Sobre el artículo de Ramón Alberto Escalante
José Javier León
Causa indignación ver el desfile de barbaridades que el columnista Ramón Alberto Escalante (RAE) –en http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=19691 - descarga sobre el tema del carbón y en especial sobre un “manifiesto del Sindicato Zuliano de Trabajadores del Carbón –organización que no previó ni corrigió los gazapos (peor, firmas falsas) de los que el señor Escalante no se da por enterado, lo que demuestra, si es que alguna vez lo vio, que es mal observador o si no, que se lo contaron- en el cual protestan contra la demonización de sus actividades”. (El documento en cuestión salió en los días de la visita presidencial a la región, cosa que no valora RAE, pero que provocó –quien quita- la salida accidentada o apurada del mismo).
Causa indignación porque el racismo y la xenofobia alcanzan un grado escandaloso, aunque acusa a los “románticos ecologistas” de ser ellos los racistas y de operar, además, tarifados desde el extranjero, siguiendo aquí los argumentos que esgrime en baja y alta voz el Gral. Martínez Mendoza. Quiere hacer creer que cuando hubo silencio fue complaciente, pero no dirá jamás RAE que la prensa regional ha estado y ha sido silenciada –ciertamente embozalada- por la imagen corporativa de Corpozulia, cuando se trata de intentar desmontar –con la verdad- el andamiaje publicitario que alienta y da vivas por la actividad carbonera, de antes y de ahora. No dirá ni reconocerá que las marchas y actividades contra el carbón llevadas a cabo aquí en Maracaibo, pero sobre todo en la ciudad de Caracas, en las que participan una gran cantidad de colectivos y organizaciones populares –acusadas de recibir financiamiento de la CIA!, son silenciadas por los medios del Estado, cubiertas a medias contra toda presión o, como la última, acaecida en el marco del Foro Social –una marcha “Por Todas Nuestras Luchas”-, simplemente tergiversada. El señor Escalante insinúa, mintiendo, que sospecha de una componenda entre los extremistas ecologistas y los medios caraqueños, lo que deja entrever él, que es una ficha de la oposición en el Estado Zulia, que hay una suerte de infiltrados en el gobierno, terroristas, mafia verde internacional.
Por otra parte, lamentablemente seguimos siendo un país donde la Capital y la figura del Presidente tienen una preponderancia que atenta precisamente contra el poder popular a la vez que alimenta frases como aquella falsa del “interior del país”, la cual supone a Caracas en un extraño y casi siempre privilegiado “afuera”. De modo que es una ingenuidad maliciosa esta de afirmar que el esfuerzo hecho a pulso por romper el cerco comunicacional tiene aliados en los medios caraqueños y que se dirige –con la actitud infantil de acusetas- a que el Presidente se prejuicie contra la industria carbonífera.
Sobre la “satanización” de los carboneros, arrampla RAE empleando una retórica que da asco. Omitiendo testimonios, desafiando informes científicos, pasando por alto los pronunciamientos del Ministerio, con una ignorancia supina que demuestra a todas luces que desde aquel 1 de abril de 2005 no se ha preocupado por indagar la verdad en lo más mínimo, ni conocer la Sierra ni moverse de su Topus Uranius, porque para decir lo que dice le bastan las mentiras propaladas por los medios propagandísticos de Corpozulia, ignorando feliz e indocumentado lo que en verdad ocurre porque lo que le interesa es aportar un infundio más al costal –¡y en Aporrea.org!- sólo que en su prosa remilgada que no conmoverá jamás ni le interesa hacerlo, porque su visión es antípoda del camino que este país viene forjando desde y con las comunidades organizadas, los cimientos del Poder. Afirma, decía, de manera racista, que el indígena no sabe qué es la neumoconiosis, como si eso importara o fuera determinante. También, como si a los enfermos –sostenidos en un limbo entre la promesa y el chantaje- les interesara el nombre de la enfermedad como a él, un letrado académico de los que abundan, formados en Universidades desconectadas de la realidad, para luego concluir, haciendo gala de un silogismo falaz, que los pobres serán señalados como a leprosos, lo que revela que este señor vive en un extraño planeta donde supone que ese argumento de que los indígenas ahora serán mirados desde más lejos por sospecharse que tienen neumoconiosis propiciará una suerte de progroms. ¿Será que Escalante nos cree estúpidos?
Pero, por si no fuera poco, todo el artículo se soporta sobre este aspecto y convoca a sanciones por xenofobia y racismo. El cinismo desborda, pero no se queda ahí. Más adelante afirma, del mismo modo que Globovisión cuando intenta amedrentar las conciencias impresionables de los sectores donde cunde la desinformación, consumidores del miedo de los medios, sus víctimas predilectas: “¿Imagina usted, estimado lector, querida señora, la conmoción de un niño marense cuando escucha hablar que en su familia hay “neumoconiosis”?”
Luego acusa a los románticos ecologistas de radicales y extremistas (copiando por demás la jerga del Pentágono) y tras esa imagen que debería convocar al horror de las mentes “centradas” y “ecuánimes” (posición política de las que hace gala nuestro politólogo, reciente candidato a la Asamblea y querencioso de un espacio político desde donde capitalizar la sentimentalidad de los que no se identifican con las tonterías de la oposición pero que tampoco toleran el “verbo incendiario” de Chávez) nos arrulla con la lacrimosa frase: “humildes mineros de Mara y Páez, quienes recogieron de sus propios bolsillos para pagar un comunicado que es como la defensa de sus vidas.” Inmediatamente repite lo dicho hace casi un año, aquello de los 20 años que aquí no pasaba nada, para continuar la tesis corpozuliana de que el movimiento anti-carbón es reciente y coyuntural, que es financiado desde el exterior y que está integrado por extranjeros y turistas.
Por si no fuera poco, y otra vez con el afán de manipular la opinión pública como lo hacen los medios de la derecha, quiere persuadirnos de que los hermanos indígenas le interesan, y hacia allí, hacia la conciencia que se da golpes de pecho pero en el fondo los desprecia, no los ve, no los reconoce y los quiere para siempre invisibles, apunta cuando dice “¿no será más bien un argumento segregacionista contra la única industria zuliana que emplea básicamente indígenas? ¿o es que sólo por su condición de guajiros tienen que ser contaminantes, depredadores, enfermos y destructivos?” Racismo encubierto aparte, el politólogo renunció a entender, olvidó o se hace el pendejo ante la realidad de este mundo capitalista, que empleó mano de obra desarraigada y desaculturada para poder sostener y acrecentar su sociedad y modelo económico excedentario. No sabe ni quiere saber que las comunidades indígenas son esencial, culturalmente autosuficientes y que valores como el ahorro, la familia, la propiedad y el trabajo, vale decir, el proyecto liberal (como el que desean los de “Rumbo Propio”, movimiento secesionista que se agazapa –tira la piedra y se esconde- en esta región visitada puntualmente por el embajador norteamericano), no son los suyos y que desde 1492 están en guerra contra los atropellos, el genocidio y la muerte que ofrece, vende y compra la Civilización Occidental.
Sigue RAE devanando el hilo de mentiras tratando de poner el mundo de cabeza, con aquella vieja táctica de la escuela que consiste en acusar rápido y de primero al otro de lo que yo hice para encubrir mi travesura.
Causa indignación, pero más asombro, que el artículo lo haya leído en las páginas de Aporrea. Un discurso sesgado, falso y de claros ribetes palangristas, circula para beneplácito de la derecha corporativizada que pretende usar como escudo humano no a los hermanos indígenas, sino esa visión construida por el fascismo etnológico del “indolente y dócil salvaje”. ¡Y no me vengan con el cuento de la pluralidad!
El modelo de desarrollo que propugna y destila un artículo como el de Ramón Alberto Escalante es para decirlo con todas sus letras, contrarrevolucionario.
Sí. Abramos el debate. Son dos modos de concebir el destino del planeta los que pugnan. Vida o Muerte. Y no se trata de vacuo maniqueísmo. El plan desarrollista sostenido sobre este modelo energético está acabando con el mundo. Necesitamos otro desarrollo. ¿O es que la consigna “Otro mundo es posible” también está irrigada de petróleo y carbón, como únicos modos concebibles? El Socialismo del Siglo XXI exige replantear el modelo energético y la acertada estrategia de nuestro Presidente, al emplear el petróleo como un arma política, digna y soberana, a favor de los pobres de Venezuela, Sur América, el Caribe y hasta de los propios EEUU, contra el Imperio y las Corporaciones sedientas de combustible, que hizo hace unos días pronunciarse al presidente Bush sobre la necesidad de no seguir dependiendo del petróleo en clara referencia a la política de Chávez, debe servir como un compás no de espera sino de acción revolucionaria encaminada a la eventual, necesaria y urgente sustitución de una mentalidad y cultura mineras, que distorsionó por completo al país tanto en su estructura y apariencia visibles como en su interior, en su psique y visión de mundo, por una nueva cultura, una nueva economía, una nueva sociedad.












08.10.07 @ 17:57