Ver: Sin contemplaciones, del 22 de junio
Trascripción del programa
SIN CONTEMPLACIONES
Con el filósofo Francisco Rivero
Trasmitido por VTV
El domingo 29 de junio a la 10:00 pm.
http://www.vtv.gob.ve/detalle.php?id=1977&s=6
I
El racionalismo
Buenas noches, televidentes del Canal 8 y de este programa “Sin Contemplaciones”. Bienvenidos al segundo capítulo, por llamarlo de algún modo, de esta programación. En el capítulo anterior o en la exposición anterior hablábamos del marco general de la crisis venezolana, hablábamos de lo que hemos llamado o lo que técnicamente se identifica en la historia de Occidente como la época moderna o la modernidad. Y no solamente en un sentido temporal y cronológico, sino en un sentido espiritual, en un sentido civilizacional, en un sentido filosófico. Dijimos que el racionalismo es el alma de esta nueva etapa que se articula y adquiere cuerpo, presencia, dinamismo, incidencia a partir del siglo XVII ya de una manera formal, porque tiene una carta magna, hay una definición, hay un nuevo proyecto, que se articula intelectualmente y que abre horizontes de realización, de futuro, de destino, de responsabilidad, de comunidad no solamente para el hombre europeo, sino que se postula para toda la humanidad.
Universalismo
La modernidad es de algún modo una etapa histórica que se da en Europa, se inicia en Europa, responde a una crisis europea, pero toca al hombre en su esencia, tiene carácter y naturaleza universal. Y por consiguiente incumbe de manera esencial a la humanidad entera. Y lo que los protagonistas de este proceso conciben, viven, postulan, afirman y definen, es que aquí se está definiendo y se está actualizando no una etapa más en la historia universal y en la historia de Europa, sino la etapa definitiva de la historia no solamente europea sino de la historia universal. Entonces, este carácter radicalmente universal, radicalmente normativo, definitivo, absoluto, por decirlo así es un acontecimiento que incumbe a todos el universo humano, no solamente al futuro, no solamente en el presente sino también hacia el pasado. De esto vamos a hablar más en detalle, en todo caso esto se puede identificar con el nombre y el término que utilizamos en el programa pasado, y es que la cultura occidental se caracteriza y la distingue su universalismo específico. Ese universalismo quiere decir que esta comprensión o esta definición de la vida humana en términos que rebasan los límites de Europa y que atañen por decirlo así a la humanidad como tal, no es nuevo en el mundo occidental. No es solamente un fenómeno moderno, o achacable al racionalismo filosófico y a la modernidad, es un fenómeno que nace con lo que se llama civilización occidental.
El único Dios
El Dios de la Biblia, el Dios del Antiguo Testamento, por citar la fuente religiosa tradicional, es el Dios de Israel. Ese Dios de Israel no es un Dios más entre muchos dioses, es el único y verdadero Dios, por consiguiente no es solamente el dios de los judíos, es el dios de toda la humanidad, es el dios creador del cielo y de la tierra y de todo lo que contiene, y en él se funda la comunidad del Hombre, la unidad de la historia, la unidad espiritual, ontológica y moral del curso entero de la humanidad. Entonces hay el sentimiento ya y la perspectiva, no de un dios local o una divinidad local o una religión particular, sino de que la religión hebrea ya articula una visión universal y una relación universal del Hombre con su principio esencial, sagrado, último, absoluto y definitivo, del cual viene y al cual responderá y con el cual se encontrará. Cada persona en particular, y la humanidad como un todo. Este simbolismo y este universalismo forma parte de la herencia de la cultura occidental en todas sus etapas.
El helenismo
La otra gran fuente es el Helenismo. La herencia espiritual del mundo griego, y el helenismo alcanza su expresión universal prototípica, paradigmática, última y radical con lo que los griegos llamaron filosofía. La filosofía griega no es una visión más del mundo, es una comprensión, por decirlo así, esencial, verdadera, objetiva, científica, del orden entero de la realidad, de su fundamento, de su naturaleza y del puesto y la relación del Hombre con esa realidad. Esa realidad se llama por un lado Naturaleza, se llama por otro lado Dios, o lo Divino, y se llama también Humanidad, Estado, Política, Educación, Derecho, Arte, Civilización, Cultura, Historia. El Helenismo es también portador de esta semilla, o de esta conciencia o de este principio de universalidad. En el caso del Helenismo esa universalidad se llama Ciencia, y toca el tema de Dios, toca el tema del cosmos, toca el tema humano y por consiguiente el tema ético, político, jurídico, pedagógico y social.
Vuelta a los orígenes
Entonces, el tema del universalismo está arraigado en la conciencia de lo que se llama el curso de la civilización occidental, dentro del cual participan muchos actores, pero las dos fuentes esenciales, los puntos a los cuales constantemente alimenta, eso que se llama civilización occidental… y cuando de algún modo recae, cuando de algún modo los olvida, esa civilización empieza a rodar, se empieza a disgregar, se empieza a disociar, se anquilosa, se fija y sobreviene una crisis radical de orden histórico, social, político y moral. Y cada vez que ha sobrevenido una crisis de estas, el Occidente ha podido retomar su rumbo porque ha vuelto a las fuentes, el caso si quieren más cercano de una crisis de esa magnitud fue la que se da entre 1450 y 1600. El Renacimiento italiano del cual vivimos, gracias a cuyo dinamismo y en términos de cuyo dinamismo Occidente todavía se alimenta, supone un renacimiento de la cultura antigua, un renacimiento del Helenismo. Eso renovó la pedagogía, el derecho, la política, la vida social, la vida cultural, la vida espiritual, la vida interior, la vida humana en todo sus órdenes y rebasó todos los cauces tradicionales que el Occidente había desarrollado para el derecho, la política, la educación, la autoridad, el gobierno, la vida social, las costumbres, la tradición y la religión, de modo tal que no hubo ninguna institución que pudo realmente contener la fuerza y la renovación intelectual y humana a todos los niveles que el Renacimiento provocó. Donde el helenismo aparece se renueva el humanismo. Y con el humanismo no sólo el interés en el hombre sino el interés en el universo, en la historia, en los pueblos, en la literatura, todo lo que existe, y con una atención amante, con una atención inteligente, con una atención de cultivo, de atención, de aprecio a la diversidad del mundo, pero siempre en términos de una apreciación esencial, no estetizante, accidental o de una moda, se trata de un modo de vincularse con la realidad que compromete al hombre en su naturaleza misma, compromete por consiguiente su mente, compromete su afecto, su amor, su libertad. Eso en lo que respecta al helenismo.
La Reforma
El otro gran movimiento de renovación Occidental más reciente, a ese nivel radical, fue lo que se llama la Reforma protestante, que fue un intento de renovación y de recuperación de la esencia originaria, de la figura, el impulso, el impacto, la simiente y la figura de Cristo, volviendo otra vez al estudio de los evangelios y tratando de sobrepasar o pasar de lado lo que se había convertido en una religión hiper institucionalizada, como lo fue la religión a finales de la Edad Media, e hiper condicionada y mediatizada por intereses no solamente religiosos, sino por intereses políticos, jurídicos, de ambiciones, de dinastías, de intereses, etc., por la sencilla razón de que la Iglesia medieval no era solamente la sede de una presencia, de un mensaje espiritual, sino que era también un poder temporal.
La Iglesia y el poder temporal
Y eso no era porque los curas fueran unos sinvergüenzas, que es la clásica referencia estúpida a esto, sino porque Carlo Magno, cuando conquista un buen pedazo, una buena sección de lo que fue el mundo europeo, y la somete por las armas necesitaba administrar ese poder, porque el poder no se mantiene exclusivamente por las armas, si el poder no se civiliza, si el poder no se integra y expresa y manifiesta un orden jurídico, social, moral, cultural y espiritual el poder se derrumba, no hay poder que se pueda mantener sobre sí mismo. Entonces, Carlo Magno solicita a la iglesia, a los monasterios que lo provean de personal que sepa leer y escribir, que sepa interpretar un texto jurídico, estudiar esto, leer, entender, dialogar y escribir, entonces los monjes y la iglesia tuvieron que asumir tareas de orden civil, de orden político, tareas de orden temporal o secular que en esencia no le competen. Esto sucedió en Venezuela. Yo de niño fui a un colegio parroquial, el Colegio de Santa Rosalía, y el cura de la parroquia era el que emitía el grado de primaria o de lo que fuera, y la cédula de identidad no existía, era la iglesia la que proveía de un documento de identidad. En todo caso, lo importante es saber que este elemento universal no es nuevo, no lo genera la modernidad, lo hereda la modernidad, la modernidad lo reinterpreta.
II
Lo esencial
Retomando el tema del cual estábamos hablando, la modernidad hereda ese universalismo que es consubstancial al mundo occidental y que le viene de la religión bíblica y del helenismo. Esa cultura es eminentemente una cultura de orden espiritual; universalismo quiere decir un punto de vista que trasciende lo particular, que va más allá de lo circunstancial, que va más allá de lo relativo y que capta y es capaz de discernir en lo relativo mismo, en lo cambiante mismo un elemento permanente, esencial, estructurante, dominante, constitutivo de la entidad misma de las cosas. Entonces no es algo accidental, no es algo que de repente aparece y se va, es algo que se descubre como eminentemente presente, lo presente es lo esencial, lo permanente es lo esencial, lo importante es lo esencial, lo válido, lo bueno, lo perfecto, lo íntegro, lo vivo, lo real es esencial, y la percepción de esa esencialidad en un pedacito de arena, o en el universo entero, en la vida de la naturaleza o en el Auyantepui, en el cielo estrellado como decía Kant, o en la ley moral dentro de mí, como decía también Kant, eso transforma la existencia, eleva al hombre sin separarlo de lo concreto, sin separarlo de lo particular, sin separarlo de sí mismo.
La vida espiritual y el sentido de lo humano
Es decir, la vida espiritual, en dos palabras, en los términos en que la define y está presente en los profetas de Israel, en Abraham, en los patriarcas de Israel, en el rey David, en Salomón, en los Salmos del Rey David, en Cristo, en los apóstoles, etc., no aliena al hombre, no lo sustrae de sí mismo, no lo separa de la realidad, de la humanidad, de la naturaleza, del gusto y la felicidad de ser y de vivir, ni tampoco del dolor de vivir y de existir cuando ese dolor sobreviene. Humaniza al hombre, le da un centro humano, lo hace consciente de sí, lo convierte en un actor y en un referente para la humanidad entera, no en función de su cultura, o su saber, o su discreción, o sus habilidades, o su poder, [sino] en virtud de su propia humanidad. Todo lo que existe lo contempla, lo admira, lo atiende, lo respeta, lo asegura, excepto aquello que pervierte, daña, viola, engaña, destruye la vida y la existencia, y aún así a las cosas que así suceden las enfrenta personalmente, moralmente, no a través de estratagemas, no a través de manipulaciones, no a través de engaños, no a través de instrumentos, sino a pecho desnudo, con el testimonio de su propio ser, de su propia libertad, de su propio valor, de su propia conciencia.
Jesús
Cristo es el paradigma de este valor, de esta humanidad, de esta ultimidad. El amor de Dios humanizó, hizo, según la doctrina cristiana, que el verbo divino, que Dios mismo encarnara y asumiera la condición humana. Entonces el vínculo entre la religión bíblica del Dios común, universal, eterno, y que comprende a todo, y que gobierna todo, con justicia, con amor, con dilección, con atención a cada… la hermosísima palabra que dice Cristo: no hay un pelo de tu cabeza que se caiga o que algo suceda que Dios de algún modo no lo sepa, no lo vea, no lo atienda, no lo juzgue, no lo considere. Entonces, esta visión como verán no es una religión que deshumaniza al Hombre, es una religión que al contrario funda, asegura, potencia, intensifica la vida personal del hombre, la conciencia de su ser.
Disgregación, degradación
Pero no a un nivel local y particular, donde lo particular o lo tribal o lo circunstancial o lo relativo, absorben al Hombre, lo contienen, ahogan, y lo convierten en un factor y en un elemento prácticamente impersonal, donde la existencia tribal –y la tribu… me estoy refiriendo a las modalidades de existencia tribal que han existido en todas las etapas de las culturas civilizaciones de Occidente… la tribalidad se da en el mundo moderno [en abundancia]. Vivimos tribalizados, los de arriba y los de abajo, los colorados y los blancos, los amarillos y los negros, los gordos y éstos, es decir esa pluralidad definida en estos términos intrascendentes, accidentales, temporales, relativos, pulveriza la conciencia, relaja la voluntad, degrada al hombre, que ya no sabe ni quién es ni qué quiere, ni cómo se llama ni a qué pertenece, hace imposible toda voluntad, toda lealtad, todo valor, todo compromiso, no hay posibilidad de comunidad humana significativa, de valor esencial en esos términos.
La política como compromiso
Entonces, la universalidad no es mera cantidad, no es mera extensión geográfica o temporal, la universalidad se articula y se actualiza como conciencia del derecho, o como conciencia de la verdad, o como conciencia de lo que constituye, define, identifica a un ser y me compromete con él, precisamente en función de su naturaleza, de su condición esencial. Y un vínculo esencial se genera así, entre hombre y hombre, irrespectivamente de la latitud, irrespectivamente de la cultura, de la riqueza, del poder, o de las circunstancias. La política en un contexto así se define como compromiso, como solidaridad, como obligación, es decir, como moralidad.
No el poder
No es el poder. El poder no define a un ser que piensa, no puede definirlo. A un ser que distingue el bien del mal, lo de arriba lo de abajo, lo superior a lo inferior, que puede distinguir, que puede juzgar, que tiene un principio de autonomía, de independencia, de libertad ínsito precisamente en su capacidad de juzgar y de distinguir. El poder no cuenta por decirlo así, lo importante es el bien común, la vida, en dos palabras. Y en orden a la vida se organiza toda la institucionalidad civil, y siempre es una institucionalidad abierta, una institucionalidad transparente, una institucionalidad definida por una voluntad de claridad, porque la claridad hace posible el encuentro, hace posible la vida, hace posible el deleite de ser hombre, pero no se puede ser hombre aislado, encerrado, separado, abstractamente. Se es hombre en la vida, en la existencia, en la historia y en la política.
La luna no sabe que existe
El carácter universal, esencial, fundante y trascendente, de la verdad, de la justicia y del bien, en este plano, no aísla al hombre del mundo, lo vincula al mundo. Esto es parte esencial del mundo, no solamente desde el punto de vista ontológico, perfecto, admirable, vivo, significativo, amable, deleitable, maravilloso, sino que al hombre lo hizo capaz de reconocer esto, y de amarlo por lo que es, y de distinguirlo por lo que es, y de cuidarlo y desearlo y defenderlo por lo que es. La luna que aparece en los cielos de Caracas no sabe existe. Nosotros sí. El mar no sabe que existe. Del olor del mar… el mar no tiene conciencia de sí. Nosotros somos conciencia del ser. De todo ser. Y por eso el hombre busca y está vinculado a la realidad a partir de lo más personal de él, a partir de su impulso vital, de su espíritu, de su sensibilidad, de su mente, de su cerebro, de sus sentidos.
Por el hombre el hombre vive
Esto desde el punto de vista del helenismo. El helenismo es un humanismo, pero no es un humanismo inmanente, del momento, de las circunstancias, del poder, de la operatividad y de la funcionalidad y de la técnica y de la ciencia, es un humanismo del espíritu, es un humanismo de la conciencia, es un humanismo eterno, irrespectivamente de que el hombre tenga la bomba atómica y pueda ir a Marte o no pueda ir a Marte, sigue siendo el hombre para el hombre, el hermano del hombre, el prójimo del hombre y el deleite del hombre. Y por el hombre el hombre sufre. Y por el hombre el hombre vive. Y sin comunidad el hombre no puede alcanzar la felicidad ni la plenitud ni la perfección.
Socialismo
Eso en términos generales, muy generales, y no se tome esta palabra ahora como la introducción de un motivo político, porque no estamos hablando de política en el sentido de grupos e intereses de poder, es lo que el término socialismo en cierto nivel y en cierto acepción, que no es la acepción tradicional asociada con la política del siglo XX, apunta y toca. Es un socialismo de raigambre ética, espiritual, religiosa, sagrada, metafísica, esencial. Y esto es una verdad que será así siempre. Ahora, es una tarea eterna, precisamente porque el hombre no lo agota el tiempo. Y la realización del hombre trasciende al tiempo, y por eso todos los filósofos vieron en lo eterno no la negación de lo temporal, o la alienación de lo temporal, sino la intensificación de lo que nace en el tiempo, se fecunda en el tiempo y se alcanza en lo eterno de un modo absoluto, porque la búsqueda del hombre no es relativa, precisamente porque es capaz de captar lo esencial, es una necesidad absoluta, es un bien absoluto al cual tiende, al cual desea, al cual persigue, al cual necesita, al cual anhela, y en todo buscamos esa plenitud, aún en lo más vil.
El corazón
Entonces no es fácil sondear en el corazón del hombre. Dostoievski, una de las grandes figuras, [supo ver] que en los seres más abyectos, aparentemente más deleznables, de la sociedad está presente el espíritu santo, por decirlo así, la inspiración del espíritu, el hambre espiritual. Aún en los criminales más duros de repente brilla el sentido de su propia humanidad. Esto obviamente viene del cristianismo, el gran maestro práctico de esto fue Cristo que se reunía y convivía y atendía y tuvo encuentros de una humanidad inolvidable y una belleza y una significación humana y absoluta, irrespectivamente de que usted sea cristiano o creyente o no lo sea, Cristo convivió con esta gente a los cuales llamaban gente del pueblo, prostitutas, contadores de dinero, el lumpen, y la gente se escandalizaba, la gente de las clases dominantes, las figuras de autoridad pública, los bienpensantes, los autosuficientes, los complacidos en sí mismos, los gobernantes lo veían como un individuo peligroso precisamente porque hablaba con todo hombre, porque era capaz de acercar-se, de acoger a todo hombre que tuviera una expresión de humanidad o una expresión de libertad y él lejos de rechazarla, de disminuirla, de apartarla, la acogía, la cuidaba, la integraba, la alimentaba.
La crisis en Venezuela
En todo caso, digo todo esto porque la crisis de la Venezuela actual es la crisis de ese proyecto, de ese nuevo universalismo que aparece en el siglo XVII en respuesta a la crisis del fin de la Edad Media de la cual hablamos la reunión pasada, o en el programa pasado. Entonces, esta crisis venezolana es una crisis que trasciende los límites de Venezuela, lo que está en crisis no es quien gobierna en Venezuela, lo que está en crisis son los valores tradicionales que heredamos de la modernidad y que en la discusión pública, concreta, venezolana, se llama la crisis de la democracia. Ustedes abren cualquier periódico de los grandes periódicos de Venezuela y constantemente está apareciendo que la democracia está en peligro, que la democracia está zozobrando, que la democracia va a terminar, que la democracia va a ser liquidada, es decir, es la crisis de lo que ellos estiman o de lo que la prensa estima que es la democracia, la democracia es en esencia el régimen de la razón, expresada en la ley y en la supremacía de la ley que es la norma de la acción. Y en la crisis vinculada, esencialmente vinculada, que es la libertad. O sea, que estamos de nuevo enfrentados a una crisis de la justicia o del derecho o de la ley, entiendan democracia, y de la libertad, y esto es la común voz, si quieren en nuestro caso, de la oposición.
La libertad y la justicia no son bienes instrumentales
Entonces, por supuesto esto no es una crisis relativa, circunstancial, parcial o coyuntural, esto es una crisis de fondo, y requiere y es imposible solucionarla con organizaciones de partido, movimientos de masas, aclamaciones populares, ni siquiera la votación o no votación a favor o en contra de lo que se estima como el peligro a la democracia o la libertad resuelve el problema cuando la crisis efectivamente es una crisis de justicia y de libertad. Porque la libertad y la justicia no son bienes instrumentales, que tú curas si están en peligro a través de una solución instrumental o técnica, son bienes esenciales, son bienes absolutos, son bienes no instrumentales, son bienes normativos, y un bien normativo no es algo que tú atiendes operativamente o funcionalmente o técnicamente. Es algo a lo cual tú respondes con la vida, según esos principios, con la asunción de la justicia y la libertad, si están en juego o están en peligro. No a través de otros, no a través de la opinión pública o la manipulación de la opinión pública o del poder que sea, es decir, no la resuelve ningún recurso al poder. Al contrario, pretender resolverla a través de un éxito electoral o una debacle económica o una invasión extranjera no la resuelve, la agrava, la intensifica, la dramatiza aún más, entonces no hay manera de asegurar el bien democracia, el bien justicia, el bien derecho y legalidad, o el bien libertad.
La vida como testimonio
Es decir, el bien humano esencial, libertad y justicia, el bien moral y el bien libertario, son bienes morales, es decir, la esencia de la moralidad es la esencia de la humanidad, y eso no es un bien contable, no es un bien operativizable, no es un bien que tú puedas curar con una inyección del tipo que sea la inyección, por hablar metafóricamente. La única manera de enfrentarlo es siendo libre y siendo justo, irrespectivamente de las circunstancias, es decir, con un testimonio personal, de integridad, de valor, de autenticidad y de verdad que nadie pueda dudar ni poner en juego. Cristo en la cruz es un testimonio así. Sócrates tomándose la cicuta es un testimonio de esa naturaleza. Juana de Arco muriendo en la hoguera es un testimonio de esa naturaleza. Martin Luther King es un testimonio de esa naturaleza. Gandhi es un testimonio de esa naturaleza.
Libertad es justicia
Entonces hay que tener bien claro la naturaleza del problema o de la crisis de occidente, y ahora le ha tocado a Venezuela… porque esto no es venezolano, esto toca los fundamentos de la civilización occidental, de los valores esenciales de Occidente, estas no son cosas que se arreglan con transacciones políticas, ni con arreglos electorales, ni siquiera con votaciones masivas. La nación venezolana votó masivamente por Carlos Andrés Pérez en su segundo mandato y a los dos años, a los tres años se estaba derrumbando la democracia venezolana, no por razón de Carlos Andrés Pérez, eso venía ya en crisis desde hacía mucho tiempo atrás y crisis de naturaleza esencial, es decir, moral. Las grandes crisis políticas son todas no crisis económicas, ni sociales, coyunturales, financieras, militares, son crisis morales, que ponen en cuestión y en entredicho la voluntad de verdad, y la voluntad de verdad es idéntica en el orden práctico, en el orden político a la voluntad de libertad, y la voluntad de libertad no existe, ni la puede querer nadie que tenga dos dedos de frente sin voluntad de justicia y voluntad quiere decir acción, aunque me cueste la vida.
III
Crisis moral
Retomando la temática de la que estábamos hablando, hay ciertos tipos de crisis que no se resuelven técnica, operativa ni funcionalmente. Porque son crisis morales y las crisis morales se fundan en el olvido, el rechazo o la prostitución de los bienes morales. Los bienes morales son bienes esenciales, son la libertad, la justicia, la amistad, la verdad, la lealtad, la humanidad, el amor, y esos bienes no son bienes útiles, no son bienes instrumentales, no son cosas que el hombre usa, son cosas que el hombre descubre, son realidades que tienen valor en sí. Absoluto.
¡Hasta que te mueras tienes que ser libre!
¿Hasta dónde voy a ser justo? ¿Qué sentido tiene esa pregunta? ¡Siempre tienes que ser justo! ¿Hasta dónde voy a ser valiente? ¡Siempre tienes que ser valiente! ¿Hasta dónde tengo que ser libre? ¡Hasta que te mueras tienes que ser libre! O sea, que los bienes morales no los puedes condicionar, mediatizar. Yo voy a ser justo mientras alguien no me ofrezca 50 millones de euros, que son más que los dólares, para asegurar la justicia. El día que se me aparezca un tipo con 50 millones de euros ya yo me olvido de la justicia y empiezo a aparentar justicia. Vendo mi voto o mi decisión.
Colombia como ejemplo
Tenemos como ejemplo estos testimonios en Colombia, eso es dramático, eso es la disolución de la política, la degradación humana de los hombres, consciente y voluntaria, eso no es un error, eso no es perseguido, eso es cultivado y buscado, eso fue lo que acabó con la democracia de la IV República.
IV República
Democracia que se le desintegró en las manos a mi generación, los hombres que hoy tienen entre 45 y 70 años. Ellos no supieron ver lo esencial de lo que es la vida en libertad, retórica, proyecticos, propuestas ridículas, iniciativas tímidas, ante el espectáculo de una nación necesitada y abandonada, y un relajo absoluto. No quiero entrar en este detalle porque ya lo conocemos, pero es que no basta, es como si no lo hubiéramos conocido, es como si quisiéramos entender a Venezuela y a la Venezuela actual y a la Venezuela futura cualquiera que ella sea, sin rebelarnos ante eso, sin reconocer: yo soy culpable, yo soy responsable, es por culpa mía.
Antígona
Léanse Antígona de Sófocles (tarea para la próxima reunión). Sófocles. Gran trágico, poeta trágico de Atenas, maestro de la Atenas democrática recién constituida. Esos fueron los pedagogos de la libertad, ellos y Sócrates y Platón, mientras existió libertad de verdad. Porque no hay libertad sin justicia, no hay libertad sin voluntad de justicia, como dice el Evangelio sin hambre y sed de justicia. Y para eso tú no tienes que ser pobre, tú puedes ser un hombre rico y un hombre culto y con haberes y sin embargo, moralmente eres un amante de un bien que tú sabes que todo tu dinero no puede conquistar ni comprar ni lo comprará jamás. Entonces tú eres un hombre en ese caso, irrespectivamente de la escala social, la ausencia de esa conciencia es lo que degrada y derrumba el mundo político entre hombre y hombre, porque sin solidaridad, sin un elemento de humanidad sustantiva no hay política ni puede haber sociedad.
Hay una frase famosa de San Agustín de Hipona, no el San Agustín del Norte, de allá de Irlanda, sino el San Agustín de Hipona, fin del imperio romano de Occidente, Obispo de Hipona, que decía que, las ciudades sin justicia o los reinos sin justicia no son sino vastos latrocinios. Es decir, burdeles para hablar claro y sencillo. Bueno, eso es eterno. El hombre tiene una dimensión sustantiva que lo refiere al bien, porque él lo puede distinguir. No es porque es una referencia externa a él. En un campo de batalla yo comprendo, veo y discierno lo que es el valor en un general o en un soldado raso, y el que lo ejerce, ése hombre, tiene autoridad. Puede que no tenga poder, puede que no sea general, pero el general es un pigmeo al hombre valiente. Y la vida militar exige ese valor, esa entrega ¿a qué? a la patria. Entonces no depende de que tú vayas a ganar la batalla, no es el ganar o no ganar, es el enfrentar aunque te mueras. Bueno, eso es la vida moral en cualquier orden.
IV República (2)
¿Quién jamás se enfrentó en Venezuela a la degeneración de la sociedad y de las clases dirigentes, y del Estado y de la política y de la democracia en nombre de la justicia? ¿Quién? No calladamente. ¿Quién? Puede que en privado mucha gente lo dijera, pero qué ministro de justicia entregó su cargo en razón de la prostitución notoria de la justicia. Si hay alguien que lo hizo yo estoy dispuesto a anunciarlo aquí a voz en cuello y alabarlo y a respetarlo y a conocerlo. Esto no es una crítica por criticar, esto es un ejemplo de lo que la vida en libertad exige, la sustancia, el contenido de la libertad es la justicia, entonces quien clama por libertad tiene que clamar por justicia, y clamar no es solamente salir a las calles LIBERTAD LIBERTAD, porque eso son palabras.
No palabras, sino testimonios de solidaridad
Son testimonios de solidaridad, son la ruptura de lo que nos separa los unos a los otros, irrespectivamente que sea de un partido o sea de otro, es un hombre y he de reconocerlo como tal, entonces el discurso variaría, se haría la luz en Venezuela. Es el hermosísimo lenguaje de los profetas de Israel, se iluminará la tierra por la justicia de este pueblo, por la justicia de esta gente, por el valor y la integridad. Por eso no hay vida moral sin valor, porque los bienes morales, la justicia, la solidaridad, la verdad, la probidad, la lealtad, no existen a menos de que el hombre haga que existan.
Antígona (2)
El hombre es el mediador del bien moral y el bien moral tiene trascendencia, no se agota nunca. Quién puede decir que el Estado terminará perfecto, en este mundo y en este tiempo, y que los hombres ya no tendrán que luchar por ser hombres, y optar entre el bien y el mal, y arriesgarse por ser hombres, que jugársela si es necesario. Léanse a Sófocles y a Antígona, esa es la pedagogía de la gran tragedia griega. Creonte se cree autosuficiente, cree que la razón de Estado o los intereses del Estado y los intereses del hombre son lo mismo, identifica libertad y poder, identifica justicia y poder, identifica razón y poder. Eso, dice Sófocles, es ceguera, carencia y ausencia de prudencia. Prudencia no es solamente un saber que me sirve práctica y operativamente para asegurar mi tranquilidad, mi bienestar, mi seguridad o mi prosperidad, no es esa la prudencia, cuídate mijito que hay mucha inseguridad en Caracas entonces no le vayas a dar una cola a nadie vuelve temprano ve a ver con quien andas, etc., eso es una prudencia operativa, válida, pero esa no es la prudencia que toca las grandes crisis históricas.
Comprensión de lo permanente
Es la comprensión de lo permanente en la existencia, y si el hombre no tiene esa referencia, el hombre anda desesperado y perdido, pero esa desesperación y esa pérdida la lleva dentro del alma, es él, se convierte en desesperación y angustia, él, no es que la tiene, la es. Y esa infelicidad absoluta, ese sentido de faltas de referencias, de puntos de apoyo, de luz, lo enferma. No es accidental la droga que se toma en el mundo desarrollado, la droga es un sucedáneo a la vida, y la vida no es la vida por la sangre, por el placer y el hedonismo, la vida es la vida de la mente y del alma, y de qué te sirve ganar el mundo si pierdes el alma, son palabras de Cristo, de eso es lo que está hablando, esto no es un lenguaje esotérico, esto no es un lenguaje alienado, no es un lenguaje de un misticismo que aleja al hombre del vivir.
Reconstruir la tierra
Mientras más intensa y auténtica es la comprensión de la herencia cristiana y de la herencia helénica… esos son los elementos constitutivos, a partir de los cuales tenemos que reconstruir y radicalmente reconstruir, si quieren, revolucionariamente reconstruir la tierra, nuestros estados, nuestra vida pública, nuestra vida política, la vida del mundo, la vida del continente.
Lo que despierta en el hombre al hombre
Estos son los elementos universales, estos son los elementos que arrebatan la lealtad, que despiertan en el hombre al hombre, eso es un liderazgo auténtico, no los que lo vilifican: «vamos a fregar a éste porque éste no tiene miedo y dice lo que no debe decir y de algún modo critica lo que lo que no tiene que criticar y nos está perjudicando y está perjudicando a la democracia, está perjudicando a la libertad y está perjudicando a los buenos». Eso es basura, mediocridad total. Y yo no desprecio a las personas, a mí me duele, porque ningún hombre se puede complacer en la cobardía de otro, en la falsedad de otro, en la baba que suelta, por supuesto que no la puede aceptar, y por supuesto que la debe y la tiene que combatir y la tiene que rechazar, y la tiene que enfrentar, cueste lo que cueste, y eso vale más que todo el oro del universo, que todo el petróleo de Venezuela. Una patria de hombres hombres, no esta delicuescencia que se está creando en el mundo a través de la absolutización de los bienes útiles, la última nevera del desierto (risas), la última cocacola, el último aparatico, el último viaje interestelar, el último desarrollo técnico y científico.
“La ciencia no importa ni decide nada esencial…”
Esencial, no decide nada. Por supuesto que hay cosas que son casi esenciales, diría yo. Si a usted le ha dado un cólico nefrítico y usted sabe que eso duele, entonces cuando le ponen una inyección y en cosa de instantes ese cólico, ese dolor desaparece, usted bendice a la ciencia porque lo ha librado de ese dolor, y eso es humano también. Pero no es en ese plano donde se decide lo esencial, la humanidad ha vivido sin esos cuidos durante milenios y eso no impidió que Sófocles fuera Sófocles y Sócrates Sócrates y Platón Platón y Miguel Ángel Miguel Ángel y Jesús de Nazaret Jesús de Nazaret. Y ese es el referente. Entonces, descubrir esa dimensión te vincula a todo hombre, habido, existente y por venir, son tus hermanos todos, y es por ellos y a ellos que tú hablas si nadie te entiende hoy.
Nadie está por encima de la justicia
Y no es la democracia en el sentido de la suma de votos, porque el pueblo puede no tener razón, el pueblo se puede equivocar. Cuando un presidente nuestro dijo que el pueblo nunca se equivoca, eso no es verdad, el pueblo se puede vilificar, el pueblo se puede degradar, el pueblo se puede degenerar, el pueblo puede mentir, el pueblo puede ser manipulado también, en este caso no es tanto una culpa como una utilización, una mediatización, un daño, gravísimo, porque se vilifica al pueblo. Pero no es que el pueblo está por encima de la justicia, ni nadie está por encima de la justicia. Y la justicia es una tarea eterna para el hombre y para la humanidad mientras exista, ¡gracias a Dios! Bueno, seguiremos hablando de esto si Dios quiere la semana que viene. Buenas noches, y muchas gracias por su atención.
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Ver:
Profesor Francisco Rivero desmontó plan mediático contra el Presidente Chávez en programa La Hojilla
Francisco Rivero
(VIDEO) Programa de la noche del miércoles 12 de Marzo de 2008. Con Francisco Rivero
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