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Sin contemplaciones (2)

por joseleon71 @ Sábado, 05. Jul, 2008 - 08:18:38 pm

Ver: Sin contemplaciones, del 22 de junio

socrates

Trascripción del programa
SIN CONTEMPLACIONES
Con el filósofo Francisco Rivero
Trasmitido por VTV
El domingo 29 de junio a la 10:00 pm.
http://www.vtv.gob.ve/detalle.php?id=1977&s=6

I
El racionalismo

Buenas noches, televidentes del Canal 8 y de este programa “Sin Contemplaciones”. Bienvenidos al segundo capítulo, por llamarlo de algún modo, de esta programación. En el capítulo anterior o en la exposición anterior hablábamos del marco general de la crisis venezolana, hablábamos de lo que hemos llamado o lo que técnicamente se identifica en la historia de Occidente como la época moderna o la modernidad. Y no solamente en un sentido temporal y cronológico, sino en un sentido espiritual, en un sentido civilizacional, en un sentido filosófico. Dijimos que el racionalismo es el alma de esta nueva etapa que se articula y adquiere cuerpo, presencia, dinamismo, incidencia a partir del siglo XVII ya de una manera formal, porque tiene una carta magna, hay una definición, hay un nuevo proyecto, que se articula intelectualmente y que abre horizontes de realización, de futuro, de destino, de responsabilidad, de comunidad no solamente para el hombre europeo, sino que se postula para toda la humanidad.

Universalismo
La modernidad es de algún modo una etapa histórica que se da en Europa, se inicia en Europa, responde a una crisis europea, pero toca al hombre en su esencia, tiene carácter y naturaleza universal. Y por consiguiente incumbe de manera esencial a la humanidad entera. Y lo que los protagonistas de este proceso conciben, viven, postulan, afirman y definen, es que aquí se está definiendo y se está actualizando no una etapa más en la historia universal y en la historia de Europa, sino la etapa definitiva de la historia no solamente europea sino de la historia universal. Entonces, este carácter radicalmente universal, radicalmente normativo, definitivo, absoluto, por decirlo así es un acontecimiento que incumbe a todos el universo humano, no solamente al futuro, no solamente en el presente sino también hacia el pasado. De esto vamos a hablar más en detalle, en todo caso esto se puede identificar con el nombre y el término que utilizamos en el programa pasado, y es que la cultura occidental se caracteriza y la distingue su universalismo específico. Ese universalismo quiere decir que esta comprensión o esta definición de la vida humana en términos que rebasan los límites de Europa y que atañen por decirlo así a la humanidad como tal, no es nuevo en el mundo occidental. No es solamente un fenómeno moderno, o achacable al racionalismo filosófico y a la modernidad, es un fenómeno que nace con lo que se llama civilización occidental.

El único Dios
El Dios de la Biblia, el Dios del Antiguo Testamento, por citar la fuente religiosa tradicional, es el Dios de Israel. Ese Dios de Israel no es un Dios más entre muchos dioses, es el único y verdadero Dios, por consiguiente no es solamente el dios de los judíos, es el dios de toda la humanidad, es el dios creador del cielo y de la tierra y de todo lo que contiene, y en él se funda la comunidad del Hombre, la unidad de la historia, la unidad espiritual, ontológica y moral del curso entero de la humanidad. Entonces hay el sentimiento ya y la perspectiva, no de un dios local o una divinidad local o una religión particular, sino de que la religión hebrea ya articula una visión universal y una relación universal del Hombre con su principio esencial, sagrado, último, absoluto y definitivo, del cual viene y al cual responderá y con el cual se encontrará. Cada persona en particular, y la humanidad como un todo. Este simbolismo y este universalismo forma parte de la herencia de la cultura occidental en todas sus etapas.

El helenismo
La otra gran fuente es el Helenismo. La herencia espiritual del mundo griego, y el helenismo alcanza su expresión universal prototípica, paradigmática, última y radical con lo que los griegos llamaron filosofía. La filosofía griega no es una visión más del mundo, es una comprensión, por decirlo así, esencial, verdadera, objetiva, científica, del orden entero de la realidad, de su fundamento, de su naturaleza y del puesto y la relación del Hombre con esa realidad. Esa realidad se llama por un lado Naturaleza, se llama por otro lado Dios, o lo Divino, y se llama también Humanidad, Estado, Política, Educación, Derecho, Arte, Civilización, Cultura, Historia. El Helenismo es también portador de esta semilla, o de esta conciencia o de este principio de universalidad. En el caso del Helenismo esa universalidad se llama Ciencia, y toca el tema de Dios, toca el tema del cosmos, toca el tema humano y por consiguiente el tema ético, político, jurídico, pedagógico y social.

Vuelta a los orígenes
Entonces, el tema del universalismo está arraigado en la conciencia de lo que se llama el curso de la civilización occidental, dentro del cual participan muchos actores, pero las dos fuentes esenciales, los puntos a los cuales constantemente alimenta, eso que se llama civilización occidental… y cuando de algún modo recae, cuando de algún modo los olvida, esa civilización empieza a rodar, se empieza a disgregar, se empieza a disociar, se anquilosa, se fija y sobreviene una crisis radical de orden histórico, social, político y moral. Y cada vez que ha sobrevenido una crisis de estas, el Occidente ha podido retomar su rumbo porque ha vuelto a las fuentes, el caso si quieren más cercano de una crisis de esa magnitud fue la que se da entre 1450 y 1600. El Renacimiento italiano del cual vivimos, gracias a cuyo dinamismo y en términos de cuyo dinamismo Occidente todavía se alimenta, supone un renacimiento de la cultura antigua, un renacimiento del Helenismo. Eso renovó la pedagogía, el derecho, la política, la vida social, la vida cultural, la vida espiritual, la vida interior, la vida humana en todo sus órdenes y rebasó todos los cauces tradicionales que el Occidente había desarrollado para el derecho, la política, la educación, la autoridad, el gobierno, la vida social, las costumbres, la tradición y la religión, de modo tal que no hubo ninguna institución que pudo realmente contener la fuerza y la renovación intelectual y humana a todos los niveles que el Renacimiento provocó. Donde el helenismo aparece se renueva el humanismo. Y con el humanismo no sólo el interés en el hombre sino el interés en el universo, en la historia, en los pueblos, en la literatura, todo lo que existe, y con una atención amante, con una atención inteligente, con una atención de cultivo, de atención, de aprecio a la diversidad del mundo, pero siempre en términos de una apreciación esencial, no estetizante, accidental o de una moda, se trata de un modo de vincularse con la realidad que compromete al hombre en su naturaleza misma, compromete por consiguiente su mente, compromete su afecto, su amor, su libertad. Eso en lo que respecta al helenismo.

La Reforma
El otro gran movimiento de renovación Occidental más reciente, a ese nivel radical, fue lo que se llama la Reforma protestante, que fue un intento de renovación y de recuperación de la esencia originaria, de la figura, el impulso, el impacto, la simiente y la figura de Cristo, volviendo otra vez al estudio de los evangelios y tratando de sobrepasar o pasar de lado lo que se había convertido en una religión hiper institucionalizada, como lo fue la religión a finales de la Edad Media, e hiper condicionada y mediatizada por intereses no solamente religiosos, sino por intereses políticos, jurídicos, de ambiciones, de dinastías, de intereses, etc., por la sencilla razón de que la Iglesia medieval no era solamente la sede de una presencia, de un mensaje espiritual, sino que era también un poder temporal.

La Iglesia y el poder temporal
Y eso no era porque los curas fueran unos sinvergüenzas, que es la clásica referencia estúpida a esto, sino porque Carlo Magno, cuando conquista un buen pedazo, una buena sección de lo que fue el mundo europeo, y la somete por las armas necesitaba administrar ese poder, porque el poder no se mantiene exclusivamente por las armas, si el poder no se civiliza, si el poder no se integra y expresa y manifiesta un orden jurídico, social, moral, cultural y espiritual el poder se derrumba, no hay poder que se pueda mantener sobre sí mismo. Entonces, Carlo Magno solicita a la iglesia, a los monasterios que lo provean de personal que sepa leer y escribir, que sepa interpretar un texto jurídico, estudiar esto, leer, entender, dialogar y escribir, entonces los monjes y la iglesia tuvieron que asumir tareas de orden civil, de orden político, tareas de orden temporal o secular que en esencia no le competen. Esto sucedió en Venezuela. Yo de niño fui a un colegio parroquial, el Colegio de Santa Rosalía, y el cura de la parroquia era el que emitía el grado de primaria o de lo que fuera, y la cédula de identidad no existía, era la iglesia la que proveía de un documento de identidad. En todo caso, lo importante es saber que este elemento universal no es nuevo, no lo genera la modernidad, lo hereda la modernidad, la modernidad lo reinterpreta.

II
Lo esencial

Retomando el tema del cual estábamos hablando, la modernidad hereda ese universalismo que es consubstancial al mundo occidental y que le viene de la religión bíblica y del helenismo. Esa cultura es eminentemente una cultura de orden espiritual; universalismo quiere decir un punto de vista que trasciende lo particular, que va más allá de lo circunstancial, que va más allá de lo relativo y que capta y es capaz de discernir en lo relativo mismo, en lo cambiante mismo un elemento permanente, esencial, estructurante, dominante, constitutivo de la entidad misma de las cosas. Entonces no es algo accidental, no es algo que de repente aparece y se va, es algo que se descubre como eminentemente presente, lo presente es lo esencial, lo permanente es lo esencial, lo importante es lo esencial, lo válido, lo bueno, lo perfecto, lo íntegro, lo vivo, lo real es esencial, y la percepción de esa esencialidad en un pedacito de arena, o en el universo entero, en la vida de la naturaleza o en el Auyantepui, en el cielo estrellado como decía Kant, o en la ley moral dentro de mí, como decía también Kant, eso transforma la existencia, eleva al hombre sin separarlo de lo concreto, sin separarlo de lo particular, sin separarlo de sí mismo.

La vida espiritual y el sentido de lo humano
Es decir, la vida espiritual, en dos palabras, en los términos en que la define y está presente en los profetas de Israel, en Abraham, en los patriarcas de Israel, en el rey David, en Salomón, en los Salmos del Rey David, en Cristo, en los apóstoles, etc., no aliena al hombre, no lo sustrae de sí mismo, no lo separa de la realidad, de la humanidad, de la naturaleza, del gusto y la felicidad de ser y de vivir, ni tampoco del dolor de vivir y de existir cuando ese dolor sobreviene. Humaniza al hombre, le da un centro humano, lo hace consciente de sí, lo convierte en un actor y en un referente para la humanidad entera, no en función de su cultura, o su saber, o su discreción, o sus habilidades, o su poder, [sino] en virtud de su propia humanidad. Todo lo que existe lo contempla, lo admira, lo atiende, lo respeta, lo asegura, excepto aquello que pervierte, daña, viola, engaña, destruye la vida y la existencia, y aún así a las cosas que así suceden las enfrenta personalmente, moralmente, no a través de estratagemas, no a través de manipulaciones, no a través de engaños, no a través de instrumentos, sino a pecho desnudo, con el testimonio de su propio ser, de su propia libertad, de su propio valor, de su propia conciencia.

Jesús
Cristo es el paradigma de este valor, de esta humanidad, de esta ultimidad. El amor de Dios humanizó, hizo, según la doctrina cristiana, que el verbo divino, que Dios mismo encarnara y asumiera la condición humana. Entonces el vínculo entre la religión bíblica del Dios común, universal, eterno, y que comprende a todo, y que gobierna todo, con justicia, con amor, con dilección, con atención a cada… la hermosísima palabra que dice Cristo: no hay un pelo de tu cabeza que se caiga o que algo suceda que Dios de algún modo no lo sepa, no lo vea, no lo atienda, no lo juzgue, no lo considere. Entonces, esta visión como verán no es una religión que deshumaniza al Hombre, es una religión que al contrario funda, asegura, potencia, intensifica la vida personal del hombre, la conciencia de su ser.

Disgregación, degradación
Pero no a un nivel local y particular, donde lo particular o lo tribal o lo circunstancial o lo relativo, absorben al Hombre, lo contienen, ahogan, y lo convierten en un factor y en un elemento prácticamente impersonal, donde la existencia tribal –y la tribu… me estoy refiriendo a las modalidades de existencia tribal que han existido en todas las etapas de las culturas civilizaciones de Occidente… la tribalidad se da en el mundo moderno [en abundancia]. Vivimos tribalizados, los de arriba y los de abajo, los colorados y los blancos, los amarillos y los negros, los gordos y éstos, es decir esa pluralidad definida en estos términos intrascendentes, accidentales, temporales, relativos, pulveriza la conciencia, relaja la voluntad, degrada al hombre, que ya no sabe ni quién es ni qué quiere, ni cómo se llama ni a qué pertenece, hace imposible toda voluntad, toda lealtad, todo valor, todo compromiso, no hay posibilidad de comunidad humana significativa, de valor esencial en esos términos.

La política como compromiso
Entonces, la universalidad no es mera cantidad, no es mera extensión geográfica o temporal, la universalidad se articula y se actualiza como conciencia del derecho, o como conciencia de la verdad, o como conciencia de lo que constituye, define, identifica a un ser y me compromete con él, precisamente en función de su naturaleza, de su condición esencial. Y un vínculo esencial se genera así, entre hombre y hombre, irrespectivamente de la latitud, irrespectivamente de la cultura, de la riqueza, del poder, o de las circunstancias. La política en un contexto así se define como compromiso, como solidaridad, como obligación, es decir, como moralidad.

No el poder
No es el poder. El poder no define a un ser que piensa, no puede definirlo. A un ser que distingue el bien del mal, lo de arriba lo de abajo, lo superior a lo inferior, que puede distinguir, que puede juzgar, que tiene un principio de autonomía, de independencia, de libertad ínsito precisamente en su capacidad de juzgar y de distinguir. El poder no cuenta por decirlo así, lo importante es el bien común, la vida, en dos palabras. Y en orden a la vida se organiza toda la institucionalidad civil, y siempre es una institucionalidad abierta, una institucionalidad transparente, una institucionalidad definida por una voluntad de claridad, porque la claridad hace posible el encuentro, hace posible la vida, hace posible el deleite de ser hombre, pero no se puede ser hombre aislado, encerrado, separado, abstractamente. Se es hombre en la vida, en la existencia, en la historia y en la política.

La luna no sabe que existe
El carácter universal, esencial, fundante y trascendente, de la verdad, de la justicia y del bien, en este plano, no aísla al hombre del mundo, lo vincula al mundo. Esto es parte esencial del mundo, no solamente desde el punto de vista ontológico, perfecto, admirable, vivo, significativo, amable, deleitable, maravilloso, sino que al hombre lo hizo capaz de reconocer esto, y de amarlo por lo que es, y de distinguirlo por lo que es, y de cuidarlo y desearlo y defenderlo por lo que es. La luna que aparece en los cielos de Caracas no sabe existe. Nosotros sí. El mar no sabe que existe. Del olor del mar… el mar no tiene conciencia de sí. Nosotros somos conciencia del ser. De todo ser. Y por eso el hombre busca y está vinculado a la realidad a partir de lo más personal de él, a partir de su impulso vital, de su espíritu, de su sensibilidad, de su mente, de su cerebro, de sus sentidos.

Por el hombre el hombre vive
Esto desde el punto de vista del helenismo. El helenismo es un humanismo, pero no es un humanismo inmanente, del momento, de las circunstancias, del poder, de la operatividad y de la funcionalidad y de la técnica y de la ciencia, es un humanismo del espíritu, es un humanismo de la conciencia, es un humanismo eterno, irrespectivamente de que el hombre tenga la bomba atómica y pueda ir a Marte o no pueda ir a Marte, sigue siendo el hombre para el hombre, el hermano del hombre, el prójimo del hombre y el deleite del hombre. Y por el hombre el hombre sufre. Y por el hombre el hombre vive. Y sin comunidad el hombre no puede alcanzar la felicidad ni la plenitud ni la perfección.

Socialismo
Eso en términos generales, muy generales, y no se tome esta palabra ahora como la introducción de un motivo político, porque no estamos hablando de política en el sentido de grupos e intereses de poder, es lo que el término socialismo en cierto nivel y en cierto acepción, que no es la acepción tradicional asociada con la política del siglo XX, apunta y toca. Es un socialismo de raigambre ética, espiritual, religiosa, sagrada, metafísica, esencial. Y esto es una verdad que será así siempre. Ahora, es una tarea eterna, precisamente porque el hombre no lo agota el tiempo. Y la realización del hombre trasciende al tiempo, y por eso todos los filósofos vieron en lo eterno no la negación de lo temporal, o la alienación de lo temporal, sino la intensificación de lo que nace en el tiempo, se fecunda en el tiempo y se alcanza en lo eterno de un modo absoluto, porque la búsqueda del hombre no es relativa, precisamente porque es capaz de captar lo esencial, es una necesidad absoluta, es un bien absoluto al cual tiende, al cual desea, al cual persigue, al cual necesita, al cual anhela, y en todo buscamos esa plenitud, aún en lo más vil.

El corazón
Entonces no es fácil sondear en el corazón del hombre. Dostoievski, una de las grandes figuras, [supo ver] que en los seres más abyectos, aparentemente más deleznables, de la sociedad está presente el espíritu santo, por decirlo así, la inspiración del espíritu, el hambre espiritual. Aún en los criminales más duros de repente brilla el sentido de su propia humanidad. Esto obviamente viene del cristianismo, el gran maestro práctico de esto fue Cristo que se reunía y convivía y atendía y tuvo encuentros de una humanidad inolvidable y una belleza y una significación humana y absoluta, irrespectivamente de que usted sea cristiano o creyente o no lo sea, Cristo convivió con esta gente a los cuales llamaban gente del pueblo, prostitutas, contadores de dinero, el lumpen, y la gente se escandalizaba, la gente de las clases dominantes, las figuras de autoridad pública, los bienpensantes, los autosuficientes, los complacidos en sí mismos, los gobernantes lo veían como un individuo peligroso precisamente porque hablaba con todo hombre, porque era capaz de acercar-se, de acoger a todo hombre que tuviera una expresión de humanidad o una expresión de libertad y él lejos de rechazarla, de disminuirla, de apartarla, la acogía, la cuidaba, la integraba, la alimentaba.

La crisis en Venezuela
En todo caso, digo todo esto porque la crisis de la Venezuela actual es la crisis de ese proyecto, de ese nuevo universalismo que aparece en el siglo XVII en respuesta a la crisis del fin de la Edad Media de la cual hablamos la reunión pasada, o en el programa pasado. Entonces, esta crisis venezolana es una crisis que trasciende los límites de Venezuela, lo que está en crisis no es quien gobierna en Venezuela, lo que está en crisis son los valores tradicionales que heredamos de la modernidad y que en la discusión pública, concreta, venezolana, se llama la crisis de la democracia. Ustedes abren cualquier periódico de los grandes periódicos de Venezuela y constantemente está apareciendo que la democracia está en peligro, que la democracia está zozobrando, que la democracia va a terminar, que la democracia va a ser liquidada, es decir, es la crisis de lo que ellos estiman o de lo que la prensa estima que es la democracia, la democracia es en esencia el régimen de la razón, expresada en la ley y en la supremacía de la ley que es la norma de la acción. Y en la crisis vinculada, esencialmente vinculada, que es la libertad. O sea, que estamos de nuevo enfrentados a una crisis de la justicia o del derecho o de la ley, entiendan democracia, y de la libertad, y esto es la común voz, si quieren en nuestro caso, de la oposición.

La libertad y la justicia no son bienes instrumentales
Entonces, por supuesto esto no es una crisis relativa, circunstancial, parcial o coyuntural, esto es una crisis de fondo, y requiere y es imposible solucionarla con organizaciones de partido, movimientos de masas, aclamaciones populares, ni siquiera la votación o no votación a favor o en contra de lo que se estima como el peligro a la democracia o la libertad resuelve el problema cuando la crisis efectivamente es una crisis de justicia y de libertad. Porque la libertad y la justicia no son bienes instrumentales, que tú curas si están en peligro a través de una solución instrumental o técnica, son bienes esenciales, son bienes absolutos, son bienes no instrumentales, son bienes normativos, y un bien normativo no es algo que tú atiendes operativamente o funcionalmente o técnicamente. Es algo a lo cual tú respondes con la vida, según esos principios, con la asunción de la justicia y la libertad, si están en juego o están en peligro. No a través de otros, no a través de la opinión pública o la manipulación de la opinión pública o del poder que sea, es decir, no la resuelve ningún recurso al poder. Al contrario, pretender resolverla a través de un éxito electoral o una debacle económica o una invasión extranjera no la resuelve, la agrava, la intensifica, la dramatiza aún más, entonces no hay manera de asegurar el bien democracia, el bien justicia, el bien derecho y legalidad, o el bien libertad.

La vida como testimonio
Es decir, el bien humano esencial, libertad y justicia, el bien moral y el bien libertario, son bienes morales, es decir, la esencia de la moralidad es la esencia de la humanidad, y eso no es un bien contable, no es un bien operativizable, no es un bien que tú puedas curar con una inyección del tipo que sea la inyección, por hablar metafóricamente. La única manera de enfrentarlo es siendo libre y siendo justo, irrespectivamente de las circunstancias, es decir, con un testimonio personal, de integridad, de valor, de autenticidad y de verdad que nadie pueda dudar ni poner en juego. Cristo en la cruz es un testimonio así. Sócrates tomándose la cicuta es un testimonio de esa naturaleza. Juana de Arco muriendo en la hoguera es un testimonio de esa naturaleza. Martin Luther King es un testimonio de esa naturaleza. Gandhi es un testimonio de esa naturaleza.

Libertad es justicia
Entonces hay que tener bien claro la naturaleza del problema o de la crisis de occidente, y ahora le ha tocado a Venezuela… porque esto no es venezolano, esto toca los fundamentos de la civilización occidental, de los valores esenciales de Occidente, estas no son cosas que se arreglan con transacciones políticas, ni con arreglos electorales, ni siquiera con votaciones masivas. La nación venezolana votó masivamente por Carlos Andrés Pérez en su segundo mandato y a los dos años, a los tres años se estaba derrumbando la democracia venezolana, no por razón de Carlos Andrés Pérez, eso venía ya en crisis desde hacía mucho tiempo atrás y crisis de naturaleza esencial, es decir, moral. Las grandes crisis políticas son todas no crisis económicas, ni sociales, coyunturales, financieras, militares, son crisis morales, que ponen en cuestión y en entredicho la voluntad de verdad, y la voluntad de verdad es idéntica en el orden práctico, en el orden político a la voluntad de libertad, y la voluntad de libertad no existe, ni la puede querer nadie que tenga dos dedos de frente sin voluntad de justicia y voluntad quiere decir acción, aunque me cueste la vida.


III
Crisis moral

Retomando la temática de la que estábamos hablando, hay ciertos tipos de crisis que no se resuelven técnica, operativa ni funcionalmente. Porque son crisis morales y las crisis morales se fundan en el olvido, el rechazo o la prostitución de los bienes morales. Los bienes morales son bienes esenciales, son la libertad, la justicia, la amistad, la verdad, la lealtad, la humanidad, el amor, y esos bienes no son bienes útiles, no son bienes instrumentales, no son cosas que el hombre usa, son cosas que el hombre descubre, son realidades que tienen valor en sí. Absoluto.

¡Hasta que te mueras tienes que ser libre!
¿Hasta dónde voy a ser justo? ¿Qué sentido tiene esa pregunta? ¡Siempre tienes que ser justo! ¿Hasta dónde voy a ser valiente? ¡Siempre tienes que ser valiente! ¿Hasta dónde tengo que ser libre? ¡Hasta que te mueras tienes que ser libre! O sea, que los bienes morales no los puedes condicionar, mediatizar. Yo voy a ser justo mientras alguien no me ofrezca 50 millones de euros, que son más que los dólares, para asegurar la justicia. El día que se me aparezca un tipo con 50 millones de euros ya yo me olvido de la justicia y empiezo a aparentar justicia. Vendo mi voto o mi decisión.

Colombia como ejemplo
Tenemos como ejemplo estos testimonios en Colombia, eso es dramático, eso es la disolución de la política, la degradación humana de los hombres, consciente y voluntaria, eso no es un error, eso no es perseguido, eso es cultivado y buscado, eso fue lo que acabó con la democracia de la IV República.

IV República
Democracia que se le desintegró en las manos a mi generación, los hombres que hoy tienen entre 45 y 70 años. Ellos no supieron ver lo esencial de lo que es la vida en libertad, retórica, proyecticos, propuestas ridículas, iniciativas tímidas, ante el espectáculo de una nación necesitada y abandonada, y un relajo absoluto. No quiero entrar en este detalle porque ya lo conocemos, pero es que no basta, es como si no lo hubiéramos conocido, es como si quisiéramos entender a Venezuela y a la Venezuela actual y a la Venezuela futura cualquiera que ella sea, sin rebelarnos ante eso, sin reconocer: yo soy culpable, yo soy responsable, es por culpa mía.

Antígona
Léanse Antígona de Sófocles (tarea para la próxima reunión). Sófocles. Gran trágico, poeta trágico de Atenas, maestro de la Atenas democrática recién constituida. Esos fueron los pedagogos de la libertad, ellos y Sócrates y Platón, mientras existió libertad de verdad. Porque no hay libertad sin justicia, no hay libertad sin voluntad de justicia, como dice el Evangelio sin hambre y sed de justicia. Y para eso tú no tienes que ser pobre, tú puedes ser un hombre rico y un hombre culto y con haberes y sin embargo, moralmente eres un amante de un bien que tú sabes que todo tu dinero no puede conquistar ni comprar ni lo comprará jamás. Entonces tú eres un hombre en ese caso, irrespectivamente de la escala social, la ausencia de esa conciencia es lo que degrada y derrumba el mundo político entre hombre y hombre, porque sin solidaridad, sin un elemento de humanidad sustantiva no hay política ni puede haber sociedad.
Hay una frase famosa de San Agustín de Hipona, no el San Agustín del Norte, de allá de Irlanda, sino el San Agustín de Hipona, fin del imperio romano de Occidente, Obispo de Hipona, que decía que, las ciudades sin justicia o los reinos sin justicia no son sino vastos latrocinios. Es decir, burdeles para hablar claro y sencillo. Bueno, eso es eterno. El hombre tiene una dimensión sustantiva que lo refiere al bien, porque él lo puede distinguir. No es porque es una referencia externa a él. En un campo de batalla yo comprendo, veo y discierno lo que es el valor en un general o en un soldado raso, y el que lo ejerce, ése hombre, tiene autoridad. Puede que no tenga poder, puede que no sea general, pero el general es un pigmeo al hombre valiente. Y la vida militar exige ese valor, esa entrega ¿a qué? a la patria. Entonces no depende de que tú vayas a ganar la batalla, no es el ganar o no ganar, es el enfrentar aunque te mueras. Bueno, eso es la vida moral en cualquier orden.

IV República (2)
¿Quién jamás se enfrentó en Venezuela a la degeneración de la sociedad y de las clases dirigentes, y del Estado y de la política y de la democracia en nombre de la justicia? ¿Quién? No calladamente. ¿Quién? Puede que en privado mucha gente lo dijera, pero qué ministro de justicia entregó su cargo en razón de la prostitución notoria de la justicia. Si hay alguien que lo hizo yo estoy dispuesto a anunciarlo aquí a voz en cuello y alabarlo y a respetarlo y a conocerlo. Esto no es una crítica por criticar, esto es un ejemplo de lo que la vida en libertad exige, la sustancia, el contenido de la libertad es la justicia, entonces quien clama por libertad tiene que clamar por justicia, y clamar no es solamente salir a las calles LIBERTAD LIBERTAD, porque eso son palabras.


No palabras, sino testimonios de solidaridad

Son testimonios de solidaridad, son la ruptura de lo que nos separa los unos a los otros, irrespectivamente que sea de un partido o sea de otro, es un hombre y he de reconocerlo como tal, entonces el discurso variaría, se haría la luz en Venezuela. Es el hermosísimo lenguaje de los profetas de Israel, se iluminará la tierra por la justicia de este pueblo, por la justicia de esta gente, por el valor y la integridad. Por eso no hay vida moral sin valor, porque los bienes morales, la justicia, la solidaridad, la verdad, la probidad, la lealtad, no existen a menos de que el hombre haga que existan.


Antígona (2)

El hombre es el mediador del bien moral y el bien moral tiene trascendencia, no se agota nunca. Quién puede decir que el Estado terminará perfecto, en este mundo y en este tiempo, y que los hombres ya no tendrán que luchar por ser hombres, y optar entre el bien y el mal, y arriesgarse por ser hombres, que jugársela si es necesario. Léanse a Sófocles y a Antígona, esa es la pedagogía de la gran tragedia griega. Creonte se cree autosuficiente, cree que la razón de Estado o los intereses del Estado y los intereses del hombre son lo mismo, identifica libertad y poder, identifica justicia y poder, identifica razón y poder. Eso, dice Sófocles, es ceguera, carencia y ausencia de prudencia. Prudencia no es solamente un saber que me sirve práctica y operativamente para asegurar mi tranquilidad, mi bienestar, mi seguridad o mi prosperidad, no es esa la prudencia, cuídate mijito que hay mucha inseguridad en Caracas entonces no le vayas a dar una cola a nadie vuelve temprano ve a ver con quien andas, etc., eso es una prudencia operativa, válida, pero esa no es la prudencia que toca las grandes crisis históricas.

Comprensión de lo permanente
Es la comprensión de lo permanente en la existencia, y si el hombre no tiene esa referencia, el hombre anda desesperado y perdido, pero esa desesperación y esa pérdida la lleva dentro del alma, es él, se convierte en desesperación y angustia, él, no es que la tiene, la es. Y esa infelicidad absoluta, ese sentido de faltas de referencias, de puntos de apoyo, de luz, lo enferma. No es accidental la droga que se toma en el mundo desarrollado, la droga es un sucedáneo a la vida, y la vida no es la vida por la sangre, por el placer y el hedonismo, la vida es la vida de la mente y del alma, y de qué te sirve ganar el mundo si pierdes el alma, son palabras de Cristo, de eso es lo que está hablando, esto no es un lenguaje esotérico, esto no es un lenguaje alienado, no es un lenguaje de un misticismo que aleja al hombre del vivir.

Reconstruir la tierra
Mientras más intensa y auténtica es la comprensión de la herencia cristiana y de la herencia helénica… esos son los elementos constitutivos, a partir de los cuales tenemos que reconstruir y radicalmente reconstruir, si quieren, revolucionariamente reconstruir la tierra, nuestros estados, nuestra vida pública, nuestra vida política, la vida del mundo, la vida del continente.

Lo que despierta en el hombre al hombre
Estos son los elementos universales, estos son los elementos que arrebatan la lealtad, que despiertan en el hombre al hombre, eso es un liderazgo auténtico, no los que lo vilifican: «vamos a fregar a éste porque éste no tiene miedo y dice lo que no debe decir y de algún modo critica lo que lo que no tiene que criticar y nos está perjudicando y está perjudicando a la democracia, está perjudicando a la libertad y está perjudicando a los buenos». Eso es basura, mediocridad total. Y yo no desprecio a las personas, a mí me duele, porque ningún hombre se puede complacer en la cobardía de otro, en la falsedad de otro, en la baba que suelta, por supuesto que no la puede aceptar, y por supuesto que la debe y la tiene que combatir y la tiene que rechazar, y la tiene que enfrentar, cueste lo que cueste, y eso vale más que todo el oro del universo, que todo el petróleo de Venezuela. Una patria de hombres hombres, no esta delicuescencia que se está creando en el mundo a través de la absolutización de los bienes útiles, la última nevera del desierto (risas), la última cocacola, el último aparatico, el último viaje interestelar, el último desarrollo técnico y científico.

“La ciencia no importa ni decide nada esencial…”
Esencial, no decide nada. Por supuesto que hay cosas que son casi esenciales, diría yo. Si a usted le ha dado un cólico nefrítico y usted sabe que eso duele, entonces cuando le ponen una inyección y en cosa de instantes ese cólico, ese dolor desaparece, usted bendice a la ciencia porque lo ha librado de ese dolor, y eso es humano también. Pero no es en ese plano donde se decide lo esencial, la humanidad ha vivido sin esos cuidos durante milenios y eso no impidió que Sófocles fuera Sófocles y Sócrates Sócrates y Platón Platón y Miguel Ángel Miguel Ángel y Jesús de Nazaret Jesús de Nazaret. Y ese es el referente. Entonces, descubrir esa dimensión te vincula a todo hombre, habido, existente y por venir, son tus hermanos todos, y es por ellos y a ellos que tú hablas si nadie te entiende hoy.

Nadie está por encima de la justicia
Y no es la democracia en el sentido de la suma de votos, porque el pueblo puede no tener razón, el pueblo se puede equivocar. Cuando un presidente nuestro dijo que el pueblo nunca se equivoca, eso no es verdad, el pueblo se puede vilificar, el pueblo se puede degradar, el pueblo se puede degenerar, el pueblo puede mentir, el pueblo puede ser manipulado también, en este caso no es tanto una culpa como una utilización, una mediatización, un daño, gravísimo, porque se vilifica al pueblo. Pero no es que el pueblo está por encima de la justicia, ni nadie está por encima de la justicia. Y la justicia es una tarea eterna para el hombre y para la humanidad mientras exista, ¡gracias a Dios! Bueno, seguiremos hablando de esto si Dios quiere la semana que viene. Buenas noches, y muchas gracias por su atención.
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Ver:
Profesor Francisco Rivero desmontó plan mediático contra el Presidente Chávez en programa La Hojilla
Francisco Rivero
(VIDEO) Programa de la noche del miércoles 12 de Marzo de 2008. Con Francisco Rivero
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contador gratis


 
 

La tram(p)a de los medios

por joseleon71 @ Viernes, 04. Jul, 2008 - 07:13:49 am

Ver: Ingrid Betancourt iba a ser liberada este fin de semana

"Critiqué con energía y franqueza los métodos objetivamente crueles del secuestro y la retención de prisioneros en las condiciones de la selva. Pero no estoy sugiriendo a nadie que deponga las armas, si en los últimos 50 años los que lo hicieron no sobrevivieron a la paz."
Fidel Castro. La paz romana, publicado en Aporrea

Se cae en la tram(p)a de los medios de varias maneras, una, no sé si la peor, es comenzar a seguirles el ritmo, intentar caminar a su lado vociferando a cada denuesto, a cada tergiversación, a cada versión, como si la “información” que producen fuera información, como si su propósito no fuera precisamente que caigamos en su trampa y comenzar a responder a cada información, una tras otra, como si hubiera alguna lógica, alguna correspondencia real con la realidad, con los hechos. En definitiva, no conoceremos los fulanos, los tales hechos (salvo lo esencial, lo que nos permita saber qué fue lo que ocurrió), pero creer que los que trasmite la prensa son los hechos (o “hechos” simplemente) es un error garrafal. Algo de esto pasa con la “liberación” de Ingrid.
Marulanda
Escribo esto sobre todo para los que no nos comimos el cuento de la foto de la virgen mártir. El montaje estaba clarito desde entonces. Lo que ha ocurrido es un “golpe” mediático, otro, de esos a los que nos tiene acostumbrado el histriónico a fuerza de no querer serlo, Uribe. Santos, que no está pa juegos, vocifera como lo que es, un cerdo, pero eso es otra cosa. El show del Uribe, con una popularidad que raya –sin contar los puntos que va a subir con el “rescate”- los 80 puntos, con McCain al fondo, es de una estelaridad que nadie se esperaba, sobre todo por los niveles de excremento en los que está hundido el gobierno colombiano, pero no ahora, no por lo que ha dicho la prensa y que califica de “parapolítica” (que ya es un caliche, noticia refrita, pasada, pero que ahora ha despertado súbito interés) sino desde antes, desde que los narcos-paramilitares gobiernan Colombia, desde que el terror gobierna Colombia. Cuántos muertos ha costado ese supuesto 80% de popularidad, diríamos con Santiago Alba Rico.
Caer en la tram(p)a de los medios nos lleva a perder las perspectivas. Cuando eso ocurre, los medios han triunfado. Y eso pasa con el llamado a que las FARC dejen las armas. Creer que se puede ser campesino y tener dignidad y ganas de vivir y trabajar la tierra y no morir en el intento y no tener un fusil y una organización militar que resguarde el frente y la retaguardia es, en Colombia, una ilusión. La violencia, el terror, que no tuvo su origen con la guerrilla –a menos que renunciemos a la memoria- no se enfrenta con nuevos momentos históricos, con realidades electorales. Creer que los “cambios son pacíficos” es desconocer Santa Cruz, el paro petrolero y los muertos de Llaguno. ¡Por favor! Si no hubiera habido militares y generales y ejército respaldando al Gobierno y asqueados por los repartos de puestos sobre la sangre de muertos frescos, ¡ya te echo un cuento de lo que hubiera pasado el 13 de abril!, con el pueblo en la calle y la policía de Peña haciendo lo que saben hacer todas las policías del mundo. De modo que está bien declarar a la prensa que las FARC dejen las armas, pero entendiendo que eso es para la prensa. Esas son las declaraciones que le encanta a la prensa, si no, leamos el comentario de McCaine. Lo cierto es también la IV Flota, una invasión en ciernes, y un periódico local -Panorama- recién vestidito de derecha, anunciando con su nuevo look fashion que está preparado para cubrir desde el otro lado la balcanización de la nueva media luna. Lo malo de la irrealidad de los medios son las balas, que sí son de verdad. Pero caer en la tram(p)a de los medios es no darnos cuenta de por donde vienen los tiros. El tiempo de los fusiles pasó, sí, pero está a punto –siempre- de llegar de nuevo, de no irse, que lo diga Palestina, Haití, Chiapas, por poner sólo algunos nombres. Que lo diga la silenciosa invasión, la muerte de campesinos, el sicariato, el Plan Colombia, las nuevas bases militares, y la nueva vocera, la señora Ingrid, bien repuesta, apretando el torniquete, poniendo el dedo justo en la llaga, dándole el espaldarazo a Don Vito, cerrando el círculo, abriendo otros, acaso los del infierno. Que el poder que conocemos no se conquista por las armas lo sabe desde hace rato Cuba que ha tenido que dialogar sabroso con el capital. Es un pueblo digno, quien lo duda, y una isla y un país hechos a pulso, pero rodeados de capitalismo por todas partes. Yo no sé si en América ya no hay lugar para los fusiles, lo que sí está a la vista es que EEUU sigue igualito mutatis mutandi –que no es mucho- al siglo XX. La misma arrogancia, la misma rapacidad, la misma voracidad. No será con balas y en todo caso sin ejército regular (que sería aplastado como un insecto), pero no creo que –sólo- con razones. Ni con dejar las armas e ir a elecciones. Si EEUU sigue igual, yo veo igual a Colombia: que lo diga la asesinada Unión Patriótica, que lo digan los sindicalistas asesinados, que lo digan –para traer un caso recientísmo- los organizadores de la marcha reciente, la del 6, la no cubierta, la invisible.
Que el conflicto de Colombia desestabiliza la Región, es cierto, pero el conflicto no lo inició las FARC, ni el Estado colombiano está dispuesto a darle una salida, en principio porque el capital -y menos el militar (de más está decir que exclusivamente norteamericano e israelí) que está hasta la médula en Colombia- tiene principios, salvo los que imponen las drogas, las armas y el control sobre la población. Que las FARC dejen lar armas ¿se traducirá en paz para la región?
No hay tal éxito militar del estado Colombiano -salvo en la prensa, para la reelección de Uribe y un impulsito a McCaine- simplemente porque la guerra es un negocio, y dejará de serlo cuando la paz lo sea, sólo que la paz convertida en negocio (que no la paz negociada, o casi) es la paz del terror, o sea, la guerra sin fin contra los enemigos del Capital (de la libertad y el mercado). Ya es.

Ver: "Montaje" y pago de $20 millones por liberación de rehenes colombianos en vez de rescate, denuncia radio suiza

(VIDEO) Britto García y Serrano opinan que gobierno de Colombia interceptó liberación de las Farc

El video de la operación Jaque muestra las mentiras de Uribe y Santos ¡Véanlo bien!
Por: Ylich Carvajal Centeno
Publicado en Aporrea

El video de la operación Jaque difundido por el “glorioso” Ejército de Colombia dejó ver las costuras, las torpes puntadas del remiendo presentado mundialmente por el presidente Álvaro Uribe, su sombra gris, el ministro de Defensa, “Santos” y un Alto Mando Militar que se conforma con ganar la guerra en las pantallas de televisión, mientras decenas de soldados pierden las piernas, cuando no la vida, en una guerra absurda y fraticida en las selvas y montañas colombianas.

Si el video es analizado en detalle, cuadro a cuadro, seguro se podrán sacar conclusiones más precisas, pero lo primero que salta a la vista son las “esposas” que se le colocaron a Ingrid Betancourt y el resto de los supuestos “rescatados”.

Primero, ese tipo de “esposas”, unas tiras de plástico blancas que se amarran entorno a las muñecas con una especie de remache, las hemos visto antes atando las manos de ciudadanos iraquíes detenidos por las fuerzas de ocupación de su país, fuerzas de los Estados Unidos y el llamado Reino Unido.

También las hemos visto en las terribles imágenes de prisioneros en los campos de tortura que el gobierno de George W. Bush ha instalado en varias partes del mundo para secuestrar a Talibanes o simples fieles del Islam, y digo secuestrar, porque todo el planeta sabe que están privados de su libertad ilegal e ilegítimamente por un gobierno que se erigió, a lo bravo, como “policía” del mundo.

Si las FARC esposaron a los secuestrados porque los iban a llevar a una reunión y se suponía que aún estaban secuestrados, ¿por qué no utilizaron las cadenas de hierro –como las que se utilizan para amarrar a los perros- que todos sabemos utiliza la guerrilla siempre para retener a sus “prisioneros”?

¿Quién es la persona que les pone las esposas? Más que una guerrillera, que debería estar vestida de verde o negro, parece ser una mujer que viste de blanco y beige, como otros miembros de la “comisión internacional” que supuestamente “rescató” a Betancourt y los otros 14 rehenes.

Al momento de subirse al helicóptero, se ve a una persona, esta vez parece ser un hombre, que lleva en sus manos un paquete blanco, que parecen ser las esposas que les sobraron.

Este simple detalle, el uso de esposas de plástico blanco gringas, en vez de las cadenas de hierro, creo que no se debe pasar por alto. Habría que analizar el video difundido por las mismas Fuerzas Armadas colombianas con algunos recursos técnicos, que permitan, por ejemplo, verlo cuadro a cuadro, para precisar quien es la persona que les pone las esposas a los “rescatados”.

“El detallito”, además, no es para nada pendejo si consideramos que el mismo general Mario Montoya, comandante del Ejército, mostró en televisión “las cadenas”, lea bien, “las cadenas” y no las esposas de plástico a lo gringo, con las que tenían retenida a Ingrid Betancourt y a los otros rehenes.

Hay otros “detalles” en el video de la operación Jaque que dejan Jaque al cuento de hadas con el que Uribe, su Santo favorito y el Alto Mando Militar colombiano nos quisieron marear.

Por ejemplo, el teniente que le habla directamente a la cámara dice: “…he estado encadenado durante 10 años”. “He estado”, si lo poquito que aprendí de gramática en la escuela no me engaña, el hombre habló en pasado, “He estado”, el tipo se sentía libre o se sabía libre y no entendía porque les estaban poniendo esas esposas gringas de plástico.

El pobre teniente no entendía que ahora era “secuestrado” de su propio gobierno de su propio Alto Mando Militar y era necesario esposarlo para darle sentido al teleteatro que estaban rodando.

Noten que la protesta de todos es por las esposas de plástico, algunos las muestran a la cámara con gestos de desaprobación, rabia o molestia.

Otro “detallito”. En el video Ingrid Betancourt sale vestida con el gorrito militar y al parecer con el chalequito militar con el que la vimos en la base militar en Bogotá, ya “rescatada”, pero lleva una franela y un pantalón distinto. ¿Quién le dio realmente el gorrito y el chalequito militar? ¿Los guerrilleros o sus “rescatadores”? ¿En que momento y donde se cambió de ropa?

Ella, como toda mujer, cuida su imagen, es coqueta pues, y dijo el día que la “rescataron” que los pantalones jean que llevaba puestos eran nuevos, que se los había puesto para la reunión con la importante comisión internacional que los visitaba en las selvas, con la que supuestamente se iban a reunir.

Pero en el video de la operación Jaque se ve clarísimo que cuando se subió al helicóptero, supuestamente convencida de que iba a una reunión con una comisión internacional, no llevaba puesto el pantalón jean nuevo que lució ante las cámaras, sino unos andrajosos pantalones beige.

¡Vanidad de vanidades!, ¡bendita sea la vanidad!.

Les invito a todos a ver y volver a ver, a analizar en detalle el video de la operación Jaque, lo pueden encontrar en You Tube, seguro le encontrarán otros “detallitos” y de a poco saldrá la verdad.

ylich@hotmail.com

La traición de Ingrid
Por: Pascual Serrano
Publicado en Aporrea

Leo un clamor de indignación entre los sectores progresistas venezolanos por la reacción de desprecio de Ingrid Betancourt y su familia hacia personas que tanto interés tuvieron en su liberación, en especial el presidente de Venezuela Hugo Chávez y la senadora Piedad Córdoba. Hablan de traición indignados por lo que, a todas las luces, es una prueba de ingratitud.

Betancourt y familia no han traicionado a nadie, han vuelto a la clase social, política y económica a la que siempre pertenecieron: la burguesía neoliberal adinerada de Colombia. Ingrid es hija de Gabriel Betancourt, ministro de Educación durante el gobierno del dictador Gustavo Rojas Pinilla, y de Yolanda Pulecio, quien fue reina de belleza que llegó a Miss Colombia y Representante a la Cámara por Bogotá. Betancourt, como buena hija de la oligarquía, cursó sus estudios de secundaria en el Liceo Francés de Bogotá y más tarde ciencias políticas en Francia en el Instituto de Estudios Políticos de París; se especializó en comercio exterior y relaciones internacionales. Vivió varios años en París, donde su padre ejerció como embajador ante la UNESCO; allí conoció a su primer marido, el diplomático francés Fabrice Delloye, con quien se casó en 1981.

Se divorció en 1990 y se afilió al Partido Liberal, donde trabajó como asesora del Ministro de Hacienda Rudolf Hommes, y de Comercio Exterior, Juan Manuel Santos, durante el gobierno de César Gaviria. Ingrid se casó por segunda vez con el publicista colombiano Juan Carlos Lecompte. Durante este período escribe el libro La Rage au cœur [La rabia en el corazón], publicado originalmente en francés, sobre su visión del gobierno de Ernesto Samper.
Su apoyo popular como candidata a la presidencia, ya fuera del Partido Liberal, era tan solo de un 0,8% de intención de voto cuando fue secuestrada.

Mientras había cientos de sencillos soldados rasos y civiles anónimos en poder de las FARC y muchos más campesinos y pequeños colaboradores de la guerrilla sin delitos de sangre pudriéndose en las cárceles colombianas, Hugo Chávez y Piedad Córdoba eligieron a la hija del ministro de la dictadura y la miss Colombia como emblema de su lucha por el canje humanitario. Los medios internacionales, con Francia a la cabeza, se incorporaron a la cruzada hasta elevar a Ingrid Betancourt al rango de heroína nacional. Evidentemente la familia de la retenida, que nunca se hubiera acercado a un presidente surgido de los cerros, no hacía ascos a cualquier líder social que pidiera la libertad de Ingrid. Si había que criticar a Uribe para poder estar ante las cámaras junto a un jefe de Estado que pidiera la libertad para su hija, pues se criticaba.

Creyendo estar presionando para un acuerdo humanitario, Chávez y Piedad convirtieron a Ingrid en ejemplo de resistencia y lucha y a la guerrilla en un monstruo que retenía a una bondadosa hija, esposa y madre.

Mientras Piedad Córdoba arriesgaba su vida y Hugo Chávez su referéndum para la reforma constitucional, el mito crecía ante los ingenuos ojos de quienes creían que su buena intención estaba siendo reconocida por familiares, medios de comunicación y hasta por el gobierno francés. No comprendieron que sólo estaban siendo utilizados.

Ingrid se convierte en un símbolo internacional de la crueldad de las FARC mientras los anónimos soldados y guerrilleros seguían pudriéndose en la selva o en la cárcel. Sus madres no acudían invitadas al Aló Presidente ni nadie las entrevistaba en Telesur.

El codiciado trofeo logra la libertad de la mano de Uribe y vuelve junto a los de su clase, ideología y condición llena de odio, como es lógico, contra quienes le robaron seis años de vida. Se fotografía junto al ministro de la guerra de Colombia, pide la reelección de Uribe y dice -vestida de militar- que será un soldado contra las FARC. Viaja a Francia y se besa ante las cámaras por uno de los presidentes europeos que lidera el encarcelamiento durante año y medio de todos los colombianos que lleguen a Europa sin papeles. Ni Chávez ni Piedad le interesan ya. Se ensuciaría con el barro de los cerros y las manos callosas de los pobres si los acompañase, ya no los necesita para llamar la atención de la opinión pública internacional.

www.pascualserrano.net

...al hombre no lo mataron en Higueras

por joseleon71 @ Jueves, 03. Jul, 2008 - 06:13:47 pm

Poema de Alexis Cabezas
Publicado en: http://www.alexiscabezaspoesia.blogspot.com/

Orwell y Marx

al Fuser

no mi amigo
al hombre no lo mataron en Higueras
ese era otro
como era otro el que luchó por el Congo
y la sombra también gigante de Patricio Lumumba

los que llegaron a orillas del arroyo Ñacahuazu
Teté
Ramón Benítez
Tatu o el Chancho
esos tal vez hayan muerto asesinados
a esos puede ser que les hayan quitado las manos
pero al que le enseñó a su asesino como se mata a un hombre
ese
ese no ha muerto

lo vimos el fin de semana pasado en Chiguara
bajo la lluvia
bailando en el barro
saliendo de cada canción

estuvo en mis puños cerrados durante todo el tiempo
que no eran los de Superman antes de volar como creyó Andresca
era uno por mí
el otro por el combatiente Haroldo Serorena y su nieto Huascar Amaru

no se apartó ni un solo momento de nuestro lado
está de nuestro lado
cuando construimos la idea desde el otro lado de los escritorios
cuando con la madre de mi Madre
saludamos la revolución alterna
la de nosotros
la de la construcción de la otra vida
de los nuevos sueños
que sí son los de él

está todo el tiempo con sus brazos encadenados a los nuestros
sin romper filas
apuntando al enemigo
más que al de enfrente al que está a nuestra diestra
disfrazado con franelas que tienen su cara de Korda

ese
ese amigo mío
es también inmortal
no hay cruz que lo pueda sostener
no existe bala que pueda con su vida
ni fosa tan profunda donde quepa su cuerpo

ese HOMBRE VIVE
y vivirá mientras viva
uno solo de nosotros..

“árbol perenne”

Ver: Che: Hasta la memoria siempre
Poema inconcluso que no será premiado

Raíces de la rebelión

por joseleon71 @ Lunes, 30. Jun, 2008 - 02:25:51 pm

(Primera aproximación al problema)

“La teoría es, simplemente, parte de la lucha
cotidiana por vivir con dignidad”
John Holloway

Existe algo que podemos llamar, que llamamos de hecho «Historia de Venezuela». Al decirlo, nos representamos un conjunto de hechos “propios de las acciones humanas”, “en un tiempo continuo, unitario y sucesivo” , acaecidos en parámetros fijados por las distintas comunidades de cronistas, historiadores, intelectuales y escritores en general, que acompañaron con sus discursos la creación y consolidación del Estado y la nación, como antes la Colonia, al menos desde el año 1777 cuando el Rey Carlos III expide la Real cédula de creación de la Capitanía General de Venezuela. Es esta una historia ligada al mundo de las naciones o mundo civil,

“…es decir a la preocupación por los principios que rigen los asuntos colectivos y políticos, por el modo como los poderes públicos, las leyes y el derecho, las instituciones civiles, las guerras y las contiendas entre los pueblos, siendo resultado únicamente humano, afectan a las vidas” (Monserrat: 290)

Es regularmente desde esta perspectiva que hablamos de “historia oficial”. Se entiende pues, la historia, en un sentido antropológico, según el modelo de Giambatista Vico, pues se piensa la historia como “proceso continuo por analogía, tácita o expresa, con el tiempo de vida de los individuos humanos” (297).
Por otra parte, nuestra llamada historia oficial no responde al modelo de Marx, que busca explicar los procesos de producción y reproducción de la vida “a través de la producción y reproducción de los medios materiales entre otros los instrumentos técnicos, que permiten generarla y mantenerla”. Y justamente “porque la producción y la reproducción de la vida es una actividad durativa, conlleva tiempo, se dan en su proceso variaciones, repeticiones, cambios y continuidades de carácter social o si se prefiere socio-tecnológico, que afectan a comunidades enteras y que son, parcialmente, regulables, acumulables o neutralizables por ellas” (295). Este tipo de análisis lo veremos con detalle en, por ejemplo, Una nación llamada Venezuela, de Germán Carrera Damas (1983), y permitirá entender la historia del país como la definición de “continuidad de la clase dominante” con el propósito de “rescatar para ella una especie de vocación de dirección del conjunto de la sociedad” (34). Con Carrera entenderemos cómo nuestra historia es la de la “implantación de la sociedad colonial” y “la ocupación efectiva del territorio” por el capitalismo internacional (desde 1500), y cómo los conflictos nacen precisamente de esa implantación y de esa ocupación efectiva. La historia oficial –dice con ánimo de despejar el camino para una comprensión de la conformación de Venezuela menos obnubilada por la historia patria- responderá al “patrón histórico formulado por la clase dominante y que ha sido manipulado por la clase dominante hasta nuestros días” (87). El Proyecto Nacional de la clase dominante implica establecer operaciones ideológicas con el fin de ocultar la falta de libertad, la desigualdad y la miseria tras la idea de la independencia (84). Más claramente señala, con respecto a la historización del siglo XIX:

“La mente del historiador que adopta la perspectiva del Proyecto Nacional ya no puede ver los procesos políticos sociales y militares del siglo XIX sino como desorden, desintegración, dejación de valores nacionales, etc., y esto pasa con la visión del caudillismo durante el lapso.
Mi perspectiva pretende ser otra: ese lapso ha de ser visto como aquel durante el cual se perfecciona el Proyecto Nacional, en su formulación, y se intenta sostenida y sistemáticamente su implementación, todo en una perspectiva global de intentos por superar la crisis estructural de la sociedad implantada” (92)

Como vemos, se opone Carrera Damas a la historia según un deber ser que fundamentó la historia patria como la historia de la clase dominante, lo que permitió operaciones ideológicas, manipulación de la historia y de los aparatos de difusión de la misma, con el fin de promover y preservar el “Proyecto Nacional”, que quedará consagrado en los artículos 6, 7 y 8 de la Constitución de 1830.
Es interesante observar que para Frédérique Langue (2001) Carrera Damas no puede catalogarse historiador, y en cambio resalta sus aspectos de pensador, pedagogo y diplomático. Lo acusa de concederle demasiada importancia al siglo XIX, “período forjador del mito bolivariano alrededor del cual se va escribiendo, componiendo e incluso edificando la historia nacional y conformando un uso peculiar de la memoria histórica” (248). Sobre lo que sí insiste Langue es en la historia de las elites, de la aristocracia (especialmente la aristocracia territorial de los mantuanos), de los comerciantes, de las «elites de poder»y por supuesto “el estudio de las instituciones, que ocupa un lugar destacado en la historiografía americanista en general” (257).
La historia o el relato histórico corresponderá al proyecto de nación y de Estado de la clase dominante y en general a un proceso ideológico de legitimación de una “ética funcional al status quo, que soslaya la responsabilidad humana ante los efectos de las acciones y los carga en la cuenta de una necesidad de tipo providencial” . Esta perspectiva corresponde a la tradición histórica europea: Frente a ese tipo de Filosofía de la Historia, Fernández Nadal “reivindica el valor teórico y extra-teórico de otra forma de posicionarse frente a la historia vivida y a la propia historicidad.” Uno que ponga en ejercicio una afirmación del ser latinoamericano y de la propia cultura, que haga “posible la constitución del hombre de estas tierras en auténtico sujeto de la historia.”
Citando a Francisco Bilbao:

“Nosotros, los americanos de los “Estados Des-Unidos del Sur”, debemos cuidarnos de ser invadidos por los plagios de la fatalidad europea. Tal es lo que ocurre cuando intelectuales nuestros reflejan o reproducen aquella criticada cosmovisión eurocéntrica y determinista en la interpretación del propio pasado; se justifica entonces toda la destrucción producida en estas tierras por el conquistador europeo y por los opresores que se han ido sucediendo luego en el poder. “La conquista americana, la extinción de las razas, la servidumbre de los indígenas, la esclavitud de los negros, la anarquía y hasta el despotismo de los monstruos americanos, han sido reconocidos como necesidades providenciales”.

A esta perspectiva se opondrán:

“…relatos de identidad donde se produce la emergencia de un sujeto colectivo que se afirma en su calidad de «americano» o de «latinoamericano», para proponer una lectura del pasado y del futuro que le permita proyectar su capacidad de transformación de la realidad. Se trata de formas de ejercicio de la memoria, en el sentido de una capacidad activa de selección y articulación de lo acontecido, desde una perspectiva no aséptica, sino teñida de compromiso histórico y orientada fuertemente hacia el futuro, con sentido utópico”.

Esta posición que acerbamente critica la Filosofía de la Historia europea y por extensión eurocéntricas, tendrá un antecedente en las “Tesis de filosofía de la Historia” de Walter Banjamin (1999). Cito in extenso la VI, que funcionará de cartabón a lo largo de las líneas que siguen:

“Articular históricamente el pasado no significa conocerlo “como verdaderamente ha sido”. Significa adueñarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro. Para el materialismo histórico se trata de fijar la imagen del pasado tal como ésta se presenta de improviso al sujeto histórico en el momento del peligro. El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como a aquellos que reciben tal patrimonio. Para ambos es uno y el mismo: el peligro de ser convertidos en instrumento de la clase dominante. En cada época es preciso esforzarse por arrancar la tradición al conformismo que está a punto de avasallarla. El Mesías viene no sólo como Redentor, sino también como vencedor del Anticristo. Sólo tiene derecho a encender en el pasado la chispa de la esperanza aquel historiador traspasado por la idea de que ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer” (45)

A este historiador debemos unir el “sujeto colectivo” que escribe su historia, otra historia, no indicada ni prescripta por la clase dominante. No pues, la historia de las elites y de sus instituciones, sino la historia de los desposeídos, de los vencidos, salvada de la muerte o la desaparición en un “instante de peligro”. Este otro discurso, o el discurso de los otros, supone por supuesto, un relato, mejor, relatos en contracorriente, distintos, diversos a los de la clase dominante, serán por tanto discursos antihegemónicos. Por supuesto, los tales habrán de ser producidos desde las márgenes o en las afueras de la disciplina histórica, toda vez que ésta se encuentra a buen resguardo de dicha clase dominante, generadora y dispensadora del relato histórico que valida y justifica desde una perspectiva histórica sus intereses (y privilegios) de clase.
El problema (la historia de Venezuela desde los sujetos rebeldes) no se lo plantea, claro está, la historiografía oficial, pues los problemas se formulan al interior de la disciplina y por sus especialistas. A lo sumo, las acciones de aquellos son objetivadas y se inscriben en (incluso pueden llegar a reescribir) el discurso histórico. No es pues desde la disciplina histórica, sino fuera de ella, desde donde nos planteamos el problema de historiar el proceso histórico venezolano desde la perspectiva de sujetos en rebelión. No nos situamos dentro por razones precisamente disciplinares, porque el problema desborda los problemas que se plantea la disciplina, excede sus límites. La historia la escribe y la interpretan los historiadores. Lo que aquí planteamos es que la historia (una historia muy distintas, en sus formas y contenidos) la escriben (la expresan o grafían, pues no apelo –sólo- a la escritura como herramienta y tecnología de la cultura letrada) e interpretan los sujetos en rebelión. Necesariamente hacemos un cuestionamiento de los fundamentos de la disciplina, de la disciplina en particular en nuestro país, con el fin de abrir un cauce a la historia de la rebelión, (más bien a su memoria, como lo veremos en su momento).
El problema de la historia visto desde el ámbito disciplinar atiende al hecho de que la historia es la de las élites y sus instituciones, y de cómo desde esta posición se observan los movimientos de rebelión y resistencia, en nuestro caso, al Proyecto Nacional, en los términos a los que se refiere Germán Carrera Damas. En otras palabras, la historia y los historiadores se encargan de incluir tales conflictos al interior de sus límites, los cuales necesariamente pasan a ser observados, estudiados y comprendidos desde este lugar privilegiado, en tanto ostenta la virtud de establecer la totalidad. Desde esta perspectiva, hablamos de la historia de los “sectores subalternos”, e incluso de los vencidos, en tanto se enfrentan o se han enfrentado infructosamente a los poderes establecidos, dominantes, hegemónicos. La historia (en tanto es un “proceso objetivo independiente de la voluntad humana”), incluso la que llamemos “de los vencidos”, ya ha sido escrita, pues está dada de antemano como enfrentamiento contra el poder, contra lo estatuido, contra lo establecido, eso que ha fundado los límites de lo comprensible, pensable, cognoscible. Fuera nada existe, salvo el vacío, lo informulado, lo indefinido. Lo que está pensado es lo pensable y lo pasible de definición. Toda definición precisa el in-movimiento. Lo que se mueve es una cosa aquí y otra más allá; este ser y no ser desquicia a la ciencia, y la Historia como disciplina requiere igualmente la inmovilidad de su objeto, necesita definirlo, precisarlo, fijar sus límites. La historia disciplinar clasifica, forma identidades, define. La historia escrita por las élites, también traza, despeja, circunscribe, delimita, fija la historia de los vencidos. De modo que desde esa perspectiva no hay tal historia de los vencidos ni de la rebelión, esto es, no hay tal desde la historia disciplinar. Es por eso que nos sentimos tentados a situarnos fuera, como si esta posición marginal, fronteriza, límite nos purgara la mirada. Desde esta posición extra-cotidiana, y por tanto también extra-ordinaria, se pretende escribir la historia de los vencidos, más exactamente la historia sobre los vencidos. Holloway (2005), criticando en esto a Marcuse, apunta:

“La resistencia significativa sólo puede provenir de los márgenes, “el sustrato de los proscritos y los ‘extraños’, los explotados y perseguidos de otras razas y de otros colores, los parados y los que no pueden ser empleados”. No se trata de que ese “sustrato” tenga conciencia revolucionaria, sino que “su oposición es revolucionaria incluso si su conciencia no lo es. Su oposición golpea al sistema desde el exterior y por lo tanto no es derrotada por el sistema”. Debe entenderse que la práctica política inconsciente de los marginados corresponde de alguna manera a la práctica teórica consciente de los teóricos críticos marginados académicamente” (135-136)

De modo que lo que toca es asumir el hecho de que el antagonismo “es inseparable del hecho de vivir en una sociedad capitalista”, no existimos –insiste- “fuera de las formas capitalistas”, existimos “contra-y-más allá del capital”.
Estos planteamientos apuntan al corazón de la ciencia moderna, toda vez que esta parte de la separación sujeto – objeto, la misma que hace posible la historia (en tanto que disciplina científica) de las élites, pero también la de los vencidos. La historia disciplinar comprende que sea como sea, es la historia sobre, y este objeto sobre el que recae la acción del historiador, es definido, clasificado, objetivizado, y en el definitiva, fetichizado. Lo que señala Holloway es que se puede vencer la fetichización entendiendo el fetichismo “como un proceso”, esto es, no como algo dado sino como algo que precisa de nosotros para constituirse. No está dado de una vez y para siempre, sino que necesita de nuestro concurso, de nuestra participación, y que por ello, podemos elegir hacer las cosas de otro modo. No es ponernos afuera, sino dentro, en el corazón de las contradicciones, en la “lucha cotidiana contra el fetichismo”, como “parte de la lucha diaria por establecer relaciones sociales sobre una base humana” (150). Desde la perspectiva de Holloway la violencia proviene de la necesidad del poder de separar el hacer de lo hecho (en lo que se fundamenta el capitalismo pero también la ciencia moderna). La lucha es entonces y precisamente contra la separación, contra la definición:

“…pensar la lucha contra el capital como antiidentitaria implica colocarnos en una posición teórica y prácticamente imposible. Toda conceptualización implica identificación; si no podemos identificar, no podemos pensar. Toda lucha también implica identificación. ¿O es que simplemente vamos a olvidar las luchas de los negros contra la discriminación, el movimiento feminista, los movimientos indígenas?
La diferencia está entre una identificación que se detiene allí y en una identificación que se niega a sí misma en el proceso de identificar. La diferencia está entre conceptualizar sobre la base del ser y conceptualizar sobre la base del hacer. El hacer, como hemos sostenido, es el movimiento antagónico de identidad y no-identidad. El hacedor es y no es, así como lo hecho es y no es, es objetivado velozmente y luego reintegrado en el flujo social del hacer” (155)

Más adelante, reafirma:

“No existe héroe. Sobre todo, quien se dedica a la teoría no es un héroe. No es un Conocedor o una Conocedora. La teoría no se eleva por sobre el combate: simplemente, es parte de la articulación de nuestra existencia cotidiana de lucha. No mira a la sociedad desde arriba: participa de la lucha cotidiana por la emancipación, golpeando a las formas que niegan nuestra subjetividad. La teoría es práctica porque es parte de la práctica de vivir: no tiene que saltar un abismo para convertirse en práctica (…) El sujeto de la crítica no es el sujeto inocente, individual, aparentemente no fetichizado de la teoría democrático liberal o del marxismo partidario. Yo no soy el sujeto: nosotros lo somos. No un nosotros que surge de un simple poner juntos yoes inocentes sino un nosotros de yoes lisiados, rotos, pervertidos que pelean en dirección de nuestra nostredad. La crítica es parte de esta lucha en dirección de la nostredad, parte de la aspiración hacia la nostredad que haría de nuestros yoes un todo” (158)

A todas luces hemos arribado bastante lejos del sujeto cognoscente cartesiano, propio y exclusivo de la ciencia moderna occidental. El esquema de Holloway es sumamente sencillo: la separación sujeto – objeto es expresión del poder sobre, y expresa la separación del hacer sobre lo hecho. Desde el siglo XVII el hacer práctico y el hacer teórico son irreconciliables, y sobre esta separación está fundada la ciencia y el conocer, y por supuesto, el conocer y los modos de conocer. En la separación se ha colado y hoy goza de plenos poderes el saber tecnológico, depurado de reflexión epistemológica o especulación metafísica, “neutral y objetivo”, práctico y demasiado real, más presente, más práctico, máu útil, que los inextricables bizantinismos teóricos. La ciencia occidental parte pues, del sujeto cartesiano que se entroncará con el individuo y el homo economicus, como centro y agente de la racionalidad moderna. Pensar el mundo desde este sujeto, nos convence de que la historia la escribe este sujeto, en tanto científico, conocedor, no sólo entendido como individuo como tal, sino formando parte de un cuerpo científico que es un cuerpo teórico o de teóricos, en el marco de una disciplina, de un saber ordenado, paradigmático.
Pero al sujeto de la ciencia no lo podemos entender como un sujeto colectivo al que hicimos mención arriba. Y mucho menos, si asumimos que tal sujeto es y no es, es decir, es indefinido: Holloway habla de los indios que son más que eso, de las mujeres que son más que eso, de los negros que son más que eso; es decir, de sujetos rebeldes que no son definidos por el poder sino que se presentan en constante indefinición, en constante movimiento, en un ser y no ser vertiginoso. La ciencia que nace de este sujeto en movimiento, colectivo, es por tanto, muy distinta de la que nace del sujeto cartesiano, inmóvil e individual. Para este sujeto la ciencia es una cosa y la práctica otra, y por mucho tiempo ha podido convivir en una dimensión puramente intelectual, teórica, separada de la realidad, y de hecho ha construido lenguajes que sólo existen en esta dimensión aérea, pneumática.
Este sujeto cartesiano es el que ha escrito la historia oficial, la historia de Venezuela que conocemos, y es el que ha delimitado y definido, necesariamente desde la disciplina, la historia de los vencidos. El sujeto al que apelamos para historiar nuestra historia es un sujeto colectivo, indefinido, cotidiano, no extra-cotidiano, no separado de la realidad, sino inmerso en ella y en sus contradicción, en su ser y no-ser. Es un sujeto que pugna por recuperar el hacer, el poder-hacer.
Siguiendo a Hardt y Negri (2004) podemos representar este sujeto colectivo llamándolo “multitud” y a su poder-hacer como “democracia”. Distinguen los autores entre la soberanía, que la ejerce un sujeto que se eleva solitario sobre la sociedad, pero este sujeto es un partido, un pueblo o una nación. “La soberanía está por encima de la sociedad y es trascendente. Por lo tanto, la política siempre arranca de la teología: el poder es sagrado” (376). En palabras de Holloway, es un fetiche. Pero en la multitud “No existe un uno que toma una decisión en el cerebro, sino más bien un enjambre, una multitud que actúa de común acuerdo” (383). No pueden dejar de entender nuestros autores que están ante un problema peliagudo, de ahí que confiesen que “Lo que necesitamos entender, y este es verdaderamente el punto central, es cómo puede llegar al multitud a tomar una decisión” (385). El soberano siempre ha decidido y siempre su voluntad es la que se ha impuesto, sabemos sin embargo que lo ha hecho no por la vía de la razón, sino por la vía de facto, incluso cuando la “razón” de iuris esté de su lado. De modo que

“La autonomía de la multitud y sus capacidades de autoorganización económica, política y social usurpan cualquier función de la soberanía. Así, pues, tras haber dejado de ser el terreno exclusivo de lo político, la soberanía ha sido desterrada de la política por la multitud. Cuando la multitu es por fin capaz de regirse a sí misma, la democracia se hace posible” (387)

El asunto está precisamente en este “ser capaz de regirse a sí misma”, esto es, cómo toma una decisión, y, en nuestro problema, cómo escribe la historia. La multitud no puede tomar decisiones y por lo tanto no cuenta políticamente, es lo que nos dice la tradición. De lo que se trata entonces es de que tome decisiones y ejerza la política, claro está, en un orden distinto de cosas. La multitud no ha de expresarse sólo en la desobediencia sino que ha de transformar “esa resistencia en una forma de poder constituyente, y crear las relaciones sociales y las instituciones de una nueva sociedad” (395). Se requieren “continuos encuentros, comunicaciones y concatenaciones de los cuerpos” (396). En la producción de la multitud “tiende a desaparecer la distinción entre lo económico y lo político”, y la producción de los bienes económicos tiende “a ser también la producción de relaciones sociales y, en última instancia, la producción de la sociedad misma” (397).
La escritura de la historia como la concibe la disciplina y la tradición, dependen del sujeto unificado y soberano, del historiador, del cuerpo de científicos o académicos, del Uno. Este sujeto de la escritura ha estado siempre e indefectiblemente consubstanciado con el poder, aún cuando escriba la historia de los vencidos. No son los vencidos los que escriben su historia, sino algo o alguien separado de su realidad necesariamente en movimiento. El historiador fija e inmoviliza, y sus definiciones encajan en un marco teórico, en un modelo de pensamiento, en un paradigma. No son, insisto, los vencidos los que escriben, pues para hacerlo se precisa de otra escritura y de otra forma de concebir la realidad. “La democracia de la multitud precisa de una «nueva ciencia», esto es, un nuevo paradigma teórico, para hacer frente a esta nueva situación»” (401). Las dos formas con las que ejemplifican Hardt y Negri la «toma de decisiones» son el lenguaje como ejemplo de construcción social y el estilo del “código abierto”, con el cual se construyen, por ejemplo, programas de ordenador (386). No me parece suficiente, o mejor, los ejemplos parecen salidas fáciles, porque la primera niega la actuación política (y fascista) de la gramática, y la otra, la acción externa que con suma facilidad cierra el código. En otras palabras, el problema sigue estando en el poder-sobre el lenguaje o la apertura del código. La solución al problema del poder-sobre no pasa por la “destrucción de la soberanía y la autoridad”, sino que esta destrucción se da en un proceso de reconstitución de la soberanía y la autoridad, esto es, que no es posible destruir y ya, sino constantemente, siempre, una y otra vez, destruir aquello que siempre está buscando reconstruirse, volver a ser, aquello que busca siempre apoderarse del hacer, ejercer su poder-sobre. Para Hardt y Negri existe un después de la destrucción, tal vez un espacio tiempo donde la contradicción ha sido superada. Para Holloway la “acción meramente negativa se enfrenta inevitablemente con el capital en sus propios términos, y en los términos del capital siempre perderemos, incluso cuando ganemos” (306). El asunto está –seguimos de cerca de Holloway- en desplazarse hacia una dimensión diferente de la del capital, en nuestro caso, de la disciplina histórica. Para lo que nos interesa, no es negar la historia de las elites, no es comprometerse con la disciplina de la historia en sus propios términos, sino avanzar hacia modos en los que la historia de las elites no pueda siquiera existir: romper la identidad, romper la homogeneización del tiempo. Una escritura de la historia sin recetas, un experimento siempre renovado, creativo, siempre negando “la fría mano de la tradición”, moviéndose constantemente “un paso más allá de la absorbente identificación que impone” la disciplina histórica (306).
Este sujeto colectivo, rebelde, siempre en movimiento, multitudinario, sin voz, sin rostro, sin identidad, sin nombre, ¿cómo es, aunque su principio es la indefinición? Como dice Aníbal Fornari, coincidiendo con Hardt y Negri “La cuestión del “sujeto histórico” está motivada por la exigencia de profundizar el sentido de la centralidad creativa de la sociedad civil para una democracia viva” (32). Hablamos de una vida política “basada en una pluralidad consistente, cimentada en el ejercicio pluridimensional de la razón, articulada en sus formas de abordar e indagar los diversos estratos de la experiencia” (34). Para Fornari “La humanidad se convierte en sujeto de sí misma, diciéndose”:

“Narración y cosa narrada pueden nuevamente coincidir, y las dos expresiones: ‘hacer la historia’ y ‘hacer historia’ pueden identificarse. El hacer y el narrar se han convertido en el haz y el envés de un proceso único”. El “sujeto histórico” es el que, en nombre de la humanidad, la impulsa como único agente de su propia historia, con el poder de producirse a sí misma y de reconciliarse consigo misma” (53)

El problema continúa estando, en ¿cómo ocurre?, ¿cómo existe tal narración?, ¿de qué narración estamos hablando?, en otras palabras, ¿cómo escribe la historia este nuevo sujeto histórico, multitudinario, indefinido, plural, diverso? La historia del sujeto colectivo, habrá de ser necesariamente historia colectiva. Las preguntas nos ponen el problema de la escritura y el poder. Ya hemos visto que la historia responde a los intereses de la clase dominante, quien ha controlado el relato de los acontecimientos, a partir de que controla la “escritura”. La historia la escriben los vencedores sobre todo porque son los que saben escribir, y aquí saber abarca varias acepciones. En realidad, la clase dominante, como diría Ángel Rama administra el “orden de los signos”:

"Para llevar adelante el sistema ordenado de la monarquía absoluta, para facilitar la jerarquización y concentración del poder, para cumplir su misión civilizadora, resultó indispensable que las ciudades, que eran el asiento de la delegación de los poderes, dispusieran de un grupo social especializado, al cual encomendar esos cometidos. Fue también indispensable que ese grupo estuviera imbuido de la conciencia de ejercer un alto ministerio que lo equiparaba a una clase sacerdotal. Si no el absoluto metafísico, le competía el subsidiario absoluto que ordenaba el universo de los signos, al servicio de la monarquía absoluta de ultramar"

Fuera de este orden aparece lo des-ordenado, lo que no tiene definición, lo informulado. Y la conclusión a la que llega Rama es evidente y muy útil para nosotros: fuera de la ciudad letrada crece la ciudad oral. De modo que a la historia letrada se le opone la historia oral. Al orden de los signos escriturarios, se enfrenta el des-orden de los signos de la oralidad. Citemos a Eduardo Mateo (2004):

“Cuando hablamos de “historia oral”, nos referimos a la producción y uso de fuentes orales en la reconstrucción histórica. Esta “nueva” historia acerca perspectivas de sectores mucho más diversificados que la historia tradicional, actores que no son tenidos en cuenta, grupos marginales, opositores a los sectores que tradicionalmente detentan el poder. La historia oral empieza por cuestionar la objetividad defendida por los historiadores profesionales científicos o positivistas del siglo XIX que defendían la supremacía total del documento escrito sobre la narración oral”

Pero no es el propósito aquí argumentar en la dirección de que la historia oral se ofrece como apoyo de la historia documental, ni por aquello de la “pérdida” del relato de acontecimientos que le darán sentido a la “historia” en general. Nos interesa la relación de la historia con el poder, y por ende la relación de la historia con la escritura, con el orden de los signos y el poder-sobre, y la historia oral, no-escrita, o escrita desde el des-orden, que es cuando se dice, a partir de recuperar el poder-hacer. En este sentido, las preguntas que nos hacemos se refieren a los modos de narración de los sujetos colectivos que pugnan por recuperar el poder-hacer, recuperación que pasa por el reconocimiento de -y en- su historia (esto es, que su historia no es un algo afuera objetivo), fuera de las periodizaciones, etapas y procesos históricos “ordenados” por la disciplina histórica. Creemos que la memoria o la historia de los sujetos colectivos que luchan por recuperar el poder-hacer, reconfiguran sus y las relaciones con y del poder, toda vez que éste parte por borrar (destruir, arrasar) la memoria del sujeto colectivo imponiendo su historia como la única. La destrucción de la memoria de los vencidos, de los llamados sujetos subalternos, y la imposición de la historia de los vencedores, nos habla de una forma de entender el Poder que, sin embargo, no encuentra mucho eco en la historia disciplinar. La historia, fetichizada, ocurre más allá de las formas sociales que garantizan y sostienen el poder de las élites. Lo que decimos entonces es que la historia de los vencidos es una historia des-ordenada, que apunta a la recuperación del poder-hacer. Nuestra historia, que no es la historia del capital, es la de cómo nos hemos enfrentado al poder-sobre que ha minimizado, destruido, reducido, nuestro poder-hacer. La historia de la que nos ocuparemos es la historia de la resistencia, de cómo nosotros, este sujeto sin nombre, sin voz, sin rostro, indefinido, multitudinario, se empeña en recuperar su poder-hacer, y la historia de cómo lo ha recuperado y perdido desde la llegada de los europeos, y la imposición –y las luchas contra la imposición- violenta y terrible de su muy particular e histórico Poder, poder-sobre.
Lo que no será fácil es la definición de lo indefinido, por eso aludo a sujeto colectivo o a multitud. No obstante, como resultado de la acción del capital, los sujetos colectivos no se encuentran en las márgenes, en las fronteras de la sociedad capitalista. El sujeto colectivo es indefinible porque no puede ser objetivado, esto es, porque no existe como un algo fuera de la sociedad capitalista. No hay tal, pues, “sujeto colectivo”. Si lo hubiera sería definible, entonces no tendría todas las características contra el poder que hemos ido apuntando. El poder precisamente busca clasificar, “ordenar los signos”, y nada mejor que determinar, fijar, delimitar, controlar, cercar, a los tales sujetos colectivos. Ahora bien, lo que hemos intentado entender aquí por sujeto colectivo es esa entidad que pugna por recuperar el poder-hacer, su poder-hacer. Este sujeto colectivo, que escribe su propia historia, es el sujeto revolucionario, el que recupera su poder-hacer, su “dignidad”:

La dignidad es la auto-afirmación de los reprimidos y de lo reprimido, la afirmación del poder-hacer en toda su multiplicidad y en toda su unidad. El movimiento de dignidad incluye una enorme diversidad de luchas contra la opresión, muchas de las cuales (o la mayoría) ni siquiera parecen luchas; pero esto no implica un enfoque de micropolíticas, simplemente porque esta riqueza caótica de luchas es una sola lucha por emancipar el poder-hacer, por liberar el hacer humano del capital (Holloway: 305)

En este sentido existen movimientos “revolucionarios”, de emancipación del poder-hacer que han expresado de diversas maneras su autonomía; movimientos, organizaciones, sujetos colectivos que han dicho ¡basta!, al mismo tiempo que descubren para sí y para todos, para la historia de la rebelión, que la emancipación no ocurre de una vez y para siempre, que es un error fetichizar la dignidad, la rebeldía y la libertad, que siempre el poder-sobre, que impone el “orden de los signos”, acecha para re-apoderarse del poder-hacer, para venderlo y comprarlo, para privatizarlo.
La historia de la rebelión que nos proponemos es la de las luchas de (los) diversos sujetos colectivos por recuperar el poder-hacer, es la historia de su lucha-contra el capital y la desarticulación social. En el proceso de lucha-contra, que es el que estudiaremos, “se forman –dice Holloway- relaciones que no son la imagen especular de las relaciones de poder contra las que se dirige la lucha: relaciones de compañerismo, de solidaridad, de amor, relaciones que prefiguran el tipo de sociedad por el que estamos luchando” (223). Es la historia de la rebelión contra el poder, contra el orden de los signos (de los) letrados. Un aspecto importante es la relación entre el poder y lo visible, en efecto sólo es observable, visible, ostensible, cognoscible lo que pasa por “los anteojos” del poder. De modo que la historia de la que nos ocuparemos resulta “invisible” para el poder, es la historia de los invisibles (de los invisibilizados). Para ver el anti-poder necesitamos entonces, dice Holloway- “conceptos diferentes (de no-identidad, de todavía no, del subjuntivo)” (226-227). El asunto es importante porque nuestra historia no está en el pasado (perfecto y concluido) sino que está en proceso, está ocurriendo hoy, porque es hoy cuando escribimos el pasado:

“Articular históricamente el pasado –volvamos a citar a Benjamín- no significa conocerlo “como verdaderamente ha sido”. Significa adueñarse de un recuerdo tal como éste relampaguea en un instante de peligro.”

“La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no está constituido por el tiempo homogéneo y vacío, sino por un tiempo pleno, “tiempo-ahora”.

Este tiempo-ahora es el lugar móvil de la memoria y del hacer fundado, enraizado en esa memoria. No hay poder-hacer sin memoria, esto es, sin pasado, mejor, sin tiempo-ahora. “Pero, ¿cómo podríamos hacer de la memoria una forma de mediación crítica en nuestra praxis social? Nosotros contestamos: narrando” . Pero es un narrar que ya es una praxis, un hacer. Hacer que –como dice Arturo Mota (2007)- permite que el sujeto se constituya “en objeto de análisis y de interpretación, porque el actuar es, de suyo, diverso, y el sujeto, cambiante”. Un hacer que se funda en una praxis dialógica, esto es, en función de la relación y convivencia con los otros, cuya forma fundamental se da en el diálogo. Diálogo como vida y como afirmación propia, con