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Archivos de: Febrero 2006

Sobre el artículo de Ramón Alberto Escalante

por joseleon71 @ Jueves, 23. Feb, 2006 - 01:27:36 pm

Sobre el artículo de Ramón Alberto Escalante

José Javier León

Causa indignación ver el desfile de barbaridades que el columnista Ramón Alberto Escalante (RAE) –en http://www.aporrea.org/dameletra.php?docid=19691 - descarga sobre el tema del carbón y en especial sobre un “manifiesto del Sindicato Zuliano de Trabajadores del Carbón –organización que no previó ni corrigió los gazapos (peor, firmas falsas) de los que el señor Escalante no se da por enterado, lo que demuestra, si es que alguna vez lo vio, que es mal observador o si no, que se lo contaron- en el cual protestan contra la demonización de sus actividades”. (El documento en cuestión salió en los días de la visita presidencial a la región, cosa que no valora RAE, pero que provocó –quien quita- la salida accidentada o apurada del mismo).
Causa indignación porque el racismo y la xenofobia alcanzan un grado escandaloso, aunque acusa a los “románticos ecologistas” de ser ellos los racistas y de operar, además, tarifados desde el extranjero, siguiendo aquí los argumentos que esgrime en baja y alta voz el Gral. Martínez Mendoza. Quiere hacer creer que cuando hubo silencio fue complaciente, pero no dirá jamás RAE que la prensa regional ha estado y ha sido silenciada –ciertamente embozalada- por la imagen corporativa de Corpozulia, cuando se trata de intentar desmontar –con la verdad- el andamiaje publicitario que alienta y da vivas por la actividad carbonera, de antes y de ahora. No dirá ni reconocerá que las marchas y actividades contra el carbón llevadas a cabo aquí en Maracaibo, pero sobre todo en la ciudad de Caracas, en las que participan una gran cantidad de colectivos y organizaciones populares –acusadas de recibir financiamiento de la CIA!, son silenciadas por los medios del Estado, cubiertas a medias contra toda presión o, como la última, acaecida en el marco del Foro Social –una marcha “Por Todas Nuestras Luchas”-, simplemente tergiversada. El señor Escalante insinúa, mintiendo, que sospecha de una componenda entre los extremistas ecologistas y los medios caraqueños, lo que deja entrever él, que es una ficha de la oposición en el Estado Zulia, que hay una suerte de infiltrados en el gobierno, terroristas, mafia verde internacional.
Por otra parte, lamentablemente seguimos siendo un país donde la Capital y la figura del Presidente tienen una preponderancia que atenta precisamente contra el poder popular a la vez que alimenta frases como aquella falsa del “interior del país”, la cual supone a Caracas en un extraño y casi siempre privilegiado “afuera”. De modo que es una ingenuidad maliciosa esta de afirmar que el esfuerzo hecho a pulso por romper el cerco comunicacional tiene aliados en los medios caraqueños y que se dirige –con la actitud infantil de acusetas- a que el Presidente se prejuicie contra la industria carbonífera.
Sobre la “satanización” de los carboneros, arrampla RAE empleando una retórica que da asco. Omitiendo testimonios, desafiando informes científicos, pasando por alto los pronunciamientos del Ministerio, con una ignorancia supina que demuestra a todas luces que desde aquel 1 de abril de 2005 no se ha preocupado por indagar la verdad en lo más mínimo, ni conocer la Sierra ni moverse de su Topus Uranius, porque para decir lo que dice le bastan las mentiras propaladas por los medios propagandísticos de Corpozulia, ignorando feliz e indocumentado lo que en verdad ocurre porque lo que le interesa es aportar un infundio más al costal –¡y en Aporrea.org!- sólo que en su prosa remilgada que no conmoverá jamás ni le interesa hacerlo, porque su visión es antípoda del camino que este país viene forjando desde y con las comunidades organizadas, los cimientos del Poder. Afirma, decía, de manera racista, que el indígena no sabe qué es la neumoconiosis, como si eso importara o fuera determinante. También, como si a los enfermos –sostenidos en un limbo entre la promesa y el chantaje- les interesara el nombre de la enfermedad como a él, un letrado académico de los que abundan, formados en Universidades desconectadas de la realidad, para luego concluir, haciendo gala de un silogismo falaz, que los pobres serán señalados como a leprosos, lo que revela que este señor vive en un extraño planeta donde supone que ese argumento de que los indígenas ahora serán mirados desde más lejos por sospecharse que tienen neumoconiosis propiciará una suerte de progroms. ¿Será que Escalante nos cree estúpidos?
Pero, por si no fuera poco, todo el artículo se soporta sobre este aspecto y convoca a sanciones por xenofobia y racismo. El cinismo desborda, pero no se queda ahí. Más adelante afirma, del mismo modo que Globovisión cuando intenta amedrentar las conciencias impresionables de los sectores donde cunde la desinformación, consumidores del miedo de los medios, sus víctimas predilectas: “¿Imagina usted, estimado lector, querida señora, la conmoción de un niño marense cuando escucha hablar que en su familia hay “neumoconiosis”?”
Luego acusa a los románticos ecologistas de radicales y extremistas (copiando por demás la jerga del Pentágono) y tras esa imagen que debería convocar al horror de las mentes “centradas” y “ecuánimes” (posición política de las que hace gala nuestro politólogo, reciente candidato a la Asamblea y querencioso de un espacio político desde donde capitalizar la sentimentalidad de los que no se identifican con las tonterías de la oposición pero que tampoco toleran el “verbo incendiario” de Chávez) nos arrulla con la lacrimosa frase: “humildes mineros de Mara y Páez, quienes recogieron de sus propios bolsillos para pagar un comunicado que es como la defensa de sus vidas.” Inmediatamente repite lo dicho hace casi un año, aquello de los 20 años que aquí no pasaba nada, para continuar la tesis corpozuliana de que el movimiento anti-carbón es reciente y coyuntural, que es financiado desde el exterior y que está integrado por extranjeros y turistas.
Por si no fuera poco, y otra vez con el afán de manipular la opinión pública como lo hacen los medios de la derecha, quiere persuadirnos de que los hermanos indígenas le interesan, y hacia allí, hacia la conciencia que se da golpes de pecho pero en el fondo los desprecia, no los ve, no los reconoce y los quiere para siempre invisibles, apunta cuando dice “¿no será más bien un argumento segregacionista contra la única industria zuliana que emplea básicamente indígenas? ¿o es que sólo por su condición de guajiros tienen que ser contaminantes, depredadores, enfermos y destructivos?” Racismo encubierto aparte, el politólogo renunció a entender, olvidó o se hace el pendejo ante la realidad de este mundo capitalista, que empleó mano de obra desarraigada y desaculturada para poder sostener y acrecentar su sociedad y modelo económico excedentario. No sabe ni quiere saber que las comunidades indígenas son esencial, culturalmente autosuficientes y que valores como el ahorro, la familia, la propiedad y el trabajo, vale decir, el proyecto liberal (como el que desean los de “Rumbo Propio”, movimiento secesionista que se agazapa –tira la piedra y se esconde- en esta región visitada puntualmente por el embajador norteamericano), no son los suyos y que desde 1492 están en guerra contra los atropellos, el genocidio y la muerte que ofrece, vende y compra la Civilización Occidental.
Sigue RAE devanando el hilo de mentiras tratando de poner el mundo de cabeza, con aquella vieja táctica de la escuela que consiste en acusar rápido y de primero al otro de lo que yo hice para encubrir mi travesura.
Causa indignación, pero más asombro, que el artículo lo haya leído en las páginas de Aporrea. Un discurso sesgado, falso y de claros ribetes palangristas, circula para beneplácito de la derecha corporativizada que pretende usar como escudo humano no a los hermanos indígenas, sino esa visión construida por el fascismo etnológico del “indolente y dócil salvaje”. ¡Y no me vengan con el cuento de la pluralidad!
El modelo de desarrollo que propugna y destila un artículo como el de Ramón Alberto Escalante es para decirlo con todas sus letras, contrarrevolucionario.
Sí. Abramos el debate. Son dos modos de concebir el destino del planeta los que pugnan. Vida o Muerte. Y no se trata de vacuo maniqueísmo. El plan desarrollista sostenido sobre este modelo energético está acabando con el mundo. Necesitamos otro desarrollo. ¿O es que la consigna “Otro mundo es posible” también está irrigada de petróleo y carbón, como únicos modos concebibles? El Socialismo del Siglo XXI exige replantear el modelo energético y la acertada estrategia de nuestro Presidente, al emplear el petróleo como un arma política, digna y soberana, a favor de los pobres de Venezuela, Sur América, el Caribe y hasta de los propios EEUU, contra el Imperio y las Corporaciones sedientas de combustible, que hizo hace unos días pronunciarse al presidente Bush sobre la necesidad de no seguir dependiendo del petróleo en clara referencia a la política de Chávez, debe servir como un compás no de espera sino de acción revolucionaria encaminada a la eventual, necesaria y urgente sustitución de una mentalidad y cultura mineras, que distorsionó por completo al país tanto en su estructura y apariencia visibles como en su interior, en su psique y visión de mundo, por una nueva cultura, una nueva economía, una nueva sociedad.


 
 

No al carbón: Ibrahím López García in memorian

por joseleon71 @ Martes, 14. Feb, 2006 - 01:57:37 am

En un libro editado precariamente y de muy escasa circulación, que recuerdo pero no tengo en mis manos, Ibrahím López García (Cabure 1925 - Maracaibo, 1994), profesor e investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Zulia, reflexionaba sobre el ¿desarrollo? de la humanidad empleando como hilo narrativo la energía por combustión, desde aquel fuego prometeico de los primeros hombres, pasando por el vapor, el carbón, el petróleo y la energía nuclear.
Afirmaba que la civilización occidental se había construido sobre el paradigma del fuego y el calor, y postulaba, con una emoción que muy bien conoce Fruto Vivas, que un cambio radical pasaba por la sustitución del fuego por el frío. Sus investigaciones y construcción de modelos a escala, concluían que el planeta podía tener una oportunidad si apostaba, por ejemplo, por la energía magnética, fría, silenciosa e inagotable.
Estas reflexiones acompañaban la edición también casi desconocida de un pequeño y sorprendente libro: “Sobre trompos, cúpulas y vuelos” (Editorial Mediterráneo. Caracas, 1976). El libro fue un trabajo de ascenso presentado en 1970 en el que desafiaba el modelo de viaje aeronáutico conocido (¡y hasta el vuelo mismo de los pájaros!) y demostraba la posibilidad de construir una nave que era a un mismo tiempo submarino, avión y casa. Criticó –desinflando la imagen romántica de Leonardo Da Vinci y los hermanos Wrigth- que el hombre hubiera admirado el vuelo de los pájaros: “Los aviones –decía entre un buen número de argumentos- no pueden maniobrar fácilmente hacia los lados o hacia atrás, debido al gran arrastre aerodinámico que presentan en esas direcciones. Por ello, los aviones son fácil presa de los vientos huracanados que soplen lateralmente a ellos.” Otras razones –entre las que destaca la imposibilidad del vuelo vertical y el giro en 180º- más otros razonamientos, le permitían sugerir que el animal modélico era la tortuga marina, torpe en la tierra pero experta nadadora, resaltando en ella el fuselaje circular y su “superficie alabeada sinclástica, como una cáscara de huevo”, resistente, verdaderamente aerodinámica, semejante al de la propia galaxia, la gran nave.
La nave-trompo puede posarse, decía con una capacidad de sueño extraña en la grisura general de los trabajos universitarios, “en cualquier sitio del planeta; por ejemplo sobre la punta de la roca de una montaña escarpada, como un trompo de juguete en la uña de un niño.” “Esta nave –además- tiene la conducta misma de nuestro planeta en el cosmos…” No habría necesidad de aeropuertos porque despegaría verticalmente, se puede detener o estacionar en el aire con poquísimo combustible, puede ser frenada y dirigida en cualquier dirección. No hace ruido, no contamina.
En momentos cuando el país necesita reconstruirse sobre nuevas bases, ¿por qué no dirigir nuestras potencialidades en la dirección sugerida por este científico coriano, endógeno, que hizo del paisaje falconiano texto y contexto, que observó con sabiduría campesina árboles y animales, juegos y niños, y que interrogando su estar en la tierra miró las estrellas con el fin de madurar una respuesta integral, una metáfora de vida que, con sólo ser enunciada, trastoca la realidad consabida e invita a un cambio cultural?
¿Tenemos que recordar lo del vino nuevo en odre viejo? La revolución sólo es posible si las estructuras de la vida cotidiana y de la realidad toda, son removidas y sustituidas por una nueva organización de las cosas. El mundo tal como está es insostenible y el modelo de desarrollo y de vida propuesto por el capitalismo en expansión desde el siglo XV está material y espiritualmente negado a la humanidad, incluso a los dueños del planeta, que no tienen más lugares que yo adonde huir. Los límites del mundo se estrechan y los recursos tienden vertiginosamente –quién no lo sabe- a desaparecer. En realidad me parece increíble que a estas alturas, con la destrucción progresiva de la Amazonia y ya en las manos de los EEUU porque está en los libros escolares de sus niños, con el protocolo de Kyoto, con la extracción de oro (legal e ilegal) que arrasa con lo que dejaron los españoles cuando se fueron tras el Dorado, con nuestros hermanos indígenas (no los manipulados por la industria carbonera y su discurso desarrollista que ofrece empleo torciendo y ocultando la verdad, porque necesita esclavos para su nuevo Potosí), obligados a mentir por el asqueroso bozal de arepas, en franco y deliberado deterioro cultural toda vez que nada más lejos del pensamiento indígena que la minería, actividad colonial por excelencia), con el Lago destruido por una contaminación aberrante en nuestras propias y distraídas narices; no es posible, insisto, que hoy estemos discutiendo como Estado (porque el Estado somos nosotros y no un ente extraño suspendido e inapelable) la explotación o no del Carbón del Socuy. Eso no se discute.
¿Pesan los compromisos con las corporaciones extranjeras? Digo y decimos, ¡pesa más la vida!
No pesó más cuando Cubagua, esa primera Cabimas, Ciudad Ojeda y Lagunillas. No parece pesar más hoy, cuando Nazareth, en El Moján, con su admirable y gigantesca resistencia cultural, pagada por los informes económicos como una de las zonas más pobres de América Latina, está a punto de ser sometida a un nuevo y brutal golpe (los anteriores pasan por la construcción de palafitos de concreto y techos de zinc y por la propuesta sin desperdicio de alinear las casas –urbanizarlas, pues- y borrar por impracticable para el tendido eléctrico la estructura rizomática indígena),
al obligarla a ceder su emplazamiento ancestral y su vida lacustre (ya golpeada y prácticamente arrasada por los destructores de la Venezuela agro y pescadora, los de antes y los de ahora) y que el lenguaje neoliberal conoce como “reubicación”, como si tus muertos te los pudieras llevar a cuestas,
debido al proyecto de construcción de un Puente (que salvo lo cosmético actual es un proyecto de la IV, hijo dilecto del Plan Puebla-Panamá y del IIRSA)
que erigirá encima una aplastante mole de progreso enfilada hacia el Norte
pero desdeñosa en su imponencia de los sujetos que la contemplarán desde lejos, temerosos, excluidos, extraños, arracimados y boquiabiertos en su edad cultural infinita, sin dioses ni mangle pero aferrados, pese a la persecución y muerte de siglos, a una raíz secreta que ninguna alcaldía ni gobernación liberal y burguesa podrán penetrar ni conocer porque en el fondo la temen y la desprecian, quedando abandonados otra vez a su suerte, con malformaciones, neumoconiosis, hambre y una pobreza definitiva que ninguna política asistencialista podrá aliviar para calmar no sé qué conciencia,
la avanzada de la infraestructura del ALCA que se resiste a morir.
Mientras el signo del progreso lo dicte la “carretera”, por donde se desplazan los carros y camiones cargados que los pobres ven con extraña nostalgia, sin poderse mover y casi como único divertimiento, estaremos condenados al capitalismo salvaje. El modelo de desarrollo que necesitamos, para que el planeta se salve -si es que todavía estamos a tiempo- no necesita carreteras ni puentes. No me lo imagino, pero me atrevo a creer que se parece a la promesa de vida que supone cambiar de raíz el modelo energético, que nos la hiciera hace treinta años Ibrahím López García. Y la hizo justamente cuando el país estaba enloquecido por la ingente renta petrolera y cuando Venezuela recibió el mote de “saudita”.
Ibrahím, como todos los poetas, estaba mirando en otra dirección, justo a las antípodas.

Lydda Franco Farías: "Más pura en el límite"

por joseleon71 @ Sábado, 11. Feb, 2006 - 04:28:30 pm

Se advierten en la poesía de Lydda Franco Farías (Sierra de San Luis, Falcón 1942 – Maracaibo 2004) dos discursos, uno privado y uno público; ambos componen un tramado complejo atravesado íntegramente por una lucidez que desmantela la realidad y restituye al imperio del sueño y de la noche la dirección de la vida, y en especial la dirección de su poesía. El primero, el privado, acaso sea el menos leído y también el menos escuchado. Discurso que se mira desleírse, concentrado y grave en el misterio del poema y del acto creador, educado en la lectura de oráculos, embebido de mitos, de prácticas rituales, voz de trasmundo encantada por vocablos llenos de noche y perspectivas acuíferas. Es el discurso de la gravitación, el suspendido, el espectral.
El otro, el público, atiende a las voces de la calle, al lugar común, a la frase hecha. Es el discurso que abre sus puertas al sarcasmo, a la ironía, a la desfachatez, al exabrupto. Discurso histriónico, visible, incandescente. Dicho sin empacho, sin embozo, sin corrección, se desenvuelve y desequilibra los espacios de la urbanidad y las buenas costumbres envuelto en un aura de pirotecnia y artificio. Es, por su propia naturaleza, el más conocido. Discurso adúltero y adulterante, pervertido y pervertiente, subvierte lo convencional y en la cotidianidad introduce la sospecha, el reverso absurdo, la otra cara de una moneda falsa.
La poesía de Lydda entra a saco en todos los espacios conquistados y usufructuados por el poder, único, unilateral y unívoco, los penetra o sobrevuela con soberana lucidez y desde un resquicio convertido en rescoldo pronuncia su palabra en contra, su voluntad de no participar en la asentada mansedumbre ciudadana. Ni como mujer, ni como esposa, ni como madre.
La poesía, ciertamente, no se aviene con las instituciones, y de una mujer se espera que se avenga a ellas dócilmente; gran parte de la poesía escrita por mujer nace de esta tensión y de su modo de enfrentarse a los modelos prefabricados de lo femenino, por ello, tanta poesía pacata, cuando poema y poeta (mejor, "poetisa") caen extraviados en los brazos de la magia, los astros, la religión, el “erotismo”, discursos que el Poder premastica para controlar lo verdaderamente extraño, lo desbordante, lo inclasificable. Estos tópicos, ciertamente, aparecen en la poesía de Lydda, pero sacados de quicio por acción de la ironía o la risa.
Lydda revela algo esencial: la poesía está al margen -como lo estuvo ella misma en vida- (es decir, en el centro), y esta marginalidad, fruto del doblez y la oblicuidad, la encubrió y la hizo participar de soslayo, en escorzo, en los absurdos programas de la realidad, ademán que le permitió reírse impunemente.
En Las armas blancas, libro rescatado de la vorágine de papel y tiempo por el pintor trashumante Emiro Lobo, salvado además de convertirse en eslabón perdido en el crecimiento invisible de la obra de Lydda; libro gozne, página de agua que se cierne sobre su poética anterior y abre a una nueva, más bien una vertiente que arriba a orillas de revelación y desvelo subterráneo, incorpóreo, a la orilla del alma en vilo. En este libro, decía, su poesía se ahonda y adensa; inaugura su tránsito al légamo barroco donde la idea se cubre de carne y la carne se volatiliza en sutiles apariencias; comienza el diálogo en trance órfico. Lydda comienza a callar. Su voz a partir de entonces, se hace antes cuerpo con la inconsútil materia del sueño, de la noche, de la niebla, de los densos boscajes del alma, que con la inmediata realidad. Sus Poemas circunstanciales (1965) son leídos -hoy- a la luz de sus otros libros como cantos iniciales comprometidos con una aventura poética personal, ésta sí, decisiva y definitiva. La voz inicial de Lydda es violenta porque violenta es la costumbre: “Estoy harta de rutinas”, dice; entre el grito y el silencio, la muchacha de provincia eligió el grito:

Camino vertiginosamente
me desplazo en la violencia excesiva
de estos días en desorden

El silencio de Lydda es una veta poco explorada. La poesía se resiente de los encasillamientos, de los vínculos ex profeso; presiento, al margen de la historia, de los avatares socio-políticos, que la poesía de Lydda Franco cobrará muy distinta forma en las próximas décadas, cuando el enconado perfil de sus lectores sea arropado por el olvido, que es el tiempo. La poesía se escucha mejor con los oídos amortajados. Con todo, Lydda, con humor, con ironía, con una inteligencia que salió al paso y trasteó entre las cosas menudas, supo captar los reveses de la trama familiar y ciudadana. El discurso público actuó sobre el lenguaje cotidiano para desmantelar la costumbre; el otro, el privado, el oracular, el del límite, como la otra cara de Jano, se inclinó y bebió en los alcázares de la noche para revelarnos la sustancia dormida en el corazón de los hombres, el diálogo del alma con la muerte.
Lydda pisó en falso la realidad, pero al hacerlo la falseó; de su paso y paseo por la realidad, con atención entre nerviosa y adormilada, emergió cubierta de gasas, vestida con paños de ensueño. A la realidad, respondió con un lenguaje que esquiva sus aristas más duras, al sueño con un lenguaje del sueño, sustancia acuática y boscosa, con relentes de memoria sumergida. De los estantes, de las carteras emergieron animales míticos, la historia doméstica transfigurada, el amor eterno y sibilino. En su poesía los enseres se dieron vuelta para dejarnos ver lo oscurecido, lo imponderable, el dorso del misterio. A su paso, descomunal, no quedaron en pie estatutos, contratos, instrumentos de avasallar la fantasía. El azar pervertiente descalabra los estamentos, los devuelve renegridos y en actitud de escucha pesadumbrosa. El mejor lenguaje de Lydda es umbroso y umbral, obscurece y abre, cierra los ojos al día y los abre a la noche. La danza, el cuerpo cimbrado, eléctrico, bamboleante, sinuoso, retorcido, elástico, leve, alígero, soliviantado, se unió a la caída, símbolo enérgico de su destino, de su inmanejable condición de hembra, de Eva evaporada.

La comunicación es organización

por joseleon71 @ Martes, 07. Feb, 2006 - 10:28:56 am

Pequeña colaboración para los amigos del periódico vecinal naciente "Patria Libre" en la Parroquia "Venancio Pulgar" de Maracaibo, estado Zulia.

La comunicación para que sea verdadera necesita de la participación. No es un decir de moda ni una ocurrencia, porque nadie solo y aislado, aunque hable solo, puede decir que está comunicado. Quien se comunica lo hace con algún otro, y la soledad, para que no se convierta en una enfermedad, ha de ser una circunstancia pasajera. ¡Cuántos viejos nuestros parecen condenados por nosotros a una cárcel de silencio, porque no somos capaces de detenernos cinco minutos para conversar aunque sea sobre el estado del tiempo! Además, habituados a la televisión y la radio de manera enfermiza, no nos comunicamos o tenemos serios problemas para hacerlo. En primer lugar, nos dijeron y repiten que la televisión es un medio de comunicación, pero ¿quién conversa con un televisor? La comunicación es interacción humana y los aparatos como la TV o la radio son simple y llanamente receptores y procesadores de las ondas y señales que, luego, se convierten para nosotros en información. En otras palabras, el aparato procesa las señales y nos las ofrece convertidas en signos lingüísticos o en imágenes diversas, después las percibimos y convertimos en información; sin embargo, nos han dicho siempre que el solo hecho de recibir las palabras y las imágenes a través de la radio o la TV es ya comunicación. Nada más falso; hay comunicación sólo cuando hay interacción o intercambio, cuando lo que digo es escuchado por otro que interviene en lo que digo cuando escucha, cuando habla y hasta con su silencio.
La radio y la TV nos alejan de la verdadera comunicación porque nos obligan (sin darnos cuenta) a permanecer pegados y en silencio frente a ellos, enmudecidos y expectantes. Pero hay comunicación cuando nos decidimos a romper esta magia y nos ponemos a conversar. Si converso con el otro, lo conozco, sé cómo está. Y si lo sé, y está mal, lo puedo ayudar, porque no somos capaces de quedarnos indiferentes ante las necesidades del otro. Pero pegados a la TV no nos damos cuenta de que el otro existe y padece. Si lo escucho podré ayudarlo o podrá ayudarme, si el caso es al revés. ¿Le pedimos ayuda a la radio? No, llamamos si acaso a la radio para poner una denuncia, pero sería mejor hablar con varios del barrio y tratar de solucionar juntos el problema porque nos conocemos y porque el problema es nuestro y porque somos los únicos capaces de solucionarlo. Además, ¿quién se puede meter en nuestras casas para arreglar, por ejemplo, un problema con nuestros hijos? La comunicación es lo único que se requiere para la organización. Y como barrios populares, estamos llamados a construir el poder popular, es decir, el comunal, el de la comunicación. De ahí la importancia de un periódico que será medio de comunicación sólo cuando la gente participe en él, es decir, cuando converse en y con él. Cuando sirva para llegar al condenado al silencio y lo haga hablar, salir de su soledad, de su cárcel. Cuando sirva para conocernos y para juntarnos en el esfuerzo de solucionar nuestros problemas, haciendo realidad el poder popular, la verdadera democracia.


 
 

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