por
joseleon71
@ Sábado, 02. Feb, 2008 - 03:42:31 pm
DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE HUGO CHÁVEZ
EN LA TOMA DE POSESIÓN DEL 2 DE FREBRERO DE 1999
Ciudadano Presidente y Vicepresidente del Congreso de la República; ciudadana Presidenta y demás magistrados de la Corte Suprema de Justicia; Excelentísimos señores Jefes de Estado, Secretario General de la Organización de Estados Americanos: Su Alteza Real, el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón y Grecia; Jefes de Gobierno acá con nosotros. Igual mi saludo a todas las Misiones Diplomáticas y de Gobierno que han venido a este evento histórico venezolano. Ciudadano Fiscal, Contralor y Procurador General de la República; ciudadano Presidente y demás miembros del Consejo Nacional Electoral; ciudadana Presidenta y demás magistrados del Consejo de la Judicatura; ciudadanos ex Presidentes de la República; ciudadanos Ministros miembros del Gabinete Ejecutivo; ciudadano Gobernador del Distrito Federal; Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Nuncio Apostólico de Su Santidad decano del Cuerpo Diplomático; Excelentísimo señores Jefes de Misiones Especiales de todo orden; Excelentísimos señores Embajadores, Honorables Encargados de Negocios y representantes de organismos internacionales; ciudadanos Alcaldes del Area Metropolitana; ciudadano General de División Inspector General de las Fuerzas Armadas y demás Oficiales Generales y Almirantes integrantes del Alto Mando Militar; señor Ministro de la Defensa; ciudadanos Gobernadores; Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Arzobispo de Caracas y Obispos Auxiliares; ciudadano Presidentes de institutos autónomos y empresas del Estado; ciudadanos Senadores, ciudadanos Diputados y más allá de todo esto, hombres, mujeres y niños de Venezuela, esta tierra bolivariana; hombres, mujeres y niños del continente, del mundo; queridos padres, hermanos, Marisabel, hijos, amigos todos.
«Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando convoca a la soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta». Por mil pueblos, por mil caminos, durante miles de días recorriendo el país durante estos últimos casi cinco años, yo repetí delante de muchísimos venezolanos esta frase pronunciada por nuestro Padre infinito, El Libertador. También delante de otro Congreso, el Congreso de la República Grande, el Congreso de Angostura de 1819, el Congreso de donde nació la Tercera Gran República, la del poder moral, la de la Gran Colombia, de la de unidad latinoamericana, caribenña, repetIa yo mucho esa frase y en los últimos meses de la insólita campaña electora de 1998, porque fue insólita de verdad, dije inspirado por la certeza aquella de Walt Whitman cuando decía: «seguro como la más segura de las certidumbres» así andábamos por los caminos seguros de que este día iba a llegar.
Decía yo con esa certeza de que este día iba a llegar aquí en este escenario, 2 de febrero 1999, yo le dije al pueblo venezolano de muchas maneras y en muchos lugares que iba a comenzar mi discurso de hoy al asumir la Presidencia de Venezuela por mandato del pueblo venezolano y por el favor de Dios también, que iba a comenzar con esa frase; he comenzado estas palabras con esa esa frase y yo la voy a repetir, permítanme: «dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando, convoca la soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta».
Ahora ¿por qué esa frase? ¿de dónde viene esa frase? ¿por qué Bolívar? no se trata de una repetición meramente protocolar y rebuscada de cuarquier frase de Bolívar, por hablar de Bolívar, como recuerdo que una vez hizo un soldado de mi pelotón de tanques hace varios años y tenía él que hacer todos los días la orden a la compañía, y todos los días él, que era su riel, estaba en la obligación de comenzar la orden escrita con un pensamiento del Libertador para leerlo en el patio; y tenía un libro para tomar los pensamientos y escoger cualquiera de ellos. Un día el libro se le perdió y entonces el cabo, cuando estábamos a punto de formar la tropa para leer la orden rigurosamente, él inventó un pensamiento: «Cuidemos los árboles que son la vida».Simón Bolívar. No se trata de eso, de rebuscar frases y traerlas aquí al Congreso de la República para decirlas delante del país y del mundo. No. Se trata más bien de darle razón a Pablo Neruda, ese grande de nosotros, de los nuestros, cuando cantándole a Bolívar dijo: «es que despierta cada cien años, cuando despiertan los pueblos». Se trata de reconocerle razón al grande de nosotros también que fue Miguel Ángel Asturias cuando dijo cantándole a Bolívar: «los hombres como tu Libertador no mueren Capitán, sino que cierran los ojos y se quedan velando»; es reconocerle razón al indio Chocaguanca Presidente Fujimori cuando le cantó a Bolívar y le dijo: «tu gloria crecerá con el tiempo como crece la sombra cuando el sol declina». O es reconocerle razón a José Martí, Presidente Castro cuando dijo: «Ahora es cuando Bolívar tiene que hacer en América todavía, porque lo que no hizo él está sin hacer todavía».
No es entonces mera retórica nuestra bolivarianidad. No. Es una necesidad imperiosa para todos los venezolanos, para todos los latinoamericanos y los caribeños fundamentalmente, rebuscar atrás, rebuscar en las llaves o en las raíces de nuestra propia existencia, la fórmula para salir de este laberinto, terrible laberinto en que estamos todos, de una o de otra manera. Es tratar de armarnos de una visión jánica necesaria hoy, aquella visión del Dios Mitológico Jano, quien tenía una cara hacia el pasado y otra cara hacia el futuro. Así estamos los venezolanos de hoy, tenemos que mirar el pasado para tratar de desentrañar los misterios del futuro, de resolver las fórmulas para solucionar el gran drama venezolano de hoy. Y mirando hacia el pasado en este día crucial para la República, para la nación, para la historia venezolana; en este día, que no es un día más; en esta transmisión de mando presidencial que no es una transmisión de mando presidencial más. No, es la primera transmisión de mando de una época nueva. Es el abrir la puerta hacia una nueva existencia nacional; tiene que ser así. Es obligatorio que sea así.
En Venezuela, cuando revisemos, compatriotas, o cuando revisamos nuestra historia reciente, para no irnos muy lejos, en Venezuela bien pudiera estudiarse como un caso y sacar experiencias de aquí, hermanos del continente, hermanos del mundo entero. Un ejemplo de lo que no debe ocurrir más nunca, ¡jamás! ¡Nunca jamás¡.
Venezuela pareciera que fue escogido por algún investigador especial para estudiar y aplicar un caso que es estudiado en la teoría política y social con aquel nombre de la teoría de las catástrofes. Aquí en Venezuela se ha cumplido cabalmente la teoría de las catástrofes. Esta teoría la conocemos, voy solamente a refrescarla un poco, de aquellos días de los estudios de ciencia política y de ciencia militar que en el fondo es lo mismo, decía Clausewitz, uno de los grandes estudiosos de la ciencia miliar: La teoría de las catástrofes ocurre de manera progresiva. Cuando sucede alguna pequeña perturbación en un entorno, en un sistema determinado y no hay capacidad para regular esa pequeña perturbación; una pequeña perturbación que pudiera regularse a través de una pequeña acción. Pero cuando no hay capacidad o no hay voluntad para regular una pequeña perturbación, más adelante viene otra pequeña perturbación que tampoco fue regulada, y se van acumulando pequeñas perturbaciones, una sobre la otra y una sobre la otra; y el sistema y el contorno va perdiendo la capacidad para regularlas, hasta que llega la catástrofe, la catástrofe es así la sumatoria de un conjunto de crisis o de perturbaciones.
En Venezuela, yo nací en 1954, en 1971 era el ex presidente Caldera Presidente de la República cuando ingresé yo a la Academia Militar de Venezuela. Cuatro años después, era el ex presidente Carlos Andrés Pérez Presidente de Venezuela y de sus manos, con estas mismas manos recibí yo el sable de mando de Subteniente del Ejército. Cinco de julio 1975. Ya comenzaba algo a oler mal en Venezuela. Comenzó la crisis ética. Reconozcámoslo, creo que es momento de reconocer nuestras culpas, todos las tenemos, yo también. ¿Quién lanza la primera piedra?
Yo hago un llamado y es mi primer llamado, como Presidente de Venezuela, a que todos reconozcamos nuestras culpas como hacemos en la Iglesia, Monseñor: «Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa», pero lo más importante como lo aprendí yo cuando era monaguillo, es y como me lo recordaba el Gobernador Arias en la Academia Militar cuando me sancionaba leyéndome los textos largos de la Historia de la Religión, lo importante no es darse golpes de pecho, lo importante es darse golpes de pecho y salir renovados en el espíritu, en el alma, en el vigor. Eso sí es lo importante. Yo hago un llamado a todos los venezolanos para que hagamos ese acto individual y colectivo: ya basta. Aquella crisis moral de los años setenta fue la gran crisis y esa es la crisis más profunda que todavía tenemos, ese es el cáncer más terrible que todavía tenemos allí presente en todo el cuerpo de la República, esa es la raíz de todas las crisis y de toda esta gran catástrofe, mientras no curemos ese mal seguiremos hundiéndonos en la catástrofe, aúnque el petróleo llegue de nuevo ¡ojalá que no! a 40 dólarares el barril, no lo queremos, no queremos que llegue a 40 dólares el barril, pero aunque llegara y aunque lloviesen petrodólares y mucho dinero, igual sería como un alivio momentáneo, pero igual nos seguiríamos hundiendo un poco más allá, en un pantano ético y moral. Esa crisis no hubo capacidad para resolverla, la más mínima capacidad ni la más mínima voluntad para resolverla y siguió galopando como un pequeño cáncer que no es extirpado a tiempo y así llegaron los años 80 y ocurrió la segunda gran crisis, después de una serie de pequeñas perturbaciones, vino el «viernes negro».
Ahora carcomió instituciones, carcomió el modelo económico y la crisis se hizo económica y comenzamos a oír en Venezuela a hablar de devaluación, de inflación, términos que habían quedado durante muchos años al recinto de los estudiosos de la economía. Pero tampoco se reguló esa crisis, ni la moral ni la económica y la acumulación de estas dos crisis originó una tercera espantosa, espantosa porque es visible, porque las otras, la moral y la económica son así como los volcanes que por debajo van madurando hasta que explotan y revientan y se hacen visibles y arrazan pueblos, vidas y ciudades.
Aquí hace una década ya, dentro de pocos días vamos a recordar con dolor aquella explosión de 1989, 27 de febrero, día horroroso, semana horrorosa, masacre, hambre y miseria y aún no hubo, a pesar de eso, capacidad ni voluntad para tomar las acciones mínimas necesarias y regular, como pudo haberse hecho, la crisis moral, la crisis económica y ahora la galopante y terrible crisis social.
Y esa sumatoria de crisis generó otra que era inevitable, señores del mundo, señores del continente, la rebelión militar venezolana de 1992 era inevitable como lo es la erupción de los volcanes; no se decreta una rebelión de ese tipo, y yo aprovecho este momento para darle un recuerdo imperecedero a los jóvenes militares y civiles de las rebeliones de 1992, 4 de febrero y 27 de noviembre de aquel año que quedará para la historia; aquí hay algunos de ellos con nosotros en este recinto, en este signo de la unidad, de la reunificación: el Gobernador del Zulia, por aquí veo su cara conocida desde hace muchos años; el Diputado Joel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta Hernández, Hernán Grüber Odremán; allá están los muchachos de la juventud militar observando: el Teniente Andrade, el Capitán Carreño, el Teniente Isea. Muchachos, parte de la juventud que tuvo que tomar una actitud, a alguien le tocó, otros están sembrados. No tienen la suerte de nosotros de estar aquí. Y otros están en las Fuerzas Armadas y han cargado una cruz durante años. Señores del mundo, señores del continente, los militares rebeldes venezolanos del 92 hicimos una rebelión que fue legitimada, sin duda alguna, no hoy porque yo soy Presidente ahora de Venezuela, sino que al día siguiente de la rebelión, mucho más del porcentaje que me trajo aquí de apoyo popular apoyó aquella rebelión militar. Esa es la verdad. No queremos más rebeliones, ya se los dije a mis hermanos de armas. Fui al Alma Mater y lo dije: que nunca ocurra, pero que nunca más ocurra un 27 de febrero; que nunca más los pueblos sean expropiados de su derecho a la vida, porque si eso sigue ocurriendo nadie puede garantizar que otro día, mañana o pasado, pueda ocurrir otro acontecimiento indeseado, como los acontecimientos de 1989 y de 1992.
Yo he sido traído aquí por una corriente originada en esos hechos. Clamo a todos, los partidarios de nuestra propuesta o nuestro proyecto, los adversarios de nuestra propuesta, los llamo a que jugando cada quien su papel, pensemos primero y antes que nada en el interés del país y en el interés del colectivo, y pongamos en último término el interés de nuestra fracción o el interés de nuestro partido o el interés de nuestro grupo o el interés de nuestra familia o el interés de nosotros mismos. Eso va en último lugar de prioridad. Llamo a todos que esa la norma de trabajo a partir de este mismo instante. Para que podamos polemizar, a regular las perturbaciones compatriotas todos, porque ustedes lo saben, la crisis moral está allí; la crisis económica está aquí. Salgamos a la esquina y la vemos y la sentiremos que nos golpea el rostro y el alma.
La crisis social, está allí, palpitando amenazante. La crisis política que se sumó a todo esto, por supuesto, está aquí, aquí la tenemos representada. Este recinto es una caja donde se encierra la crisis política. Abrámoslo.
Tenemos que buscar la manera de regular estas crisis, porque así llegamos al presente, al día de hoy, y lo más grave es que después de 1992, ¡cuánto golpes de pecho hubo¡, ¡cuántas declaraciones de rectificación¡, ¡cuántos juramentos y compromisos¡ y nada, el barco se sigue hundiendo, señores.
Yo voy a repetir una frase que no es mía, como ninguna de las que he dicho, ninguna es mía; yo más bien creo que tengo un poquito de cada cosa que uno va recogiendo en los caminos. Una frase que dijo aquí en esta misma tierra venezolana otro militar como yo, pero por supuesto muchísimo inmensamente más glorioso, yo no tengo glorias, lo que tengo son ganas de ser útil.. Aquel inmenso venezolano, infinito, que fue Don Francisco de Miranda, el Generalísimo, cuando Simón Bolívar, Coronel, perdió el Castillo de Puerto Cabello, la plaza de Puerto Cabello, que era el último punto fuerte de la Primera República, cuando al Generalísimo Francisco de Miranda le dan la noticia de que el Coronel Simón Bolívar había perdido la plaza de Puerto Cabello y con ella el parque, el último, la reserva del parque, Francisco de Miranda, dice la Historia, que lanzó la frase en francés (como no hablo francés voy a decirla en español y porque en español es que es apropiada) quizás el Generalísimo no quería que le entendieran quienes estaban cerca de él para no desmoralizarlos, a lo mejor, me imagino, y dijo en francés: «Venezuela está herida en el corazón». Hoy, después de siglo y medio yo retomo esa frase: nuestra Patria hoy está herida en el corazón, nosotros estamos en una especie de fosa humana. Por todas partes hay niños hambrientos, índices macroeconómicos sí —aquí tengo algunos, no los voy a leer, los sabemos, los conocemos en libros, en estudios y ya me suenan fríos a mí, prefiero ir por las calles a ver, a sentir, a llorar como uno llora cuando consigue los niños limpiando las tumbas de los cementerios, porque de eso viven, como ví en Barinas el 2 de enero cuando fui al cementerio a ponerle una corona a mi abuela Rosa Inés y salieron unos niños a decirle a Chávez: «Chávez, no hay tumbas para limpiar, tenemos hambre». Son niños de Venezuela y son también nuestros hijos. Yo tengo cinco, allá están, pero no tengo cinco, todos los niños que me consiga a mi paso, aunque sean los hijos de mis más duros adversarios, también yo los considero mis hijos porque ellos son inocentes de las pasiones que a nosotros nos impulsan.
Hoy Venezuela está así, en una situación, doctor Velásquez, usted que conoce mucho más la historia que yo, habría que revisar como estaba Venezuela después de la Guerra de Independencia en aquellos años cuando Simón Bolívar se enteró que había regresado de Europa su tío Esteban Palacios y le escribio aquella famosa y hermosa y dolorosa carta «Tío Esteban, usted de nuevo en Caracas, Caracas no existe». Yo no estoy de acuerdo, si aquella época comparándola con ésta, no estoy seguro cuál, en cuál de las dos había más miseria, más hambre, más necesidades, 80% de pobreza, me da verguenza, señores del mundo. Decir esto, algunos no creen, por allá en la lejana Europa donde cae mucha nieve, cuando uno habla estas verdades y es difícil que crean esto; es muy difícil creer que en una suma de factores, todos positivos, el resultado sea negativo. ¡Tanta riqueza¡, se preguntarán ustedes; la reserva de petróleo más grande del mundo, la quinta reserva más grande del mundo en gas, oro, un inmenso Mar Caribe rico y hermoso que nos une con tantos hermanos de ese mare nostrum, ríos inmensos, caudalosos, hay pueblos que han tenido que hacer ríos debajo del desierto, han tenido que construir ríos debajo de la arena para llevarle agua a sus pueblos, nosotros somos uno de los países con mayor reserva de agua dulce del mundo entero, millones de hectáreas de tierra fértil, inmenso territorio propicio para el turismo, un pueblo joven, alegre, dicharachero, caribeño y pare ahí de contar, con una suma, todo eso igual 80% de pobreza ¿quién puede explicar eso? ¿qué científico puede explicar esto?.Decía Galileo Galilei que el alfabeto con el que Dios escribió al mundo fueron las matemáticas, tendremos que llamar a Galileo Galilei y a sus asesores a ver si ellos desentrañan el misterio matemático que hay en Venezuela.
Decía el doctor Uslar hace unos días atrás, hace unos meses atras, hace unos años atras que aquí en Venezuela se evaporaron 15 planes Marshall con los cuales se hubiesen reconstruido 15 Europas, incluyendo todas las bombas que lanzaron y todas las invasiones y los muertos y las bombas atómicas. 15 Planes Marshall, Presidente Banzer, aquí se evaporaron, 15 Planes Marshall ¿dónde están?; el que sepa, dígame; el que tenga alguna información de dónde está eso, dígamelo.
Esa es nuestra realidad señores, y yo aunque hay un viejo dicho que por allí anda rodando, según el cual «por la verdad murió Cristo», se dice mucho en nuestros pueblos; Leonel, también allá en Santo Domingo, seguro; bueno. Yo soy uno de los que cree que si por la verdad murió Cristo, y si por la verdad tiene que morir uno más, pues aquí estoy a la orden; pero no podemos seguir mintiéndonos a nosotros mismos, no podemos seguir engañando a nuestros hijos, a nuestros jóvenes, hablándoles de mundos que no existen. No. Una de mis principales tareas queridos amigos y así la asumo, es decir las verdades en las que creo, porque la verdad, la verdad verdadera, sabemos nosotros los católicos que la tiene Dios. Pero las verdades de las que uno está convencido, yo las voy a decir, de diversas maneras.
Estaba recordando ahora mismo aquel «Delirio sobre el Chimborazo», cuando Bolívar se consiguió con el tiempo, con el Eterno y nunca olvido una de las cosas que el Eterno le dijo a Bolívar allá en el Chimborazo. Presidente Mahual: Bolívar deliró y subió y tocó al Eterno y el Eterno le dijo: «Tú, pequeño mortal ¿qué te crees? anda allá y di la verdad a los hombres». La verdad es esa, Venezuela está herida en el corazón; estamos al borde de un sepulcro; pero como los pueblos no pueden morir porque los pueblos son la expresión de Dios, porque los pueblos son la voz de Dios, resulta queridos compatriotas que felizmente, por encima y más allá de toda esta catástrofe inmensa, hoy en Venezuela estamos presenciando, estamos sintiendo, estamos viviendo una verdadera resurrección. Sí, en Venezuela se respitan vientos de resurrección, estamos saliendo de la tumba, y yo llamo a que unamos lo mejor de nuestras voluntades porque es el momento de salir de la tumba. Es el momento de repetirnos también aquello de que vacilar es perdernos. A todos les llamo sin excepción, a todos. Vamos juntos a salir de esta fosa. Vamos a discutir, pero también vamos a actuar de la manera más rápida para salir de esta fosa.
Nosotros tenemos un proyecto, que no es nuevo, no, ni es original nuestro tampoco, no. Desde aquellos tiempos de Yare, de aquella escuela que fue Yare comenzábamos entonces a tratar de definir algunas líneas de un proyecto; pero no un plan de gobierno ¡por Dios¡ No, ya basta de estar damdo tumbos, de estar zigzagueando, de dar marchas y contramarchas como un barco sin brújula, sin timonel, sin capitán; donde la tripulación no sabe que hacer sino sobrevivir. Nosotros ante esta realidad tremenda que tenemos, le hemos planteado a los venezolanos un proyecto, le hemos dado varios nombres a lo largo de estos años, pero ya por 1995 lo llamábamos Agenda Alternativa Bolivariana, y lanzamos líneas para la discusión. Luego, en plena campaña electoral, insólita, lo lanzamos al mundo como el proyecto de transición; pero en el fondo, es el mismo viejo sueño bolivariano: un proyecto de desarrollo integral para Venezuela.
Desde hoy comenzaremos a aplicar las medidas que a nosotros, como Poder Ejecutivo Nacional, nos corresponde, pero claro que no bastará eso. No será suficiente eso, será necesario —insisto— en que cada quien aquí asuma sus responsabilidades, y especialmente quienes tenemos responsabilidades de conducción de instituciones públicas, privadas, religiosas, económicas, sociales, educativas, etc. Afinemos el rumbo, démosle a nuestros hijos y a nuestros nietos una patria que hoy no tenemos.
Nunca olvido el verso de Pedro Mir, ese gran poeta dominicano: «Si alguien quiere saber cuál es su patria, no la busque, tendrá que pelear y luchar por ella». Yo llamo a los venezolanos a luchar todos para que tengamos Patria, para que tengamos una Venezuela verdadera, una democracia verdadera. En lo político nuestra propuesta y desde hoy nuestra acción orientada hacia la transición transformadora, porque eso también es conveniente decirlo, señores, nosotros tenemos que darle cauce a un movimiento que corre por toda Venezuela.
Esa resurrección a la que me refería, tiene una fuerte carga moral, social, es un pueblo que recuperó por su propia acción, por sus propios dolores, por sus propios amores, recuperó la conciencia de sí mismo y allí está clamando, en las afueras del Capitolio y por donde quiera que vayamos. Eso no tiene otro nombre que una REVOLUCIÓN. Terminando el siglo XX y comenzando el siglo XXI venezolano aquí se desató una verdadera revolución, señores y yo tengo la certeza de que nosotros le vamos a dar cauce pacífico, que nosotros le vamos a dar cauce democrático a esa revolución que anda desatada por todas partes.
Yo tengo una gran fe en que le vamos a poder dar cauce, como se le puede dar cauce a un agua o a un río para que vaya al mar de manera ordenada y lleve vida a las riberas y a los pueblos, pero en el supuesto negado, digo yo negado, y ojalá, Dios mío, que sea negado, en el supuesto negado de que los dirigentes de hoy, de que nosotros no podamos darle cauce a esa fuerza desatada, igual que los ríos se desbordan como el Arauca en el invierno o como los ríos de cualquier parte que se desbordan y arrasan las sementeras y se llevan las vidas de los hombres en vez de darle la vida. Ese pueblo necesita cauce. No podemos defraudarlo de nuevo, no podemos desfigurar el proceso. Asumamos con coraje y con valentía la tarea de darle cauce a la revolución venezolana de este tiempo o la revolución nos pasa por encima, tenemos dos alternativas, son dos opciones que tenemos: o le damos cause a esa fuerza o esa fuerza nos pasa por encima.
Yo estoy seguro que ese pueblo que está allí resucitado va a buscar sus caminos, hoy recuperó credibilidad en una oferta, en una propuesta, en un camino, si la perdiera mañana esa fuerza, así como el agua, va a buscar salida. Por eso imploro la voluntad, la buena voluntad de todos para que entre todos le demos cauce a la revolución necesaria, porque es necesaria en lo social, en lo económico, en lo político, en lo ético. Tenemos que revolucionarnos, incluso nosotros mismos, es hora de oír a Bolívar de nuevo y ahora es cuando los venezolanos van a oirme hablar de Bolívar, porque ese es el faro. El 4 de julio de 1811 se debatía aquí en Caracas también, Presidente Menem !qué cosas de la historia que se repiten¡ ¿no? entre los revolucionarios de la sociedad patriótica que clamaban por la independencia y los conservadores apoltronados que decían: ¡no! reconozcamos más bien los derechos de Fernando VII y Bolívar, que era uno de los líderes de la Sociedad Patriótica, dio aquel memorable discurso: «Piden calma, ¿acaso 300 años de calma no bastan?, que hay que esperar a ver que decisión toma España, que nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o los conserve, si nosotros estamos dispuestos a ser libres», hoy es el mismo dilema, estamos entre el mismo dilema.
Nosotros por supuesto y yo, sin duda, estoy en las barras bolivarianas, vacilar sería perdernos, no podemos vacilar. Por mi parte, tengan ustedes la certeza que yo, como estoy seguro muchos venezolanos, pero hablo por mí en este instante como Presidente de Venezuela, yo no vacilaré un instante en hacer lo que tenga que hacer; no hay marcha atrás. El consenso si, lo quiero, pero no el consenso retrógrado, porque también decía Bolívar aquello en ese mismo discurso, ahora que lo recuerdo; el decía: No es que haya dos Congresos, nosotros queremos la unión, no podemos estar dividiendo el Congreso, pero el Congreso debe oír a la sociedad patriótica, Y entonces decía Bolívar: «Unirnos para apoltronarnos, unirnos para observar como pasan los acontecimientos, antes era una infamia, hoy es una traición». Hoy señores, unirnos a los que quieren conservar esto tal cual está, buscar consenso con los que se oponen a los cambios necesarios, yo digo hoy como Bolívar: ¡es una traición¡.Y si alguien debe tener claro eso es este que está aquí hablándoles a ustedes, porque yo estoy aquí no por mi, yo estoy aquí por un compromiso; yo no soy causa, soy consecuencia. Así que yo, Dios me perdone, siempre lo digo, yo prefiero la muerte antes que la traición; así lo declaro ante el mundo y lo declaro ante Venezuela: no hay marcha atrás en la revolución política que tenemos que impulsar y que claman las calles del pueblo de toda esta tierra de Bolívar.
Por tanto, dentro de esa propuesta política que es, ustedes lo saben, el eje central de ese proyecto en lo político, pero que tiene fuerte impacto en lo económico y en lo social y en lo moral y en lo jurídico y en el todo. Yo he recibido con mucho beneplácito los cambios de posición; a veces uno no se explica muy bien pero bueno, avancemos.Yo a veces no me explico cómo y tampoco voy a buscar explicaciones, personas que hace apenas un mes se referían a la Asamblea Constituyente como el caos, una obra maléfica de Satanás que nació en Barinas de nuevo y anda por Venezuela oloroso a azufre; un plan preconcebido por el tirano Chávez para establecer una dictadura en Venezuela, para acabar con la democracia; un plan maléfico. Ahora, hoy veo con alegría que dicen que «venga la Constituyente», «me lanzo a la Constituyente» han dicho algunos aquí en este Congreso.
¡Láncense!, vamos a lanzarnos todos. Eso sí, cuando uno se lanza, yo lo aprendí por obligación y por necesidad, cuando uno se lanza debe tener un buen paracaídas. No se vayan a lanzar así al vacío. Lancémonos pues, eso es lo que se quiere. Ahora, lo que sí es conveniente señalar es que el proceso lleva su ritmo, el proceso lleva su marcha. No podemos frenar el proceso. No, mucho menos desviarlo de cauce para que dé vuelta sobre sí mismo y se hunda de nuevo. No, no lo vamos a permitir, hasta donde yo pueda no lo voy a permitir, y yo estoy seguro que más de 12 millones, por lo menos, de venezolanos, no lo van a permitir. Así es que lo que yo le sugiero a todos, a todos ustedes y a las diversas toldas y tendencias políticas, es que sigamos el proceso, alimentémoslo, démosle un esfuerzo creador, pero siempre oyendo allá afuera. No cometamos el error, craso sería, de oírnos solamente a nosotros mismos. No, es el momento de oír la voz de la nación y de oír ese tintineo que anda por todas partes; de recogerlo en un lazo y de hacerlo realidades.
Y dentro de esta propuesta política yo debo hacer un reconocimiento, ahora ya como Presidente de la República, a la Corte Suprema de Justicia, porque también tenemos que recordar esto, señores: después del 6 de diciembre, con aquel triunfo del pueblo comenzaron a cambiar de opinión algunos que decían que la Constituyente era un salto al vacío, que era una locura. Entones comenzaron a decir otras cosas —yo siempre les sigo la pista— ya no es un salto al vacío, ya no es una locura; pero ahora para poder ir a una Constituyente hay que reformar la Constitución. Lo señalamos en su momento como la «trampa constitucional», lo mismo que hizo Adolfo Hitler con la República de Weissmar para parar un proceso. El entrampamiento a través de una interpretación interesada, inflexible y rígida de una Constitución que, ciertamente, como lo dije cuando juré: estaba moribunda y va a morir para que nazca otra. Tiene que morir y junto a ella el modelo político nefasto al que dio nacimiento en estos últimos cuarenta años. Eso tiene que morir. Va a morir, señores. Acéptenlos todos y es necesario que muera, pero claro que, al mismo tiempo es necesario que nazca otro modelo.
La decisión de la Corte Suprema de Justicia es para la Historia, ciudadana presidenta. Sin duda que es para la Historia, sentando cátedra de lo que es el Poder Constituyente originario, de lo que es la soberanía, como lo decía Rousseau y como también Bolívar en ese pensamiento que ya cité al comienzo. «:Convoquemos la soberanía popular para que ejerza su voluntad absoluta». Pero ¿acaso le podemos tener miedo a la soberanía popular? ¿No hablamos de democracia, pues? La soberanía no es nuestra, el Presidente de la República no es soberano, el Congreso de la República aunque lo llamen soberano no es soberano, la Corte Suprema y los tribunales no son soberanos, el único soberano aquí en la Tierra, en el pueblo, en la tierra venezolana es ese pueblo, no hay otro. Ese es un principio universal y elemental. Después de la decisión histórica de la Corte Suprema de Justicia, se apagaron las voces de los que clamaban todos los días que había que reformar la Constitución y ahora ha cambiado también la dinámica. La decisión de la Corte Suprema de Justicia ha acelerado el proceso y eso habrá que reconocerlo para la Historia, porque todo esto que está ocurriendo en Venezuela, hora tras hora, compatriotas, día tras día, está quedando grabado para las páginas de la Historia.
Continúa...