(II Parte)
El cuatro, un país en las manos
24 de julio de 1983
En el año 83 me presenté por primera vez en público, en el bicentenario de Simón Bolívar. En ese momento la gente me aupó. Imagínate, un muchacho que apenas salvajemente tocaba el instrumento, medio punteaba con un solo dedo, hacía unas cosas ahí. Sin embargo, la gente me ayudó con el estímulo. Ahora bien, siempre hay un contrapeso, aparte del estímulo yo tenía una rigurosidad en el aspecto disciplinario y en el aspecto personal, que es muy importante. Cuando un papá te dice “¡epa!”, cuando te baja, cuando tú te empiezas a subir y los padres empiezan a sintonizarte, porque la realidad es otra, hay otros, hay muchas personas que pueden tocar como tú, ser como tú, o sea, los padres buscando el equilibrio, pienso que eso tuvo que ver muchísimo con el crecimiento que tuve porque no solamente fue crecer con el instrumento, que creció en la esquina, que creció en el escenario.
Soy un músico universal
Una de mis fortalezas es la capacidad que tengo para estar con toda la gente que se pueda, no tengo distinciones ni raciales ni políticas ni religiosas ni nada, soy un músico universal. Por eso nunca me creí mejor que nadie ni lo soy, pienso que cada día que pasa soy más ínfimo frente al conocimiento y frente al dominio que se logra de la música. Yo tuve muchos encuentros con grandes músicos, leyéndolos, escuchándolos y supe cada vez que si nací en Punto Fijo, que si tenía contacto con mi familia, yo era igual a los demás, como todo el mundo, y eso es lo que hace a veces grande a los hombres, ese entendimiento de lo minúsculo que uno es.
Eduardo Sánchez
Hubo una persona, un minusválido, tenía un problema en las piernas con eso de la poliomielitis, se llamaba Eduardo Sánchez, un tipo extraordinario, un fuera de serie, un gran pianista, un gran arreglista, un coco como pensador, siempre lo tengo presente, si algo estoy haciendo o tocando, me acuerdo de él y me pregunto: “¿Esto le gustará a él? A lo mejor no se imagina que lo esté nombrando ni él esperaba eso porque era un tipo nihilista, uno de esos que no decía “tú estás haciéndolo bien” ni nada. El no era cuatrista, era un pianista, un arreglista, un tipo que tenía una dimensión orquestal en su cabeza, que oía más de lo que yo estaba escuchando.
Guillermo de León Calles
Siempre estuvo muy cercano a nosotros, inclusive él tiene que ver mucho con eso de que me haya venido a Maracaibo. Mi papá siempre estuvo muy apegado a que yo estudiara música, pero mi mamá creía en lo alternativo, tener una profesión. Y una de las personas que habló concienzudamente del asunto fue Guillermo de León Calles, inclusive hay algo que yo podría decir con toda la humildad del mundo y es que yo nunca fui un hombre de buenas notas, fui un hombre de la raya, un hombre de trece, de doce.
El abuelo
Nosotros teníamos ese contacto con el campo, con la otra familia los fines de semana, cosa que agradezco profundamente, y allí me encontré con mi abuelo. Mi abuelo era un decimista, era un cultor del cuatro, un hombre sumamente mentiroso, echador de cuentos, a él lo llamaban “el penúltimo cuentacuentos”. En la época de las petroleras él trabajaba como guachimán, mi abuelo reunía a todos los muchachos, la juventud que después fue la juventud cultural de Caja de Agua, la zona poblada de ahí, entonces la juventud se sentaba y él empezada a echar cuentos, les compraba un refresco y un sándwich a cada uno para que lo escucharan. Ese era su trabajo de todos los días, él echaba innumerables cuentos, era un cuentista extraordinario y tocaba el cuatro, cantaba décimas, décima falconiana, él era un hombre de espíritu alegre, un hombre muy cercano. Yo me pongo a analizar las cosas y por ahí viene el asunto de la música.
El cuatro: un país en las manos
Voy a tocar el 9 de septiembre en el Purcell Room, la sala más importante de Londres, nos vamos a reunir varios músicos internacionales, los mejores guitarristas del mundo, entonces a mí me invitan porque hay un trabajo con Carlos Barbosa-Lima y me toca exponer el cuatro. El instrumento está rompiendo muchas barreras de la misma guitarra incluso, barreras comunicativas, barreras idiomáticas, el lenguaje que está proponiendo el cuatro está irrumpiendo porque tú no estás llevando sólo la música sino que estás llevando un país en las manos, entonces ese es el compromiso que tengo cada vez que salgo. Ahora estuve en el Centro Cívico de San Francisco, California, en el museo de Historia de la Guerra, estuvimos Barbosa y yo, a casa llena, impresionante porque la gente quiere conocer el instrumento, y pienso que poco a poco ese mismo compromiso lo tengo yo mismo con el instrumento porque es una retroalimentación sostenida, lo estoy redescubriendo, cosas que yo tocaba antes que ahora estoy volviendo a tocar, el repertorio nacional, Lauro, Rodrigo Riera, que son guitarristas, Jacinto Pérez, Freddy Reyna, eso va dentro de mí, eso va en el cuatro. Y está la otra parte, que es la del investigador: llevar eso sin perfumarlo, haciendo cosas que estén a nivel de composición, cumpliendo con todas las normas de la música pero sin esos brochazos que imponen algunos músicos. Ya es otra cosa, es como un reconocimiento interno de lo que soy, de la música que soy.
Defender la música: acto de soberanía
En Paraguay me pasó algo muy interesante, no sé si es que a uno lo huelen pero el presidente del Partido Comunista de Paraguay me fue a ver al recital y desde el público alguien dijo “Viva el proceso bolivariano de Venezuela”, inmediatamente otra persona se me acercó y me dijo mañana usted tiene una entrevista conmigo, del diario La Nación, y yo hice esa entrevista en La Asunción, entrevista donde dije “Defender la música es un acto de soberanía”. Hay algunos errores míos ahí, y quisiera profundizar para cometer menos errores, pero fue muy importante porque hablé del proceso bolivariano, de lo que estaba pasando ahora en Venezuela, de la promoción de los valores culturales. Y tuve una entrevista con una red de radioemisoras católicas, porque allá los católicos son otra cosa, quiero decirte que hay cierta claridad en ese sector en otros países de Latinoamérica. En Chile yo estuve después del golpe, en septiembre del 2002, y fue muy interesante porque aparte de ser un portador del instrumento fui un portador de buenas noticias del proceso venezolano, el cual debemos defender y el que debemos nosotros mejorar, o sea, nosotros formar parte integral para que el árbol no se tuerza.












03.04.08 @ 02:31