Isla Dorada, 12 de febrero de 2007

A la “Tía” de César Augusto León
o a la responsable de conducir la actividad sobre “Los Héroes”

Del papá de César:

La siguiente es para dejar sentado mi desacuerdo con la actividad mencionada, por varias razones. La primera, que en nuestra casa mantenemos una pelea sorda y sin cuartel contra la televisión. Nuestro hijo ve televisión, sí, como todos o muchos niños lo hacen, pero cuando en cualquier hogar esto se asume de manera natural, para nosotros, su mamá y yo, el asunto es siempre, siempre, motivo de preocupación.
Debido a ello, tratamos de mantenermos distanciados y críticos con respecto a la TV. Por tal motivo es que no me parece que debamos trabajar con la noción de Héroe, porque dicha noción se refiere por lo menos a tres tipos diferentes de objetos, de los cuales dos no me interesan para nada, salvo para mis clases de semiótica, y del tercero, para fines literarios. De las dos primeras que hablo es de los Héroes de la Patria y de la Televisión. De los primeros, nunca me he comido su cuento: me parece interesante Bolívar pero no practico su culto. La religión de la Patria no es de mi interés. Los de la TV me dan asco. Sobre todo, porque no hacen sino promover la imagen de los EEUU como salvadores del mundo, cosa que Irak y Afganistán, para no ir más lejos ni más atrás, desmienten. La tercera noción de héroes es literaria, y con ella me quedo, al menos no daña a nadie, salvo a Don Quijote.
¿Que se le puede dar la vuelta y dejar de pensar en Supermal (así le pronuncio el nombre de Superman a mi hijo)? Sí, puede ser, entonces tenemos que el médico es un héroe, que el bombero y el policía son héroes, etc. Sí, puede ser, pero resulta que la noción “héroe” que aquí se emplea es la de la televisión. No son ni héroes de la patria, ni personajes literarios, son “personajes de la televisión”. De ahí mi rechazo a la actividad, pues no quiero verme implicado en el reforzamiento de esa noción. Que la televisión haga lo que tiene que hacer, que yo hago lo que tengo que hacer.
Me parece, no obstante, que se debe trabajar el asunto de la ficción y la realidad, y es cierto que muchos niños se lanzan de un techo con una sábana amarrada al cuello. Lo acepto, pero si antes aceptamos que esa deformación es producto de la televisión, y que hasta que esa fábrica de ilusiones falaces (porque las hay verdaderas, y no son las de “Sábado Sensacional", por cierto, programa que no sé si existe todavía) exista, no dejarán de existir niños que jueguen a Batman y hombres y mujeres que se transforman el cuerpo en función de imágenes modélicas televisivas. Mi trabajo en ese sentido es evitar que mi hijo traslade esas nociones a la realidad, que para él un bombero sea un bombero y no un héroe, que un médico sea un médico y no un héroe, etc., porque de ahí a creer que un soldado es un héroe, y de ahí a que la guerra es necesaria y un camino a la gloria y no una forma de la estupidez humana, sólo hay un paso.
Conscientemente, no voy a reforzar nociones televisivas, y de los únicos héroes de los que le voy a hablar –bien- a mi hijo es de los literarios. Ni de los de la Patria ni mucho menos de los de la TV. En cualquiera de esos dos casos se producen perversiones y malos entendidos. Del culto sagrado a Bolívar, al culto sagrado de Súperman también hay un paso. Sí de Bolívar pasamos a Súpeman y de ahí al Bombero, pues queda claro que no se hace sino reforzar la confusión y la mala interpretación. En definitiva, un bombero es un bombero, simple y llanamente, no un héroe. Igual que Bolívar. No puedo decir lo mismo de Súperman, porque él no puede ser otra cosa que un héroe, así no se quite los lentes.
Chistes aparte, me despido de usted esperando que me entienda, y contento porque ciertamente me siento agradecido de que me invite a participar en la formación de mi hijo, pero no puedo por lo antes expuesto y por un montón de cosas más, hacerle el juego a la TV, por inocente que parezca la actividad.

Hasta luego,
José Javier León