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Reforma e Ilustración

por joseleon71 @ Sábado, 29. Sep, 2007 - 05:06:23 pm
Nota del libro
Reforma e Ilustración, de Andrés Monares, editado por la Universidad Bolivariana de Chile (2005)

“A estas alturas es obvio que la Ilustración no fue la época del avance del saber por medio de la razón. Tampoco se podrá sostener que tal postura habría dado inicio a un infinito camino hacia el conocimiento progresivo y pleno de la verdad (y menos todavía de la verdad entendida como Dios). Por el contrario, durante dicho período se argumentó sobre la limitación de la mente y, basados en tal premiosa religiosa, sus intelectuales construyeron sus sistemas filosóficos”.

“…más que irónico, es patético, que la legitimación del imperialismo se sostenga por los propios dominados”
A. M.

“En América Latina, el color no es un detalle” (7), afirma Andrés Monares. Descubrir la complejidad que se esconde detrás del impulso de hombres y mujeres a “blanquearse”, y en general a adoptar el modo de vida globalizado por el occidente anglosajón forma parte de las intenciones del autor, y para hacerlo baraja, repite, insiste, en pocas y muy básicas ideas, que se remontan a la Reforma, precisamente a las ideas de Juan Calvino. Expone Monares cómo actuaron en el pensamiento de Isaac Newton, en Locke, en Adam Smith, en Rousseau, esto es en lo que se conoce como Ilustración.
Las ideas:
1. Dios creó el mundo y lo gobierna “de forma constante”.
2. El pecado original provocó la corrupción absoluta de los individuos. (De ahí a “El hombre es el lobo del hombre” o el hombre es malo por naturaleza, no hay efectivamente ni un paso)
3. La vida está predeterminada por Dios y no es un fin en sí misma.
Estas tres ideas hacen imposible el libre albedrío, por no decir la libertad, y replantean la noción de autonomía. En efecto, si Dios es absoluto entonces habría creado el mundo de una vez y para siempre. Así, nada ni nadie tiene libre albedrío porque Dios todo lo mueve. Nadie necesita la razón, no elige ni decide, el concepto de autonomía que entienden los calvinistas es el conducirse de acuerdo a una ley interior dictada precisamente por Dios, llámese más claramente conciencia. La autonomía es pues, conducirse de acuerdo a las “leyes de Dios” que ya están con y dentro de nosotros desde la creación. Las élites (los elegidos) son celosas –advierte Monares- de que la autonomía sea contradicha, porque se trataría de contradecir el “sentido común”, lo normal, lo establecido, el absoluto status quo. Las instituciones económicas y políticas serán pues, inalterables “entes suprahumanos, autónomos, abstractos e impersonales” (165).
Y como todo ya fue creado y dado desde siempre, es por lo que nada debe ser modificado. Las condiciones de vida, las injusticias, la inequidad, el orden del mundo, no puede ser trastornado con cambios y revoluciones. Siguiendo y citando a John Locke, Monares explica que toda “la administración y gobierno del género humano” estaría “predestinado por Su sabia, justa y arbitraria voluntad y sería llevado a cabo por Su Providencia. Cada acontecimiento de la vida de una persona, su rango su propesperidad o pobreza; las costumbres de una sociedad, su estructura social, las formas de gobierno y de subsistencia; el poder de una nación, su decadencia o destrucción. Todo ya estaría decidido a favor de los pocos elegidos de la Deidad y sólo cabría esperar (y, de ser elegido, cooperar a) ese inexorable devenir” (58).
Si no existe libre albedrío y al mundo lo gobierna enteramente Dios, asuntos como la economía son sencillamente divinos. De aquí a la “mano invisible” de Adam Smith no hay ni un solo paso, pues se trata del mismo movimiento reformado que interpretó el orden del mundo desde la teología de Calvino. George Soros, en Globalización (Planeta, 2002) dice sin apartarse un ápice de la economía reformada descrita por Andrés Monares, que: “La visión dominante, al menos en el mundo angloparlante, es la siguiente: el capital siempre ha estado encantado de zafarse de impuestos y regulaciones, de manera que es fácil interpretar que la tendencia actual a reducir los impuestos y las regulaciones es una manifestación eterna y universal del las leyes económicas (naturales y, por tanto, válidas). Llamo a esto fundamentalismo de mercado. Esta postura –sigue el mgnate ensayista- sostiene que la distribución de los recursos se debe dejar en manos de la dinámica del mercado y que cualquier interferencia con esos mecanismos reduce la eficiencia de la economía” (22). La “mano invisible” de Smith, por supuesto, pero Calvino en el fondo, profundamente.
Otras ideas que rondan a las tres arriba citadas, es que el hombre (de la mujer ni hablar) no puede valerse de la razón para gobernar su vida porque ésta se encuentra destruida por el pecado, a lo sumo empleará sus instintos para “hacer cosas útiles” que le permitan sobrevivir, crecer y multiplicarse, como lo manda Dios en el Génesis.
La paradoja que nos divierte y alerta es que los señores arriba mencionados son considerados los fundadores de la modernidad, de las ciencias naturales, políticas, económicas, trazaron además la ruta que conduce a las ciencias positivas y objetivas, y todo ello fundamentado en la razón o la racionalidad. Pero Monares dedica su libro a demostrar(nos) que en realidad fueron teólogos, y que no hicieron otra cosa que teología, lo cual no estaría mal si no fuera porque el principio de realidad, el de ciencia y conocimiento que, por ejemplo, nuestras universidades manejan, funda sus bases precisamente en la Ilustración. De modo que al aceptar los principios de las ciencias naturales estamos aceptando los principios que les valieron a estos científicos-teólogos para demostrar la existencia de Dios -según Calvino. “Lo que el prejuicio moderno ha visto como una actividad filosófica profana, siempre fue en realidad teología” (10). La investigación tenía pues, fines religiosos o en otras palabras su ciencia era religiosa, fenómeno éste “peculiarmente inglés” (Willey).
Una de las ideas que se desprende de las anteriores es que a Dios no se le puede conocer con la razón, esto es, que lo infinito no puede ser conocido con lo finito, de modo que sólo resta “reconocer la existencia y los atributos de la Deidad en la naturaleza, “cosa terrena” posible de investigar” (20). Luego, esta corriente de pensamiento evidentemente se separa de la tradición griega y de la metafísica (a la que aborrece como a toda especulación sobre cosas “inútiles”) que alimentó por ejemplo la tradición de pensamiento católica y latina. “La recta razón medieval –afirma Monares- será reemplazada, y con ella toda la tradición moral y racionalista griega que siguió vigente en la interpretación que de ella hizo del Cristianismo medieval, por una especie de simple reacción mental” (82). La ciencia ilustrada modificó “la definición de ser humano que por siglos sostuvo Occidente” y, consecuentemente la idea de política, dejó de ser asunto humano, racional y consciente. (Invadir un país tras escuchar la voz de Dios es comprensible en este ámbito teológico.) Veamos además, lo que pensaba Rousseau sobre la política y la autonomía, según Andrés Monares: “…basado también en sus creencias calvinistas, dice que esa intervención divina es necesaria pues, por el pecado original, los individuos están corruptos en su entendimiento y sólo tienden al mal. De ahí que afirme lo “impracticable” de una teoría que proponga que el gobierno político se deba fundamentar y guiar por la “mera razón”: sería un sistema para “seres imaginarios” (147-148) (No creo después de ver esto, que los calvinistas de hoy, EEUU e Inglaterra a la cabeza, entiendan, acepten, comprendan lo que significa “poder popular”, e instituciones como los Consejos Comunales. Corresponde a nuestra tradición el sentido de pertenencia que “conlleve una autogestión de carácter fraterna y solidaria en todas las esferas de la comunidad, a partir de una racionalidad capaz, y efectivamente de cada sujeto y realizada por cada sujeto” (169) “Todo es bueno –decía muy al contrario el ginebrino- cuando sale de las manos del Autor de todas las cosas; todo degenera entre las manos de los hombres” (148).
Para Adam Smith por ejemplo, la vida en común (que en buena parte según la entendemos nosotros, tiene que ver con la política) no es posible apelando a la bondad humana ni al consenso racional, y si acaso llegamos a ayudarnos no será de manera desinteresada sino por “un intercambio mercenario de buenos oficios” (111). La solidaridad y la cooperación no tienen sentido para los ilustrados anglosajones, movidos como se mueven por el egoísmo de atender a sus propios y exclusivos intereses. Para el apóstol del neoliberalismo todos los miembros de la sociedad deben perseguir sólo su interés privado, y sólo esta pujanza egoísta –que no debe ni puede ser interferida- creará la “armonía”, la misma a la que nos tiene acostumbrado el (discurso sobre) libre mercado. Para Smith los seres humanos son “egoístas por naturaleza”, sentimiento en sumo grado productivo pues es el que nos mueve a perseguir el lucro. “De ello depende que la sociedad pueda existir y que “progrese” al enriquecerse o difundirse “una general abundancia en todos los rangos” (151). Para Aristóteles el ser humano ha de buscar consciente y racionalmente el bien y la felicidad, para Smith “la naturaleza nos ha dirigido (…) mediante instintos originales e inmediatos” (113).
Por otra parte, si la razón es defectuosa y precaria a causa del pecado original, de la perversión, de la maldad, no es posible razonar de forma adecuada sino apelando a una “serie de pasos dados” para lograr el “objetivo de investigación: el dominio tecnológico del mundo. Pues, no puede alcanzar otro” (27). De ahí que Bacon, quien fuera el primero que dijera con estas mismas letras (pero en inglés) “el conocimiento es poder” (¿les suena?), propuso un método “no una filosofía”, “que desemboca irremediablemente en la mera aplicación práctica de ese entendimiento limitado a fin de mejorar la condición humana”; “en adelante la prueba de si algún conocimiento es verdadero radicará en su posibilidad de aplicación (…) Ese particular criterio de lo verdadero se validó además socialmente, al ser acorde con la tendencia utilitaria inglesa de los ambientes profanos de la época” (27).
Con Newton comienza la ilustración una vez que logró con la matemática medir la existencia de Dios, esto es “reconocer a la Deidad y sus atributos” (28) en la naturaleza. La realidad y lo que vale la pena conocer será lo cuantificable, no se requiere conocer la esencia de los hechos o las cosas, simplemente “se medirán sus atributos’ (los que hoy se definen como índices” (177). Desde entonces las palabras serán consideradas demasiado subjetivas y viajarán en ellas, no así en los números, las imprecisiones, lo a-científico, incluso lo poco serio. Argumentar será oficio de sofistas trasnochados.
Existe pues, una diferencia sustancial entre la ciencia anglosajona (ilustrada) y la que se rezagó, fue aplastada, negada, desconocida, con el relegamiento y desprecio a que fue sometida por el impulso expansionista, imperial de Inglaterra y, por supuesto, de todos los países que cayeron bajo su influencia (y la de Calvino) y que continuaron acaso más agresivamente sus políticas. EEUU, por ejemplo.
Locke declaraba “razonable y justo” –dice Monares- tener derecho “a destruir aquello que nos amenaza con la destrucción” y que aquellos violadores de la ley natural “merecen ser tratados como animales de presa, como criaturas peligrosas y nocivas” (91). “Se requiere destruir –explica Monares más adelante- las formas culturales no modernas para que no estorben o imposibiliten la transformación hacia lo que se ha dado en llamar progreso. El cual en este contexto tiene dos sentidos: uno explícito y otro implícito: El primero se refiere a una condición sociocultural en sí (anglosajona o globalizada neoliberal) valorada como superior; por tanto deseable, y que conlleva un estatus superior. El segundo, el tácito, a las condiciones socioeconómicas y políticas que les permiten a los grupos privilegiados seguir acrecentando y asegurando su riqueza, poder y estatus” (168). (Para tener una imagen concreta de este pensamiento ilustrado remitirse a Abu Ghraib, Guantánamo y a cualquier noticia de los periódicos de hoy –hoy continuo cuya percepción oscila entre la desfachatez y la desesperación- sobre matanzas de mujeres y niños iraquíes.)
A nuestra tradición nos corresponde la “posibilidad cierta de la razón para alcanzar de forma progresiva la verdad” (46). Camino infinito “durante el cual se podrán y deberán ir mejorando paulatinamente las herramientas racionales y técnicas para lograrlo”, como lo afirmara Nicolás de Cusa (1401-1464). “Tomar conciencia –nos dice Monares- de que se puede partir de otras bases para elaborar sistemas en realidad racionales y consensuales o revitalizar algunos tradicionales, no es otra cosa que el hermoso desafío a que da lugar un entendimiento capaz y en realidad propio” (169).
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Algunos artículos de Andrés Monares
¿Neoliberalismo con rostro humano?
El ladrón detrás del juez.
Y yo soy de izquierda.
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/newton.pdf
¿Quién podría ser neoliberal?.
Modernidad y crisis ambiental: en torno al fundamento de la relación naturaleza - ser humano en occidente
Evolución de la economía en Occidente.
De la ética del trabajo al afán de lucro.

Electricidad en las costillas, los pies en la tierra
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Dios destruyó las viviendas
Este mes el gobierno de Bush dio la aprobación a la Autoridad de Vivienda de Nueva Orleáns para demoler los cuatro complejos que incluían 4.500 viviendas públicas dañadas tras el huracán Katrina. La sensibilidad social de algunos gobernantes republicanos estadounidenses se puede apreciar en estas declaraciones del congresista Richard Baker poco después del huracán, pero que difundió la televisión Democracy Now el pasado 25 de septiembre: "Finalmente eliminamos las viviendas públicas en Nueva Orleáns. Nosotros no pudimos hacerlo, pero Dios lo hizo".
Pascual Serrano en Perlas informativas del mes de septiembre 2007

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Ver:
- Profesor universitario despedido por poner en duda el carácter divino de la Biblia
- El fundamentalismo cristiano y su influencia en la política de Estados Unidos en Oriente Próximo
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LEONARDO [Visitante]

29.04.08 @ 17:46

Me parecio muy interesante el post. Ahora, me preguntaba José si podrias responderme qué relacion se podria establecer entre la concepcion religiosa calvinista y los supuestos acerca de la realidad que postulaban los pensadores ilustrados.
Me gustaria -de ser posible- que me respondieras por mail. Gracias, y saludos desde Argentina.

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