevaba treinta días ayunando en el desierto; y qué le contesta Jesús: “el hombre no vive solamente de pan, vive de cada palabra que sale de la boca de Dios”. ¿Qué quiere decir eso? Vive del alma también, vive del espíritu, y es capaz de sacrificar su vida en razón de un bien humano, de un deber humano, de un valor humano, de un reclamo humano, y humano no quiere decir de un bien particular, individual y egoísta, no, humano quiere decir que afecta al hombre en su dignidad y por consiguiente a todo hombre, y él se debe a eso a pesar de que los demás no entiendan, ni comprendan, ni quieren, o lo sacrifiquen o le den a beber la cicuta, porque el hombre vive de otra vida, el hombre no está hecho para establecerse en el mundo y dominar la tierra.

Filosofía de la incubadora
Y piensen ustedes que la filosofía moderna, el racionalismo que Descartes concibe en su mente, la visión del nuevo orden, el nuevo saber que le propone a Europa en un momento de crisis tremenda, dice: “el nuevo saber convertirá al hombre en dueño y señor de la naturaleza. Maître, «dueño»; maître puede decir «maestro», pero puede decir también «señor», en el sentido del señorío feudal, por ejemplo. Dueño y señor, maître et seigneur de la nature, es decir, del cosmos, es decir el hombre ya va a convertir el universo en un campo de golf gigantesco, poblado por supuesto con centros comerciales archimodernos, con industrias que nos distraigan constantemente y con una felicidad de incubadora, prácticamente. Bueno, eso es una versión, hay gente que está encerrada en un tubo esperando que la ciencia lo pueda resucitar, entre otros Walt Disney, bueno esa es la filosofía de la incubadora, el único mundo es este y el hombre lo que tiene que hacer es de algún modo adecuarse a este mundo, o mejor, adecuarse a él para que subvenga sus necesidades de tipo material y él pueda pasar feliz por la vida. ¡Feliz por la vida!

Algo falta, ¿qué es?
¿Qué es la felicidad de un ser que piensa? Pregúntese usted, qué sufre, que se le mueve la conciencia y el alma, que se ahoga en el bienestar, que puede estar sacio de bienes, lícitamente habidos, no estoy hablando aquí de los que roban y explotan, corrompen, trafican, venden, no, de gente que lícitamente se ha enriquecido, a través del trabajo, la previsión, la capacidad de trabajo, y sin embargo, en un momento dado se ahogan, se ahogan del club, de los palos de golf, del tenis, del avión privado, del hotel de cinco estrellas, del boato, del carro nuevo. Algo falta, ¿qué es? Ni saben, porque este es el drama de la modernidad.

Un solo día vale la pena
El hombre ya no entiende las preguntas sustantivas que lo definen, le son extrañas. Entonces les cuento esta anecd… bueno, volviendo atrás, que no les di el nombre del libro que les sugiero se compren y empiecen a leer, se llama El hombre rebelde, fue escrito por Alberto Camus, premio Nóbel de literatura, muerto muy joven desgraciadamente, amigo y luego enfrentado a Sartre, precisamente en razón de ese libro y en razón de su concepción y en su reivindicación de la rebelión o de la idea de rebelión contra la idea de revolución, entendida marxistamente, es decir, la revolución es parte de un proceso determinado no por el hombre sino por las fuerzas económicas y sociales de las sociedades –y perdonen la redundancia- de los colectivos sociales, y que eventualmente dará paso al reino del hombre, a la aparición de la libertad y la conciencia y la fraternidad y la felicidad, que es la vida para el hombre cuando es hombre. Aunque viva un día, vale la pena. Porque la realidad que se le ofrece es infinita, inagotable, eterna, y un día justifica la existencia para un ser moralmente despierto, y hace imposible la complacencia en la degradación general de su propio país, de su propia gente, de los más débiles, o de los que pretenden ser los doctores de una sociedad que colapsa en la degradación y en la corrupción, sea cual sea su signo. Y tenemos que vernos en eso y rebelarnos contra eso.

La negación de toda fórmula

Entonces, el libro no es de fácil lectura como les digo, pero no es de fácil lectura para una cultura analfabeta como es la cultura occidental moderna, claro, la televisión, el Internet, el radio, y la industria del entertainment, cretinizan al más inteligente y sensible. Usted se pone a ver televisión, de las televisiones tradicionales privadas que conocemos durante cinco horas al día y yo le garantizo que se le funde el espíritu y la mente y la libertad y la conciencia y usted ya no sabe ni quién es, porque el nivel de cretinez, de superficialidad, de necedad, de abyección, y de procacidad que aún hoy siguen pasando, delante de jóvenes… a usted un joven lo que tiene que hacer es que se alce, que se vertebre interiormente, no estarlo estimulando con drogas o con sexo fácil, con minifaldas o con estupidez, que lo degradan, lo degeneran, entonces, no hay manera de volver atrás y de asegurar una vida en base a fórmulas. El hombre es la negación de toda fórmula.

Vivir es decidir

La persona humana; por eso es un sujeto histórico, un sujeto histórico quiere decir un sujeto moral, un hombre que tiene que decidir porque vivir es decidir y toda decisión supone un juicio sobre el sentido de la acción, es decir el sentido de la vida. Toda decisión te identifica, te clasifica, te ubica, o manifiesta la libertad de una persona que es un liberador, sin mover un dedo. Una cocinera, una muchacha de servicio, un trabajador del aseo urbano… no hay que ser doctor para ser hombre, ¡gracias a Dios!

Abelardo y Eloísa
En todo caso, volviendo atrás, el tema es que vamos a empezar ya a partir de la próxima sesión a especificar los lineamientos concretos que distinguen al proyecto moderno. El proyecto moderno como ya les he dicho nace de una crisis histórica, esa crisis histórica es el final de una época civilizacional que tradicionalmente se llama la Edad media, y que ya hacia fines, hacia 1400-1500 está haciendo agua por todos lados, está llena de boquetes, las estructuras están ya anquilosadas, muertas, no responden a la vida y a las exigencias y a las potencialidades del hombre europeo. Encima de esta crisis ya de un barco viejo, vetusto, muy difícil de renovar, porque lleva mil años de existencia, ¿qué es Europa en el fondo? ¿Qué es Europa? ¿Qué es esa Europa que tiene ese valor de faro, de símbolo, de fuente, de raíz, de valores, infinitos? Por hablar de uno, Eloísa, la novia de Abelardo. Cómprense las cartas de Eloísa y Abelardo. Eloísa y Abelardo eran, en otro contexto cultural, como Bolívar y Manuela Sáenz. Ella sobre todo, una mujer apasionada, impulsiva, llena de expresión, llena de sentimiento, llena de sensibilidad, llena de vida.

Las invasiones bárbaras

Entonces, esa civilización que nace ¿por qué?, porque el imperio romano de occidente se derrumba; ¿qué quiere decir eso? Que el orden jurídico, el orden político, el Estado y todo la sociedad asociada, con la magistratura del Estado, las leyes, las costumbres, la civilización en sentido literal, se derrumba, a través de invasiones que vienen del Rin hacia Europa occidental, esos invasores desde el punto de vista cultural no tienen la sofisticación ni el desarrollo de los romanos originarios. ¿Cómo se convierten ellos a su vez en una fuente de civilización? Por que absorben las dos grandes fuentes que enmarcan el universalismo occidental, absorben la fe cristiana y absorben el espíritu, la letra y la conciencia de Grecia, el helenismo. Esas dos son las fuentes fundamentales, la absorción por parte de los invasores germanos del helenismo por un lado y del espíritu de Cristo por otro, son Europa. Bueno, esa grandeza en su estructura institucional empieza a disolverse por los mismos pecados espirituales y morales de siempre, entonces se crea una situación donde es necesario transformar, absolutamente necesario transformar, encima de esa necesidad, de ese quebranto, de esa crisis ya de edad y de incapacidad, sobrevienen una serie de acontecimientos que hacen ya imposible toda reforma de las instituciones medievales y todo tránsito pacífico al mundo moderno. De eso hablaremos al próximo programa. Buenas noches, gracias por su atención, nos vemos si Dios quiere el domingo próximo.